#Argentina| Claudia Rodríguez: “Las travestis tenemos que defender también otras luchas sociales”

Referente trans chilena, ícono de la lucha travesti en América Latina, poeta y trabajadora social, Claudia Rodríguez tiene una trayectoria activista que empezó en los ’90. El periodista Franco Torchia la entrevistó para su programa radial No se puede vivir del amor, de la Radio Pública de la Ciudad de Buenos Aires.

Por Franco Torchia

FTVoy a permitirme compartir con Claudia este recuerdo. Porque hace minutos, mientras venía hacia la radio pensaba en ella, repasaba datos sobre ella, me recordé a mí mismo en una conversación de hace 15 años atrás con una travesti -porque así se autopercibía ella- en una estación de servicio. Su habla, lo que compartía conmigo y con otras personas que estaban allí a la madrugada, mientras desayunábamos o tomábamos algo, fue un habla que a mí me impactó sobremanera. No porque nunca antes hubiese estado en contacto con el modo de hablar o con cierta coloquialidad propia de mujeres trans y de travestis, sino porque tenía una manera muy risueña. Y yo me recuerdo a mí mismo diciendo: Esto debería ser una especie de lengua poética propia. Lógico nunca jamás pude desplegarla yo, que soy un varón cis homosexual, pero me quedó la idea. 

Cuando pude conocer finalmente a quien está ahora en comunicación telefónica con este programa, conocer su obra, leerla como leí al comienzo del programa uno de sus poemas, escucharla, leerla en entrevistas, me di cuenta que había llegado a esta parte del mundo, a esta región, alguien que estaba haciendo teoría lingüística y también teoría literaria sobre eso que yo percibí hace tantos años. 

Quiero darle la bienvenida a No se puede vivir del amor a Claudia Rodríguez. ¿Cómo andás Claudia?

CR: Hola, bien, ¿y tú? Muchas gracias.

FTNo, por favor, muchísimas gracias a vos. A propósito de todo aquello que siento que construís, hay un concepto sobre el que muy a menudo volvés y me interesa sobremanera que es el concepto del higienismo o de lo higienizado que suele estar eso que en el mundo entendemos como diversidad sexual, o eso que el mundo decide llamar disidencias sexo-genéricas. ¿Las sentís todavía hoy así de higienizadas o empieza a haber cierto cambio por lo menos en América Latina a tu criterio?

CR: Yo creo que todavía no. Por eso insisto en volver a escribir sobre eso. Creo que estamos siendo todavía colonizadas, estamos siendo neoliberalizadas las travestis. No hacemos reflexión respecto de cómo, por ejemplo, nos paramos frente al mundo, nos instalamos con nuestra lucha, con nuestro derecho a salud por ejemplo. Me parece que siempre el norte o donde debemos ir es lo blanco, es lo académico, es el neoliberalismo. Yo siento que los discursos muchas veces son para ser buenas consumidoras finalmente. 

FTSí, y para consumir por ende también las propias identidades. Y hacer de esas identidades u orientaciones un producto. 

CR: Sí, como si esa fuera la conquista. Y en realidad yo creo que no. El neoliberalismo tiene esa dificultad que nos atraviesa todo el tiempo. A mí me pasa que aquí en Chile yo siempre quedo haciéndome la pregunta últimamente de qué tenemos que hablar las travestis. Yo llevo mucho tiempo en el activismo, y ya cuando algunas compañeras sientan que necesitamos transformar nuestro cuerpo para encontrarnos con el cuerpo deseado, obviamos, por ejemplo, que hay una lucha mucho más inmediata siento yo en Chile, que tiene que ver con cómo nos instalamos en las luchas sociales, cómo nos instalamos en esta cosa de que hay un pueblo originario que en Chile está siendo abatido, criminalizado, le están quitando sus tierras, y el neoliberalismo lo que quiere de esas tierras es todo el mineral, todas las aguas, todo el mar. Y eso también es preocupante. Entonces la respuesta que voy encontrando es por qué no hacemos parte las activistas travestis también de esas luchas que tienen que ver con defender el mundo. Escucha la entrevista completa de Franco Torchia a Claudia Rodríguez en el programa No se puede vivir del amor

Una filosofía travesti

FT: En ese orden, Claudia, lo que ocurrió en Chile en 2019, ¿qué armó y qué desarmó a tu criterio? ¿En qué sentido tendríamos que poder leer aquellos episodios hoy, considerando este cuadro de situación que estás trazando?

CR: Qué dejó el 2019, para mí principalmente el 2020. Yo creo que dejó una gran lectura, una lectura donde nosotras seamos parte de todo lo social, no únicamente de la construcción de nuestros cuerpos, sino que de empezar un habla que nos reconozca en unión con todo, con la tierra, con el agua. Me pasa de que esta reflexión tiene para mí que ver con la distribución. Aquí en Chile hay una concentración de los frutos que dan los recursos naturales en diez familias. Y eso impacta en la generación del pueblo, en la multitud del pueblo, y sobre todo en la infancia. 

En Chile hay una infancia que está privada de toda la riqueza que se obtiene de la venta de los recursos naturales por diez familias. Y eso, por ejemplo, yo que soy una travesti de 52 años me doy cuenta del impacto que tiene la privación de los recursos. En donde, por ejemplo, yo me crié en campamentos, en tomas de terreno, donde no había distribución de los recursos para la infancia de este país. Yo me doy cuenta de que mi falta de lectura tenía que ver con que había una mala distribución de los recursos, de la vida. Eso, que sigue pasando en Chile, yo lo quiero decir, lo quiero hilar con mi reflexión que nace desde este deseo de ser todo lo amplio que yo hubiera podido ser. Yo hablo de una pobre poesía travesti, pudiendo haber hablado de una filosofía travesti, por ejemplo, si hubiera tenido los recursos a la mano, a disposición, para poder crecer como ser humano. 

FT: Me recuerda esto a algo que suele decir Marlene Wayar, a quien conocés muchísimo claro Claudia, y que tiene que ver con la posibilidad de instaurar ahora una epistemología travesti, algo anterior, en algún sentido, a lo que podría ser una filosofía. Es decir, casi como un conjunto de métodos, una especie de base esencial de mirada del mundo con o a partir de la travestitud. 

CR: Claro, en eso coincidimos, y hemos tenido conversaciones respecto de eso con Marlene, con Susy [Shock] y con Camila [Sosa Villada], y con todas las compañeras de la colectiva Lohana Berkins, donde hemos llegado a reflexionar respecto del derecho a la vida, del cariño, de la infancia, de los abrazos y de la no violencia. Esos elementos debieran estar siempre presentes en todas las infancias. Pero en todos los países que tuvimos dictadura eso fue una carencia, lo que nos marcó a nosotras como travestis adultas. https://www.youtube.com/embed/4SZxlVE7cvs?feature=oembedVideo realizado por Pili Cabrera en 2017

Sobre el lenguaje inclusivo

FT: Leyéndote, Claudia, y prestándote muchísima atención advierto también que tus postulados respecto de una lengua travesti, o de un habla poética travesti, de una escritura luego también, claro, están por encima de ciertas discusiones que suelen ser muy frecuentes hoy aquí en la Argentina sobre el denominado lenguaje inclusivo. Y se me ocurre imaginar que tu idea está muy por encima, aunque no se trate de establecer jerarquías, de un posible lenguaje inclusivo. Estás, en todo caso, proponiendo algo mucho más profundo. 

CR: Claro, me parece a mí que tiene que ver con la defensa de la vida. Y la defensa de la vida, dado que es desde la infancia, es sin los colores rosa o celeste. Desde mi perspectiva es una multitud de colores a lo que una se refiere cuando habla de la defensa de la multitud de la vida. No puede haber solamente un color rosa y un color celeste para definirnos. Yo llego a decir: La diversidad es tan monstruosa que llega a dar susto. Lo amplios que tendríamos que ser para asumir lo que somos. Somos una diversidad. No todas las travestis son iguales, no todas las mujeres son iguales, no todos los homosexuales son iguales. Un montón de veces lo dijo Lohana Berkins. Es la defensa por el derecho a existir. 

FTPero digo, respecto del discurso de la lengua poética, de estas reflexiones tuyas sobre la lengua de las trans, sobre la lengua travesti, anulan para mí una discusión que acá es muy frecuente que es la del lenguaje inclusivo. Esa diversidad, que es tan vasta y por ende tan monstruosa que asusta, puede asustar, en el mejor sentido, todavía más si cada uno de los conjuntos que componen esa diversidad habla su propia lengua. En eso pensaba. 

CR: Entonces no son conjuntos, son unidades. No son conjuntos aún. Claro, el poder hablarnos y entender que es otro lenguaje el de la otra persona. Ahora, cuando yo comencé a escribir no estaba esta reflexión respecto de la x o la e en las palabras. Yo comencé a escribir hace más de 15 años. Esto es nuevo también para mí. Tenía mi reproche respecto de eso, porque para mí con la lectura que yo había tenido bastaba con enunciarme en femenino. 

Leí un texto bastante interesante de Monique Wittig donde ella dice que solamente el hombre es el centro del mundo, todo lo demás es otredad, es decir la mujer es otredad, pero también el gay es otredad, y las travestis somos otredad. Eso es lo que tenemos en similar con las mujeres. Para mí bastaba entonces enunciarme en femenino, para conciliarme con que todas somos otredad, porque no somos el centro del mundo, según lo que decía Monique Wittig. Me pareció interesante toda esa reflexión que hace de la otredad, y cómo me reconcilio yo también con la otredad. 

Por lo tanto, entonces, esta inclusión, que yo me imagino que te refieres a la x o la e en los discursos de la diversidad sexual, que quiere decir como más feminista, en la época en que yo hago esta lectura de la Monique Wittig no estaba presente. Por lo tanto, para mí fue novedoso. Y conflictivo. Yo decía: si con enunciarme femenina, no necesariamente mujer, basta con enunciarme femenina para estar en la misma lucha del feminismo.

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Los limites de la ley de identidad de género

FTLa ley trans -que conocemos aquí como ley trans- de Chile, ¿qué alcance real está teniendo?

CRYo creo que a lo mejor lo más importante que podríamos haber esperado de una ley era la despenalización social de las personas trans, travestis, no binarias o de género fluido. Pero eso tampoco ocurrió. No tuvo una respuesta concreta con distribución de recursos para trabajar en ello y que llegue a toda la población del territorio nacional. Pero tampoco los medios de comunicación han despenalizado la situación de ser una persona trans, travesti o no binaria. Entonces el impacto no es real, no hay una práctica real de ese posible avance, solamente, desde mi perspectiva, fue una estrategia política de los partidos para dar la impresión de que están más cerca del pueblo. Pero ni siquiera a nivel social hay más aceptación, hay más trabajo, hay más oportunidades para que las personas estudien, se formen, salgan del trabajo sexual o la explotación sexual. Todo sigue igual, tenemos que seguir luchando. 

FT: Claudia mencionaste el papel de los medios tradicionales de comunicación. ¿Cuál es la función que cumplen en este sentido? ¿Continúan criminalizando fuertemente las identidades no binarias, trans, travestis?

CR: Claro. La banalizan. En los periódicos cuando ocurre un crimen siempre resaltan el nombre masculino de la persona que fue asesinada. No se encuentran a los criminales, hay dificultades para hacer investigación, se oculta. Se banaliza todo. Por lo tanto, no somos finalmente reconocidas como personas, como seres humanos en existencia en este territorio. 

FT: Hablaste y mucho del trabajo sexual. Eso es parte, también, de tu propia vida, formó parte de tu vida. Sabés, imagino, que esa es otra de las más intensas discusiones en la  Argentina desde hace mucho tiempo y en otros puntos de la región, ni hablar del mundo. ¿Tenés una posición al respecto, que no sea binaria quizás, que no termine respondiendo a ese esquema oposicional abolicionismo-regulacionismo?

