#Colombia| “Dejemos de decir que no queremos hijos LGBT”

El 8 de abril de 2018 Emilio Patiño, en ese entonces de 15 años, alistó una comida especial para Iván y Lina, sus papás. Les arregló una mesa en la terraza del apartamento, les puso una botella de vino, dos copas y les dejó su computador con un video listo para reproducir. Al lado, puso una carta que le tomó horas escribir. Les dijo: “buen provecho” y se fue para su cuarto.

Sus papás vieron el vídeo titulado “carta de un chico trans a sus padres”. Después leyeron la carta. Allí, Emilio les decía que los amaba y que se sentía privilegiado de su hogar, pero que necesitaba contarles algo: “soy un hombre trans”. Finalmente, había puesto en palabras algo que tenía muy claro: su identidad de género.

Lina lloró profundamente, pero los dos tuvieron tiempo de admirar la madurez y la valentía de su hijo. Así que se pararon de la mesa, fueron a buscarlo y lo abrazaron mientras le decían cuánto lo querían.

 “¿Entonces no me van a echar de la casa?” , les preguntó Emilio llorando.
 ¡Cómo vamos a echarte si tú eres el hijo que amamos! Fue su respuesta.

“A LAS PERSONAS LGBTI LES RECOMIENDO QUE SE INFORMEN CON ARGUMENTOS DE CALIDAD PARA HABLAR CON SUS FAMILIAS Y DEBATIR CUANDO SEA NECESARIO”, EMILIO PATIÑO.

Lina e Iván le pidieron a Emilio que les diera tiempo para entender lo que estaba pasando. “Pero vamos para adelante”, concluyeron. Lina no sabe muy bien qué le pasó porque su reacción fue muy distinta a cuando Emilio, años atrás, les dijo que era bisexual.

Una noche entró a nuestro cuarto diciéndonos que tenía algo que contarnos. Lo primero que pensé fue que nos iba a decir que era lesbiana. Sentí que me moría”, recuerda Lina. Pero Emilio no les dijo que era lesbiana sino bisexual, “para suavizar el golpe”, dice. La respuesta de Lina fue la típica: “tienes 13 años, seguramente estás confundida, es una etapa que vas a superar. Tú eres heterosexual”.

“YO SIEMPRE FUI VISTO COMO ‘LA MASCULINA DEL CURSO’ O ‘EL MUCHACHITO’ DE UN COLEGIO FEMENINO”, EMILIO PATIÑO.

Emilio empezó a identificarse como una mujer lesbiana masculina cuando no sabía que existían las identidades de género trans. “Pero aun así no estaba conforme. No encajaba. Por ejemplo, para las fiestas de 15 años no me sentía a gusto con los vestidos ni con las pintas que se supone las mujeres deben llevar. Yo no quería maquillarme ni mucho menos usar tacones. Me estresaba mucho, era horrible”.

Así que empezó a indagar y a investigar. Fue así como encontró que además de la orientación sexual, también existe la identidad de género y que una posibilidad es ser un hombre trans. “Inmediatamente reconocí lo que sentía”, recuerda Emilio.

“Una verdadera espiritualidad implica respeto, humildad y aceptación del otro”, Lina Monsalve.

Desde que Emilio tenía cinco o seis años, Lina sospechaba que podía ser lesbiana. “Me acuerdo de un día, cuando vivíamos en una casa campestre, en el que lo vi jugando con un vecino a las espadas, volando patadas para acá y para allá. Ese día me pregunté: ¿será que es lesbiana? ¡Qué horror! Pensé”.

En ese momento, Lina no sabía que las identidades trans existían. “Yo pensaba que lo único que había era personas travestis que para mí eran hombres gais, peluqueros en su mayoría. Si a mí alguien me hubiera enseñado que las personas trans existen, me habría planteado esa posibilidad, pero la educación nos quedó debiendo mucho”.

Lina no tiene la menor duda de que en esa deuda educativa radica el hecho de que la mayoría de papás y mamás no quieran que sus hijos sean LGBT. “Toda la vida nos han enseñado que lo correcto es ser heterosexual y no ser trans. Nos han repetido por todos los medios que las personas LGBT son ‘distintas’, son lo ‘otro’, entendiendo estas palabras como algo malo. Las personas heterosexuales cisgénero son una parte de la realidad pero no la única. Mientras no entendamos esto, vamos a seguir jodidos”.

“NI SIQUIERA TENDRÍA POR QUÉ EXISTIR EL CONCEPTO LGBT: SOMOS SERES HUMANOS Y PUNTO”, LINA MONSALVE.

De hecho, aunque Lina e Iván, su esposo, tienen muy buena comunicación y son de las parejas que se cuentan todo, ella prefirió no expresarle la sospecha que tenía sobre la orientación sexual de Emilio. “Era una manera de negar que yo la estaba viendo masculina, algo que me aterraba. Entonces, me acostumbré a decir que yo tenía unas mellizas: Juanita, la reina del glamour y Sara, una hippie que solo usa jeans, camisetas y tenis”.

Pero en la vida real Lina tenía confrontaciones muy profundas porque ella, al igual que su mamá, es muy vanidosa. “Yo me preguntaba por qué Sara no se arreglaba, por qué no se pintaba las uñas y se resistía a ponerse las pintas que yo le armaba. Me acuerdo que se moría de la ira de que yo quisiera que se pusiera falda y yo no entendía por qué. Pero mi corazón de mamá me decía que había algo que yo no sabía”.

Si no se dejaba maquillar, Emilio no podía ir a la fiesta. “Y yo hasta me lo aguantaba con tal de no perderme la rumba. Cuando íbamos a comprar ropa mi mamá me decía que tenía que abrir mi mente y no solamente comprar jeans y camisetas. Eso era muy difícil para mí”, recuerda Emilio.

"Dejemos de decir que no queremos hijos LGBT"
Desde que empezó el tránsito y a ser percibido como hombre, el trato social hacia Emilio cambió. “Una vez, antes de empezarlo, me metí con unos niños a jugar fútbol. Ninguno me pasaba el balón. Ahora cuando juego soy uno más. También siento que uno como hombre puede ser más suelto”.

Después de la noche en la que Emilio les dijo a sus papás que era bisexual aunque se reconocía como lesbiana Lina tomó la decisión de llevarlo a una psicóloga para que le quitara “esas ideas locas” de la cabeza. Como era de esperarse, fracasó en su intento. “Con el tiempo supe que lo que Emilio necesitaba era una persona que lo fortaleciera para entender su identidad de género y que le diera las herramientas para hablar con nosotros”.

Esa etapa fue para Lina de negación total. Después pasó a la fase de prohibición: “no vas a jugar más fútbol porque estás aprendiendo a ser una marimachaPero lo único que logré con ese intento de que Emilio no fuera quien es, fueron más días de sufrimiento para él y más riesgos de que se hiciera daño”.

“LAS AMENAZAS SOLO SIRVEN PARA AMARGARLES LA VIDA A LOS HIJOS Y RETRASAR PROCESOS QUE TARDE O TEMPRANO SE VAN A DAR”, LINA MONSALVE.

Se convirtió en la mamá tirana que le impedía a su entonces hija que se viera con su novia. “Yo veía a esa niña y me quería morir hasta que un día, en noviembre de 2017, ella me mandó un mensaje hablándome bellezas de Sara, contándome que se había enamorado de su solidaridad y de su nobleza. Así que pensé: tocará aceptar –muy a regañadientes– esa relación para que esto no se me convierta en un problema familiar”.

Dijo: “esa niña puede venir a la casa”. “Pero si la novia venía y yo tenía que salir, le decía a la empleada del servicio doméstico que no les quitara el ojo de encima y les advertía que la visita solo podía ser en la sala. Me moría de pensar que se iban a dar besos y ¡lógico que se los iban a dar!”.

“LO ÚNICO QUE UNO LOGRA CON LA ESTRATEGIA DE ‘YO NO TE PAGO LA UNIVERSIDAD SI SIGUES SALIENDO CON TAL PERSONA’ ES PERDER A LOS HIJOS”, LINA MONSALVE.

Lina es una mujer católica y practicante. Así que al día siguiente de que Emilio les dijera que era un hombre trans se fue para la Iglesia. “Me tiré al piso y lloraba profundamente mientras le decía a Jesús: si esto viene de ti, muéstrame el camino. Pero si no, ponme todas las trabas para entender el mensaje”.

De repente, apareció en su vida la organización FAUDS (Familiares y amigos unidos por la diversidad sexual y de género). “Yo llamé a Elvira Arango, de FAUDS, por recomendación de otra persona, me presenté y su respuesta fue: estaba esperando tu llamada. Con paciencia y amor me escuchó llorar tres horas. FAUDS me dio la tranquilidad de saber que yo no era la única en el mundo que estaba pasando por esta situación”.

“YO A FAUDS LE DEBO MUCHO. POR ESTO SOY MAMÁ VOLUNTARIA, PARTICIPO EN LOS GRUPOS DE APOYO Y VOY A DAR MI TESTIMONIO EN DONDE SEA NECESARIO”, LINA MONSALVE.

También conoció a la sexóloga Carolina Londoño, a Mario Angulo, médico endocrinólogo de la Clínica de Género de Cali y a la psiquiatra Diana Botero, quienes la orientaron por el camino correcto: acompañar a su hijo en su tránsito de género. “Entonces dije: Jesús ya veo que esto viene de ti, así que para adelante”.

"Dejemos de decir que no queremos hijos LGBT"
Lina Monsalve e Iván Patiño llevan 20 años de casados. Los dos son católicos practicantes y no tienen la menor duda de que la diversidad sexual y de género es parte de la realidad. Foto Guillermo Ossa, El Tiempo.

Lina siente que en ese proceso de aceptación fue fundamental sentir cerca a su abuela Teresita, quien falleció diez días antes de que Emilio les dijera que es un hombre trans. “Yo creo que por ese amor y esa conexión que nos unía, ella me expresóes tú hijo y debes acompañarloPara mí fue algo sobrenatural pasar de la negación en la que yo vivía a manejar la identidad de género de mi hijo como lo hice”.

Cuando ella entendió que el proceso de Emilio venía de Jesús, el mensaje fue aún más contundente: “Ustedes fueron elegidos por mí para recibir a un niño trans y con su experiencia de vida apoyar a otras familias”.

