#Argentina| Aborto legal en Argentina: Las comunidades LGBTIQ+ hemos estado ahí, disputando el sentido

Y un día, de tanto ir a la plaza. Me corrijo, a las plazas, a todas ellas, con nuestros pañuelos verdes anudando las injusticias a nuestros cuerpos; con nuestras banderas con los rostros y los nombres de lxs que lucharon antes y parafraseando a la poeta trava: “Para dar luz, se prendieron fuego…”; con nuestras consignas siempre reformuladas para que entremos todxs:

Logramos que fuera ley.

Décadas de luchas se filtran en nuestras lenguas, en nuestras palabras, también en estas sensaciones de cuerpos agotados, que festejamos ayer sabiendo que volveremos a luchar mañana.  Un pasado de revueltas escribe nuestras páginas, las felices y las otras, las que aún nos duelen, por las vidas que se nos fueron luchando y no hay victoria que nos las devuelvan.

Una historia que no empieza ni termina con el reconocimiento de un derecho transformado en ley. Una ley que, si revisamos esa historia, tiene sus antecedentes cercanos y se inscribe en toda una genealogía de luchas por nuestros derechos sexuales, reproductivos, no reproductivos, vinculares e identitarios, que excede por mucho el derecho al aborto legal, seguro y gratuito. Décadas de encuentros y desencuentros entre los movimientos feministas y los LGBTIQ+ dan cuenta de diálogos, no siempre cómodos, no siempre justos, no siempre encontrados, pero ahí, en las calles, en ese cuerpo a cuerpo colectivo hubo un pacto implícito: Los derechos sexuales, son derechos humanos y como tales se disputan y se defienden contra viento y (en) marea.

Muchas luchas detrás del aborto legal

Argentina tiene, innegablemente, una historia alrededor de estas luchas, que no se inauguran hoy con el aborto legal y sabemos, tampoco terminarán allí. Desde la vuelta de la democracia (Diciembre de 1983) a esta parte podemos trazar esos entramados: Divorcio Vincular, erogación de los edictos policiales, ley de Educación Sexual Integral, Ley de Matrimonio Igualitario, Ley de Salud Mental (primera en el mundo en prohibir la patologización por identidad u orientación sexual), Ley de Identidad de Género, Ley de fertilización médicamente asistida y ahora, aborto legal. Casi cuatro décadas de luchas, ponen de manifiesto que, entre muchas otras cuestiones, las comunidades LGBTIQ+ hemos estado ahí, disputando el sentido y la norma heterocisexual contra propixs y ajenxs, a veces con mayor o menor éxito, pero siempre ahí, haciendo el cuerpo colectivo.

Una de esas grandes batallas, que sigue vigente, tiene que ver específicamente con la desarticulación de la heterosexualidad como una norma y de la cisexualidad como un destino, incluso habiendo tejido las leyes antes enumeradas. Batalla que no sólo damos contra los sectores más reaccionarios y conservadores de las iglesias y los estados, aquí y en todo el mundo, sino también contra aquellos feminismos a los que más de una vez se le olvida cuestionar sus (im)propios privilegios.

A estos sectores aún les cuesta imaginar -y mucho más acompañar- una vida en la que siendo un varón trans -como quien escribe aquí-, te vincules sexual y afectivamente con varones cis o mujeres trans, a una década del reconocimiento del estado de nuestras prácticas sexo-afectivas -consagrado en el matrimonio igualitario- y casi una década del derecho a nuestra identidad construido en la Ley de Identidad de Género. Algo, incluso en nuestras trincheras, pareciera seguir queriéndonos imponer la cisheterosexualidad como única forma de (sobre)vida. Y digo “sobrevida” no azarosamente, porque sigue siendo fatalmente palpable el costo de nuestras desobediencias.

Las deudas del sistema de salud

Ejemplos abundan, incluso en estos lares: A casi ningún varón trans en Argentina, se le ofrece, por ejemplo, al momento de iniciar un tratamiento con testosterona, guarda (congelar) óvulos para en un futuro decidir sobre sus planes reproductivos, hecho que está garantizado en la Ley de Fertilización Médicamente Asistida y en la Ley de Identidad de Género al referir al derecho a la salud integral. Generalmente, los efectores de salud por donde accedemos a los tratamientos de reversión hormonal, no informan explícitamente que el empleo de testosterona sintética no tiene implicancia directa con la anticoncepción y que nuestra salud reproductiva y no reproductiva requiere un abordaje integral. Ni hablar de la escasa inversión e investigación alrededor de la interseccionalidad entre tratamientos hormonales y la salud sexual y (no) reproductiva. O de la aun escasa oferta en el sistema público y privado de salud para acceder a cirugías y/o tratamientos hormonales. O del eterno incumplimiento del obras sociales y prepagas alrededor de la Ley de Identidad de Género. Y podría seguir… Acceso al trabajo formal, a la educación, a la vivienda. Claro que la democracia aun nos debe todo y no solo ella, sino también muchos activismos que siguen olvidando/borrando nuestros aportes a esta historia.

Nada de lo que hicimos, lo hicimos en soledad

Una arenga que desde hace años nos acompaña en las calles pregona: “Y ahora que estamos juntxs. Y ahora que sí nos ven…” Cierro los ojos un rato, en esta madrugada que sabe a victoria y nos veo, nos veo claramente, luchando a la par. Veo a una interminable lista de varones trans, lesbianas, maricas, travestis, trans, personas no binarias, bisexuales, intersex, empujando los engranajes de una historia de luchas por nuestras autonomías. Autonomías que nuestra propia experiencia nos impide inscribirlas en las lógicas individualistas, meritocráticas, liberales del “hágalo usted mismx”. Porque nada de lo que fuimos y somos, lo hicimos en soledad. Y ese “ahora que sí nos ven”, sigue siendo un grito desesperado a amigxs y enemigxs, a aquellxs aun no imaginan nuestros vínculos afectivos, sexuales, nuestras prácticas eróticas, nuestras lenguas desviadas, siempre escurridizas, siempre complejas, eternas desertoras de cualquier normatividad y normalidad. Un grito de guerra que no pide permiso, sino que demanda nuestro lugar en esos relatos, que producen sentidos, por el derecho a la existencia y a la resistencia.

Hoy nos despertamos con un poco de margen en el pecho. Se oxigena mejor el cuerpo, que aun cansado, se reconoce parte de un entramado extenso y colectivo. Un pequeño intersticio se despliega en esa injusticia que hemos desterrado. El aborto es legal, seguro y gratuito para todxs. Nosotrxs, lxs eternxs fugitivxs de todo ropero hemos atravesado una puerta más. Ahora, que sigue siendo el tiempo de la revolución, como nos señaló Lohana en su imposible despedida, sabemos que la lucha continúa. Sabemos que tanto a la implementación de la ley, como a su monitoreo, le sigue un trabajo que las militancias y los activismos siempre hemos recogido. Seguir, siempre seguir, rompiendo con la cisheterosexualidad como único destino deseable. Nosotrxs, a lxs que hasta el cansancio nos intentaron convencer de que nuestra existencia era imposible, seguimos.  