CRLo que yo he llegado a reflexionar es que no hay infancia que haga trabajo sexual, eso es explotación sexual. No se puede decir que hay menores de edad que ejercen el trabajo sexual, porque el solo hecho de que sean menores de edad ya están siendo explotados. Ahora, si hay personas mayores de edad que hacen trabajo sexual y por ahí les va bien tienen todo el derecho de enunciarse como quieran y defender lo que quieran defender. Pero sí reconozco que hay falta de oportunidades y que muchas personas mayores de edad, adultas, porque tienen más de 20 años, no han podido optar, no necesariamente han tenido la posibilidad de reflexionar con todas las oportunidades respecto de su vida, y que también podrían estar siendo explotadas. Hay de todo. Y también he visto a las académicas hablando sobre el tema sin haber tenido ninguna práctica. Yo creo que la voz más importante para escuchar es a las mismas personas que han pasado por esa situación que hacen su reflexión respecto de la violencia que han vivido, la falta de oportunidades que han vivido, el riesgo de vida que han vivido, la exposición a las enfermedades que han vivido. Por ahí está mi oído siempre para escuchar sus reflexiones. 

Sobre la cobardía

FT: En tu obra poética, Claudia, hay algo que he detectado y creo que trabajás fuertemente. Y ya que nombraste a Camila quiero decir que yo supe hace unos años de tu trabajo a partir de Camila Sosa Villada que me habló de vos casi tanto como me habló Fernando Noy de Camila. De esto se trata también, de tender estas redes. Pero que es la cobardía. En el poema que leí en el comienzo de este programa leí la palabra cobardía varias veces. ¿Qué es ser una mujer trans o un monstruo en este sentido, o una travesti cobarde para vos? ¿Qué es esa cobardía?

CR: A veces es sobrevivir. A veces es teñirse de rubio, como la Marilyn Monroe, para poder sobrevivir. Yo soy cobarde. De repente es necesario mirar con ternura la palabra cobardía, porque si sigue sobreviviendo… pero también puede ser una estrategia de sobrevivencia la cobardía, pasar piola, querer invisibilizarse entre la multitud. Porque teóricamente nosotras nos asequimos heroínas, heroicas, hacer justicia, tener la mano de la justicia, la espada de la justicia. Se produce ahí un doble discurso. Yo quisiera ser heroica, heroína, y hacer justicia del cliente que no me paga. Pero finalmente termino siendo una cobarde, porque al no enfrentar al cliente o al policía sobrevivo hasta el próximo día. Son reflexiones de lo poético. Son reflexiones filosóficas también sobre qué tenemos que hablar las travestis. 

La dictadura sexual no terminó

FTClaudia, aquello de octubre de 2019 en Chile nos trajo, nos acercó, lo recuerdo, tratamos de acercarnos a sus responsables desde aquí desde Buenos Aires, un slogan -lo voy a llamar así a propósito- estoy hablando claro de una consigna, de una sentencia a la que he vuelto en todo este tiempo en este programa en alguna conversación, y me permito volver de vuelta ahora con vos. Volver de vuelta está mal dicho, y me encanta que esté mal dicho en este diálogo con Claudia Rodríguez. Y es: La dictadura sexual no terminó. Eso se leyó por las calles de Santiago por aquél entonces y quiero preguntarte para vos si en efecto la dictadura sexual no terminó.  

CR: Es que la dictadura sexual incluso contribuimos a mantenerla la diversidad sexual, las organizaciones de la diversidad sexual, los homosexuales que generaron las primeras organizaciones LGBTI en Chile. Las prácticas de la primera organización homosexual en Chile eran misóginas, eran lesbofóbicas, eran transfóbicas. Y había lesbianas transfóbicas, y hay personas trans que son misóginas y son lesbofóbicas. Por lo tanto entonces no es solamente una consigna en contra de la heterosexualidad, es en contra de nosotras mismas porque estamos atravesadas por el patriarcado, no podemos negarlo. 

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Yo no puedo negar que también soy misógina y que estoy trabajando la misoginia en mí, en mi corazón, porque tengo hermanas, porque tengo mamá. Y no solamente por eso. Yo he recibido y he crecido gracias a mujeres con las que me he relacionado y he hecho alianzas. Cómo no preguntarme lo misógina que soy. También en esta acusación sobre un feminismo terf, que odia a las trans. Cuánta misoginia, me pregunto yo, hay ahí. Cuánta falta de solidaridad con el feminismo y con las mujeres que históricamente han sido violadas, asesinadas, banalizadas, descuartizadas. 

Encuentro que las organizaciones LGBT que surgieron en Chile a partir de esta, entre comillas, “democracia”, no cumplieron totalmente su función y se adhirieron totalmente al neoliberalismo y defendieron el matrimonio y otras comodidades burguesas, y no trabajó necesariamente en el tema de la liberación sexual. Hoy siguen adquiriendo VIH jóvenes que lo único que entendieron o que entienden es que se es feliz únicamente en el momento de la penetración. Cuando el feminismo lo que hace es explicar o acercar a la comunidad a que todo el cuerpo es sexual y que no necesariamente el único contacto real es la penetración anal. Ese imaginario es peligroso porque no tuvo un impacto real en el uso del preservativo, y es la práctica que todavía las jóvenes defienden y proclaman. 

Fuente: Agencia Presentes, Diario El Diverso

#Argentina| Banderazos en todo el país pidieron al Congreso una ley de inclusión laboral trans

Frente al Congreso de la Nación y en diversos puntos de Argentina hubo banderazos para pedir la sanción urgente de una Ley nacional de Cupo e Inserción Laboral travesti trans. Por qué las organizaciones consideran que con el decreto de cupo no alcanza.

Por María Eugenia Ludueña

Fotos: Ariel Gutraich (CABA) y Campaña por el Cupo y la Inclusión Laboral Travesti Trans

Cientos de banderas trans y del arcoíris flamearon el sábado a la tarde en las plazas de 18 localidades de Argentina con el mismo reclamo: pedir al Congreso de la Nación el tratamiento sin demoras y la sanción urgente de una ley nacional de inclusión laboral y cupo para personas trans y travestis. El proyecto ya cuenta con dictamen de tres comisiones de la Cámara de Diputades: Mujeres y Diversidad, de Legislación del Trabajo y de Presupuesto y Hacienda.

 Aunque se trata de un reclamo histórico del colectivo travesti trans de la Argentina, el Proyecto de Ley de Promoción del Acceso al Empleo Formal para Personas Travestis, Transexuales y Transgénero “Diana Sacayán – Lohana Berkins” (su nombre oficial) aún no se llegó a tratar en las sesiones ordinarias del año pasado. Pero hoy está en condiciones de llegar al recinto porque el presidente Alberto Fernández lo incluyó junto a otros proyectos de ley en el temario a tratar por el Congreso en sesiones extraordinarias programadas hasta el 28 de febrero

Este Banderazo Federal y Plurinacional fue convocado por la campaña que viene impulsando la sanción de lo que eran diferentes proyectos (en 2020 se presentaron 14 iniciativas en el Congreso) unificados ahora en la Ley de Promoción del Acceso al Empleo Formal para Personas Travestis, Transexuales y Transgénero “Diana Sacayán – Lohana Berkins”. La conforman el Frente Orgullo y Lucha (que agrupa a diversas organizaciones de la diversidad sexual), la Liga LGBTIQ+ de las provincias y la Convocatoria Federal Trans y Travesti Argentina, junto a otras organizaciones de todo el país. 

“Necesitamos que el Congreso ponga en agenda la inclusión laboral trans. Es muy importante que se convierta en ley. El trabajo es el eje de la vida de las personas, un derecho que históricamente nos fue negado por nuestra identidad de género a las personas travestis y trans”, expresó Marcela Tobaldi, de La Rosa Naranja, organización que integra el Frente Orgullo y Lucha. “ Estamos pidiendo que se trate en el recinto este proyecto que es urgente”. 

A diferencia del decreto presidencial de Alberto Fernández que destina un 1 por ciento de la planta del empleo del sector público a personas trans (y cuyo registro de postulantes abrió hace unos días), el proyecto de ley es mucho más amplio. Contempla la implementación de políticas públicas para la capacitación e inclusión de manera más integral, el apoyo a proyectos productivos de la economía popular gestionados por travestis trans, e incentivos para el sector privado. 

“Nadia (Echazú), Diana (Sacayán) y Lohana Berkins tuvieron que pelear solas contra un sistema patriarcal”, recordó Claudia Vásquez Haro, presidenta de OTRANS y de la Convocatoria Federal Travesti Trans Argentina. Resaltó la “madurez política del colectivo travesti trans, que construyó esta unidad”. La activista también valoró los modos de organización social y política que se necesitaron para llegar a esta instancia. Y afirmó: “La sanción de esta ley es una vital para nuestro colectivo”.

Por las presentes y por el futuro de las infancias trans

Mientras participaba de los preparativos para dar inicio al banderazo, Alma Fernández, activista travesti, recordaba el legado de Lohana Berkins y Diana Sacayán (sus nombres resonaron toda la tarde en cada rincón de la Plaza de los Dos Congresos). “Estamos acá para pedir fuerte por la inclusión laboral trans, en una semana en que también tuvimos que salir a reclamar por el femicidio de Úrsula. Inclusión Laboral Trans, Furia travesti!”, se hacía oír la activista.

Marisol Brandan, una trans de 36 años, fue de las primeras en llegar a la Plaza de los Dos Congresos, con un barbijo y una remera con la misma consigna: “Infancias Libres”. Así se llama la organización civil que preside Gabriela Mansilla (madre de la primera niña trans de Argentina que consiguió su dni con la identidad autopercibida) y de la que Marisol forma parte. “Mi genitalidad no define mi género” decía la espalda de su remera y la de sus compañeros de organización, xadres de familias de niñes trans. https://twitter.com/PresentesLGBT/status/1363234555491192833

“A mis 36 soy una sobreviviente. Pero estoy y estamos acá para pedir garantizar el presente de las personas trans y travestis y el futuro de las infancias. Queremos que elles puedan gozar al cien por ciento los resultados de esta lucha histórica que nos fue negada”, dijo Marisol a Presentes.

Sin demoras, inclusión travesti trans ahora

“Acá está la resistencia trans”. “Lo dijo Lohana lo dijo Sacayán, al calabozo no volvemos nunca más” se cantaba fuerte en la Plaza de los Dos Congresos. Allí cientos de personas de coaliciones trans travestis, de la diversidad, políticas y culturales, protagonizaron una intervención breve y puntual. Durante unos minutos cortaron la avenida Entre Ríos para desplegar sobre la calle los paños de una inmensa bandera con los colores del arco iris, y la rodearon con un abrazo al grito de “Sin demoras, ley de cupo travesti trans ahora”.

Antes y después, lxs oradorxs se fueron pasando la palabra. “Para poder elegir tenemos que tener opciones, algo que nunca pudimos por el sistema prostituyente que condena a la mayoría de nosotras. Necesitamos políticas públicas. Es hora de que el Congreso dé otra señal”, expresó Florencia Guimaraes, directora de políticas tlgbi La Matanza. Y sumó el otro tema que se reclama desde hace años: la reparación histórica para las mayores de 40 años. “ Necesitamos la reparación para las compañeras mayores que fueron detenidas, encarceladas y criminalizadas por ser travas y salir a la calle a comprar pan. Necesitamos más políticas, que diputadas y quienes tienen el poder nos devuelvan un poco de lo que nos ha sido arrebatado”, dijo la activista matancera en el acto. 