Así ha sido. Por ejemplo, un médico leyó una entrevista que les hicieron para el periódico El Tiempo. Al sábado siguiente él y su esposa fueron al grupo de apoyo de FAUDS. Al final, él se paró y dijo: “quiero decirle a Emilio y a su familia que son mis superhéroes. Yo soy papá de una niña trans de 18 años y nos ha costado mucho aceptar esto, pero gracias a ustedes vamos a dar ese paso”. “Y nos abrazaba mientras lloraba”, recuerda Lina.

“UN DÍA UNA MAMÁ NOS DIJO QUE SU HIJO HABÍA INTENTADO SUICIDARSE, PERO QUE GRACIAS A NUESTRO TESTIMONIO HABÍA DECIDIDO ASUMIR SU PROCESO”, LINA MONSALVE.

Con su historia también han tocado el corazón de personas muy religiosas como la mamá de Lina. “Un día nos reunimos con ella y con Elvira y Claudia, de FAUDS, quienes le explicaron al derecho y al revés qué es una identidad de género trans. Su respuesta fue: ‘ustedes me pueden poner acá al mismísimo papa Francisco, pero yo voy a seguir rezando para que Sarita siga siendo una niña. Yo no voy a aceptar esto nunca‘”.

Claudia y Elvira le dijeron a Lina que no la presionara. “En algún momento lo entenderá. El amor y el conocimiento todo lo pueden”. Estando un fin de semana en Cartagena, la mamá de Lina empezó a llorar.

– ¿Qué te pasa? – le preguntó Lina.
– Que todo esto me da muy duro – le respondió su mamá.
– Mamá, tienes dos opciones: o te sigues ahogando en una pena o te unes al combo de la aceptación – le dijo ella.

Le explicó que su actitud no le ayudaba a ella ni a Emilio, quienes la necesitaban más cerca que nunca. Le preguntó qué dudas tenía y se las aclaró una a una. A partir de ese momento todo cambió: reconoció a Emilio como el nieto que siempre ha querido.

“YO TENGO UN HIJO CON VAGINA Y NO PASA NADA. ES UN HIJO FELIZ”, LINA MONSALVE.

Una vez Emilio se practicó los exámenes médicos necesarios, recibió el visto bueno de los especialistas para empezar su tránsito físico de femenino a masculino. El paso a seguir: solicitar por la Entidad Promotora de Salud (EPS) el medicamento que inhibe la producción de estrógenos. Sabía que era posible que su EPS rechazara la solicitud y que sería necesario interponer una tutela. Tal cual.

El nombre Emilio lo escogió porque Lina, su mamá, toda la vida dijo que si tenía otro hijo lo llamaría Emilio.

La abogada de la Personería de Medellín los asesoró y les dijo que se iba a jugar una carta nueva en Colombia: una tutela integral para que de ahora en adelante no fuera necesario interponer tutela para cada medicamento o procedimiento que el tránsito de Emilio requiriera, sino que la EPS de una vez lo cubriera todo.

A la semana siguiente, el juez llamó a Lina. “Lo primero que me dijo es que debía disculparse por llamar a mi hijo Sara porque sabía que él había elegido llamarse Emilio, pero que por motivos legales debía referirse a él como Sara. Nos citó para dictar la sentencia”. Falló a favor de la tutela integral, algo que no solamente benefició a Emilio sino a muchas otras personas trans. Estableció un precedente.

“LAS FAMILIAS SON DIVERSAS TAL CUAL COMO LOS DEDOS DE LA MANO SON DIFERENTES”, LINA MONSALVE.

Por su parte, desde que la rectora del colegio de Emilio se enteró de su identidad de género, le expresó su apoyo y demostró su interés en que esta experiencia les sirviera de aprendizaje, no solamente a un colegio femenino como el Marymout de Medellín, sino a todas las instituciones educativas posibles.

Lo primero que hizo fue reunir a las estudiantes de la promoción de Emilio, explicarles la situación y aclarar sus dudas. También construyeron un baño para hombres, al lado del de niñas y diseñaron un uniforme para él con pantalón, camisa y sudadera con corte masculino. (Ver: Él / Ella / Nosotros).

FAUDS capacitó a los profesores en diversidad sexual y de género y, como es una institución confesional, el sacerdote del colegio les explicó a las estudiantes que Dios es amor y que Emilio no estaba haciendo nada malo, más allá de vivir su identidad de género.

Emilio es muy consciente de que antes de hacer el tránsito vivió acoso callejero y le duele pensar que, ahora, por el hecho de ser hombre, algunas mujeres puedan verlo como un “potencial agresor”.

Entender y aceptar la identidad de género de su hermano mellizo fue un proceso más largo para Juanita. Le preocupaba mucho el qué dirán. En una de las discusiones que Lina tuvo con ella, le dijo: “los índices de suicidio en quienes no pueden vivir su identidad de género son alrededor del 39%. Qué prefieres: ¿darle la bienvenida a Emilio o enterrar el cuerpo de Sara? Yo ya elegí la primera opción y te invito a que tú también lo hagas”.

En agosto de 2018 Juanita aceptó ir a un grupo de apoyo de FAUDS. El tema era cómo la crisálida se convierte en mariposa. Llegaron tarde a la sesión, justo cuando estaban anunciando una rifa. Juanita se la ganó. Era una crisálida. La psicóloga le preguntó qué significaba ese regalo para ella y Juanita empezó a llorar, mientras decía que había perdido a su hermana.

Ahí Juanita empezó su catarsis. Ese día la mariposa salió de la crisálida y se quedó en una rama. Al mes, cuando la mariposa se fue, Juanita dijo: “estoy lista”. Y crearon con Emilio la cuenta de Instagram PatinoX2 donde comparten su historia y su cotidianidad como hermanos.

CUANDO A ISABELLA, DE 10 AÑOS, SOBRINA DE IVÁN, LE EXPLICARON EL TRÁNSITO DE EMILIO, LO ÚNICO QUE DIJO FUE: ¡CUÁNTO HABRÁ SUFRIDO MI PRIMO TODOS ESTOS AÑOS!

Lina sabe que en situaciones como el tránsito de Emilio, es cuando más deben salir a relucir esas frases que papás y mamás repiten con frecuencia: “yo por mis hijos doy la vida” o “lo que yo más quiero es que mis hijos sean felices”. “Es el momento de demostrar que esas frases son ciertas y no palabras al aire. ¿De qué sirve decir que quiero un hijo feliz si no puede vivir su identidad de género u orientación sexual?

A la marcha LGBT de 2019 de Medellín, la primera a la que Lina asistió, llevó un cartel que decía “abrazos de mamá gratis”. “Valió la pena solamente por el abrazo que me dio una niña que lloraba mientras me decía que llevaba 10 años sin recibir un abrazo de su mamá”.

Según Lina, papás y mamás deben aprender a poner por encima de su ego, la felicidad de sus hijos. “Es recordar a ese hijo que cuando nació nos hizo tan felices, devolvernos a ese primer llanto, a esa primera conexión, a esa primera sonrisa. Yo les pido que se vayan a ese momento tan especial, de tanto amor, y que piensen qué habría pasado si ese ser les hubiera dicho “soy gay” o “soy trans”. ¿Lo habrían tratado como hoy lo hacen?”.

Lina ya no dice que “enterró a Sara para darle paso a Emilio” porque ha entendido que su esencia sigue siendo la misma. No cambió. “Solamente tiene un ‘empaque’ diferente, pero es la misma persona. Sus valores no han cambiado. Hoy Sara está en mi corazón. Me hice un tatuaje en su nombre porque guardo el recuerdo de una persona que me dio felicidad durante 16 años, pero hoy vivo mí día a día con un hijo que es mi maestro de maestros. Me ha mostrado que la vida va más allá de lo que a mí me habían enseñado”.

“NO ES COHERENTE DECIRLES A LOS HIJOS ‘TE ACEPTO PERO SOLO EN ESTA CASA’ PORQUE EL MUNDO VA MÁS ALLÁ DE ESAS CUATRO PAREDES”, LINA MONSALVE.

El tránsito de Emilio también ha confrontado a Lina con la doble moral social. Por ejemplo, sus cuatro grandes amigas de la universidad, todas muy religiosas, se alejaron cuando ella les contó. Por una de ellas –quien dice recibir mensajes de la Virgen– Lina se volvió muy mariana. “Me dijeron que yo era una mamá alcahueta que estaba permitiendo que el demonio se apoderara de mí“.

Desde entonces, aunque siguen en familia asistiendo a misa los domingos, se han distanciado de la manera como mucha gente practica la religión. “Veo mucha incoherencia”, dice Lina.

Juanita quiere estudiar medicina y Emilio comunicación publicitaria.
 

El mejor puente entre religiones y diversidad sexual y de género, señala Lina, es la educación. “Es mostrarles a quienes se oponen a la diversidad sexual que esta no es una elección ni un trastorno sino una realidad científica, si quieren llamarla así. Mi invitación a estas personas es a seguir el ejemplo de Jesús, el ser más incluyente que ha existido. Si las personas religiosas pregonan que le siguen sus pasos, pues que lo hagan como debe ser”.

“CON EL CIERRE DE LAS IGLESIAS POR EL CORONAVIRUS ES AÚN MÁS CLARO QUE JESÚS NO ESTÁ EN UN LUGAR SINO EN EL CORAZÓN DE CADA QUIEN”LINA MONSALVE.

Emilio también es católico practicante. Hace poco se confirmó. “Pero no puedo negar que en esos años de dudas, miedo y ansiedad porque no sabía qué me pasaba, le echaba la culpa a Dios, le pregunta por qué me hacía eso. Hasta que entendí que lo que debía buscar era el para qué y no el por qué. Y yo estoy acá para ayudar a que más personas puedan entenderse”.

Hoy la familia Patiño Monsalve tiene más claro que nunca que parte de su misión en esta vida es aportar conocimiento sobre diversidad sexual y de género en donde les sea posible. “Vinimos a este mundo a ser felices”.

Fuente: Sentiido, Diario El Diverso

#Colombia| Para las personas LGBT, ¿cuándo termina el aislamiento y el distanciamiento social?