Fuente: Agencia Presentes, Diario El Diverso.

#Argentina| Exigen justicia por Verónica Tessio, activista lesbiana asesinada en su casa de La Plata

El miércoles 23 por la noche (algunas hipótesis indican que podría haber sido el jueves de madrugafa) la abogada y activista lesbiana Verónica Tessio, de 49 años, fue apuñalada hasta su muerte. Tenía un corte profundo en el cuello y heridas de arma blanca en el cuerpo. Carolina encontró a quien ahora es su ex pareja pero también, su amiga, en medio de un charco de sangre.

Según declaró ante la fiscal Ana Medina, de la UFI nro.1 –que lleva adelante el caso– la puerta de entrada no estaba forzada y en la casa no faltaba ningún objeto. Ellas vivían en dos casas separadas en un mismo terreno sobre calle 5 bis, en las afueras de la ciudad, y compartían la tenencia de su hijo, de ocho años. Hoy sus compañerxs realizaron un acto para exigir justicia por lo que denuncian fue un crimen de odio.

Referenta judicial y de militancia

Activista lesbiana feminista, el nombre de Tessio era una referencia ineludible en el ámbito jurídico de La Plata. Y es que además de su compromiso militante, esta abogada trabajaba desde hace décadas en la sede del Poder judicial, allí donde funciona la Suprema Corte de Justicia bonaerense. Esas mismas escaleras por las que Verónica subía cada mañana, se transformaron en escenario para una amplia convocatoria que se realizó hoy a partir de las dos de la tarde para exigir el esclarecimiento del crimen. Llevada adelante por familiares, amigxs, compañerxs de trabajo y organizaciones sindicales, las consignas fueron #JusticiaporVeronica y #NiUnaMenos.

“Un papel no nos va a cambiar en lo cotidiano pero nos dará un lugar jurídico y nos garantizará derechos como a cualquier matrimonio”, le dijo Verónica Tessio a Clarín en mayo de 2010. Por entonces, ella y su pareja, Carolina López impulsaron un amparo ante el Tribunal Oral en lo Criminal II de La Plata para que el registro civil les permitiera tomar un turno para unirse en matrimonio. Esta situación, inédita hasta entonces, convirtió el casamiento de Verónica y Carolina en el primero de la comunidad LGTBI+ en la provincia de Buenos Aires, poco antes de la sanción del matrimonio igualitario en nuestro país.

Además de femicidio, crimen de odio

Este crimen muestra el reverso de la lucha por derechos. El asesinato pone en escena, una vez más, la deuda que tiene el poder judicial en cuanto a la necesaria incorporación de una perspectiva de género que atraviese tanto a los procesos como a quienes los llevan adelante. Y es que invisibilizar las asimetrías de poder inhibe la posibilidad de hacer justicia.

Desde la Secretaría de Género de la Asociación Judicial Bonaerense alertaron sobre la posibilidad de que se trate de un crimen de odio. “Los avances en la investigación descartan un robo. Entonces la primera pregunta que aparece es por qué la mataron. La violencia del crimen no solo da lugar a un posible femicidio sino además, a un crimen odiante. Por eso ahora más que nunca reinvidicamos su compromiso LGTBI+, su feminismo, su lucha para que la justicia no fuera un espacio cerrado y patriarcal”, dijo a Presentes Débora Bertone, al frente de esa Secretaría.

Valeria Ríos es amiga de Verónica. La conoció cuando empezó a trabajar en el poder judicial hace 13 años. Compartían oficina, tareas y cotidianidad. Actualmente, Verónica trabajaba en la Mesa de Entradas pero el cambio de sector no alteró el vínculo. “Ella era la voz autorizada cada vez que había que tratar un tema de derechos de mujeres o disidencias. Ella ponía el cuerpo en esa militancia, como se evidenció cuando se casó, adelantándose a la sanción del matrimonio igualitario”, dijo Valeria a Presentes. Y agregó: “Nosotrxs somos trabajadorxs judiciales. Por eso más que nunca necesitamos y exigimos una respuesta que llegue con celeridad para el esclarecimiento del asesinato, un proceso judicial que no revictimice a la víctima y sentencias ejemplares pensadas con perspectiva de género”.

Fuente: Agencia Presentes, Diario El Diverso.

#Argentina| La Navidad de las travas: una mujerona en la zona rojaLa Navidad de las travas: una mujerona en la zona roja

Cada año, para Navidad, las travestis deambulamos solas en la zona roja. Vamos buscando no sé qué, quizás algo que nos ayude a olvidar esos días de familia cuando celebrábamos en el norte argentino. En Navidad no tenemos nada que festejar y a nadie a quien abrazar.  Cada año para navidad el sida a una se va a llevar.
Cada año para navidad  a las travas nos toca pagar: hace una semana que enterramos a la Jenny y todavía me siento mal. A mí me encanta la navidad. Porque en el día de hoy como  todos los años, mi mamá me da un beso.  Este día mi mamá se olvida que me visto de mujer y, según ella, perdona todas mis locuras.

Desde que nací fui marcada a fuego de hierro con el símbolo de un espiral en la frente. Mi espiral asignado fue el de la miseria (yo no lo elegí). El más cruel de los destinos se ensañó conmigo y mi apellido.  Él me castigo maldiciéndome, arraigando mi cuerpo a una sociedad equivocada. Porque fui engañada.  Barajé mi suerte eligiendo un cuerpo de hombre, para saber y aprender qué se siente ser una mujer-hombre. Para saber en mi piel lo que se siente ser una mujerona (trava-caballo-asno).  Les que no me conocen piensan que tengo una vida fantástica, a lo que respondo: tengo una vida de fantasía. Porque en la fantasía descubrí que yo puedo escapar de mi realidad.

Algunas impaciencias y prejuicios  no permitieron en mis padres la tan ansiada aceptación. Tuve que matar al niño. Yo que siempre fui niña. Como si eso hubiera impedido que yo no acabara dando tumbos en la zona roja. Apostando al cliente o espantada por  buitres, hacinada en una pieza de hotel. Un hotel  que dependiendo de la economía del país y de cuánto le guste a los clientes, voy a poder pagar.

Hoy otra vez me volvieron a echar del hotel familiar donde vivo. Siempre la misma escena. Yo, callada, en silencio escuchando las noticias de la radio a oscuras en la habitación.  Sabiendo que en cualquier momento  me van a golpear la puerta y la palabra mágica será: “Se vencio la quincena. ¿Se queda o se va? 