La escuchaba atenta una diputada que se acercó a la Plaza, Mónica Macha (Frente de Todes), presidenta de la Comisión de Mujeres y Diversidad de la Cámara baja. El proyecto final de esta ley se trabajó en el marco de la comisión que preside, en sucesivos encuentros por Zoom que permitieron la participación de organizaciones de todo el país. Y ella viene presentando hace años otros proyectos similares, que no llegaron a aprobarse pero fueron muy importantes para articular las demandas de las organizaciones a nivel político.

Macha conoce el tema y sabe que hablar de inclusión laboral implica considerar otro punto complejo: “Muchas de las travestis y trans mayores necesitan pensar en una pensión más que en el ingreso a un trabajo, especialmente aquellas que hoy tienen 50 o 60 años”, dijo la diputada recientemente.

En el acto, expresó: “Necesitamos la ley de inclusión laboral para darle estabilidad al decreto de cupo, y para más políticas. Necesitamos la ley porque es un logro político muy importante para el colectivo que viene peleando hace años por el trabajo para las personas trans y travestis, un legado de Diana y Lohana”.

Say Sacayán, hermano de Diana y activista de M.A.L., recordó el modo en que su hermana trabajó cada paso de la ley de cupo laboral trans que la provincia de Buenos Aires sancionó como ley en 2015 (y se reglamentó en 2019). La actriz y dramaturga Daniela Ruiz fue junto con Ivana Gutiérrez, Directora diversidad sexual Municipio de Morón y activista de Conurbanes por la Diversidad, una de las conductoras del encuentro. 

La pandemia agravó la violencia estructural

Las organizaciones están impulsando fuertemente y por todos los medios posibles la necesidad de que lxs legisladorxs comprendan la urgencia que requiere tratar la inclusión laboral de colectivos vulnerados históricamente por violencia estructural y falta de acceso a derechos como el trabajo pero también la salud, la educación y la vivienda. Esto ya a ha sido reconocido por diversos fallos de la Justicia en los últimos años (la sentencia por el travesticidio de Diana Sacayán, dictámenes de fiscalía en acusaciones a travestis y trans). Y en la pandemia por Covid-19, todas estas vulneraciones quedaron expuestos de manera brutal no sólo en Argentina sino en todos los países de América Latina. 

Por eso las organizaciones de la campaña por el Cupo y la Inclusión Laboral Travesti Trans insisten en que la sanción de esta ley se vuelve aún más acuciante en este contexto. 

Lxs convocantes ya hicieron un pedido formal al presidente de Diputades, Sergio Massa, y también a los presidentes de los principales bloques: Máximo Kirchner (Frente de Todos), Mario Negri (UCR) y Cristian Ritondo (PRO) pidiendo el pronto tratamiento de este proyecto de ley. 

Por qué con el decreto no alcanza

Las organizaciones que se manifestaron frente al Congreso coinciden: “El decreto no alcanza. Lo celebramos, pero necesitamos una ley de inclusión laboral integral “ –dijo Manu Mirelles, secretarix académicx de la Mocha Celis, el primer bachillerato trans del mundo, que funciona en la Ciudad de Buenos Aires–. “Es urgente y se tiene que concretar el reclamo histórico. Tenemos que dar el paso para que la ley funde políticas públicas”. 

“Necesitamos que se apruebe una ley por tres puntos centrales ”, explicó Ese Montenegro, activista trans masculino, formador docente en ESI, ilustrador y asesor de la Comisión de Mujeres y Diversidad de Diputadxs. “Uno es que los antecedentes penales no pueden funcionar como barrera acceso al trabajo. Porque si bien ahora personas trans pueden trabajar, históricamente han sido expulsadas y confinadas a sobrevivir en los límites de la legalidad. Otro punto es la necesidad de que existan líneas de créditos para personas microemprendedoras y otro fundamental es que el Estado genere incentivos fiscales para el sector privado que contrate a persona trans”. 

Además de este Banderazo en la Ciudad de Buenos Aires, hubo más intervenciones con el mismo objetivo. Hubo “banderas humanas” con los colores del arco iris en la Plaza Central 25 de Mayo de Resistencia (Chaco), en la Plaza del Papá en Rawson (Chubut), en el Parque Las Tejas (Córdoba Capital), en la Plaza 25 de Mayo (Corrientes, Capital) y en la Plaza Independencia de Paso de los Libres. También en  Plaza San Martín de Victoria (Entre Ríos) y en las plazas homónimas de la capital de la provincia de Formosa, en General Pico y Santa Rosa (La Pampa), en Allen (Río Negro), en San Miguel de Tucumán; en la Plaza 25 de Mayo de La Rioja Capital, en Mar del Plata, en la explanada de la Legislatura en Mendoza, en Plaza 9 de Julio en Posadas (Misiones), en el Monumento a San Martín de Neuquén Capital, frente al Monumento al Gral Güemes en Salta Capital, en la plaza Pringles de San Luis Capital. 

“El reconocimiento de nuestra identidad no se acaba en nuestro nombre o nuestro DNI, queremos elegir nuestros proyectos de vida y gozar de una ciudadanía plena. Necesitamos una sociedad que deje de excluirnos y marginarnos, necesitamos una sociedad donde podamos estudiar, tener proyectos y profesionalizarnos, y para eso necesitamos trabajo. Es hora de que el reconocimiento del Estado tenga en cuenta el valor de nuestra calidad de vida” expresó Thiago Galvan, secretario de Identidades Travestis, Trans, No Binarias e Intersex de la Liga LGBTIQ+ de las provincias.

Fuente: Agencia Presentes, Diario El Diverso.

#Argentina| Memoria travesti-trans: “El Carnaval era el único momento de libertad”

De la exclusión al centro de la escena, del encierro de las casas y cuartos de pensión a los aplausos y las plumas en la calle. Los carnavales fueron históricamente para las travestis y trans su fiesta popular. La única: esas seis noches al año, dos fines de semana de viernes a domingo, eran las únicas en las que las pelucas, el maquillaje y los tacos no las convertían en marginales ni criminales sino en las divas de los desfiles y corsos de los barrios de la provincia de Buenos Aires y la Capital.

“Esperábamos todo el año los seis días de corso en los que podíamos salir a la calle y ser nosotras en libertad: nos encontrábamos, nos divertíamos, nos poníamos todo. Era como un sueño de divas, algo que sólo se podía vivir en el Carnaval o el exilio”.

Eran 6 días de libertad y 350 de cárcel. No exagero. Así era para nosotras. Así fue antes y después de la dictadura, incluso peor después de la dictadura. Esos días era algo mágico: porque de que nos discriminaran pasábamos a ser como las divas. Si no había travestis en un corso, era como que faltaba algo”.

“En esa época existían lo que se llamaba edictos policiales: a nosotras nos llevaban por el artículo 2° F: llevar ropas contrarias al sexo. Así que salíamos al almacén o a comprar cigarrillos y nos levantaban. No era posible ni andar en pollera media cuadra porque te llevaban, así que ¡imagiante lo que era salir con conchero y pezonero! Era una fiesta para nosotras”.

“Vivíamos como gitanas esos días en los colectivos: a veces dormíamos ahí. Ya a las 16 llegábamos para montarnos a las casas donde se organizaba y terminábamos a la madrugada”.

”Nos pasábamos mucho tiempo haciéndonos los trajes: los cosíamos nosotras. El día del corso nos reuníamos en la casa de alguna compañera siempre, a montarnos juntas. De las murgas nos mandaban a buscar en un colectivo: y por ahí íbamos a cuatro o cinco corsos distintos en una noche, como una gira. Algunos incluso nos pagaban”.

“Y en ese tiempo, los 70/80, no había más que hormonas y estaba muy de moda Moria Casán. Así que nos poníamos goma espuma para hacernos las caderas y cuatro o cinco pares de media arriba y el conchero”.

“Era como el cuento de la princesa al que se le acaba el encanto: terminaba el carnaval y tenías que salir corriendo porque ahí nomás te manoteaba la policía. Terminaba la murga y estaba la camioneta esperándonos o el camión o el colectivo para llevarnos presas”.

“Íbamos a varios lados, donde había corsos: en Tigre, en San Isidro, en San Fernando, en Béccar, en toda la zona norte. Pero había por todos lados: por toda la provincia y en los barrios de la capital. Depende de la murga en la que vos estabas o de la que te invitaban. Pero era como una cita infaltable: la fantasía de todos los días”.

“La gente nos aplaudía: nos gritaba cosas lindas y se sacaba fotos con nosotras. Éramos como las estrellas de la fiesta. Seguro que alguno se reiría o haría chistes, pero no nos importaba: nosotras lo disfrutábamos, estábamos felices… Mirá si me iba a importar, con todo lo que estaba acostumbrada a soportar”

“De chica mi mamá no me dejaba participar y me decía que no lo hiciera nunca, porque nos llevaban para reírse de nosotras. Después estuve en pareja con uno que tocaba el bombo en una murga pero era celoso y no me dejaba participar. Iba toda tapada al lado suyo… Pero cuando pude, me puse las plumas y fui”.

“Empezabas de chiquita, de adolescente ya salías: te invitaban del barrio porque te conocían. Y vos te ibas haciendo el traje todo el año. Terminaba un carnaval y ya empezabas a pensar en el traje que te ibas a hacer para el año siguiente”.

“Igual, había una parte triste y era que cuando ibas ahí te dabas cuenta de había compañeras que ya no estaban: de un verano al otro muchas se había exiliado, pero también muchas ya estaban muertas. Nunca éramos otra vez las mismas”.

“Mi grupo se llamaba ‘Las Divas’, éramos ocho y en realidad yo era la única travesti: las demás eran todas lo que llamábamos ‘maricas chicharras’, que son esos maricas muy afeminados pero que andaban más de varón”.

Una murga tenía que tener sí o sí las chicas trans porque si no era un aburrimiento. La gente se amontonaba para vernos porque era la única oportunidad. Éramos como una atracción, porque después todo el año estábamos ocultas por esto de la represión de la policía. La gente iba a vernos y a sacarse fotos con nosotras. Y muchas nos decían cosas lindas de apoyo, porque sabían lo que nosotras pasábamos, que era entrar a un supermercado o un restaurante y que alguien te mandara a la policía para que te sacara”.

“Un poco se extraña ese clima de carnaval. Pero mejor es hoy, que siguen pasando cosas, pero no así. Ahí nunca sabías si ese carnaval era tu último carnaval”.

Fuente: Agencia Presentes, Diario El Diverso

#Argentina| ¿Qué nos pasa a las travestis y trans con el amor?

Uno de las primeros y más atormentadores miedos luego de mi transición a los 15 años se resumían en una pregunta: ¿Alguien me amará siendo así? Ni siquiera podía definirme travesti-trans, no tenía idea de esos términos. Ya casi con 16 comenzaba a salir a bailar a las fiestas que organizaban las escuelas de mi barrio, la mayoría en salones a los que iba con alguna otra amiga que por algún motivo también la marginaban: porque era gorda, porque tenía los padres separados, porque la consideraban fea, etc. Yo, mariquita, la protegía a través de mis rarezas: plataformas altas, ropa negra, colores en el pelo, maquillaje.

A finales de  los 90 y en el conurbano bonaerense eso no era nada fácil, era un camino muy solitario donde inclusive las mariquitas gays con quienes me juntaba me ponían el limite: “todo bien con que vengas a mi casa, pero si venís, venite de pibe… por mis viejos viste…”. Algo así como:  todo bien con que seas marica, gay, freak, pero el limite era dejar de ser leído un pibe.  Y yo en ese entonces era una transgresión para el barrio, una abyección. Y, como todo lo abyecto, generaba un punto de fuga, un deseo amenazante.  