Una vez comenzaron las cuarentenas y los aislamientos en casi todos los países del mundo, he leído y escuchado a personas cercanas añorar aquellos días en los que podían estar con sus familias y sus amigos. Desean que todo esto acabe pronto para volver a abrazar, a besar y a tocar a otros.

Yo también pienso constantemente en esto porque la llegada del COVID-19 ha afectado uno de nuestros ámbitos más sensibles: la necesidad de contacto con los demás. Vivir en el encierro nos descompensa, nos hace perder buena parte de la tranquilidad y nos quita el sueño.

Pensar en no tener cerca a quien uno quiere -que por más meses que esta situación tome, será temporal- me hace recordar otras situaciones. Siento que la mayoría de personas LGBT hemos pasado buena parte de nuestras vidas en una especie de aislamiento obligatorio que nos ha impedido estar cerca de quienes queremos o deseamos.

Se me viene a la cabeza la secundaria, cuando la efervescencia adolescente me hacía ver guapos a muchos chicos, pero casi de inmediato, sabía que no podía acercarme a ellos, que no podía permitir que nadie se enterara de que veía a algunos con deseo, mucho menos insinuarles algo.

Siempre supe que no podía coquetearles, ni siquiera sonreírles tímidamente, porque el castigo homofóbico podía caerme implacable, mientras veía cómo chicos y chicas heterosexuales iban de la mano, se besaban y se mostraban cariñosamente frente a las demás personas.

LAS RELACIONES HETEROSEXUALES SIEMPRE HAN SIDO CELEBRADAS PÚBLICAMENTE”.

Recuerdo la necesidad de camuflar con nombres, señas, movimientos y palabras encriptadas mis sentimientos y deseos. Y lo hice porque nos han hecho saber por diferentes medios que “a muchas personas heterosexuales les incomodan las LGBT”, al menos aquellas que no ocultamos nuestra orientación sexual o identidad de género o a las que se “nos nota” que lo somos.

Muchas veces he tenido que aislarme de los demás, de lo “normal”, para besar a alguien, tomarlo de la mano o acariciarlo. Recuerdo, también, las miradas de extrañeza y molestia de otras personas cuando perciben en mí y en mis amigos “la pluma” que tanto incomoda.

Son las mismas miradas, aunque con menos odio, que ahora una persona puede sentir por toser en algún lugar público o mostrar señales de gripa o molestias respiratorias.

También pienso en el futuro. Así aparezca una vacuna, todo vuelva a la “normalidad” y el virus sea solamente un mal recuerdo, para muchas personas LGBT el aislamiento seguirá: continuaremos sentándonos a cierta distancia de nuestras parejas en restaurantes o cafés, caminando por la calle sin tomarnos de la mano y manteniendo a ese “amigo” o “amiga” a la “distancia social necesaria” para que nadie sepa que es nuestro novio o novia.

“SEGUIREMOS A UN METRO O MÁS DE DISTANCIA DE LAS PERSONAS QUE QUEREMOS PORQUE LA HOMOFOBIA, A DIFERENCIA DEL CORONAVIRUS, SEGUIRÁ”.

Después de que “todo esto pase” seguiremos esperando las noches del fin de semana para “violar el aislamiento social”, lejos de las miradas y las posibles agresiones físicas.

Mientras que para muchas personas el fin de la cuarentena significará volver a abrazar, a besar y a expresar su cariño públicamente, para muchas personas LGBT será regresar a ese otro aislamiento en el que hemos estado y en el que antes de pensar en  abrazos y besos, habrá que pensar en un lugar seguro para hacerlo.

De hecho, puede que el soñado reencuentro con nuestras parejas sea solo a través de una sonrisa y una mirada, mientras alrededor habrá quienes se entreguen a sus manifestaciones de cariño con la seguridad y la legitimidad que les da ser heterosexuales.

Vivir esta experiencia también puede recordarnos que existimos, que no estamos solas ni solos y que lo único que buscamos es ser como somos. En otras palabras, puede que todo esto nos permita de una vez hacerle frente a la pandemia de la homofobia, porque, después de todo, mi sueño, y el de muchas personas más es amar libremente.

Fuente: Sentiido, Diario El Diverso

#Colombia| Defensoría del Pueblo pide frenar la violencia contra la comunidad LGBTI

La Defensoría del Pueblo reiteró la necesidad de implementar acciones integrales de prevención y respeto de los derechos de la comunidad LGBTI, con el fin de transformar las estructuras de la violencia y generar una cultura que respete la diversidad. 

En el marco del Día Internacional contra la Homofobia y la Transfobia, la entidad señaló que estas medidas son necesarias porque la vida de las mujeres lesbianas, hombres gay, personas bisexuales, transgénero y con expresiones de género diversas, siguen estando expuestas a múltiples formas de violencia por causa del prejuicio en Colombia.

“Esto sigue limitando su acceso a derechos fundamentales como la educación, salud, trabajo, libre expresión y a llevar una vida libre de violencias”, resaltó.

La Defensoría enumeró algunos casos recientes de discriminación en contra de la comunidad LGBTI. Por ejemplo, los registrados dentro de la medida del ‘pico y género’ en Bogotá, Valle de Cauca y Cartagena, “en donde se puso en evidencia la reproducción de estereotipos y de discriminación en razón al sexo, la identidad y la expresión de género”.

Mencionó que, de acuerdo con las alertas tempranas sobre personas transgénero, se evidenció que son constantes los casos de violencia basada en género en Magdalena y Bogotá.

“Se concluyó que el ejercicio de la prostitución como posibilidad de trabajo informal en estas poblaciones implica un alto riesgo para su seguridad y su salud, sin que puedan tener un mínimo vital y mucho menos vivienda. Esto permite que la violencia de género se agudice, sin que haya denuncias por temor a retaliaciones”, aseguró.

Indicó que también se identificó que en Santander, Quindío y Valle del Cauca sigue la discriminación en razón a la orientación sexual e identidad de género en el ámbito laboral, como despidos injustificados cuando se inician procesos de tránsito de género.

“Y siguen las barreras para tratamientos hormonales y reafirmación sexual, teniendo que acudir siempre a la tutela como mecanismo para recibir atención integral y la exposición a violencia institucional”, resaltó.

Es por eso que hoy sábado 17 de mayo, en el Día Internacional contra la Homofobia y la Transfobia, la Defensoría del Pueblo expresó la necesidad de continuar fortaleciendo acciones para promover, proteger y garantizar la dignidad y los derechos humanos de estas poblaciones.

Fuente: Kienyke, Diario El Diverso

#Colombia| Prejuicios y estereotipos, los problemas detrás del “pico y género”

El 8 de abril Claudia López, alcaldesa de Bogotá, emitió el Decreto 106 de 2020 cuyo objetivo es reducir las cifras de contagio por COVID-19. Este decreto establece el “pico y género” o la medida que señala que para comprar alimentos y hacer vueltas bancarias y de notaría, los días impares podrán salir exclusivamente las personas de “sexo masculino” y los días pares, las de “sexo femenino”. (Ver: Claudia López: sus promesas en género e igualdad).

El decreto señala que las personas trans podrán circular los días que se ajusten a su identidad de género. Las de género fluido, no binarias o que no se identifican ni como hombre ni como mujer, podrán escoger un único día, par o impar, para hacer estas vueltas. El decreto estipula que las autoridades no podrán poner en duda la identidad de género de cada quien. (Ver: No soy un hombre ni una mujer, ¿entonces qué soy?).

EL HECHO DE QUE EL DECRETO MENCIONE A LAS PERSONAS TRANS ES UN AVANCE. MUCHAS VECES ESTA POBLACIÓN ES IGNORADA POR AUTORIDADES Y FUNCIONARIOS.

Una vez el decreto se hizo público, las primeras personas que encendieron las alarmas fueron de sectores conservadores religiosos por el hecho de incluir a las personas trans: les incomoda que la Alcaldía reconozca estas identidades de género. (Ver: Los pasos de gigante de la avanzada conservadora).

Poco después organizaciones de personas trans expresaron su desacuerdo con el decreto argumentando que su seguridad estaría en mayor riesgo del que viven a diario, debido a la historia de abusos que han sufrido por parte de la Policía Nacional, hechos que suelen quedar en la impunidad.

El decreto también puso sobre la mesa una de las premisas del movimiento LGBTI en debates como el del matrimonio igualitario y la adopción por parte de parejas del mismo sexo: los derechos de la mayoría no pueden pasar por encima de los derechos de las minorías. En este caso, para contener el contagio de una mayoría, no se puede pasar por encima de los derechos de las personas trans, no binarias o que no se identifican como hombre ni como mujer.

La circular que pide respeto

Por este motivo, el 11 de abril de 2020 varias secretarías del distrito publicaron una circular solicitándole a la Policía Nacional que durante los procedimientos de control del “pico y género”, respeten las identidades de género de las personas trans, de género fluido o que no se identifican como hombre ni como mujer. (Ver: Existencia y resistencia no binaria: consejos para aliados).

LAS AUTORIDADES NO PUEDEN EXIGIR DOCUMENTOS PARA CORROBORAR LA IDENTIDAD DE LAS PERSONAS SINO PARTIR DE LA BUENA FE DE CADA QUIEN.

Sin embargo, las organizaciones trans no quedaron conformes con la circular e insistieron en que los abusos por parte de la Policía y de personal de seguridad de establecimientos comerciales es un tema de fondo que difícilmente cambiará con una circular.

Por el contrario, afirman, el decreto les otorga a la Policía y al personal de seguridad el poder de vigilar y de determinar a su juicio, si la identidad y la expresión de género de las personas trans y no binarias, coincide con lo que socialmente se espera que sea la apariencia de un hombre y de una mujer, descartando de paso a quienes no se identifican ni como lo uno ni como lo otro. (Ver: A mí sí se me nota).

La carta de las personas trans

Por esto, el 12 de abril organizaciones de personas trans le hicieron llegar una carta a la alcaldesa Claudia López en la que le explican que a pesar de entender que una pandemia exige la adopción de medidas para controlar la propagación del virus, la de “pico y género” expone a las personas transy que no se identifican como hombre ni como mujer a discriminaciones y abusos policiales.

En el documento señalan que el decreto es inconstitucional por usar un criterio sospechoso de discriminación al establecer una forma de segregación basada en el sexo. Sin embargo, quienes están a favor del “pico y género” han señalado que la medida no discrimina porque hombres y mujeres pueden salir por igual.