Quizás algunas de las que me conocen piensen que hago de la pobreza una  bandera. Quizás las que me ponen like en las redes lo hacen para reírse de mí. Capaz piensan que mi vida es un desastre. Ellas lo único que  dicen de mi es que soy un loco o un ente. A lo que yo diré que sí, a veces también eso soy.
Muchas veces las que no me entienden abusaron de mí. Aunque si lo pienso mejor muchas veces el mundo me abusó.

Sufro y me castigo por no tener  un par de zapatos talle 43 para combinar todos los días. También por no haber conocido nunca el amor. Aunque sí albergo la esperanza de que algún día yo sí pueda ser amada. Conozco una a una cada esquina y calle de la ciudad (no sé para qué).  Siento las miradas  de asco de los que se van a trabajar en la mañana y me ven ahí parada. Podría llegar a cualquier punto de cualquier lugar en donde este. Siempre y cuando sea de noche. Todavía hoy no puedo entender cómo las personas pueden vivir de día. Y cómo yo no puedo aprender a hacerlo también.

Muchas veces me ofrecieron un triste amor eterno. A esos yo los denomino con el nombre de amor precoz. Es que cuando llega el día o se termina el turno del telo se acaba el encanto. Trago, chupo, escupo. Gozo y me entrego. Pero nada funciona. Incluso calzar cuatrocientos cuarenta y tres no alcanza.


Me la paso buscando algo por qué vivir o por qué morir.  Algo que me ayude a calmar el dolor. Si yo no soy feliz ¿para qué voy  a vivir? ¿cómo se puede vivir con hambre, apretada por las deudas? Como buscando una justificación corro y apuesto mi suerte cada vez que me subo a un auto. Muchas veces sin pensarlo demasiado no usé forro con desconocidos, solo me deje llevar. Un día mientras hacía un servicio un cliente me dijo que nosotras vivimos hasta los treinta y cinco años.

Desde ese día  solo pienso en eso, en llegar a cumplir los 35 y que se termine el dolor. ¿Cómo voy a saber cuándo cumpla treinta y cinco si no sé leer ni escribir? ¿Cómo voy a morir yo? ¿Y cómo será morirse travesti? Me alcanzara con travestir la muerte. 

Desde que tengo uso de razón, soy una mujerona (trava-caballo-asno)  sin corazón.  Que no pudo jugar con muñecas cuando  niña. Solo dos cosas siempre fueron claras para mí: la pobreza y la desesperación. Pero ya no duele eso, ya no duele porque sé que me voy a morir joven y sola. Y ese día no me va a pesar más nada. Porque ya no tendré un cuerpo que cargar.  Me volveré viento, me volveré noche, me volveré furia. Pero no esta Navidad.

Fuente: Agencia Presentes, Diario El Diverso.

#Argentina| Claudia Vásquez Haro, primera mujer trans en doctorarse en una universidad pública argentina

Claudia Vásquez Haro se convirtió en la primera femineidad trans/travesti en doctorarse en una universidad pública de Argentina. El 11 de diciembre en la Facultad de Periodismo de la Universidad Nacional de La Plata recibió el título de Doctora en Comunicación tras la defensa de una tesis sobre “Identidades Golondrinas desde una Epistemología del Despojo”. La activista de Otrans analizó las prácticas político-comunicacionales de las feminidades travestis y trans migrantes peruanas en La Plata, donde vive. En este perfil realizado para el aniversario de esa ciudad, la historia de Claudia y el rol crucial de la Facultad de Periodismo en su formación y activismos.

Por María Eugenia Ludueña para Acá Está La Plata/0221*

Fotos: Facebook de Claudia Vásquez Haro y Archivo Presentes/Ariel Gutraich

Claudia Vásquez Haro llegó a La Plata el 5 de noviembre de 2000, después de aterrizar en Ezeiza en un vuelo que había salido de Lima, Perú. Su hermana Laly, la mayor de seis hermanxs, la esperaba aquel día en el aeropuerto con un bolso con ropa. Claudia tenía 26 años y después de abrazarse fuerte con Laly lo primero que hizo fue entrar al baño del aeropuerto y cambiarse

Con la liviandad y determinación de quien ha decidido pegar un salto, se quitó el equipo deportivo y suelto que había usado durante el viaje y se puso una remerita negra de gasa y un pantalón de vestir beige. Después se subió a unos zapatos con taco alto, con cierta sensación de elevarse también unos centímetros por encima de la vida y empezar una existencia -que en rigor ya había empezado- donde pudiera ser plenamente Claudia. Con la fantasía de vivir con libertad su identidad de género, se repetía: “Acá nadie me conoce. Acá voy a hacer la mía. No tengo que pedir permiso, va a ser más fácil”.

Muchos años después, en otro aeropuerto, tendrá otra revelación, otro tránsito: la autopercepción platense

—Vine motivada por mi hermana. Siempre fue para mí una segunda madre. Hacía mucho me venía diciendo que en Argentina la educación era pública y gratuita, y que había más apertura a los temas de género. Llegué con la idea de concretar mi deseo y de estudiar como Claudia —dice con un suave acento peruano. 

Era una adolescente cuando su hermana Laly dejó la casa familiar en Trujillo para venirse a La Plata a cursar la carrera de enfermería. Claudia desde los 13 años usaba tacos y pelucas, y tenía una expresión de género femenina.

—Yo sabía que La Plata era un lugar estratégico para estudiar. No como en la Capital, donde la UBA queda perdida. Acá la universidad es eje central de la vida urbana. Y creo que la construcción de la identidad platense es pluridiversa en todo sentido.

Hace 20 años su hermana Laly vivía en Villa Argüello, y hacia ahí enfilaron desde Ezeiza. Una villa de peruanos -recuerda Claudia- en el borde de la ciudad, donde  un amigo de sus hermanxs, también llegado de Perú, le había prestado un terreno a Laly y la familia había levantado una casilla. En La Plata la comunidad migrante peruana es la tercera más numerosa, después de la boliviana y la paraguaya.

El primer oficio de Claudia fue el que aprendió en Perú, donde peinaba a reinas de belleza y era experta en colorimetría. Empezó cortándoles el pelo a los contactos de su hermana y en pocos meses se convirtió en la peluquera más famosa del barrio José Luis Cabezas, en el límite entre Berisso y Ensenada.

Pero en esos primeros tiempos, mientras Argentina entraba en una grave crisis política y económica, Claudia hacía lo que podía: limpiar casas, cuidar a personas mayores. No había mucha plata para cortarse el pelo y ella cambiaba sus manos de tijera por bolsas de arroz.

Se maquillaba poco y aunque siempre le gustó estar superarreglada y coqueta, se vestía sencilla. No quería llamar la atención.

A veces se hacía pasar por la madre de su sobrino Francis, para que su identidad travesti no la hiciera quedarse fuera de una oportunidad laboral. Después consiguió empleo en dos peluquerías grandes de la ciudad: “Supercortes” y “Pelomanía”. Con parte de lo que ganaba seguía estudiando. Durante dos años cursó en la Cámara de Peluqueros y Peinadores de La Plata todo lo que podía y también en la Escuela de Formación Profesional de la calle 59: oratoria, recursos humanos, protocolo y ceremonial.