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Me hiper enamoraba de todxs menos de mí: de los amigos de mi hermano mayor que venían a casa, de compañeros de la escuela, de la caricia que me daba alguno mientras le hacia una felación, del beso reprimido que me daba algún joven en  un rincón, el mismo que luego me gritaría “puto” cuando estaba en barrita con los amigos y así…

El mundo entero comenzaba a decirme concretamente que el amor en términos de relaciones erótico-afectivas era solo para quienes más se adaptaban al binarismo, a la cis-sexualidad, a la heterosexualidad.

Por ese entonces sentía también que deconstruirme en la masculinidad que me imponían me ubicaba en la feminidad.  Y esa feminidad necesariamente la entendía como un devenir mujer y la mujer tenía un único modo de ser y estar. La mujer no tenía sombra de pelos en la cara, la mujer tenía que estar depilada, tener curvas moderadas, la mujer tenía que acostarse con hombres únicamente, la mujer y todos sus mandatos que son creados a imagen y semejanza por y para un otro, varón cis claro. 

Mi estética me “ayudaba” a pasar por niña-adolescente ya que era muy flaquita, tenía el cabello largo, facciones que son asignadas femeninas, etc. Eso me daban cierta garantía de “éxito” con las masculinidades, algunos me comenzaban a decir: “vos para mi sos una mujer”. Una se sentía logradísima.

A mis 18 años comencé a tener una amistad con Javier, de mi misma edad. A él le llamaba la atención esa femineidad freaky mía; a mí me erotizaba cada movimiento suyo. Era de esos morochos fornidos, un rostro inmaculado. Pasábamos noche enteras en mi habitación escuchando música y charlando. Me arreglaba bastante para el momento del encuentro, usaba unas bases que taparan la sombra de mi bozo justificándola en una posible exigencia heterosexual y binaria por parte de él. Pero a su vez decía abiertamente: “quien me quiera me tiene que querer por lo que soy, más allá de las huellas hormonales”. No obstante el mundo entero me seguía diciendo que esas huellas debían ser eliminadas para pertenecer, inclusive para ser aceptada en algún corazón porque sino… todo bien, pero amigos y clandestinamente. No sé muy bien cómo, sí dónde y cuándo nos enamoramos y comenzamos un “noviazgo” que duro 11 años. ¿Privilegio? Para ese entonces comenzaba a sospechar que sí. Hoy lo podría afirmar. 

“Que alguien se atreva a vivir con nosotras”

A Lohana Berkins le formularon la siguiente pregunta en una entrevista: ¿Qué querrías de la persona que te acompañara en la vida? A lo que Lohana respondió: “Primero, que alguien me amara sinceramente. Y que me amara, nos amara por lo que somos realmente, es un paso que creo que le falta dar a esta sociedad, que no seamos solo consumidas en la prostitución, sino que alguien se atreva a vivir con nosotras. Es muy difícil el amor y es un tema que nosotras tampoco nos hacemos mucho cargo de hablar. Primero a mí me gustaría alguien así, que se enamore y te haga sentir divina”. Escuchar esas palabras, ver su mirada al responderla, fue sin duda uno de los motores para pensar/me/nos desde los vínculos sexo-afectivos en parte de mi activismo. “Todo vinculo es político” y a partir de eso comenzar a incorporar el concepto de “agenda emocional”, ausente en la agenda de derechos y que repercute sin duda en un modo de ser y estar con lxs otrxs, en cómo somos vistas y sentidas por lxs otrxs.

En el caso del amor, podemos hoy decir con certezas y pruebas: “la heterosexualidad ha fracasado”, desde luego no solo reduciéndola a prácticas sexuales, sino ampliando el concepto a un modo de crear lazos, vínculos que organizan a una sociedad en términos erótico-afectivos, económicos, políticos y culturales. Y de esos modos rescato que al menos nosotrxs travestis y trans, los vimos desde afuera, desde el despoder absoluto.

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“Y no hablo de meterlo y sacarlo, y sacarlo y meterlo solamente, hablo de ternura compañero. Usted no sabe cómo cuesta encontrar el amor en estas condiciones usted no sabe…”, leía como intervención Pedro Lemebel en un acto político de la izquierda en septiembre de 1968.

Como también Lohana Berkins diciéndonos: “Las travestis somos el deseo ilícito de la derecha capitalista. ¿Cuándo seremos el deseo lícito de la izquierda revolucionaria?”

Querer y cobrar

Hablando con una amiga trans me decía: “los tipos son un asco nena, yo opté por sacarles dinero nomás ¿qué otra cosa nos pueden brindar a nosotras?” Eso me llevo a profundizar un poco más que la postura que pone a las sujetas en “trabajadoras sexuales” o “en situación de prostitución”. No se trata de intercambio económico solamente compañerxs, en los vínculos que establecemos con clientes o prostituyentes muchas veces hay cariño, caricias, miradas, abrazos, enamoramientos, confesiones, soledades compartidas. Esto no quiere decir de que a una cis mujer no le pueda ocurrir lo mismo pero, a diferencia de nosotras, las manifestaciones afectivas no se dan en el espacio publico.

La figura del “garrón”  -ése al que no se le cobra- muchas veces está vinculada a ello. Y no se le cobra porque nos gusta, porque nos hace un poquito mejor que el resto o inclusive puede despertar alguna ilusión vincular que trascienda de las cuatro paredes.

Nuevas formas de vincularnos

Están también los vínculos que se establecen por fuera del trabajo sexual o la situación de prostitución, ésos que conocemos en una asamblea, que están deconstruyendo sus masculinidades hegemónicas y parecen mucho más empáticos.

Somos las últimas de la fila para ser amadas, siempre las últimas de la fila en casi todo, pero también en ese aprendizaje nos vamos acercando a nuevos modos de vincularnos con otrxs, ya no solo varones cis-heteros, sino también otrxs trans, lesbianas, maricas, en ese sentido estamos mas avivadas que lxs cis-heterosexuales que insisten e insisten en “no abrir”.

 Nosotras no tenemos tampoco tantas experiencias para dar cátedra, pero sí para ver desde afuera cómo reproducen violencias históricas, muertes en nombre de un único modelo de amor (que no es amor). Y no estamos superadas de todo ello, también necesitamos que nos lleven de la mano por el espacio público, que nos besen, nos abracen, nos cuiden y si esa hetero-cis-sexualidad nos sigue negando en algunos espacios, se los regalamos; encontraremos nuevas estrategias de supervivencia al desamor, estamos acostumbradas desde niñas. Y si aparece, nada de San Valentín católico. Queremos Valentía… que eso nos hará más revolucionarixs.  

Fuente: Agencia Presentes, Diario El Diverso

#Argentina| 152 crímenes de Odio LGBT y más de 100 muertes trans en Argentina en 2020

En el año 2020 se perpetraron en Argentina ciento cincuenta y dos (152) crímenes de odio, en los que la orientación sexual, la identidad y/o la expresión de género de todas las víctimas fueron utilizadas como pretexto discriminatorio para la vulneración de derechos y la violencia, dice el Informe del Observatorio Nacional de Crímenes de odio de la Federación Argentina LGBT que se dio a conocer ayer. Por estos días además se conocieron otros dos informes que documentaron violencias en Argentina durante el año de la pandemia: el de muertes trans elaborados por ATTA y por La Rosa Naranja. Todos coinciden en señalar que la pandemia agravó aún más la situación de vulnerabilidad de las personas trans.

El informe del Observatorio de crímenes de odio de la FALGBT explica que “encontrar los registros de las personas LGBT víctimas de crímenes de odio tiene sus dificultades particulares, ya que por ejemplo no a todas las personas trans que son asesinadas se las registra como trans y se les respeta su identidad de género, y no todos los crímenes de odio de lesbianas, gay y bisexuales se visibilizan como tales”. 

De todos los crímenes de odio registrados, el 57% fueron asesinatos, suicidios y muertes por ausencia y/o abandono estatal histórico y estructural; y el 43% a lesiones al derecho a la integridad física, es decir violencia física que no terminó en muerte.

En el informe se contabilizan 14 asesinatos perpetrados hacia la diversidad sexual -10 fueron dirigidos a mujeres trans y 4 a varones gay cis-; 5 suicidios – 4 de mujeres trans y 1 de un varón trans-; y 67 muertes por abandono y/o ausencia estatal histórica y estructural- todas ellas fueron de mujeres trans-.

Del total de las personas de la comunidad LGBT víctimas de crímenes de odio registrados en 2020, el 84% de los casos (127) corresponden a mujeres trans (travestis, transexuales y transgéneros); en segundo lugar con el 12% (19) se encuentran los varones gays cis; en tercer lugar con el 3% de los casos (4) le siguen las lesbianas; y por último con el 1% (2) los varones trans. 

El informe señala que la franja etaria más afectada por los crímenes de odio es la de 30 a 39 años con el 33,61% de los casos. En segundo, lugar con el 25,21% de los casos las víctimas corresponden a la franja etaria de 20 a 29 años. En tercer lugar con el 21,01% de los casos, personas de 40 a 49 años. “En estos datos podemos observar como los porcentajes mayores de crímenes de odio se corresponden con las edades más bajas, coincidiendo los mismos con el bajo promedio de vida de las mujeres trans y con los altos índices de violencia que sufre la comunidad LGBT en general”.

Dónde fueron los crímenes de odio LGBT

Según el informe, el porcentaje más alto -34,21%- de crímenes ocurrieron en la provincia de Buenos Aires. Y en segundo lugar con el 14,47% en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires; luego con el 8,55% la provincia de Córdoba; y posteriormente con el 6,58% Santa Fe. En quinto lugar, con el 5,92% del total de los casos se encuentran la provincia de Salta; le siguen Catamarca, Jujuy, Tucumán y Santiago del Estero con el 3,95% cada una; luego con el 1,97% cada una, Misiones y Mendoza.

Sobre el lugar físico donde acontecieron los crímenes de odios, los datos relevados señalan que el porcentaje más alto ocurrió en la vía pública, con el 55% de los casos. “El 26% de los casos ocurrieron en viviendas. De ese porcentaje el 24% corresponde a la vivienda particular de la víctima -y está directamente relacionado con la violencia de género y con el ejercicio del trabajo sexual en casas particulares sin ningún tipo de seguridad debido a la falta de regulación-; el 1% de los casos ocurrieron en la vivienda del agresor, y el restante 1% en otra vivienda”.

Quiénes perpetran violencias: 56% violencia institucional 

“De los casos relevados el 44% son cometidos por personas privadas; y el 56% son llevados a cabo por el Estado y, dentro de este porcentaje, el 11% es perpetrado específicamente por personal de las fuerzas de seguridad en ejercicio de su función estatal, configurando todos ellos en su conjunto, casos de violencia institucional”, dice el informe.

Y destaca que las fuerzas de seguridad argentinas y los servicios penitenciarios “suelen manifestar particular saña y odio contra las personas LGBT, y especialmente direccionada hacia la comunidad de mujeres trans”. Esto se traduce en  “desconocimiento de sus identidades auto percibidas -burlas, insultos, descalificaciones-, en detenciones arbitrarias con armado de causas judiciales, en la criminalización del trabajo sexual, en la exigencia de coimas o de servicios sexuales gratuitos, en persecuciones, hostigamientos, tratos vejatorios e inhumanos, violaciones y tortura, tanto en la vía pública, como en comisarías y penales”. 

Cómo se hizo el informe del Observatorio LGBT+

El período de relevamiento va del 1 de enero de 2020 hasta el 31 de diciembre de 2020.

Las fuentes de las que se obtuvieron los datos fueron los medios de comunicación, información recolectada por la Defensoría LGBT -dependiente del Instituto contra la Discriminación (ICD)- de la Defensoría del Pueblo de la Ciudad de Buenos Aires, a través de denuncias recibidas, redes sociales, contactos telefónicos, en articulación con la Federación Argentina LGBT, y su desarrollo territorial en las 24 provincias del país. También se tomaron datos aportados por el Centro de Documentación y Situación Trans de América Latina y el Caribe (CeDoSTALC) perteneciente a la REDLACTRANS.