Siguiendo esta lógica, también se podría aplicar la medida de ‘pico y raza’ porque tanto personas negras como blancas podrían salir a abastecerse, solo que en días de la semana distintos. Pero esto sería violatorio de derechos humanos”, señala la carta de las organizaciones trans.

“USAR EL SEXO, AL IGUAL QUE LA RAZA O LA RELIGIÓN PARA SEGREGAR, TERMINA GENERANDO GRAVES VIOLACIONES DE DERECHOS”, ORGANIZACIONES TRANS.

La discriminación consiste, explican, en adoptar una medida partiendo de la base de que el género se reduce a “hombre – sexo masculino” y “mujer – sexo femenino”. Esta distinción supone un trato desigual para las personas que no se identifican ni como hombre ni como mujer y para las personas trans cuya apariencia no coincide con los estereotipos de género presentes en la sociedad. (Ver: El género existe y no es una ideología).

Para indagar sobre un potencial incumplimiento del “pico y género”, los agentes de policía y el personal de seguridad pueden parar y cuestionar a aquellas personas cuya apariencia física no corresponde con lo que ellos/as esperan de “las personas de sexo masculino” en días impares y de “las de sexo femenino” en días pares.

EL “PICO Y GÉNERO” DEJA EN MANOS DE LA MIRADA DE LA AUTORIDAD -ATRAVESADA POR SESGOS INCONSCIENTES- DECIDIR QUÉ PERSONAS SE AJUSTAN A LO QUE ELLOS/AS CONSIDERAN ES SER MUJER Y SER HOMBRE.

En la carta enviada a la alcaldesa, las organizaciones trans explican que desde antes de que se expidiera la medida, a las personas trans, no binarias o que no se identifican como hombre ni como mujer, ya las discriminaban en supermercados, bancos y notarías. El problema es que el Decreto 106 legítima estas acciones porque ahora policías y personal de seguridad pueden –con autorización de la Alcaldía– intentar “verificar” si quien ingresa al establecimiento es o no “hombre” o “mujer”.

¿Y “pico y cédula”?

Por tanto, las organizaciones trans solicitan remplazar la medida “pico y género” por “pico y cédula” acogida en ciudades como Medellín, Cali, Bucaramanga, Floridablanca, Cúcuta, Envigado, Bello, Manizales, Barrancabermeja, Barranquilla y Palmira, que permite limitar el número de personas en las calles sin crear riesgos adicionales para las personas trans y no binarias. Así, explican, la Alcaldía de Bogotá podría disponer que personas con números de identificación terminados en número par circulen en días pares y personas con números impares, en días impares.

Un argumento a favor del “pico y género” es que el control del cumplimiento de la medida puede hacerse con mayor distancia física porque, en teoría, no es necesario acercarse a la persona para verificar que su número de identificación sí le permite salir ese día.

Pero para las organizaciones trans lo que está en el centro del debate no es si dicha medida es efectiva o no sino si es estrictamente necesaria. De hecho, señalan, a la fecha 15 personas entre trans y no binarias han reportado violencia por parte de empleados y personal de seguridad de supermercados porque, a su parecer, están violando el “pico y género”.

Además, estas interacciones para tener que probar su identidad de género aumentan el riesgo de contagio. Así, el “pico y género” en el caso de las personas trans y no binarias, en vez de disminuir el contacto personal, lo aumenta, debido a que constantemente deben explicar su identidad de género para justificar que pueden circular ese día.

Quienes están a favor del “pico y género” y se oponen al “pico y cédula” aseguran que esta última medida expone a las personas trans y no binarias a que las autoridades puedan revisar sus documentos de identidad para verificar que su apariencia corresponda con el sexo que aparece en sus documentos, cambio que muchas personas trans no han hecho. También, afirman, este contacto directo para el control de cédulas una a una, aumentaría las posibilidades de contagio de COVID 19. (Ver: El detrás de cámaras del decreto del cambio de sexo en Colombia).

Sin embargo, según las organizaciones trans, en el “pico y cédula” no es necesario que la persona que verifica el cumplimiento de la restricción toque el documento de identidad de la persona, ni tenga un contacto cercano con ella, basta con que el documento de identificación se enseñe a cierta distancia. De hecho, explican, el tiempo que les toma explicarles a los policías o al personal de su seguridad su identidad o expresión de género supera el que toma controlar el número de identificación.

En Perú no funcionó

Estas organizaciones también señalan la importancia de tener en cuenta la experiencia de países como Perú que implementaron la medida “pico y género” sin éxito, a pesar que desde el principio su presidente Martín Vizcarra señaló que las autoridades debían respetar todas las identidades.

Días después de implementarse la medida en Perú, circuló en redes un vídeo donde se ve a unos policías violentando a mujeres trans, obligándolas a hacer sentadillas mientras repiten: “quiero ser un hombre”.

Por su parte, la periodista Gabriela Wiener explicó en El diario.es que el principal problema de la medida fue que cuando les tocaba a los hombres salir, los supermercados estaban tranquilos. En cambio, en los días que les correspondió a las mujeres, se vieron aglomeraciones y colas en las que ni siquiera se respetaba la distancia física recomendada.  

Es así, explica Wiener en su columna, porque las mujeres son las que se encargan mayoritariamente de conseguir los víveres para sus familias. “El 25% de las mujeres son las responsables únicas de los hogares peruanos”, señaló. Y el virus se contagia en aglomeraciones así sean de un solo género.

La abogada y activista Mónica Roa explicaba a France 24 que a pesar de que los gobiernos de todo el mundo están imponiendo medidas para frenar la propagación del COVID-19, la restricción de salidas por género solo se ha implementado en América Latina. “En países europeos ya se superó la idea de que el mundo se puede dividir en hombres y mujeres”, dijo Roa.

Para completar, una vez la medida “pico y género” se hizo pública empezaron los mensajes discriminatorios en redes sociales: “¡Es la verdad! Los trans son hombres disfrazados” o “Las mujeres tienen derecho a exigir que unos tipos con peluca y voz fingida no empiecen a invadir sus espacios”. (Ver: ¿Cómo responder a los insultos en redes contra las personas LGBTI?).

Personas trans y aliadas durante la marcha LGBTI de Bogotá de 2019.

Por las denuncias de discriminación que se han visto hacia personas trans y no binarias, la medida ha puesto sobre la mesa la baja formación en diversidad sexual y de género de empleados y personal de seguridad de supermercados: ha revelado la urgencia de que dueños y gerentes de estos establecimientos impartan formaciones al respecto. (Ver: Decálogo de las empresas incluyentes).

LA SEPARACIÓN POR GÉNERO TAMBIÉN DISMINUYE LA SEGURIDAD DE LAS MUJERES, ALGUNAS PERSONAS APROVECHAN LOS DÍAS EN QUE ELLAS PUEDEN SALIR PARA ROBARLAS O ATACARLAS.

La activista y líder trans Cristina Di Laurentti denunció este acoso callejero el 16 de abril en Bogotá.

Aunque las organizaciones trans coinciden en que el decreto no tiene la intención de discriminar, condenan que a pesar de que la alcaldesa y sus funcionarios conozcan el impacto de la medida y las 4.000 firmas que han pedido que se derogue, la Alcaldía no lo haga.

Por último, vale la pena tener en cuenta la resolución del 10 de abril “Pandemia y Derechos Humanos en las Américas” de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos en la que les recomienda a los Estados adoptar campañas de prevención contra la homofobia, la transfobia y la discriminación dirigidas al personal a cargo de establecer medidas de atención y contención de la pandemia. (Ver: 8 puntos clave de la opinión consultiva de la Corte Interamericana sobre derechos LGBT).

Fuente: Sentiido, Diario El Diverso

#Colombia| Alanis Bello: no quiero ser un hombre ni una mujer

Un día los papás de Alanis le regalaron un kit de herramientas para que “jugara como los hombres” (les parecía muy “mariquita”). Lo primero que Alanis hizo con el martillo y el destornillador fue ponerles pelo y hacerles ojos.

La respuesta de la escuela fue: el niño tiene un problema. “yo simplemente estaba jugando. ¿Cuál era el miedo? ¿Que el mundo fuera libre? ¿Que tengamos niños felices?”, se pregunta Alanis.

La psicóloga del colegio les sugirió a sus papás que la cambiaran del colegio masculino en el que estudiaba a uno mixto porque seguramente la cercanía con niñas le ayudaría a volverse “un hombre de verdad”. Así lo hicieron. Y Alanis llegó a hacerles trenzas a sus amigas. En el colegio, además, culparon a su mamá cuando Alanis cuestionó que la obligaran a ser masculina. “Lo está volviendo maricón”, le dijeron.

Durante mucho tiempo Alanis no entendía si era un hombre o una mujer a pesar de que la vestían como un niño y la obligaban a asumir comportamientos masculinos. Y no jugar fútbol y no practicar deportes rudos la convirtió en objeto de bullying. “Descubrir la palabra ‘marica’ fue muy duro porque desde muy temprano me di cuenta de que la forma en que la mayoría de personas LGBT experimentamos discriminaciones es por medio de las palabras”.

Más adelante, intentó identificarse con los modelos de identidad gay estilo Chapinero, pero se sintió excluida. “Yo vengo de una familia de clase popular”. Al entrar a la universidad y conocer otros contextos empezó a usar hormonas, pero tampoco se sentía una persona trans femenina.

Ahora se identifica como una persona trans no binaria o como alguien que hace tránsitos permanentes que no necesariamente van de lo masculino a lo femenino. “En mi cuerpo se reúnen las diferencias tanto de la masculinidad como de la feminidad y por eso no quiero cerrarlo a una sola categoría. No lo hago como un asunto académico ni necesariamente político, sino porque así lo siento”.

En parte, Alanis es maestra porque quiere hacer de la escuela un lugar de libertad. No haber podido decidir durante su infancia le hizo mucho daño y no tiene la menor duda de que los más afectados con los estereotipos de género son los niños y las niñas. “Los grupos conservadores los utilizan diciendo ‘defendemos a nuestros niños’, pero en realidad no defienden sus libertades sino la imposición de unas normas adultas”.

no quiero ser un hombre ni una mujer
Según Alanis, en una sociedad tan desigual como la colombiana, es muy importante hablar de género.