De chica fue una persona estudiosa y aplicada, con sed de aprender. Pero en Trujillo iba a una escuela centenaria para varones y a los 12 le sugirieron a su madre que era mejor que se retirara. Se cambió de colegio. Su padre igual la retaba si no sacaba las mejores notas. Más tarde se instalaría con él un silencio de 12 años.

Claudia salía de clases y pasaba por la peluquería de Omar, un amigo que le enseñaba el oficio y le prometía: “Esto te va a dar un plato de comida”.

Al terminar la secundaria, con diploma de excelencia por sus notas, Claudia probó un par de carreras pero ninguna la convenció. Mientras tanto, cortar, peinar y teñir le daba un sustento y luego un nombre. En una competencia de peluquería ganó el primer lugar y se hizo conocida. Pero no era fácil ser una persona con identidad travesti en los 90 en Trujillo. Tenía 18 años cuando decidió por primera vez mudarse, y con ayuda materna abrió su propio salón de belleza en Cajamarca, donde llegaron a trabajar 10 personas bajo su mando.

Siempre fui migrando —dice.

Cuando Claudia llegó a la Argentina, no se habían aprobado aún ni la ley de Matrimonio Igualitario (2010) ni la de Identidad de Género (2012). Pero acá sí podía vivir su identidad.

Uno de sus primeros gestos políticos en la adolescencia fue delinearse las cejas de manera permanente. Fue su modo de resistir: cada vez que detenían a las jóvenes trans en las calles de Trujillo por el solo hecho de ir maquilladas, la policía les arrojaba agua en la cara, como si la identidad fuera algo que se quita y pone. Así que un día a Claudia se le ocurrió que si se tatuaba las cejas, cuando le tiraran agua iban a seguir ahí, incólumes y desafiantes a cualquier represión.

En La Plata el clima parecía distinto. Hasta que la llevaron detenida.

—No me olvido más: íbamos por calle 7 con Romina, una amiga trava. Estábamos comprando ropa, regias nosotras, con nuestros bolsos, cuando la policía nos pidió documentos.

“¿Qué hemos hecho?”, preguntó con acento peruano. El policía le respondió con un golpe que la dejó en el piso.

—Estaba asustada, no sabía de los códigos de faltas. Nos trataban en masculino y terminamos en la comisaría.

Romina, más experimentada, demostraba que no tenía miedo y los policías le respondieron con dos cachetadas: “No se vistan como mujeres, ustedes son hombres. Lo dice el edicto. No pueden andar por la calle”.

Las llevaron a la comisaría primera y luego a la novena, la misma donde mataron y desaparecieron a Miguel Bru, un alumno de periodismo de la misma facultad donde después estudió Claudia.

A Romina la hicieron quitarse la ropa y desfilar desnuda. Claudia pensaba: “Ahora se van a burlar de mí porque tengo todo relleno con push up…”.

—Al final labraron un acta. Nos pusieron lo que quisieron. Nos armaron una causa diciendo que les habíamos faltado el respeto. Nos mandaron a la jueza y la jueza nos castigó. Fue tan injusto…

La palabra injusto quedó resonando en su mente y en el cuerpo. Era tan presente la sensación de que eso les estaba pasando a otras que Claudia intentaba buscar explicaciones. Mientras seguía trabajando de peluquera, se anotó en la Facultad de Periodismo.

—Fui a buscar las respuestas a mis preguntas.

En 2005 en la facultad (entonces en 4, entre 43 y 44) conoció a Lohana Berkins y a Marlene Wayar, activistas travestis. Habían ido a presentar el libro La gesta del nombre propio. Ese encuentro fue clave. Al finalizar la charla, Claudia compró el texto.

Publicado por la editorial de las Madres de Plaza de Mayo, coordinado por Lohana y Josefina Fernández y con prólogo de Diana Maffia, se trata de una investigación colectiva realizada por activistas travestis y trans, investigadoras y feministas, que recoge y analiza datos sobre la violencia estructural que padecen las personas travestis y trans: una de las tantas es el abuso policial.

Claudia lo terminó esa misma noche, en tres horas.

—Nunca había tenido tantas ganas de leer algo. ¡Nunca había comprado un libro de travestis! Me partió la cabeza. Lo que me pasaba a mí nos pasaba a todas. Fue un despertar. Decir: “No estoy sola, hay otras compañeras luchando y con más experiencia”.

Claudia ya se había acercado al activismo desde su identidad migrante, porque unos años antes conoció a la referenta Lourdes Rivadaneyra cuando se presentaba una nueva ley migratoria. Pero entrar en la facultad y conocer a Marlene y a Lohana representó el gran salto en conciencia y política. Un modo de relacionarse con otrxs y con el territorio platense desde una perspectiva nueva. Porque fue también en 2005, en las aulas de Periodismo, cuando escuchó a Flavio Rapisardi y a Raúl Zaffaroni hablando de diversidad sexual.

—Fue entender que todo lo que nos ocurría a las travas era producto de otras cosas. Yo me tenía que cuidar por los edictos y por la ley migratoria. Una vez me estaban por deportar tras salir a defender a una compañera. Y me tuve que casar con la hermana de una amiga para que no me echaran. No me quería ir. Había armado mi circuito de amigues y militancia.

En esos días Claudia trabajaba por la mañana y a la tarde se iba a cursar. Cada tanto, la policía intentaba detenerla en alguna calle de la ciudad pero ella ya no sentía miedo. Les recitaba los principios de Yogyakarta sobre la aplicación de la legislación internacional de derechos humanos en torno a la orientación sexual y la identidad de género.

—Entré a la universidad y me apropié de ese espacio. Mis profesores estaban contentos, yo participaba en las clases. La facultad me abrió la cabeza. Fue mi primera trinchera en La Plata.

Después de años de trabajar en “Pelomanía” y “Supercortes” logró hacerse una clientela. A esa altura vivía en una casa en 116, entre 35 y 36, que le habían pedido que cuidara porque estaba en sucesión. Y ahí fue armando su saloncito de belleza. Quería terminar rápido la carrera: dejó de trabajar en relación de dependencia y se sostuvo con sus clientas. Estudiaba periodismo de lunes a jueves y atendía viernes, sábado y domingo.

—Soy organizada desde chica. Para no caer en el piso hay que armar un colchoncito, así no duele. Y esto sirve para la vida, el amor y cualquier cosa que encares.

Dice con orgullo que a esa casa fue Lohana. Y Lohana quería que todas las travas fueran a la universidad. Claudia se recibió en 2012. Años antes Jorge Jaunarena, secretario de Derechos Humanos de la facultad y miembro de la Asociación Miguel Bru le había propuesto participar más en el área, desde la diversidad sexual. Y cuando Claudia tuvo el título bajo el brazo le ofreció sumarse a la secretaría y coordinar algunas clases de géneros, tema del que se hablaba poco y nada.