Las trans, las más afectadas por las violencias

En el informe se advierte que los datos sólo incluyen casos difundidos en los medios de comunicación así como las denuncias reportadas por la Defensoría LGBT, ante las organizaciones de la FALGBT o datos documentados por el CeDoSTALC. “Permiten vislumbrar una realidad que es, sin duda, mucho peor de lo que sugieren los números”. 

El informe habla también de muertes por abandono y/o ausencia estatal histórica yestructural. Dice que su cantidad “es imprecisa y sin dudas significativamente muchísimo menor al real ya que estos no figuran en los medios y solo es posible acceder a ellos a través de la denuncia directa de familiares y mayormente de otras mujeres trans. Estas muertes no responden a una coyuntura particular, si no a una vulneración sistemática e histórica de derechos que vive la comunidad trans en la región y en el mundo”.

El 94% de las lesiones al derecho a la vida son a mujeres trans (81); el 5% a varones gays cis (4); y el 1% restante a varones trans (1). “Estos alarmantes números muestran como la violencia hacia la comunidad LGBT está particularmente dirigida: es en las mujeres trans en quienes se manifiesta con especial odio, saña y de la manera más brutal la discriminación en su máxima expresión, que en muchos casos termina con sus vidas”. 

ATTTA relevó más de 100 muertes trans en pandemia

Desde ATTTA, la Asociación de Travestis Transexuales y Transgéneros de Argentina, también llevan otro registro: el de las feminidades trans y travestis muertas ya sea por haber sido asesinadas o por abandono del Estado en relación, principalmente, a su salud. En 2020 este registro contabilizó al menos 104 muertes trans. “Hay compañeras que han muerto de Covid y están en las morgues de los hospitales porque nadie las retira, algunas no tienen documentación, algunas son migrantes. Nos llaman del Muñiz y otros hospitales de CABA para ver si las conocemos”, denunció al principio de la pandemia Marcela Romero, presidenta de ATTTA.

“Uno de los problemas principales sigue siendo la exclusión social y la falta de oportunidades. Lastimosamente, nosotras para el Estado seguimos siendo invisibles”, explicó a Presentes Nazarena Fleitas, de ATTTA. “Las únicas personas que nos preocupamos por esto somos las organizaciones sociales. Pero una bolsa de mercadería no le soluciona los problemas a nadie”, aclaró.

Según Nazarena, las principales causantes de esta cantidad de muertas son la exclusión social, la exclusión del sistema de trabajo y la falta de presencia real de políticas del Estado.  “La pandemia afectó muchísimo: nos dejó 8 suicidios. Muchas compañeras no podían pagar el alquiler. Una compañera que pedían para comer porque era trabajadora sexual y no tenía, y se terminó muriendo”, -cuenta- Nazarena. “La pandemia potenció el destrato y el abandono social que se sufre”. Y dice que también hubo casos de chicas trans muertas por abandono de tratamientos de VIH. “Fue tanta la exclusión que algunas han decidido abandonar el tratamiento”, lamentó Nazarena. 

La Rosa Naranja: más de 100 muertes, la mayoría travesticidio social 

La organización La Rosa Naranja, una asociación civil integrada por mujeres trans y con sede en Ciudad de Buenos Aires, dio a conocer el 12 de enero su propio “Informe estadístico de compañeras travestis, transexuales y transgéneros durante el 2020. Según estos datos, el año pasado hubo por lo menos 10 travestis, transexuales o transgénero muertas por crímenes de odio, un varón trans por suicidio y 97 travesticidios sociales evitables. 

El promedio de vida estimado en el informe 2020 de La Rosa Naranja es de 39 a 42 años. Los números se asemejan al informe de ATTTA.  

“Nuestras muertes también importan y es necesario visibilizarlas”, dijo Marcela Tobaldi a Presentes. “Los medios visibilizan las estadísticas de feminicidios pero en ningún momento hablan del travesticidio social, ni de nuestros crímenes de odio. Y a veces, cuando lo hacen, está mal abordado”.  

El informe documenta un listado con los nombres, las edades, lugares y fechas de fallecimiento de cada persona. Y termina con un pedido urgente: la sanción de una ley nacional de cupo laboral travesti trans. 

Conclusiones y recomendaciones del Observatorio

Los crímenes de odio contra el colectivo LGBT documentados por el Observatorio Nacional de Crímenes de odio de la Federación Argentina LGBT en el año de la pandemia (152) son menos que los registrados en 2019 (177) y mayores que en 2018 (147). 

“En 2020, a pesar de la pandemia y el aislamiento social preventivo y obligatorio que implicó la mayoría de los meses del año la retirada del espacio público, la cantidad de casos (152) se mantuvo similar a 2019 y superior a 2018. Esto probablemente se debe a que las condiciones que generan estos crímenes de odio son estructurales, y su disminución y erradicación dependen de políticas públicas y acciones afirmativas importantes que reviertan siglos de violencia y discriminación”, dice el informe. Y destaca preocupación por “la diversidad sexual en el actual contexto de pandemia, y en particular la especial y delicada situación que están atravesando las personas trans”. Más aún cuando se trata de personas obligadas a ejercer el trabajo sexual por la falta de oportunidades. 

El informe repasa y celebra algunas de las medidas del Estado para paliar temas de vivienda, salud, trabajo, pero dice que no es suficiente. También pide la sanción de una nueva Ley contra la Discriminación (existe un proyecto de Ley Nacional de Actos Discriminatorios elaborado por la Federación Argentina LGBT y presentado por última vez en el Congreso de la Nación en noviembre del año 2020. 

Para luchar contra la precarización de las vidas de lesbianas, gays, bisexuales y trans, agravada por el actual contexto de pandemia, el el Observatorio Nacional de Crímenes de Odio LGBT también recomienda al Estado de Argentina la sanción definitiva de una ley integral para personas trans que contemple el acceso a todos los derechos, la sanción de una ley que garantice el carácter laico del Estado y de la educación pública, la sanción de una Ley de Reconocimiento de todos los Derechos de las Personas Trabajadoras Sexuales, Derogación de los artículos de los Código de Faltas y Contravencionales de las provincias de Argentina que aún conservan figuras abiertas que son utilizadas para criminalizar la comunidad LGBT y a las personas trabajadoras sexuales -en particular a las mujeres trans- costumbre; políticas públicas que garanticen la capacitación, formación y sensibilización de las fuerzas de seguridad argentinas y del servicio penitenciario federal, y garantizar el efectivo acceso a la justicia de la comunidad LGBT y la debida investigación de los crímenes de odio como tales, ya que el contraste entre los números y las condenas, evidencian un fuerte menoscabo del derecho a la justicia de esta población.

Fuente: Agencia Presentes, Diario El Diverso.

#Argentina| Aborto legal en Argentina: Las comunidades LGBTIQ+ hemos estado ahí, disputando el sentido

Y un día, de tanto ir a la plaza. Me corrijo, a las plazas, a todas ellas, con nuestros pañuelos verdes anudando las injusticias a nuestros cuerpos; con nuestras banderas con los rostros y los nombres de lxs que lucharon antes y parafraseando a la poeta trava: “Para dar luz, se prendieron fuego…”; con nuestras consignas siempre reformuladas para que entremos todxs:

Logramos que fuera ley.

Décadas de luchas se filtran en nuestras lenguas, en nuestras palabras, también en estas sensaciones de cuerpos agotados, que festejamos ayer sabiendo que volveremos a luchar mañana.  Un pasado de revueltas escribe nuestras páginas, las felices y las otras, las que aún nos duelen, por las vidas que se nos fueron luchando y no hay victoria que nos las devuelvan.

Una historia que no empieza ni termina con el reconocimiento de un derecho transformado en ley. Una ley que, si revisamos esa historia, tiene sus antecedentes cercanos y se inscribe en toda una genealogía de luchas por nuestros derechos sexuales, reproductivos, no reproductivos, vinculares e identitarios, que excede por mucho el derecho al aborto legal, seguro y gratuito. Décadas de encuentros y desencuentros entre los movimientos feministas y los LGBTIQ+ dan cuenta de diálogos, no siempre cómodos, no siempre justos, no siempre encontrados, pero ahí, en las calles, en ese cuerpo a cuerpo colectivo hubo un pacto implícito: Los derechos sexuales, son derechos humanos y como tales se disputan y se defienden contra viento y (en) marea.

Muchas luchas detrás del aborto legal

Argentina tiene, innegablemente, una historia alrededor de estas luchas, que no se inauguran hoy con el aborto legal y sabemos, tampoco terminarán allí. Desde la vuelta de la democracia (Diciembre de 1983) a esta parte podemos trazar esos entramados: Divorcio Vincular, erogación de los edictos policiales, ley de Educación Sexual Integral, Ley de Matrimonio Igualitario, Ley de Salud Mental (primera en el mundo en prohibir la patologización por identidad u orientación sexual), Ley de Identidad de Género, Ley de fertilización médicamente asistida y ahora, aborto legal. Casi cuatro décadas de luchas, ponen de manifiesto que, entre muchas otras cuestiones, las comunidades LGBTIQ+ hemos estado ahí, disputando el sentido y la norma heterocisexual contra propixs y ajenxs, a veces con mayor o menor éxito, pero siempre ahí, haciendo el cuerpo colectivo.

Una de esas grandes batallas, que sigue vigente, tiene que ver específicamente con la desarticulación de la heterosexualidad como una norma y de la cisexualidad como un destino, incluso habiendo tejido las leyes antes enumeradas. Batalla que no sólo damos contra los sectores más reaccionarios y conservadores de las iglesias y los estados, aquí y en todo el mundo, sino también contra aquellos feminismos a los que más de una vez se le olvida cuestionar sus (im)propios privilegios.

A estos sectores aún les cuesta imaginar -y mucho más acompañar- una vida en la que siendo un varón trans -como quien escribe aquí-, te vincules sexual y afectivamente con varones cis o mujeres trans, a una década del reconocimiento del estado de nuestras prácticas sexo-afectivas -consagrado en el matrimonio igualitario- y casi una década del derecho a nuestra identidad construido en la Ley de Identidad de Género. Algo, incluso en nuestras trincheras, pareciera seguir queriéndonos imponer la cisheterosexualidad como única forma de (sobre)vida. Y digo “sobrevida” no azarosamente, porque sigue siendo fatalmente palpable el costo de nuestras desobediencias.

Las deudas del sistema de salud

Ejemplos abundan, incluso en estos lares: A casi ningún varón trans en Argentina, se le ofrece, por ejemplo, al momento de iniciar un tratamiento con testosterona, guarda (congelar) óvulos para en un futuro decidir sobre sus planes reproductivos, hecho que está garantizado en la Ley de Fertilización Médicamente Asistida y en la Ley de Identidad de Género al referir al derecho a la salud integral. Generalmente, los efectores de salud por donde accedemos a los tratamientos de reversión hormonal, no informan explícitamente que el empleo de testosterona sintética no tiene implicancia directa con la anticoncepción y que nuestra salud reproductiva y no reproductiva requiere un abordaje integral. Ni hablar de la escasa inversión e investigación alrededor de la interseccionalidad entre tratamientos hormonales y la salud sexual y (no) reproductiva. O de la aun escasa oferta en el sistema público y privado de salud para acceder a cirugías y/o tratamientos hormonales. O del eterno incumplimiento del obras sociales y prepagas alrededor de la Ley de Identidad de Género. Y podría seguir… Acceso al trabajo formal, a la educación, a la vivienda. Claro que la democracia aun nos debe todo y no solo ella, sino también muchos activismos que siguen olvidando/borrando nuestros aportes a esta historia.