Sentiido: En 2016 renació el concepto “ideología de género”. Desde entonces, muchas personas evitan la palabra “género”. ¿Por qué cree que en algunos sectores existe ese miedo o rechazo por esta palabra?

Alanis Bello: Se trata de una estrategia global, no es algo exclusivo de Colombia, para frenar los avances feministas y LGBTI. El fantasma de la “ideología de género” es un revés de sectores conservadores y religiosos que perciben estos logros como una manera de socavar su privilegio para ordenar los cuerpos.

En cada país el discurso se ha acomodado a su contexto político. En Colombia, por ejemplo, les sirvió para asustar a quienes querían votar por el “sí” en el plebiscito de los acuerdos de paz, con el argumento de que “promoverían la homosexualidad de los niños y el fin de la familia”. Se trata de una fuerza que quiere atarnos al pasado, llevarnos de nuevo a esos roles “femeninos” y “masculinos” o donde las mujeres son vistas solamente como paridoras y las personas con otras sexualidades como enfermas.

“ESTOS SECTORES CONSERVADORES ESTUDIAN LAS TEORÍAS DE GÉNERO PARA TERGIVERSARLAS E INTENTAR PARALIZARNOS EN EL SIGLO XIX”.

En realidad, la categoría “género” nos ha permitido hablar de las desigualdades de poder porque tiene un horizonte de justicia. Cuando hablamos de “género” nos referimos a sociedades más democráticas o donde todas las personas tengan las mismas oportunidades sin importar si son o no heterosexuales. El género nos ha permitido abrir una pequeña ventana a las personas trans: si no fuera por las luchas alrededor del género no podríamos ser visibles.

Muchas veces las personas no quieren hablar de “género” porque quieren eliminar la diferencia e imponer una dictadura heterosexual. Hablar de este tema incomoda porque ha sido una categoría fundamental para entender las violencias que han vivido las mujeres y las personas LGBT y que antes eran vistas como merecidas. De hecho, cuando hablamos de género, hablamos de solidarizarnos con el dolor ajeno. Es una categoría que nos abre posibilidades de justicia y que debe pensarse en diálogo porque no existe una sola forma de ser hombre o de ser mujer, eso depende de la clase social, de la atribución étnico racial, de la sexualidad…

“HAY QUE LUCHAR CONTRA TODAS LAS FORMAS DE OPRESIÓN: SEXISMO, RACISMO, HETEROSEXUALIDAD OBLIGATORIA Y CAPITALISMO”.

Si una persona decide ir más allá de las normas binarias de género, la primera afectación que recibe es económica. Sin embargo, todos de alguna manera somos vulnerables y esa vulnerabilidad nos acerca: cuando una persona lucha por un mejor sistema de salud para las personas trans, está luchando por un mejor sistema para todas las personas sin importar cómo nos vemos. Cuando hablamos de niños LGBT hablamos del derecho de todos los niños a recibir una educación para la sexualidad laica y científica.

S: También hay un miedo profundo a cuestionar la feminidad y la masculinidad como asuntos biológicos. ¿Por qué?

A.B.: Los discursos que plantean algunos sectores conservadores de “es biología” para justificar sus argumentos, ya es un discurso cultural porque plantea una idea normativa de la biología. En ese bus naranja que circuló por varios países y que decía: “No te dejes engañar: las niñas tienen vagina y los niños pene” podemos inferir que esos sectores conservadores asumen que esa es la única biología que existe, pero esa forma de entender los cuerpos diezma la ciudadanía de quienes no encajan en esos moldes.

“NUESTROS CUERPOS Y BIOLOGÍAS SON MÚLTIPLES”.

Ahora, si se revisan los trabajos de las biólogas feministas se encuentra que el cuerpo es mucho más complejo del binario del que nos hablan. Nuestras biologías tienen caracteres masculinos y femeninos. Pero el tema acá es tratar de imponer una idea de “la biología”.

no quiero ser un hombre ni una mujer
Según Alanis, lo de la “ideología de género” evidencia un proyecto político conservador de fondo donde los más afectados son las niñas y los niños.

S: Es decir, ¿estos sectores conservadores ven la biología como algo estático para cerrar los debates con un “es así y punto”?

A.B.: Durante algún tiempo se habló de “mujeres biológicas” y de “mujeres trans” como si estas últimas no fueran también biológicas. Los movimientos de personas trans le apuestan a que comprendamos que nuestros cuerpos son plurales, que existen mujeres con pene, hombres con vagina, personas intersexuales y hombres femeninos y mujeres masculinas. Es ver las diferencias de nuestros cuerpos como parte de lo biológico.

S: A muchos sectores conservadores les molesta que se diga “no se nace hombre ni mujer”. ¿Cómo explicar esto?

A.B.: Algunos sectores conservadores asumen mal la idea de “no se nace hombre ni mujer sino se llega a serlo” porque creen que las personas nacen hombres y mujeres heterosexuales y punto. Les asusta pensar en otras posibilidades y les despierta terror aceptar que existen niños maricas y niñas lesbianas. Piensan que si es así es porque algo no está bien y está impidiendo “lo natural”.

Mi perspectiva pedagógica no es pretender que niños y niñas sean lesbianas, gais o trans porque eso sería repetir lo mismo que hizo la cultura heterosexual de imponernos ser hombres o mujeres heterosexuales. Por el contrario, debemos darles la oportunidad de vivir sin esas categorías.

S: ¿Las diferencias biológicas entre hombres y mujeres marcan características de unos y otras (entendiendo, por supuesto, que estas diferencias no deberían traducirse en desigualdades)?

A.B.: Sí marcan diferencias. No es lo mismo tener o no un útero. Nuestros organismos son diferentes pero la cultura ha hecho que nuestras diferencias biológicas se traduzcan en desigualdades. Durante mucho tiempo los comerciales de toallas higiénicas o medicamentos para disminuir el cólico menstrual, mostraban que las mujeres siempre deben estar felices, así no estén bien. ¡Claro que hay diferencias! Las mujeres trans, por ejemplo, no tienen las mismas experiencias de las mujeres cisgénero. Son cuerpos diferentes y esas diferencias deberían enriquecernos y no ser barreras limitantes.

Para las personas trans es importante hablar de nuestros cuerpos porque vivimos en un sistema médico que no los comprende, en un sistema educativo que no sabe cómo hablar de sexualidad con nosotros y con amantes que les da miedo meterse con una persona trans. Tenemos que romper esas fronteras y escucharnos y solidarizarnos.

De hecho, ¿por qué a lo largo de la historia se ha asumido que una persona que introduce su pene en una vagina tiene que casarse para toda la vida y comprar una casa y ojalá otras propiedades? ¿Por qué pensar que tener una relación sexual debe involucrar la tierra? Eso es raro. ¿Por qué no cuestionamos eso que se dice “normal” y por qué el hecho de que mi cuerpo tenga pene y tetas puede resultar tan dañino?

S: Algunas personas hablan de “sexo asignado al nacer”, pero quienes no son expertas en el tema, quedan perdidas. ¿Cómo explicar que el sexo sí fue asignado a pesar de que a quienes nacen con vagina se les llama “mujeres” y a quienes nacen con pene, “hombres”?

A.B.: Antes de que las personas nazcan, con base en los genitales que se ven en las ecografías, se les asignan identidades y futuros. La medicina se ha encargado de clasificar los cuerpos y de definir qué es normal y qué no. Sin embargo, hay comunidades indígenas que les asignaban el sexo a los niños con base en los sueños. Nosotros nos basamos solamente en los genitales que no definen ser masculino o femenina, esto depende de enseñarles a esos menores a portarse de una forma y no de otra: a ser delicada si eres niña y fuerte si eres niño. ¿Por qué esa clasificación? Para establecer jerarquías entre hombres y mujeres.

S: Muchas personas entienden el género como una categoría estática y no como un amplio espectro. ¿Cómo explicar esto?

A.B.: Tratar de construirme como Alanis es para mí estar al borde del borde. No me interesa pertenecer a ningún género. Quiero ser libre porque siento que esas casillas de “hombre”, “mujer”, “gay”, “trans” o lo que sea, nos limitan, nos hacen pensar que, obligatoriamente, así será para siempre. Mis tránsitos son de alianzas y de amores.

“YO NO CONSTRUYO MI IDENTIDAD PARA EXCLUIR SINO PARA CONECTARME CON LA GENTE”.

A mí me funciona la política del afecto, del cuidado y de encontrarnos sin necesidad de acudir a una categoría para unirnos. Estoy de acuerdo en defender identidades como “LGBT” pero de manera estratégica. Por ejemplo, si atacan a una persona gay y hay una política LGBT, ¡usémosla! Si algunos sectores quieren eliminar la educación para la sexualidad, luchemos como personas LGBT para que esto no pase. Pero en mi vida cotidiana y en mis interacciones con el mundo, esas categorías me limitan.

no quiero ser un hombre ni una mujer
Alanis tiene una pareja que la entiende y que la apoya y eso le da fuerza porque es agotador estar peleando todo el tiempo. “A veces, simplemente, quisiera irme”, dice.

S: A mucha gente le causa ansiedad no poder identificar rápidamente si una persona es hombre y mujer y se codea y se pregunta entre sí “¿es hombre o mujer?”. ¿Cuál ha sido su experiencia al respecto?

A.B.: En mis trabajos yo exijo que me llamen Alanis porque es el nombre que yo elegí. Exijo que mi cuenta de correo y todos los documentos estén a ese nombre, así por ahora no quiera cambiar el nombre masculino que me otorgó mi familia. Sin embargo, un día, un ingeniero de sistemas me dijo que yo ponía en crisis el sistema porque estaba usando dos identidades. Yo le respondí que no estaba atentando contra nadie pero mucha gente nos ve como personas que ponemos en crisis a las instituciones.

Todos los fracasos de la humanidad son producto de pensar de manera binaria: “malos” y “buenos”, “negros” y “blancos”, “hombres” y “mujeres”, “heterosexuales” y “homosexuales”, lo que no permite otras pluralidades. Las personas que hacemos tránsitos tenemos que explicarnos todo el tiempo para poder sobrevivir. Somos máquinas pedagógicas con patas. Nos la pasamos explicando por qué no deben matarnos, por qué no deben clasificarnos, por qué no pueden jodernos. Es una situación tan desgastante que repercute en nuestra salud mental. Vivimos estresadas, con miedo de salir a la calle, de que nos peguen, nos maten, nos violen y no nos amen.