Enseguida asumió como decana Florencia Saintout y Claudia siguió desplegando una labor académica mientras se abría a otro tipo de militancia.

En 2008, junto a otra compañera trans, Nicole González Beamonte (conocida en las redes como La Rubia Peronista), armó la primera organización trans de La Plata: Juntas por la Dignidad. Escribieron sus nombres en papelitos y así sortearon quién sería la presidenta y quién la vice. Después se fueron a recorrer La Plata, a buscar travestis y trans. Caminaban por las noches en zonas estratégicas: calle 1, la diagonal. Repartieron preservativos a unas 200 chicas travestis y trans.

“¿Vos no te prostituís?”, le preguntaban a Claudia. 

“No. Yo soy peluquera: les puedo cortar el pelo, chicas”, ofrecía, para atraerlas a la militancia­. Insistía: “Tenemos que reunirnos para reclamar por nuestros derechos”.

—Yo era la loca y ellas no daban ni pelota, se burlaban.

Claudia y Nicole (que entonces trabajaba en la Secretaría de DDHH) querían armar algo, invitarlas a una reunión. Fantaseaban: ¿a cuántas habrían podido interpelar en esas caminatas? “Con que vengan 20, hacemos historia”, se respondían. Pero llegó el día de la reunión y no fue ni una sola travesti.

En 2008 la Facultad de Periodismo de la UNLP otorgó un reconocimiento pionero a la identidad de género: fue la primera universidad pública de América Latina en reconocer la identidad autopercibida de sus estudiantes.

Las travas que intentaban sobrevivir en las calles -por falta de acceso a otro trabajo- se enteraron. Claudia jugaba al vóley con algunas, las peruanas, los fines de semana. Lleva más de 12 años jugando al vóley con ellas.

“¡Así que ahora en tu facultad te consideran mujer, nena! ¡Te felicito!”, le decían.

Cuando esas mismas travas sufrieron una detención violenta y arbitraria por parte de la policía, no dudaron en llamarla. Eran alrededor de 20 chicas. Claudia se indignó: se acordó del agua en la cara, de las horas interminables en la comisaría novena de La Plata. Llena de furia e impotencia, convocó a la facultad, a la Asociación Miguel Bru, a la Comisión Provincial por la Memoria. Y consiguió que llegaran los medios.

“Si quieren, hablen ustedes”, las arengó Claudia. “Pero pensemos qué vamos a decir. No nos vayamos por las ramas. Los medios siempre te quieren llevar por otro lado”. Terminó hablando ella con el periodismo.

Para 2011 ya era parte de la rosca y se sumaba a los grupos de trabajo por la ley de Identidad de Género. Se aprobó en mayo de 2012. Y la presidenta Cristina Fernández de Kirchner entregó los primeros DNI con los nombres cambiados en la Casa Rosada, en julio de 2012: convocó a trans y travestis y ahí estaba, entre otras, Diana Sacayán, la impulsora del cupo laboral travesti trans que fue asesinada en 2015. (Y estaba Claudia, invitada por su militancia pero entonces aún sin su documento argentino: lo obtuvo en 2014 y fue la primera travesti migrante en recibirlo rectificado).

La ceremonia se transmitió en cadena nacional. La cámara en un momento se posó en Claudia, que reaccionó rápido:

—Gracias, Cristina, porque la ley también es para las migrantes —dijo.

—Por supuesto, claro que sí. Por la patria grande —le respondió la presidenta.

Las travas de La Plata vieron la escena por la tele. Esa noche, al volver, Claudia se fue a la zona roja y se quedó hablando con muchas. Las convocó a otra reunión.

—Esa vez llegaron 100 travestis juntas. ¡A las 4 de la tarde! ¡Algo que no había visto nunca! —se ríe.

Con esa base armó Otrans La Plata, que luego se expandió a Otrans Argentina.

—Construimos en la ciudad una organización territorial con identidad propia, liderada por travestis y trans.

En 2015 Otrans fue la punta de lanza para la Convocatoria Federal Travesti y Trans, con presencia en 18 provincias. Y además lleva adelante una iniciativa de comunicación sin fronteras: Sudaka TLGBI+, una agencia digital de noticias integrada por personas travestis y trans que busca disputar la hegemonía de las voces.

—Todo desde La Plata —resalta Claudia, y dice que un día se hartó—: Las travas nos cansamos. No queremos que nos convoquen a una marcha cuando ya está todo plantado. Las travas no somos un adorno. Entonces armamos acá nuestra propia marcha. Es curioso porque Otrans es el resultado de la violencia sistemática de la policía y el poder judicial que criminaliza a las compañeras travestis y trans. Porque donde hay mayor violencia está la otra cara: la resistencia. La Plata es la ciudad de las travas, travestis y trans. Pero los aportes de las migrantes aquí también son claves. Las migrantes han puesto el cuerpo. La mayoría de las trans que estaban en la cárcel eran migrantes. Y ellas son las que murieron en el macrismo. Hicimos un informe que dice que el 90 por ciento de travestis y trans privadas de su libertad en provincia de Buenos Aires son migrantes. ¿Por qué? Porque sabemos que la justicia es patriarcal, racista y xenofóbica. Y no nos olvidemos de que acá está el cordón frutihortícola más grande del país, compuesto por personas bolivianas.

Claudia tiene plena conciencia de que se organizaron en una ciudad emblemática para estos reclamos y por sus luchas estudiantiles y obreras, de Madres y Abuelas de Plaza de Mayo.

La otra trinchera fue y sigue siendo el espacio público al aire libre: las calles y las plazas, que adora. Y todos los domingos juega al voley con sus amigas travas en los bosques platenses.

—Nada más revolucionario: es una de las prácticas políticas comunicacionales que desplegamos.

Otro de los lugares donde se siente en su hábitat es cuando marcha por las diagonales para reclamar. O, cada tanto, para celebrar.

—No hay mejor cosa que marchar por diagonal 74, que va de Plaza Italia a Plaza Moreno. Hay que pasar, eh… delante de esos bares llenos de pakis (heterosexuales) en nuestro recorrido de la Marcha del Orgullo.

Desde aquel vuelo que la trajo de Lima, Claudia tomó muchos aviones como activista trans de La Plata, de Argentina y de América Latina. En 2017 fue elegida para viajar a Ginebra con una misión histórica en la ONU: en nombre de 22 organizaciones de mujeres de la sociedad civil, entregó a la CEDAW (Committee on the Elimination of Discrimination Against Women, comité para la eliminación de la violencia contra las mujeres) un informe-denuncia acerca de la situación de los derechos humanos de travestis y trans en nuestro país.