Nada de lo que hicimos, lo hicimos en soledad

Una arenga que desde hace años nos acompaña en las calles pregona: “Y ahora que estamos juntxs. Y ahora que sí nos ven…” Cierro los ojos un rato, en esta madrugada que sabe a victoria y nos veo, nos veo claramente, luchando a la par. Veo a una interminable lista de varones trans, lesbianas, maricas, travestis, trans, personas no binarias, bisexuales, intersex, empujando los engranajes de una historia de luchas por nuestras autonomías. Autonomías que nuestra propia experiencia nos impide inscribirlas en las lógicas individualistas, meritocráticas, liberales del “hágalo usted mismx”. Porque nada de lo que fuimos y somos, lo hicimos en soledad. Y ese “ahora que sí nos ven”, sigue siendo un grito desesperado a amigxs y enemigxs, a aquellxs aun no imaginan nuestros vínculos afectivos, sexuales, nuestras prácticas eróticas, nuestras lenguas desviadas, siempre escurridizas, siempre complejas, eternas desertoras de cualquier normatividad y normalidad. Un grito de guerra que no pide permiso, sino que demanda nuestro lugar en esos relatos, que producen sentidos, por el derecho a la existencia y a la resistencia.

Hoy nos despertamos con un poco de margen en el pecho. Se oxigena mejor el cuerpo, que aun cansado, se reconoce parte de un entramado extenso y colectivo. Un pequeño intersticio se despliega en esa injusticia que hemos desterrado. El aborto es legal, seguro y gratuito para todxs. Nosotrxs, lxs eternxs fugitivxs de todo ropero hemos atravesado una puerta más. Ahora, que sigue siendo el tiempo de la revolución, como nos señaló Lohana en su imposible despedida, sabemos que la lucha continúa. Sabemos que tanto a la implementación de la ley, como a su monitoreo, le sigue un trabajo que las militancias y los activismos siempre hemos recogido. Seguir, siempre seguir, rompiendo con la cisheterosexualidad como único destino deseable. Nosotrxs, a lxs que hasta el cansancio nos intentaron convencer de que nuestra existencia era imposible, seguimos.  

Fuente: Agencia Presentes, Diario El Diverso.

#Argentina| Exigen justicia por Verónica Tessio, activista lesbiana asesinada en su casa de La Plata

El miércoles 23 por la noche (algunas hipótesis indican que podría haber sido el jueves de madrugafa) la abogada y activista lesbiana Verónica Tessio, de 49 años, fue apuñalada hasta su muerte. Tenía un corte profundo en el cuello y heridas de arma blanca en el cuerpo. Carolina encontró a quien ahora es su ex pareja pero también, su amiga, en medio de un charco de sangre.

Según declaró ante la fiscal Ana Medina, de la UFI nro.1 –que lleva adelante el caso– la puerta de entrada no estaba forzada y en la casa no faltaba ningún objeto. Ellas vivían en dos casas separadas en un mismo terreno sobre calle 5 bis, en las afueras de la ciudad, y compartían la tenencia de su hijo, de ocho años. Hoy sus compañerxs realizaron un acto para exigir justicia por lo que denuncian fue un crimen de odio.

Referenta judicial y de militancia

Activista lesbiana feminista, el nombre de Tessio era una referencia ineludible en el ámbito jurídico de La Plata. Y es que además de su compromiso militante, esta abogada trabajaba desde hace décadas en la sede del Poder judicial, allí donde funciona la Suprema Corte de Justicia bonaerense. Esas mismas escaleras por las que Verónica subía cada mañana, se transformaron en escenario para una amplia convocatoria que se realizó hoy a partir de las dos de la tarde para exigir el esclarecimiento del crimen. Llevada adelante por familiares, amigxs, compañerxs de trabajo y organizaciones sindicales, las consignas fueron #JusticiaporVeronica y #NiUnaMenos.

“Un papel no nos va a cambiar en lo cotidiano pero nos dará un lugar jurídico y nos garantizará derechos como a cualquier matrimonio”, le dijo Verónica Tessio a Clarín en mayo de 2010. Por entonces, ella y su pareja, Carolina López impulsaron un amparo ante el Tribunal Oral en lo Criminal II de La Plata para que el registro civil les permitiera tomar un turno para unirse en matrimonio. Esta situación, inédita hasta entonces, convirtió el casamiento de Verónica y Carolina en el primero de la comunidad LGTBI+ en la provincia de Buenos Aires, poco antes de la sanción del matrimonio igualitario en nuestro país.

Además de femicidio, crimen de odio

Este crimen muestra el reverso de la lucha por derechos. El asesinato pone en escena, una vez más, la deuda que tiene el poder judicial en cuanto a la necesaria incorporación de una perspectiva de género que atraviese tanto a los procesos como a quienes los llevan adelante. Y es que invisibilizar las asimetrías de poder inhibe la posibilidad de hacer justicia.

Desde la Secretaría de Género de la Asociación Judicial Bonaerense alertaron sobre la posibilidad de que se trate de un crimen de odio. “Los avances en la investigación descartan un robo. Entonces la primera pregunta que aparece es por qué la mataron. La violencia del crimen no solo da lugar a un posible femicidio sino además, a un crimen odiante. Por eso ahora más que nunca reinvidicamos su compromiso LGTBI+, su feminismo, su lucha para que la justicia no fuera un espacio cerrado y patriarcal”, dijo a Presentes Débora Bertone, al frente de esa Secretaría.

Valeria Ríos es amiga de Verónica. La conoció cuando empezó a trabajar en el poder judicial hace 13 años. Compartían oficina, tareas y cotidianidad. Actualmente, Verónica trabajaba en la Mesa de Entradas pero el cambio de sector no alteró el vínculo. “Ella era la voz autorizada cada vez que había que tratar un tema de derechos de mujeres o disidencias. Ella ponía el cuerpo en esa militancia, como se evidenció cuando se casó, adelantándose a la sanción del matrimonio igualitario”, dijo Valeria a Presentes. Y agregó: “Nosotrxs somos trabajadorxs judiciales. Por eso más que nunca necesitamos y exigimos una respuesta que llegue con celeridad para el esclarecimiento del asesinato, un proceso judicial que no revictimice a la víctima y sentencias ejemplares pensadas con perspectiva de género”.

Fuente: Agencia Presentes, Diario El Diverso.

#Argentina| La Navidad de las travas: una mujerona en la zona rojaLa Navidad de las travas: una mujerona en la zona roja

Cada año, para Navidad, las travestis deambulamos solas en la zona roja. Vamos buscando no sé qué, quizás algo que nos ayude a olvidar esos días de familia cuando celebrábamos en el norte argentino. En Navidad no tenemos nada que festejar y a nadie a quien abrazar.  Cada año para navidad el sida a una se va a llevar.
Cada año para navidad  a las travas nos toca pagar: hace una semana que enterramos a la Jenny y todavía me siento mal. A mí me encanta la navidad. Porque en el día de hoy como  todos los años, mi mamá me da un beso.  Este día mi mamá se olvida que me visto de mujer y, según ella, perdona todas mis locuras.

Desde que nací fui marcada a fuego de hierro con el símbolo de un espiral en la frente. Mi espiral asignado fue el de la miseria (yo no lo elegí). El más cruel de los destinos se ensañó conmigo y mi apellido.  Él me castigo maldiciéndome, arraigando mi cuerpo a una sociedad equivocada. Porque fui engañada.  Barajé mi suerte eligiendo un cuerpo de hombre, para saber y aprender qué se siente ser una mujer-hombre. Para saber en mi piel lo que se siente ser una mujerona (trava-caballo-asno).  Les que no me conocen piensan que tengo una vida fantástica, a lo que respondo: tengo una vida de fantasía. Porque en la fantasía descubrí que yo puedo escapar de mi realidad.

Algunas impaciencias y prejuicios  no permitieron en mis padres la tan ansiada aceptación. Tuve que matar al niño. Yo que siempre fui niña. Como si eso hubiera impedido que yo no acabara dando tumbos en la zona roja. Apostando al cliente o espantada por  buitres, hacinada en una pieza de hotel. Un hotel  que dependiendo de la economía del país y de cuánto le guste a los clientes, voy a poder pagar.

Hoy otra vez me volvieron a echar del hotel familiar donde vivo. Siempre la misma escena. Yo, callada, en silencio escuchando las noticias de la radio a oscuras en la habitación.  Sabiendo que en cualquier momento  me van a golpear la puerta y la palabra mágica será: “Se vencio la quincena. ¿Se queda o se va? 

Quizás algunas de las que me conocen piensen que hago de la pobreza una  bandera. Quizás las que me ponen like en las redes lo hacen para reírse de mí. Capaz piensan que mi vida es un desastre. Ellas lo único que  dicen de mi es que soy un loco o un ente. A lo que yo diré que sí, a veces también eso soy.
Muchas veces las que no me entienden abusaron de mí. Aunque si lo pienso mejor muchas veces el mundo me abusó.

Sufro y me castigo por no tener  un par de zapatos talle 43 para combinar todos los días. También por no haber conocido nunca el amor. Aunque sí albergo la esperanza de que algún día yo sí pueda ser amada. Conozco una a una cada esquina y calle de la ciudad (no sé para qué).  Siento las miradas  de asco de los que se van a trabajar en la mañana y me ven ahí parada. Podría llegar a cualquier punto de cualquier lugar en donde este. Siempre y cuando sea de noche. Todavía hoy no puedo entender cómo las personas pueden vivir de día. Y cómo yo no puedo aprender a hacerlo también.

Muchas veces me ofrecieron un triste amor eterno. A esos yo los denomino con el nombre de amor precoz. Es que cuando llega el día o se termina el turno del telo se acaba el encanto. Trago, chupo, escupo. Gozo y me entrego. Pero nada funciona. Incluso calzar cuatrocientos cuarenta y tres no alcanza.


Me la paso buscando algo por qué vivir o por qué morir.  Algo que me ayude a calmar el dolor. Si yo no soy feliz ¿para qué voy  a vivir? ¿cómo se puede vivir con hambre, apretada por las deudas? Como buscando una justificación corro y apuesto mi suerte cada vez que me subo a un auto. Muchas veces sin pensarlo demasiado no usé forro con desconocidos, solo me deje llevar. Un día mientras hacía un servicio un cliente me dijo que nosotras vivimos hasta los treinta y cinco años.

Desde ese día  solo pienso en eso, en llegar a cumplir los 35 y que se termine el dolor. ¿Cómo voy a saber cuándo cumpla treinta y cinco si no sé leer ni escribir? ¿Cómo voy a morir yo? ¿Y cómo será morirse travesti? Me alcanzara con travestir la muerte. 

Desde que tengo uso de razón, soy una mujerona (trava-caballo-asno)  sin corazón.  Que no pudo jugar con muñecas cuando  niña. Solo dos cosas siempre fueron claras para mí: la pobreza y la desesperación. Pero ya no duele eso, ya no duele porque sé que me voy a morir joven y sola. Y ese día no me va a pesar más nada. Porque ya no tendré un cuerpo que cargar.  Me volveré viento, me volveré noche, me volveré furia. Pero no esta Navidad.

Fuente: Agencia Presentes, Diario El Diverso.

#Argentina| Claudia Vásquez Haro, primera mujer trans en doctorarse en una universidad pública argentina

Claudia Vásquez Haro se convirtió en la primera femineidad trans/travesti en doctorarse en una universidad pública de Argentina. El 11 de diciembre en la Facultad de Periodismo de la Universidad Nacional de La Plata recibió el título de Doctora en Comunicación tras la defensa de una tesis sobre “Identidades Golondrinas desde una Epistemología del Despojo”. La activista de Otrans analizó las prácticas político-comunicacionales de las feminidades travestis y trans migrantes peruanas en La Plata, donde vive. En este perfil realizado para el aniversario de esa ciudad, la historia de Claudia y el rol crucial de la Facultad de Periodismo en su formación y activismos.