S: En muchas partes es evidente la diversidad étnica, expresión de género, creencias religiosas, etc., pero en países como Colombia, ¿se tiende a la homogeneidad al menos en la expresión de género?

A.B.: Yo no siento que en una ciudad como Bogotá haya homogeneidad. Hay personas migrantes y generaciones de familias negras o indígenas bogotanas. El asunto es que no hemos incorporado las diferencias que nos atraviesan. Hay muchos casos de hombres negros que solamente son vistos como máquinas sexuales u objetos de deseo pero no como personas que uno llevaría a su casa para presentarlas como su pareja.

Yo no utilizo la expresión “comunidad LGBT” porque no operamos como una comunidad sino como grupos sociales con luchas similares o que coincidimos en temas pero nuestras experiencias son múltiples. Así como hay hombres gais de izquierda hay otros de derecha. Mi sueño es hacer un sindicato de maestros y maestras raritos, lesbianas y trans porque no tenemos voz. Todo eso de la “ideología de género” afecta, por ejemplo, el derecho laboral de una maestra que se asuma lesbiana en un colegio.

S: ¿Por qué cree que a algunas personas les incomoda que una mujer se vea “masculina” y un hombre “femenino”?

A.B.: Existen los imaginarios de género. De las mujeres se espera docilidad, pasividad y delicadeza, mientras que de los hombres fuerza, razón y violencia. Y cuando una persona con vagina no cumple con esas expectativas de ser femenina y que le gusten los hombres, de inmediato entra la disciplina social a “normalizarla” porque piensan que pone en peligro la idea de “lo natural” o lo que debe ser.

Quienes nos salimos del mundo imaginario donde solamente existen hombres y mujeres, somos vistos como intrusos. En los museos, por ejemplo, solo se ve la historia heterosexual. Por eso acompañé a las mujeres trans de Chaparral (Tolima) en su apuesta de montar el museo travesti. Preservar el pasado de transgresiones de género y de sexualidad es una forma de incidir en el presente y en el futuro: hemos estado y seguiremos estando.

S: La presión social, las miradas y los agravios muchas veces impiden que una persona viva su género libremente. ¿Cómo ha sido su experiencia?

A.B.: En muchas películas se muestra que cuando una persona sale del clóset se libera, todo el mundo la acepta y es feliz para siempre. Para mí el clóset es como ese monstruo fantástico de la literatura griega que tenía mil cabezas: cuando uno piensa que ha salido del clóset, después viene otro y así sucesivamente. Salir a la calle con una determinada ropa a veces implica tener que ponerse chaquetas encima para no ser agredidos. Ese es justamente el privilegio heterosexual: poder ser en cualquier parte. Por eso no me gusta la metáfora del clóset: yo no salí del clóset sino que invité a mi mamá a que entrara en él y me hiciera compañía porque en el mundo no encuentro libertad.

S: ¿Qué implica en la cotidianidad ir más allá de “hombre” y “mujer” o “masculino” y “femenino”?

A.B.: Yo he aguantado ir al baño un día entero. En algunos trabajos en los que he estado, a pesar de que hay gente open mind, muchas veces evito entrar al baño porque me da pánico que si entro al de mujeres me vayan a sacar y si lo hago al de hombres me hagan sentir mal. También he tenido que optar por esconderme y por salir a la calle con mil chaquetas porque siento terror.

“HE TENIDO QUE LUCHAR CON NO SUICIDARME Y CON SENTIR QUE SOMOS CUERPOS PARA ODIAR”.

También pasa que a veces la gente no me cree. Si yo digo algo, la respuesta puede ser: “¡ah! Pero lo dice esa loca”. O me encasillan. En mi rol como maestra donde tengo experiencia como investigadora en temas de sociología del trabajo y memoria histórica, siempre me invitan a hablar de género como si solamente pudiera abordar este tema. Es lo mismo que cuando encasillan a las personas negras a hablar solamente de racismo.

S: Cuando se acerca la marcha LGBTI es frecuente leer o escuchar frases como “hay que asistir bien presentados” o “cómo vamos a exigir igualdad si salen como unas locas”. ¿A qué le atribuye esto?

A.B.: La marcha es un espacio interesante de hacer presencia en la ciudad, pero muchas veces está cooptada por los bares. Es cierto que es un espacio de fiesta y de diversión pero los bares tienen allí un amplio espacio y eso crea una desconexión frente al mensaje político que busca transmitir. También es cierto que hay quienes se quejan de que algunas mujeres trans muestren sus tetas porque consideran que eso no es aceptable, como si la única manera de obtener derechos fuera apelando a la moralidad. El mensaje es que según como una persona se comporte se garantiza sus derechos. Una mujer trans fumándose un porro y mostrando sus tetas es vulgar porque se piensa que solamente somos ciudadanos si cumplimos con las normas morales impuestas por la sociedad.

Entonces, será mejor mostrar un gay masculino, con una pareja similar, que no ponga en tensión a la sociedad heterosexual. Pero todas las personas tenemos derechos. Y lo que hacen las mujeres trans es mostrar el orgullo de un cuerpo: transitar en su cuerpo es lo único que este mundo les ha permitido.

S: Muchas veces a las personas trans se les exige “cuestionar el género” o ir más allá de lo femenino y de lo masculino casi como si esa fuera su misión en la vida. ¿Qué opina?

A.B.: Las personas trans aprendemos el género en la misma sociedad que el resto. No tenemos otros parámetros para aprender del tema. Algunas mujeres trans, por ejemplo, pelean entre sí por un hombre. Entonces, es complejo pedirles que sean “las revolucionarias de las identidades de género”. Liberarnos de los estereotipos de género no es una tarea exclusiva de las personas trans sino de todas porque a todas nos oprimen.

“LO TRANS NO ES UNA IDENTIDAD SALVADORA, TAMBIÉN TIENE  CUESTIONAMIENTOS”.

Para mi la categoría trans no es estable. Nos permite ir y venir, construir el cuerpo de manera autónoma y luchar contra la imposición de unos géneros. Pero, por supuesto, nuestras experiencias de vida no son iguales: hay personas trans que están en la calle y otras que han pasado por la universidad.

S: ¿Cómo empezó a cuestionar categorías como “masculinidad” y “feminidad”?

A.B.: Las desigualdades creadas entre hombres y mujeres empiezan a ser cuestionadas desde los años 60 y 70 con los feminismos de segunda ola que acuden a la categoría “género” para evidenciar la posición subordinada que tienen las mujeres y quienes se salen de tener que ser un hombre o una mujer. Esta es una categoría que ha mutado con el tiempo y que dependiendo de los contextos tiene su propio significado.

¿POR QUÉ LAS TAREAS DE LAS MUJERES Y LAS DE LOS HOMBRES SON DIFERENTES?

En los últimos años las personas diversas sexualmente se han apropiado de la categoría “género” para cuestionar esa división arbitraria que hace la cultura de los cuerpos y la obligación de tener que ser hombres masculinos y mujeres femeninas. No existe una base biológica, natural, verdadera o como quiera llamarse que haga que los cuerpos sean masculinos o femeninos. Estas son formas culturales de existir que se aprenden en las casas, en las escuelas o en el espacio público. Todo está codificado en ser un hombre o una mujer sin permitir una autonomía para decidir.

S: ¿Qué implica vivir en la cotidianidad, cuando uno intenta ir más allá de ser “hombre” o “mujer” o “masculino” o “femenino”?

A.B.: Desafiar las normas de ser hombre o de ser mujer en una sociedad como la bogotana implica cerrarse puertas, que el cuerpo sea un objeto sospechoso y que muchas veces no nos traten como seres humanos. Identificarme como una persona trans no binaria me ha representado rechazo, invisibilidad, falta de credibilidad, que las personas no me tomen en serio, que muchas veces no se respete mi identidad y que constantemente tenga que andar explicando quien soy.

Muchas veces lo hago a manera pedagógica pero hay momentos en los que siento que esto se convierte en una tarea fastidiosa y compleja porque es como si tuviera que pedirles permiso a las personas para existir. Eso no lo viven otros. En mi caso, también ocupo esa posición privilegiada de contar con títulos académicos y de ser docente e investigadora, oportunidades que otras personas trans no tienen. Un escritor argentino brasilero Néstor Perlongher (1949 – 1992) decía: “no queremos que nos discriminen ni que nos maten. Lo que realmente queremos es que nos deseen”.

Fuente: Sentiido, Diario El Diverso

#Colombia| El “delito” de ser homosexual

Esteban Miranda, estudiante de Medicina de la Universidad Nacional, pasaba la tarde del domingo 14 de abril junto a su novio en el Centro Comercial Andino en Bogotá. En algún momento decidieron ir a tomar algo y mientras avanzaban al lugar donde comprarían las bebidas, se pararon frente a una piscina de pelotas de una zona infantil para ver una discusión entre dos niños. En ese momento se abrazaron como lo hacen muchas parejas heterosexuales, un gesto de afecto común contra el que nadie protesta.

De repente, Pedro Costa se les acercó y de manera violenta les ordenó retirarse del lugar. Ellos sin entender muy bien qué pasaba, le respondieron que no lo harían. Costa, evidentemente molesto, empezó a empujarlos y a señalarlos de “pedófilos” y de abusadores. (Ver: ¿Cómo decirle adiós a la homofobia?).

Para justificar su agresión, Costa ha repetido que los dos jóvenes se estaban “morboseando” a los menores que jugaban allí y tocándose sus penes frente a ellos. Pero Carolina Vegas, periodista y escritora, y a quien Sentiido conoce, lo desmiente porque ella se encontraba en ese mismo lugar junto a su hijo y esposo. A su testimonio se suman el de al menos tres vendedoras de almacenes del centro comercial quienes han dicho que sin motivo alguno Costa se acercó a agredir a los jóvenes.

Además, imaginen por un momento que los señalamientos de Costa fueran ciertos. ¿No habrían intentado la mayoría de padres y madres presentes linchar a la pareja? ¿No habrían llamado de inmediato a la Policía o al personal de seguridad del centro comercial para advertir lo que estaba pasando? De hecho, algún tuitero (@juanro1234) que no tuiteaba desde 2104, casualmente lo hizo para respaldar a Costa, señalando que la pareja de jóvenes “llevaba más de 20 minutos tocándose el pene”. ¿Y en 20 minutos ningún papá o mamá hizo nada? ¿Se los permitieron tranquilamente? ¡Por favor!