“Estos caminos son el legado de Lohana y Diana”

Claudia Vásquez Haro, presidenta de OTRANS Argentina, llevó a la ONU una misión histórica: en nombre de 22 organizaciones, entregó…

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Profesora de la Facultad donde se recibió, Claudia se ha convertido en una suerte de activista-embajadora de la interseccionalidad de sus identidades: travesti y migrante. En la primera quincena de diciembre defendió su tesis para convertirse en doctora en Comunicación, con una investigación que se centra en ese núcleo duro: “Identidades golondrina desde una epistemología del despojo”. Es un estudio de caso sobre las prácticas político-comunicacionales de las feminidades travestis y trans migrantes peruanas en La Plata.

Claudia no sólo se convierte en la primera femineidad travesti/trans en doctorarse en la universidad pública sino que lo hace con una tesos que aporta a la producción de conocimiento académica travesti/trans, dudando teoría desde los marcos de epistemología en relación al despojo y hace un cruce interseccional de género, raza y migración. Fue dirigida por Florencia Saintout y Adriana Archenti (UNLP) y Verónica González.(UNC) y el jurado (Facundo Ábalo, Silvia Delfino y Juliana Marinez ) la evaluó como sobresaliente.

La pandemia llegó cuando Claudia desplegaba nuevos proyectos en Radio Provincia AM 1270. Los lunes de 21 a 22 hace Sudaka, un programa transfeminista interseccional con perspectiva en derechos humanos, con la agencia de noticias que impulsa (y cumplió un año). Martes y viernes es columnista de cultura en Tarea fina, un magazine de la tarde por la misma emisora.

Desde que empezó el confinamiento, anduvo de acá para allá, pidiendo en las redes sociales desde alimentos hasta máquinas de coser para que sus compañeras trans, algunas privadas de libertad, pudieran hacer barbijos. Las condiciones de vida de estas personas, cuya expectativa de vida en América Latina es de 35 años, ya eran precarias y se agravaron con la pandemia.

Se estima hay unas 300 travestis y trans en La Plata, Berisso y Ensenada, y la mayoría sobrevive en base a la prostitución. Si no salen a la calle, no comen. A cualquier hora salían con Otrans a entregar alimentos o resolver detenciones arbitrarias, porque en teoría travestis y trans rompían el aislamiento cuando en realidad buscaban sobrevivir. En paralelo y junto a organizaciones de todo el país, Claudia siguió militando lo único que puede cambiar las cosas a largo plazo: la inclusión laboral travesti trans.

—Teniendo trabajo se puede hacer una cuarentena en casa. Sin trabajo no podemos proyectar una vida en igualdad de condiciones.

Claudia vive sola, “ahí donde termina Barrio Norte y empieza La Loma”, y su casa se fue convirtiendo en centro de acopio de alimentos y ropa. Un centro bautizado Pamela Macedo Panduro:

—En memoria de una compañera travesti trans migrante que murió privada de su libertad el 1 de enero de 2017, en la unidad penal de Florencio Varela —explica.

Un día Claudia tuvo que frenar. Pasó una semana volando de fiebre. El termómetro oscilaba entre 40 y 41 grados: tenía covid. Transpiraba tanto que sentía los labios completamente secos y sentía que se le iban a romper los ojos. La pasó muy mal. Sus hermanas enfermeras -Laly, la mayor, y Jessica, la menor- la siguieron de cerca por teléfono y su novio la cuidó.

—Haberme contagiado me hizo repensar muchas cosas. Entre ellas, resignificar y poner en valor los lazos de solidaridad. Quienes tuvimos este virus atravesamos momentos de absoluta soledad. Para mí, fue saber que esos lazos estaban más fuertes que nunca. Mi familia de sangre ha sido siempre clave para afrontar la vida y los problemas, y también mi familia trava. Nosotras ya hemos experimentado lo que significa estar confinadas. Y hemos resistido momentos muy difíciles a través de mecanismos que nos han enseñado a organizarnos y nos han dejado una experiencia vital.https://youtube.com/watch?v=qmK_A4RukRA%3Ffeature%3Doembed

Ya hace tiempo que Claudia no se sube a un avión. Pero una de las últimas veces tuvo una especie de revelación. En una escala, volviendo a Argentina, deseó profundamente estar en su casa. En La Plata.

Nací en Perú pero soy platense por adopción. Acá transcurren todos los días de mi vida, en la diversidad de pueblos y culturas que nutren a esta ciudad pluricultural. Así como elegí mi nombre, elegí dónde vivir y dónde proyectar mi vida. Soy travesti, migrante y platense.

*Acá Está La Plata/0221, donde se publicó originalmente este perfil, es un proyecto que despliega diez historias platenses. Editado por Abel Escudero Zadrayec retrata desde la mirada de diez escritorxs a diez personajes de La Plata. La historia de Claudia es una entre estas que viven la ciudad, la atraviesan y la encarnan en sus vidas.

Fuente: Agencia Presentes, Diario El Diverso.

#Argentina| Mara Gómez hace historia en Argentina: “A mí el fútbol me salvó la vida”

El 7 de diciembre de 2020 fue, quizás, el día más importante en la vida de Mara Gómez. Hizo lo que sabe y lo que disfruta, lo que hizo tantas otras veces antes de esa mañana: se puso la camiseta número 7 y tomó su lugar como delantera para jugar a la pelota. Pero éste fue un partido distinto a todos los demás, no solo en su vida sino en la historia del fútbol en la Argentina. Fue el día en el que Mara se convirtió en la primera mujer  trans en jugar en la primera categoría de fútbol profesional en Argentina.

Cuando se le pregunta a unx jugadorx de fútbol que llega a la máxima categoría si alguna vez se hubiera imaginado pisar una cancha como profesional, la respuesta es siempre que no, que es un sueño hecho realidad. Para Mara, imaginarse ese escenario era doblemente difícil: implicaba no sólo pensar en la posibilidad de ser profesional, sino la de jugar en la categoría correspondiente a su género autopercibido, y no al asignado al nacer.

Por eso, el resultado del partido, en el que su equipo Villa San Carlos de Berisso perdió 7-1 contra Lanús, fue anecdótico. “Fue muy lindo volver después de tantos meses de no pisar una cancha”, comentó Mara a Presentes. “Y también saber que estaba pasando algo histórico, algo que va a generar un antes y un después. Pero en el momento en el que estaba jugando, solo me enfoqué en jugar”.

El fútbol: primer refugio

Mara empezó a jugar a los 15 años cuando la invitó su vecina, Adriana, a jugar en las canchitas que había frente a su casa, donde se disputaba el torneo barrial. Para Mara, que sufría tanta discriminación que pensaba en matarse, ese gesto pequeño fue inmenso. “A mí el fútbol me salvó la vida”, contó Mara. “La pasaba mal por la discriminación que vivía día a día. Terminó siendo una terapia para mí, una contención psicológica”. Sin embargo, también sufrió discriminaciones en la cancha, principalmente porque los equipos rivales la consideraban una desventaja. Pero ella, en sus propias palabras, “jugaba mal. Hay que cambiar las perspectivas que tiene la gente sobre otrxs solo porque son trans”.