Por María Eugenia Ludueña para Acá Está La Plata/0221*

Fotos: Facebook de Claudia Vásquez Haro y Archivo Presentes/Ariel Gutraich

Claudia Vásquez Haro llegó a La Plata el 5 de noviembre de 2000, después de aterrizar en Ezeiza en un vuelo que había salido de Lima, Perú. Su hermana Laly, la mayor de seis hermanxs, la esperaba aquel día en el aeropuerto con un bolso con ropa. Claudia tenía 26 años y después de abrazarse fuerte con Laly lo primero que hizo fue entrar al baño del aeropuerto y cambiarse

Con la liviandad y determinación de quien ha decidido pegar un salto, se quitó el equipo deportivo y suelto que había usado durante el viaje y se puso una remerita negra de gasa y un pantalón de vestir beige. Después se subió a unos zapatos con taco alto, con cierta sensación de elevarse también unos centímetros por encima de la vida y empezar una existencia -que en rigor ya había empezado- donde pudiera ser plenamente Claudia. Con la fantasía de vivir con libertad su identidad de género, se repetía: “Acá nadie me conoce. Acá voy a hacer la mía. No tengo que pedir permiso, va a ser más fácil”.

Muchos años después, en otro aeropuerto, tendrá otra revelación, otro tránsito: la autopercepción platense

—Vine motivada por mi hermana. Siempre fue para mí una segunda madre. Hacía mucho me venía diciendo que en Argentina la educación era pública y gratuita, y que había más apertura a los temas de género. Llegué con la idea de concretar mi deseo y de estudiar como Claudia —dice con un suave acento peruano. 

Era una adolescente cuando su hermana Laly dejó la casa familiar en Trujillo para venirse a La Plata a cursar la carrera de enfermería. Claudia desde los 13 años usaba tacos y pelucas, y tenía una expresión de género femenina.

—Yo sabía que La Plata era un lugar estratégico para estudiar. No como en la Capital, donde la UBA queda perdida. Acá la universidad es eje central de la vida urbana. Y creo que la construcción de la identidad platense es pluridiversa en todo sentido.

Hace 20 años su hermana Laly vivía en Villa Argüello, y hacia ahí enfilaron desde Ezeiza. Una villa de peruanos -recuerda Claudia- en el borde de la ciudad, donde  un amigo de sus hermanxs, también llegado de Perú, le había prestado un terreno a Laly y la familia había levantado una casilla. En La Plata la comunidad migrante peruana es la tercera más numerosa, después de la boliviana y la paraguaya.

El primer oficio de Claudia fue el que aprendió en Perú, donde peinaba a reinas de belleza y era experta en colorimetría. Empezó cortándoles el pelo a los contactos de su hermana y en pocos meses se convirtió en la peluquera más famosa del barrio José Luis Cabezas, en el límite entre Berisso y Ensenada.

Pero en esos primeros tiempos, mientras Argentina entraba en una grave crisis política y económica, Claudia hacía lo que podía: limpiar casas, cuidar a personas mayores. No había mucha plata para cortarse el pelo y ella cambiaba sus manos de tijera por bolsas de arroz.

Se maquillaba poco y aunque siempre le gustó estar superarreglada y coqueta, se vestía sencilla. No quería llamar la atención.

A veces se hacía pasar por la madre de su sobrino Francis, para que su identidad travesti no la hiciera quedarse fuera de una oportunidad laboral. Después consiguió empleo en dos peluquerías grandes de la ciudad: “Supercortes” y “Pelomanía”. Con parte de lo que ganaba seguía estudiando. Durante dos años cursó en la Cámara de Peluqueros y Peinadores de La Plata todo lo que podía y también en la Escuela de Formación Profesional de la calle 59: oratoria, recursos humanos, protocolo y ceremonial.

De chica fue una persona estudiosa y aplicada, con sed de aprender. Pero en Trujillo iba a una escuela centenaria para varones y a los 12 le sugirieron a su madre que era mejor que se retirara. Se cambió de colegio. Su padre igual la retaba si no sacaba las mejores notas. Más tarde se instalaría con él un silencio de 12 años.

Claudia salía de clases y pasaba por la peluquería de Omar, un amigo que le enseñaba el oficio y le prometía: “Esto te va a dar un plato de comida”.

Al terminar la secundaria, con diploma de excelencia por sus notas, Claudia probó un par de carreras pero ninguna la convenció. Mientras tanto, cortar, peinar y teñir le daba un sustento y luego un nombre. En una competencia de peluquería ganó el primer lugar y se hizo conocida. Pero no era fácil ser una persona con identidad travesti en los 90 en Trujillo. Tenía 18 años cuando decidió por primera vez mudarse, y con ayuda materna abrió su propio salón de belleza en Cajamarca, donde llegaron a trabajar 10 personas bajo su mando.

Siempre fui migrando —dice.

Cuando Claudia llegó a la Argentina, no se habían aprobado aún ni la ley de Matrimonio Igualitario (2010) ni la de Identidad de Género (2012). Pero acá sí podía vivir su identidad.

Uno de sus primeros gestos políticos en la adolescencia fue delinearse las cejas de manera permanente. Fue su modo de resistir: cada vez que detenían a las jóvenes trans en las calles de Trujillo por el solo hecho de ir maquilladas, la policía les arrojaba agua en la cara, como si la identidad fuera algo que se quita y pone. Así que un día a Claudia se le ocurrió que si se tatuaba las cejas, cuando le tiraran agua iban a seguir ahí, incólumes y desafiantes a cualquier represión.

En La Plata el clima parecía distinto. Hasta que la llevaron detenida.

—No me olvido más: íbamos por calle 7 con Romina, una amiga trava. Estábamos comprando ropa, regias nosotras, con nuestros bolsos, cuando la policía nos pidió documentos.

“¿Qué hemos hecho?”, preguntó con acento peruano. El policía le respondió con un golpe que la dejó en el piso.

—Estaba asustada, no sabía de los códigos de faltas. Nos trataban en masculino y terminamos en la comisaría.

Romina, más experimentada, demostraba que no tenía miedo y los policías le respondieron con dos cachetadas: “No se vistan como mujeres, ustedes son hombres. Lo dice el edicto. No pueden andar por la calle”.

Las llevaron a la comisaría primera y luego a la novena, la misma donde mataron y desaparecieron a Miguel Bru, un alumno de periodismo de la misma facultad donde después estudió Claudia.

A Romina la hicieron quitarse la ropa y desfilar desnuda. Claudia pensaba: “Ahora se van a burlar de mí porque tengo todo relleno con push up…”.

—Al final labraron un acta. Nos pusieron lo que quisieron. Nos armaron una causa diciendo que les habíamos faltado el respeto. Nos mandaron a la jueza y la jueza nos castigó. Fue tan injusto…

La palabra injusto quedó resonando en su mente y en el cuerpo. Era tan presente la sensación de que eso les estaba pasando a otras que Claudia intentaba buscar explicaciones. Mientras seguía trabajando de peluquera, se anotó en la Facultad de Periodismo.

—Fui a buscar las respuestas a mis preguntas.

En 2005 en la facultad (entonces en 4, entre 43 y 44) conoció a Lohana Berkins y a Marlene Wayar, activistas travestis. Habían ido a presentar el libro La gesta del nombre propio. Ese encuentro fue clave. Al finalizar la charla, Claudia compró el texto.

Publicado por la editorial de las Madres de Plaza de Mayo, coordinado por Lohana y Josefina Fernández y con prólogo de Diana Maffia, se trata de una investigación colectiva realizada por activistas travestis y trans, investigadoras y feministas, que recoge y analiza datos sobre la violencia estructural que padecen las personas travestis y trans: una de las tantas es el abuso policial.

Claudia lo terminó esa misma noche, en tres horas.

—Nunca había tenido tantas ganas de leer algo. ¡Nunca había comprado un libro de travestis! Me partió la cabeza. Lo que me pasaba a mí nos pasaba a todas. Fue un despertar. Decir: “No estoy sola, hay otras compañeras luchando y con más experiencia”.

Claudia ya se había acercado al activismo desde su identidad migrante, porque unos años antes conoció a la referenta Lourdes Rivadaneyra cuando se presentaba una nueva ley migratoria. Pero entrar en la facultad y conocer a Marlene y a Lohana representó el gran salto en conciencia y política. Un modo de relacionarse con otrxs y con el territorio platense desde una perspectiva nueva. Porque fue también en 2005, en las aulas de Periodismo, cuando escuchó a Flavio Rapisardi y a Raúl Zaffaroni hablando de diversidad sexual.

—Fue entender que todo lo que nos ocurría a las travas era producto de otras cosas. Yo me tenía que cuidar por los edictos y por la ley migratoria. Una vez me estaban por deportar tras salir a defender a una compañera. Y me tuve que casar con la hermana de una amiga para que no me echaran. No me quería ir. Había armado mi circuito de amigues y militancia.

En esos días Claudia trabajaba por la mañana y a la tarde se iba a cursar. Cada tanto, la policía intentaba detenerla en alguna calle de la ciudad pero ella ya no sentía miedo. Les recitaba los principios de Yogyakarta sobre la aplicación de la legislación internacional de derechos humanos en torno a la orientación sexual y la identidad de género.

—Entré a la universidad y me apropié de ese espacio. Mis profesores estaban contentos, yo participaba en las clases. La facultad me abrió la cabeza. Fue mi primera trinchera en La Plata.

Después de años de trabajar en “Pelomanía” y “Supercortes” logró hacerse una clientela. A esa altura vivía en una casa en 116, entre 35 y 36, que le habían pedido que cuidara porque estaba en sucesión. Y ahí fue armando su saloncito de belleza. Quería terminar rápido la carrera: dejó de trabajar en relación de dependencia y se sostuvo con sus clientas. Estudiaba periodismo de lunes a jueves y atendía viernes, sábado y domingo.

—Soy organizada desde chica. Para no caer en el piso hay que armar un colchoncito, así no duele. Y esto sirve para la vida, el amor y cualquier cosa que encares.

Dice con orgullo que a esa casa fue Lohana. Y Lohana quería que todas las travas fueran a la universidad. Claudia se recibió en 2012. Años antes Jorge Jaunarena, secretario de Derechos Humanos de la facultad y miembro de la Asociación Miguel Bru le había propuesto participar más en el área, desde la diversidad sexual. Y cuando Claudia tuvo el título bajo el brazo le ofreció sumarse a la secretaría y coordinar algunas clases de géneros, tema del que se hablaba poco y nada.

Enseguida asumió como decana Florencia Saintout y Claudia siguió desplegando una labor académica mientras se abría a otro tipo de militancia.

En 2008, junto a otra compañera trans, Nicole González Beamonte (conocida en las redes como La Rubia Peronista), armó la primera organización trans de La Plata: Juntas por la Dignidad. Escribieron sus nombres en papelitos y así sortearon quién sería la presidenta y quién la vice. Después se fueron a recorrer La Plata, a buscar travestis y trans. Caminaban por las noches en zonas estratégicas: calle 1, la diagonal. Repartieron preservativos a unas 200 chicas travestis y trans.

“¿Vos no te prostituís?”, le preguntaban a Claudia. 

“No. Yo soy peluquera: les puedo cortar el pelo, chicas”, ofrecía, para atraerlas a la militancia­. Insistía: “Tenemos que reunirnos para reclamar por nuestros derechos”.

—Yo era la loca y ellas no daban ni pelota, se burlaban.

Claudia y Nicole (que entonces trabajaba en la Secretaría de DDHH) querían armar algo, invitarlas a una reunión. Fantaseaban: ¿a cuántas habrían podido interpelar en esas caminatas? “Con que vengan 20, hacemos historia”, se respondían. Pero llegó el día de la reunión y no fue ni una sola travesti.