Debido a que Costa continuó amenazando a la pareja con agredirlos afuera del centro comercial, los jóvenes llamaron a la Policía. Cuando esta llegó, atendiendo solamente la declaración de Costa y de quienes lo acompañaban -porque no les permitieron ver las cámaras- les pusieron un comparendo a los jóvenes argumentando “exhibicionismo”. ¿Cómo entender que las víctimas y no el agresor sean quienes terminen castigadas?

Lo sucedido despierta varias reflexiones. La primera: por qué la idea de ocultarles a los menores que hay parejas del mismo sexo. La diversidad es la realidad. Y desde temprana edad los padres de familia deben explicarles a sus hijos que así como hay amor entre un hombre y una mujer, también existe entre dos hombres o entre dos mujeres. Es además una manera de enseñarles a respetar la diferencia y de evitar que agredan a otras personas por ser LGBTI. (Ver: ¿Ustedes por qué siempre están juntas?).

Vegas lo explicó muy bien en sus redes sociales: “no me parece aceptable que un hombre homófobo se atreva a violentar gente que no está haciendo nada malo frente a mi hijo. No acepto que nos parezca más grave que dos personas expresen su cariño a que un hombre ciego de furia sea capaz de agredirlos. No lo acepto. No frente a mi hijo. Tu homofobia no defiende ningún derecho, señor de camisa gris que literal me hizo llorar de ira hoy en una tarde de domingo feliz con mi familia. #NoALaHomofobia. #NoFrenteAMisHijos. (Mi esposo, muy valiente, se fue a tratar de hacer entrar al hombre en razón, yo solo gritaba)”.

LA GERENTE DEL CENTRO COMERCIAL ANDINO EXPIDIÓ UN COMUNICADO DONDE LAMENTÓ LA SITUACIÓN Y RECHAZÓ CUALQUIER ACTO DE DISCRIMINACIÓN EN ESTE ESPACIO.

Ahora, es cierto que todas las personas tienen prejuicios o ideas que carecen de fundamento porque provienen de primeras impresiones, pero que se fijan de tal manera que en muchos casos se convierten en el criterio a seguir. Sin embargo, como lo ha explicado María Mercedes Gómez, PhD en teoría política y estudiosa del tema, una persona ve una cosa, pero el conocimiento determina otra.

Costa se aferra a la idea de que la pareja se estaba “morboseando” a los menores como quien se aferra a una noticia falsa o a una cadena de WhatsApp solamente porque encaja perfecto en su visión de mundo. Sin importar que la información no sea cierta, la replica porque confirma sus creencias sobre las personas homosexuales. Entonces, como a él le incomodan los hombres homosexuales concluye que son “pedófilos” y “pervertidos”.

A partir de su prejuicio, hace un señalamiento general. Y con sus gritos y violencia pretende convencer a los demás de su “verdad”. Es decir, no solamente se da razones para justificar su comportamiento sino que busca el respaldo de más gente. En este caso, sus acciones van en sintonía con las sociedades que consideran la heterosexualidad como la única manera apropiada de ser y de existir.

LAS PERSONAS TIENDEN A INCORPORAR LOS SENTIMIENTOS DE RECHAZO Y EXCLUSIÓN QUE HISTÓRICAMENTE HAN VISTO HACIA LAS PERSONAS LGBTI.

Quienes actúan como Costa pueden empezar por reflexionar de dónde viene la idea de que lo distinto a la heterosexualidad sea malo. ¿Qué sienten o qué les incomoda cuando ven personas LGBTI? Costa, como lo hacen otras tantas personas, ha repetido no ser homofóbico, “tener amigos gais” y que solo actuó para proteger a los niños, pero ¿por qué se refería a la pareja en femenino? ¿En qué contribuiría en su supuesta defensa de los menores esa manera de nombrarlos o tratarlos de “animales”?

En algunos casos, la incapacidad de aceptar la propia orientación sexual homosexual llega al extremo de atacar a otras personas que abiertamente lo son por el mecanismo defensivo de la proyección: ver en alguien externo a mí los miedos o lo que no me gusta de mí. En todo caso, el problema no es ser LGBTI, el problema está en quien le incomoda que otros lo sean: el “pero” no está en una determinada orientación sexual o identidad de género, sino en la persona que percibe esto como una amenaza. (Ver: Un beso no incomoda, la homofobia sí).

Los jóvenes afectados, por su parte, están en proceso de instaurar las denuncias pertinentes teniendo en cuenta que, entre otras cosas, el artículo 134 A del Código Penal colombiano señala: “El que arbitrariamente impida, obstruya o restrinja el pleno ejercicio de los derechos de las personas por razón de su raza, nacionalidad, sexo u orientación sexual, discapacidad y demás razones de discriminación, incurrirá en prisión de doce (12) a treinta y seis (36) meses y multa de diez (10) a quince (15) salarios mínimos legales mensuales vigentes“.

Vale la pena destacar los gestos de solidaridad hacia los jóvenes que la abogada y activista Elizabeth Castillo resume muy bien en esta frase: “gracias todas a Carolina Vegas por contar lo que vio, por intervenir y por no dejar que la homofobia, la violencia y la discriminación pasaran ante sus ojos, y más importante aún, ante su hijo, sin sentar su voz de protesta”.

Por último, algunos activistas están convocando a un plantón frente al Centro Comercial Andino. La pregunta que nos surge es por qué allá si finalmente la gerencia rechazó públicamente la discriminación y los actos de violencia no fueron protagonizados ni por guardias ni personal de seguridad de este espacio. El escenario en este caso es aleatorio y el único responsable de lo sucedido es Pedro Costa.

Fuente: Sentiido, Diario El Diverso

#Colombia|Sacerdote colombiano embarazó a niña y dice que eran novios formales

Un terrible caso de abuso sexual a menores fue denunciado por una mujer de 30 años, que asegura que un sacerdote la violó y la embarazó a la edad de 10 años. Sacerdote colombiano embarazó a niña y dice que eran novios formales.

La denuncia se hizo en Caracol Radio por Paola, la mujer de 30 años, que asegura que desde los 10 años de edad fue violada por el sacerdote de su comunidad en Kennedy, en Bogotá.

El sacerdote contactó al periodista Juan Pablo Barrientos y le contó lo que él llama “su verdad”, en donde asegura que no forzó a nada a la menor de edad, que estaban enamorados y sostenían una relación oficial.

Sacerdote colombiano embarazó a niña y dice que eran novios formales

El cura, identificado como Nelson William Montes Lizarazo, de 50 años, habló y este fue su dramático testimonio, en donde admite haber abusado de Paola.

“Yo tuve una relación con Paola, consentida, a  pesar de la edad, consentida por ella, sus padres y sus hermanos. A raíz de esa relación de amor nació mi hijo. Uno cuando se enamora no tiene un calendario en el que piensa en la edad de la persona o de uno. Si uno se pone a mirar, hay estadísticas de varias relaciones consentidas entre un mayor y una menor de edad. Si la menor tiene el permiso de la mamá y el papá, las niñas se casaban. La familia de ella me buscaba y ella me buscaba”, asegura Nelson William Montes Lizarazo.

El sacerdote dice que se enamoró y que esperó para formalizar su relación. “La relación de amor nace cuando ella tenía 15 años. La fiesta de 15 años la organicé yo”.

El cura dice que no la tocó antes de los 14 años y que calculó para no meterse en problemas, pero la mujer denuncia que fue abusada desde los 10 años.

Fuente: Metro Ecuador, Diario El Diverso

#Colombia| “Creía que un día amanecería y tendría pene”

Quien no conozca a Valentino Ramos Domínguez y al cruzarse con él en la calle sienta una atracción súbita por su cuerpo tonificado o sus ojos color avellana, quizá jamás piense, ni siquiera por un segundo, que hace 30 años ese muchacho de 1.67 metros ganó un concurso de disfraces vistiendo un traje blanco de pastorcita, con colas largas en el cabello y mejillas ruborizadas, distantes de su actual apariencia.

Quien no conozca a Valentino nunca imaginará que sus padres lo llamaban María Isabel, la dueña del cuerpo en el que este abogado de 34 años pagó arriendo hasta el instante mismo en el que decidió mostrarse tal cual como se sentía, como siempre se sintió y como le contó a COLOR CARIBE.

Valentino, criado en su natal Puerto Colombia (Atlántico), se levantaba por las mañanas, veía su cuerpo, lo contemplaba y le decía a su mamá que era un varón, que anhelaba ser varón. “Creía que el pene me iba a crecer en cualquier momento, que un día amanecería y tendría mi pene”.

Ramos, de sexo femenino asignado al nacer, asegura que su identidad de género siempre se enrutó al masculino, lo que claramente le trajo consecuencias no deseadas.

“Al año siguiente de expresar que soñaba con ser un varón, como a los 6 años, comenzaron las terapias con los sicólogos”, recordó Valentino, quien pasó por las manos de cuatro profesionales a lo largo de su niñez y adolescencia. “La primera sicóloga creo que comprendía mi caso, por lo menos con los juguetes me daba libertad, obviamente no cogía los chocoritos ni las muñecas”.

El entendimiento de esa primera sicóloga no cayó bien en los padres de Valentino, señores de provincia que no estaban preparados para afrontar la situación de quien para ellos era la segunda de tres mujeres. “Me cambiaron de sicólogo una y otra vez, hasta que a los 14 años decidí no ir a ninguna otra terapia”.

Valentino no tenía protección en su hogar, porque no sabían cómo protegerlo, y en su comunidad se fue convirtiendo en blanco de discriminación. “En el colegio me decían arepera o candor. En noveno, una niña me tenía harto y en uno de sus matoneos la ataqué, le aruñé la cara, su familia peleó con la mía y terminé expulsado del Cisneros de Puerto Colombia”.

El sistema falló. A Valentino lo llamaban arepera -que incluso para referirse a lesbianas está mal-, porque ni siquiera comprendían que su condición no pasaba por la homosexualidad, sino por identidad género, para colmo de males, la dirección del colegio lo expulsó, no defendió su integridad y por si fuera poco, sus padres le prohibieron contacto alguno con otros contemporáneos.