A pesar de ser la cancha un espacio de felicidad para Mara, la burocracia detrás de escena no fue fácil. Hasta cumplir los 18 años y, amparada por la Ley de Identidad de Género, hacer el cambio de género en el documento, no solo no pudo empezar el camino hacia jugar profesionalmente, sino que algunos equipos la excluían y la discriminaban por ser trans. Una vez respaldada por la ley, Mara pasó por varios equipos y ligas hasta que, luego de ser bicampeona con el club Las Malvinas en la Liga Amateur Platense, se unió a Villa San Carlos en primera.

Además de hacerse los estudios médicos de rutina que le corresponden a cualquier jugadora, Mara tuvo que dar cuenta de su nivel de testosterona el cual, según el COI, debe ser inferior a 10 nanogramos por mililitro en sangre para todos los deportes de alto rendimiento. Mara contó a Presentes que “con la AFA, tuvimos el mejor trato, cosa que no esperábamos. Tiene que ver con que hay una Ley de Identidad de Género que me avala y me protege, me ampara a nivel Estado. Gracias a esa ley, hoy puedo estar en la máxima categoría”, agregó.

Por su parte, Lorena Berdula, representante no hegemónica de Mara, señaló que deberá hacerse el test de testosterona en sangre cada vez que comience el campeonato. “Si bien es una mirada biologicista y una condición totalmente patriarcal, pensamos que de algún modo hay que comenzar a dialogar con estas instituciones que también son patriarcales”, explicó a Presentes. “La idea es que vayamos superando esto para dialogar con la Conmebol cuando le toque jugar y con la FIFA si es convocada para la selección, y así poder desbinarizar estos reglamentos no solamente deportivos sino institucionales”.

El camino hacia la igualdad

La inclusión de Mara en primera categoría se trata, sin dudas, de un momento bisagra en el deporte. A pesar de ser el fútbol el deporte más popular en la Argentina, su práctica profesional sigue siendo privilegio de los varones cisMientras que los jugadores de primera división en la categoría masculina ganan un sueldo promedio de $80.000, en la que algunos jugadores cobran más de $300.000, todas las jugadoras de fútbol profesionales en la Argentina tienen otros trabajos para mantenerse, ya que el sueldo promedio para ellas es de $20.250.

Así, mientras que los críticos de la inclusión de Mara al fútbol profesional femenino alegaban que su participación implicaría una desventaja injusta en la cancha por la fuerza asociada a la biología masculina, la lectura de Mara es diferente. “Yo estuve adentro de la cancha el otro día y nos ganaron igual”, dice. Continúa explicando que las normativas de aquellos torneos mixtos donde los hombres no pueden rematar al arco si hay una mujer atajando tienen que ver con que “el hombre estuvo más años jugando al fútbol. Es una forma de dar paridad”.

La inclusión en los deportes, por lo tanto, pareciera tener todo que ver con recursos invertidos y poco con hormonas. “Hay que desbinarizar los deportes para desbinarizar los diferentes ámbitos sociales”, dice Mara a Presentes. “Tenemos que romper con que los hombres tienen que jugar al fútbol, ellos pueden bailar ballet y las mujeres jugar al fútbol. El deporte no tiene ni género ni sexo. El deporte es un deporte. El fútbol es fútbol, y la gente que tiene pasión por eso tiene que tener el derecho de practicarlo libremente sin discriminación.”

Fuente: Agencia Presentes, Diario El Diverso.

#Argentina| Alejandra, una mujer trans de 54 años, fue asesinada en Ciudad de Buenos Aires

Alejandra Salazar Villa, una mujer trans de 54 años, fue encontrada muerta ayer en el departamento donde vivía en el barrio de Once (Ciudad de Buenos Aires), con una bolsa de nylon en la cabeza. Se presume que fue asfixiada. Fuentes judiciales que tuvieron acceso al caso confirmaron que su muerte ocurrió varios días antes de que la encontraran. Si bien la puerta del domicilio no estaba forzada, el departamento estaba completamente revuelto, por lo que además del homicidio se investiga si hubo algún robo. La investigación está a cargo de la Fiscalía Criminal y Correccional Nro. 35, que por ahora encargó pericias y prefirió no dar precisiones a los medios. 

Alejandra tenía 54 años, había nacido en Perú y se había mudado a Buenos Aires varios años atrás. Vivía sola en un edificio de avenida Corrientes al 2200. Allí se dirigió ayer el personal de la línea 911 luego de la denuncia de lxs vecinxs que notaron olores extraños en el pasillo. Una vez en el lugar, la policía de la Comisaría Comunal 3 constató que el cuerpo tenía un estado de descomposición avanzado. Es por esto que se sospecha que el asesinato no es reciente. 

Como muchas femineidades trans, Alejandra ejercía la prostitución para sobrevivir. “Su muerte se suma a tantas otras que siguen sin ser parte de la agenda pública”, denunció Marcela Tobaldi, dirigente de la asociación civil La Rosa Naranja, organización con sede en la Ciudad de Buenos Aires, que lucha frente a la discriminación estructural que padece el colectivo. “Aunque tenemos mucho miedo, la prostitución es la única salida posible frente a la falta de empleo, educación y salud. Y así caemos en manos de locos, de personas con mucha maldad. Estos son crímenes de odio. Las personas travestis trans seguimos siendo aniquiladas”, agregó Tobaldi.

La Rosa Naranja documenta que en 2020 hubo 104 fallecides entre mujeres trans travesti transgénero y un varón trans en Argentina. La mayoría de ellas no fallecieron por muertes violentas sino por lo que clasifican como“travesticidio/transfemicidio social”. Es decir la carencia de acceso a derechos básicos y la violencia estructural que termina conduciendo a muertes tempranas y evitables. 

In ACTUALIDAD By Presentes

Alejandra Benítez, una mujer trans de 34 años, fue asesinada a balazos por la espalda en San Miguel de Tucumán. Es el segundo transfemicidio en la ciudad en medio de la pandemia.

En lo que va del año en Argentina ya informamos desde esta Agencia de al menos seis homicidios de personas travestis/trans: dos en la provincia de Tucumán. Todas ellas ejercían el trabajo sexual o estaban en situación de prostitución. Y dos de ellas eran migrantes nacidas en Perú, igual que Alejandra. 

Fuente: Agencia Presentes, Diario El Diverso.