Ramos perdió por todos lados, lo que ocurre con frecuencia con las personas trans, pues su expresión de género tiende a ser más notoria con respecto a otras personas LGBT.

Valentino tuvo paz cuando cursó undécimo grado, cuando le mostró a la sociedad lo que querían ver, en ese instante en el que ‘encajó’ en sus cánones, cuando inició un noviazgo con un chico. “Él era gay y nos gustamos. De cierta forma, sin ser planeado, esta relación nos ayudó a llevar las cosas de una mejor manera en nuestros entornos familiares”.

Pero Valentino no consiguió novio para darle gusto a la sociedad, para nada, simplemente sintió atracción afectiva y física, lo que no implica condicionantes de sexo, identidad o género. Es más, mientras cursó la carrera de derecho en la Universidad del Atlántico, se enamoró por primera vez de una mujer.

Ramos se graduó en 2008 y en 2009 ya residía en Bogotá, donde halló la libertad de expresión que ansiaba y su crecimiento profesional. Aunque nunca sufrió discriminación, el tema de papeles y documentos siempre resultó un problema, pues es Valentino, pero sus credenciales dicen María Isabel, otro eterno tormento de las personas trans.

“Irme a Bogotá me ayudó incluso en el vínculo con mis padres, con los que llevo una relación estable. De hecho, me llaman hijo, algo que es muy lindo: no olvidaré cuando un día en la tienda en la que trabajábamos, mi madre me dijo ‘bueno, debo llamarte hijo y acostumbrarme’, la abracé y besé”, comentó Valentino, quien comenzó su transición en 2013.

Ramos, el mismo que tomó una cuchara caliente “para quemar las piedrecitas de las tetillas y evitar que crecieran senos grandes”, es un destacado abogado con especialización en derecho internacional aplicable a conflictos armados, además es auditor en salud y experto en implementación de políticas públicas LGBT, con incidencias en decretos de ley en favor de esta población.

“Dentro de mi activismo aparece la asesoría jurídica gratuita a hombres trans”, añadió Valentino, que a pesar de su gran formación debe afrontar las limitaciones laborales de un mercado que no asume el compromiso de generar empleos a personas trans.

Un claro ejemplo de persistencia, determinación y amor propio, ese es Valentino, quien luchó con toallas sanitarias extragrandes para que los rasgos biológicos no empañaran su identidad de género, que se aferró a su sentir de la manera que pudo según la circunstancia. “Una de las cosas por las que me gustaba disfrazarme de niño era que podía ser personajes masculinos como el Power Ranger Rojo”, evocó.

“Mi vida pasó varios momentos: primero por la conciencia del cuerpo que tengo y sus realidades, de lo que yo no quería de ese cuerpo; la represión de mis padres para amoldarme a la feminidad obligada; construir mi yo en la soledad de Bogotá, quitarme los miedos y estigmas; vino la aceptación de la violencia externa; apareció la etapa transformista, marcada con el corte de cabello; y finalmente el inicio de mi transición”, finalizó Valentino.

Fuente: Diario El Diverso, Color Caribe

#Colombia| Inicia el Ciclo Rosa de cine en Cali, Colombia

No te pierdas las proyecciones que habrá del 22 al 26 de agosto. Aquí te decimos qué películas tendrá este Ciclo Rosa de cine y en dónde podrás verlas.

Agosto de 2019 ha sido el mes en el que se ha llevado a cabo la edición número 18 del Ciclo Rosa del cine en Colombia. Del 1 al 11 de agosto esta muestra llegó a la Cinemateca de Bogotá. Del 6 al 11 estuvo también en el Centro Colombo Americanoy la Cinemateca Municipal de Medellín. Para finalizar con esta edición número 18, el Ciclo Rosa de cine llegará del 22 al 26 de agosto a la Cinemateca del Museo de la Tertulia, en Cali.

El Ciclo Rosa fue fundado por el Goethe Institut, el Centro Colombo Americano de Medellín, el Instituto Pensar de la Universidad Javeriana y la Cinemateca de Bogotá. Desde un inicio fue pensado como un espacio para visibilizar y discutir las diferentes problemáticas de la comunidad LGBT+.

Cartel oficial de la 18va edición del Ciclo Rosa en Medellín / Foto: Compas urbanos

En todas sus sedes, el ciclo se divide en dos partes. La primera es una muestra de cine LGBT+ nacional e internacionalComo segunda parte de este ciclo se realizan páneles para discutir problemáticas como la censura o la representación que los artistas y personajes LGBT+ han ocupado en los medios del entretenimiento. 

La muestra

El primer bloque de la muestra del Ciclo Rosa 2019 se compone de una selección de las mejores muestras de cine queer de la Berlinae 2019. Consta de seis películas, entre las que se incluye Lemebel, una producción que honra la vida del artista queer chileno Pedro Lemebel. Continuando con el cine internacional, dentro de la edición número 18 del Ciclo Rosa también se incluye la Retrospectiva Derek Jarman.

Derek Jarman es uno de los directores LGBT+ internacionales invitados a esta edición del Ciclo Rosa. / Foto: The Quietus

Esta retrospectiva incluye 13 filmes del famoso director británico, entre los que se incluye The TempestCaravaggio y WittgensteinLas cintas de la mayor parte de los filmes que se proyectan en esta retrospectiva son restauraciones especialmente enviadas desde Londres. Esto fue posible gracias a la cooperación del British Council, el cual cumple este 2019 los 80 años de estar en Colombia.

Además, esta edición del Ciclo Rosa de cine tiene como invitado especial a Popo Fan, un director queer chino. Él impuso una demanda en 2015 contra el Departamento de Censura del gobierno de China cuando eliminaron del internet su película Mama Rainbow, lanzada en 2012. A pesar de haber ganado la demanda, su película continuó sin poder transmitirse por plataformas en línea, además de que todas sus funciones en salas físicas fueron canceladas. Luego de eso, Popo Fan se exilió a Berlín en donde comenzó a hacer películas sobre su identidad demigrante queer en el país europeo.

Popo Fan es un director queer chino, invitado de esta edición del Ciclo Rosa / Foto: Världskulturmuseerna

¿Y qué más?

Como parte de la muestra de cine también se mostrarán cuatro cortometrajes por autores nacionales. Además, continuando con el homenaje a Pedro Lemebel, a esta muestra de cine la acompaña la exposición Tu voz dice, aquí estoy. La exposición está inspirada en el manifiesto Hablo por mi diferencia del artista queer chileno. 

Fragmentos de este manifiesto acompañan a las piezas del archivo fotográfico que retrata la vida de las mujeres trans en el país durante la década de los 80 y 90.Además de dicho archivo, en la muestra se incluyen algunos cortometrajes y fotografías de artistas LGBT+ colombianos.

Pedro Lemebel, artista queer chileno / Foto: Sonar FM

Si no tenías planes para este fin de semana, ahora ya sabes a dónde puedes ir para disfrutar del cine LGBT+ nacional e internacional. Ahí podrás disfrutar de arte hecho desde y para la comunidad, además de que podrás aprender sobre cómo se vive siendo LGBT+ en diferentes partes del mundo. 

¿Qué películas de arte LGBT+ son tus favoritas? ¿Ya habías oído hablar sobre los artistas invitados a esta edición del Ciclo Rosa de cine?

Fuente: Soy Homosensual, Diario El Diverso

#Colombia| Lesbianas católicas logran bautizar a su hijo

Una pareja de lesbianas católicas bautizaron a su hijo. Es la primera vez que la iglesia de Colombia realiza una ceremonia con este tipo de familias.

La iglesia católica de Colombia ha hecho historia: por primera vez bautizaron a un niño de 17 meses, hijo de una pareja de lesbianas. De acuerdo con un medio local, Manuela y Luisa crecieron en familias católicas, por lo que llevan una vida apegada a los preceptos de Dios. Hace dos años la pareja contrajo matrimonio y decidieron tener un hijo mediante inseminación artificial.

Según el catecismo de la iglesia católica, todos los menores deben ser bautizados para ser miembros de la iglesia, eliminar los rastros del ‘pecado original’ y recibir el resto de los sacramentos. Para sorpresa de la pareja, en ninguna iglesia les impidieron el derecho a bautizar al menor; el único inconveniente era que solo el nombre la madre gestante (Manuela) podía aparecer en la fe de bautismo.

«Siempre hemos tenido claro que somos dos mamás que creemos en Dios, pero en un Dios de amor, respeto y bondad y entendiendo eso buscamos bautizar al niño».

Una iglesia donde sí las aceptaron

Luego de mucho buscar, la pareja de lesbianas bautizó a su hijo en una iglesia católica de Colombia. / Foto: Noticias de Navarra

Después de recorrer más de diez iglesias en donde les dieron la misma respuesta, una amiga les aconsejó visitar una en la ciudad de Medellín. La pareja le explicó su situación al sacerdote, quien al ver que todos sus documentos civiles (acta de matrimonio civil) estaban en orden, aceptó bautizar al menor, de nombre Matías, sin excluir a ambas mujeres de la fe de bautismo.

Luego de realizarse la ceremonia religiosa, les fue entregado el documento. Sin embargo, la pareja una vez más se sorprendió: en esta ocasión no aparecían los nombres de los padres de Luisa, solo los de Manuela. La explicación de las autoridades religiosas fue que solo se mencionan a los parientes consanguíneos.

Un gran avance en la inclusión

Para la pareja de lesbianas, el bautizo de su hijo representa un gran avance en materia de inclusión. Especialmente si se toma en cuenta que la iglesia católica siempre ha mantenido una postura rígida en cuanto a los derechos de la comunidad LGBT+:

«Nuestro mensaje es que sí se está viviendo un cambio. No todas las noticias pueden ser de intolerancia […] a otras parejas del mismo sexo que sepan que pueden hacerlo, no solo tener un hijo sino bautizarlo si esa es su fe».

Por su parte, autoridades de la iglesia católica afirmaron a un medio local que el menor bautizado podrá acceder a todos los sacramentos establecidos por la fe católica: presentación, primera comunión, entre otros.

¿Qué opinas de este ejemplo de inclusión de la iglesia católica de Colombia?

Fuente: Soy Homosensual, El Diverso