#Argentina| Futbolista transgénero recibe autorización para jugar en la liga femenina de Argentina

La futbolista Mara Gómez, delantera del equipo argentino Villa San Carlos, recibió el viernes 4 de diciembre del 2020 la autorización de la Asociación del Fútbol Argentino (AFA) para jugar en la Primera División de la Liga femenina en el país. Con ella, Gómez se convirtió en la primera mujer transgénero habilitada para los partidos.  Fue el club Villa San Carlos, de la provincia de Buenos Aires, el que hizo el anuncio. “En la mañana del día viernes 4 de diciembre llegó la tan esperada habilitación para que Mara Gómez pueda disputar los encuentros correspondientes al Torneo Transición 2020 ‘Zona D’ del campeonato de Fútbol Femenino de Primera División”, dijo el club según señala el medio español ABC. En el comunicado, el club aseguró que la autorización llegó “luego de una inmensa lucha y tras una larga espera”. La autorización habilita a la futbolista para jugar con al Villa San Carlos, hecho que fue calificado como “un hecho histórico y sin precedentes para el fútbol femenino, siendo la primera jugadora trans en jugar profesionalmente”.  “Agradecemos al presidente del fútbol argentino, Claudio Tapia, por las gestiones realizadas para la aprobación de Mara Gómez en nuestro fútbol. Asimismo agradecemos a todos los que hicieron posible esto. Con perseverancia y sacrificio todo llega. ¡Felicidades, Mara!”, concluye el comunicado del club.  Mara Gómez tiene 23 años y comenzó a jugar fútbol a los 15. A los 18 recibió su nuevo documento de identidad en el que consta el género con el que se identifica Hasta ahora había disputado torneos regionales y, según el medio español, había manifestado su preocupación por no estar fichada en la AFA. “No sé cuándo se hará el fichaje pero ya estoy haciendo la pretemporada y según la comisión directiva están a la expectativa. Si se da, ojalá que sirva para dar un paso enorme en la inclusión y que tanto yo como mis compañeras podamos incorporarnos al fútbol, a cualquier deporte y a cualquier ámbito de la vida que deseemos”, dijo entonces al diario Clarín.

Fuente: El Comercio, Diario El Diverso.

#Argentina| Hablemos VIHen: Indetectable = intransmisible

Fuente: Agencia Presentes, Diario El Diverso.

#Ecuador| AUTORIDAD COMPARTE CON ACTORAS DEL COLECTIVO LGBTIQ+ EN QUITO

El Lunes 30 de Noviembre, la Prefecta de Pichincha Paola Pabón, asistió al evento “Despenalización de la Homosexualidad 2020 y el COVID19”, organizado por la Cámara Comercio LGBTI de Comercio y el Centro Psico Trans de Quito de la Asociación Silueta X.

La invitación realizada a la Prefecta, por parte de Diane Rodríguez del CPT de Silueta X y la CCLGBTEC, se concretó en la cede de la organización en Quito, a la que asistieron invitados especiales de la Despenalización como Nebraska Negrete y Purita (Alberto Cabral), ambas de Nueva Coccinelli. Días previos Rodríguez y su equipo asistieron a la inauguración de la Sala Nueva ‘ Coccinelli ‘ y el Mural Trans en el Centro de Arte Contemporáneo, por invitación de Nebraska y Purita.

Durante el corto e imprevisto evento, Nebraska y Purita, dieron relatos emotivos y tristes sobre la violencia y asesinatos sufridos en la década de los 90’, durante la despenalización. Nebraska afirmó que en Ecuador, para la población LGBT siempre estuvo en una grave pandemia, a la que hace una analogía con la actual pandemia del COVID19.

En ese sentido la CCLGBTEC, a través de Emilio Cruz, coordinador corporativo nacional, entregó un reconocimiento a Purita y Nebraska, por su contribución a la Despenalización de la Homosexualidad en Ecuador.

Por otra parte, durante la pandemia las poblaciones LGBTIQ+ en Ecuador, fueron una de las más golpeadas y pocas fueron las autoridades que realizaron lazos de apoyo a través de las organizaciones de la sociedad civil.

La Prefectura de Pichincha a falta de la solidaridad del Gobierno Nacional que ignoró en varias ciudades a los LGBT, envió canastas de alimentos al CPT de Silueta X y la CCLGBTIec, para que pudieran ser distribuidos en la población sexo genérica, que había caído en estado de precariedad. Ninguna autoridad en el territorio pichinchano hizo este enlace con el Centro Psico Trans y la CCLGBTec; por ello la Prefecta recibió el reconocimiento “Filantropía LGBTI”, por su respuesta adecuada durante la pandemia del COVID19 con las poblaciones LGBTIQ+.

La Prefecta Paola Pabón, se comprometió a trabajar con la comunidad LGBTIQ+ y a desarrollar propuestas que permitan que Pichincha, pueda encaminarse a una provincia incluyente con las poblaciones sexo diversas.

Fuente: Boletín Cámara LGBT Ecuador y Centro Psico Trans Quito

Alcalde de Quito asiste a evento de la Cámara LGBT y Silueta X, sobre la Despenalización de la homosexualidad

El viernes 27 de noviembre de 2020, en la ciudad de Quito, el Centro Psico Trans a través de la Asociación Silueta X y la Cámara LGBT Ecuador, realizaron una Cena conmemorativa por los 23 años de la Despenalización de la Homosexualidad.

El evento se desarrolló en la sala de usos múltiples de la Cámara, en la Granda Centeno y contó con invitados especiales como, por ejemplo: Karla Rodríguez de Crisalys, El Maestro Damián Pérez, Rashell Erazo de la Asociación Alfil, Zackary Elías del Centro Psico Trans, German Castillo de la Mesa LGBTIQ+ de Quito, Tifanny Analuisa de la Plataforma Nacional Revolución Trans, entre otros.

El espacio fue habilitado con un mural fotográfico y hemerográfico de hechos durante la despenalización de la Homosexualidad en 1997.

Diane Rodríguez, del Centro Psico Trans y la CCLGBTEC, envió una invitación al Alcalde de Quito, Dr. Jorge Yunda, para que participara de dicho evento, la que fue bien recibida por el burgomaestre.

Cerca de las 18:05 llegó el Alcalde a la oficina del Centro Psico Trans y la Cámara LGBT, quien saludó a los asistentes y agradeció la invitación realizada por Diane Rodríguez. Durante el evento el Alcalde manifestó que realizarían una hoja de ruta para trabajar directamente con él, en temas de inclusión. Lamentó el retraso de acciones, incluso debido a la pandemia, así como también para otros sectores del Distrito Metropolitano de Quito.

Por su parte Emilio Cruz, manifestó al Alcalde que la Cámara LGBT de Comercio Ecuador, está dispuesta a trabajar con la Alcaldía en temas de reactivación económica destinados no solo al sector LGBTI, sino también, iniciar un dinamismo económico Post-COVID19.

En su visita, el burgomaestre, aseguró que su intención es que los grupos prioritarios que han sido históricamente discriminados, sean incluidos en todos los espacios posibles; haciendo énfasis en los centros educativos del municipio capitalino, para así disminuir la discriminación y exclusión de la que aún son objeto las personas sexo género diversas del DM de Quito.

Fuente: Boletín Silueta X y la Cámara LGBT de Ecuador