En 2008 la Facultad de Periodismo de la UNLP otorgó un reconocimiento pionero a la identidad de género: fue la primera universidad pública de América Latina en reconocer la identidad autopercibida de sus estudiantes.

Las travas que intentaban sobrevivir en las calles -por falta de acceso a otro trabajo- se enteraron. Claudia jugaba al vóley con algunas, las peruanas, los fines de semana. Lleva más de 12 años jugando al vóley con ellas.

“¡Así que ahora en tu facultad te consideran mujer, nena! ¡Te felicito!”, le decían.

Cuando esas mismas travas sufrieron una detención violenta y arbitraria por parte de la policía, no dudaron en llamarla. Eran alrededor de 20 chicas. Claudia se indignó: se acordó del agua en la cara, de las horas interminables en la comisaría novena de La Plata. Llena de furia e impotencia, convocó a la facultad, a la Asociación Miguel Bru, a la Comisión Provincial por la Memoria. Y consiguió que llegaran los medios.

“Si quieren, hablen ustedes”, las arengó Claudia. “Pero pensemos qué vamos a decir. No nos vayamos por las ramas. Los medios siempre te quieren llevar por otro lado”. Terminó hablando ella con el periodismo.

Para 2011 ya era parte de la rosca y se sumaba a los grupos de trabajo por la ley de Identidad de Género. Se aprobó en mayo de 2012. Y la presidenta Cristina Fernández de Kirchner entregó los primeros DNI con los nombres cambiados en la Casa Rosada, en julio de 2012: convocó a trans y travestis y ahí estaba, entre otras, Diana Sacayán, la impulsora del cupo laboral travesti trans que fue asesinada en 2015. (Y estaba Claudia, invitada por su militancia pero entonces aún sin su documento argentino: lo obtuvo en 2014 y fue la primera travesti migrante en recibirlo rectificado).

La ceremonia se transmitió en cadena nacional. La cámara en un momento se posó en Claudia, que reaccionó rápido:

—Gracias, Cristina, porque la ley también es para las migrantes —dijo.

—Por supuesto, claro que sí. Por la patria grande —le respondió la presidenta.

Las travas de La Plata vieron la escena por la tele. Esa noche, al volver, Claudia se fue a la zona roja y se quedó hablando con muchas. Las convocó a otra reunión.

—Esa vez llegaron 100 travestis juntas. ¡A las 4 de la tarde! ¡Algo que no había visto nunca! —se ríe.

Con esa base armó Otrans La Plata, que luego se expandió a Otrans Argentina.

—Construimos en la ciudad una organización territorial con identidad propia, liderada por travestis y trans.

En 2015 Otrans fue la punta de lanza para la Convocatoria Federal Travesti y Trans, con presencia en 18 provincias. Y además lleva adelante una iniciativa de comunicación sin fronteras: Sudaka TLGBI+, una agencia digital de noticias integrada por personas travestis y trans que busca disputar la hegemonía de las voces.

—Todo desde La Plata —resalta Claudia, y dice que un día se hartó—: Las travas nos cansamos. No queremos que nos convoquen a una marcha cuando ya está todo plantado. Las travas no somos un adorno. Entonces armamos acá nuestra propia marcha. Es curioso porque Otrans es el resultado de la violencia sistemática de la policía y el poder judicial que criminaliza a las compañeras travestis y trans. Porque donde hay mayor violencia está la otra cara: la resistencia. La Plata es la ciudad de las travas, travestis y trans. Pero los aportes de las migrantes aquí también son claves. Las migrantes han puesto el cuerpo. La mayoría de las trans que estaban en la cárcel eran migrantes. Y ellas son las que murieron en el macrismo. Hicimos un informe que dice que el 90 por ciento de travestis y trans privadas de su libertad en provincia de Buenos Aires son migrantes. ¿Por qué? Porque sabemos que la justicia es patriarcal, racista y xenofóbica. Y no nos olvidemos de que acá está el cordón frutihortícola más grande del país, compuesto por personas bolivianas.

Claudia tiene plena conciencia de que se organizaron en una ciudad emblemática para estos reclamos y por sus luchas estudiantiles y obreras, de Madres y Abuelas de Plaza de Mayo.

La otra trinchera fue y sigue siendo el espacio público al aire libre: las calles y las plazas, que adora. Y todos los domingos juega al voley con sus amigas travas en los bosques platenses.

—Nada más revolucionario: es una de las prácticas políticas comunicacionales que desplegamos.

Otro de los lugares donde se siente en su hábitat es cuando marcha por las diagonales para reclamar. O, cada tanto, para celebrar.

—No hay mejor cosa que marchar por diagonal 74, que va de Plaza Italia a Plaza Moreno. Hay que pasar, eh… delante de esos bares llenos de pakis (heterosexuales) en nuestro recorrido de la Marcha del Orgullo.

Desde aquel vuelo que la trajo de Lima, Claudia tomó muchos aviones como activista trans de La Plata, de Argentina y de América Latina. En 2017 fue elegida para viajar a Ginebra con una misión histórica en la ONU: en nombre de 22 organizaciones de mujeres de la sociedad civil, entregó a la CEDAW (Committee on the Elimination of Discrimination Against Women, comité para la eliminación de la violencia contra las mujeres) un informe-denuncia acerca de la situación de los derechos humanos de travestis y trans en nuestro país.

“Estos caminos son el legado de Lohana y Diana”

Claudia Vásquez Haro, presidenta de OTRANS Argentina, llevó a la ONU una misión histórica: en nombre de 22 organizaciones, entregó…

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Profesora de la Facultad donde se recibió, Claudia se ha convertido en una suerte de activista-embajadora de la interseccionalidad de sus identidades: travesti y migrante. En la primera quincena de diciembre defendió su tesis para convertirse en doctora en Comunicación, con una investigación que se centra en ese núcleo duro: “Identidades golondrina desde una epistemología del despojo”. Es un estudio de caso sobre las prácticas político-comunicacionales de las feminidades travestis y trans migrantes peruanas en La Plata.

Claudia no sólo se convierte en la primera femineidad travesti/trans en doctorarse en la universidad pública sino que lo hace con una tesos que aporta a la producción de conocimiento académica travesti/trans, dudando teoría desde los marcos de epistemología en relación al despojo y hace un cruce interseccional de género, raza y migración. Fue dirigida por Florencia Saintout y Adriana Archenti (UNLP) y Verónica González.(UNC) y el jurado (Facundo Ábalo, Silvia Delfino y Juliana Marinez ) la evaluó como sobresaliente.

La pandemia llegó cuando Claudia desplegaba nuevos proyectos en Radio Provincia AM 1270. Los lunes de 21 a 22 hace Sudaka, un programa transfeminista interseccional con perspectiva en derechos humanos, con la agencia de noticias que impulsa (y cumplió un año). Martes y viernes es columnista de cultura en Tarea fina, un magazine de la tarde por la misma emisora.

Desde que empezó el confinamiento, anduvo de acá para allá, pidiendo en las redes sociales desde alimentos hasta máquinas de coser para que sus compañeras trans, algunas privadas de libertad, pudieran hacer barbijos. Las condiciones de vida de estas personas, cuya expectativa de vida en América Latina es de 35 años, ya eran precarias y se agravaron con la pandemia.

Se estima hay unas 300 travestis y trans en La Plata, Berisso y Ensenada, y la mayoría sobrevive en base a la prostitución. Si no salen a la calle, no comen. A cualquier hora salían con Otrans a entregar alimentos o resolver detenciones arbitrarias, porque en teoría travestis y trans rompían el aislamiento cuando en realidad buscaban sobrevivir. En paralelo y junto a organizaciones de todo el país, Claudia siguió militando lo único que puede cambiar las cosas a largo plazo: la inclusión laboral travesti trans.

—Teniendo trabajo se puede hacer una cuarentena en casa. Sin trabajo no podemos proyectar una vida en igualdad de condiciones.

Claudia vive sola, “ahí donde termina Barrio Norte y empieza La Loma”, y su casa se fue convirtiendo en centro de acopio de alimentos y ropa. Un centro bautizado Pamela Macedo Panduro:

—En memoria de una compañera travesti trans migrante que murió privada de su libertad el 1 de enero de 2017, en la unidad penal de Florencio Varela —explica.

Un día Claudia tuvo que frenar. Pasó una semana volando de fiebre. El termómetro oscilaba entre 40 y 41 grados: tenía covid. Transpiraba tanto que sentía los labios completamente secos y sentía que se le iban a romper los ojos. La pasó muy mal. Sus hermanas enfermeras -Laly, la mayor, y Jessica, la menor- la siguieron de cerca por teléfono y su novio la cuidó.

—Haberme contagiado me hizo repensar muchas cosas. Entre ellas, resignificar y poner en valor los lazos de solidaridad. Quienes tuvimos este virus atravesamos momentos de absoluta soledad. Para mí, fue saber que esos lazos estaban más fuertes que nunca. Mi familia de sangre ha sido siempre clave para afrontar la vida y los problemas, y también mi familia trava. Nosotras ya hemos experimentado lo que significa estar confinadas. Y hemos resistido momentos muy difíciles a través de mecanismos que nos han enseñado a organizarnos y nos han dejado una experiencia vital.https://youtube.com/watch?v=qmK_A4RukRA%3Ffeature%3Doembed

Ya hace tiempo que Claudia no se sube a un avión. Pero una de las últimas veces tuvo una especie de revelación. En una escala, volviendo a Argentina, deseó profundamente estar en su casa. En La Plata.

Nací en Perú pero soy platense por adopción. Acá transcurren todos los días de mi vida, en la diversidad de pueblos y culturas que nutren a esta ciudad pluricultural. Así como elegí mi nombre, elegí dónde vivir y dónde proyectar mi vida. Soy travesti, migrante y platense.

*Acá Está La Plata/0221, donde se publicó originalmente este perfil, es un proyecto que despliega diez historias platenses. Editado por Abel Escudero Zadrayec retrata desde la mirada de diez escritorxs a diez personajes de La Plata. La historia de Claudia es una entre estas que viven la ciudad, la atraviesan y la encarnan en sus vidas.

Fuente: Agencia Presentes, Diario El Diverso.

#Argentina| Mara Gómez hace historia en Argentina: “A mí el fútbol me salvó la vida”

El 7 de diciembre de 2020 fue, quizás, el día más importante en la vida de Mara Gómez. Hizo lo que sabe y lo que disfruta, lo que hizo tantas otras veces antes de esa mañana: se puso la camiseta número 7 y tomó su lugar como delantera para jugar a la pelota. Pero éste fue un partido distinto a todos los demás, no solo en su vida sino en la historia del fútbol en la Argentina. Fue el día en el que Mara se convirtió en la primera mujer  trans en jugar en la primera categoría de fútbol profesional en Argentina.

Cuando se le pregunta a unx jugadorx de fútbol que llega a la máxima categoría si alguna vez se hubiera imaginado pisar una cancha como profesional, la respuesta es siempre que no, que es un sueño hecho realidad. Para Mara, imaginarse ese escenario era doblemente difícil: implicaba no sólo pensar en la posibilidad de ser profesional, sino la de jugar en la categoría correspondiente a su género autopercibido, y no al asignado al nacer.

Por eso, el resultado del partido, en el que su equipo Villa San Carlos de Berisso perdió 7-1 contra Lanús, fue anecdótico. “Fue muy lindo volver después de tantos meses de no pisar una cancha”, comentó Mara a Presentes. “Y también saber que estaba pasando algo histórico, algo que va a generar un antes y un después. Pero en el momento en el que estaba jugando, solo me enfoqué en jugar”.

El fútbol: primer refugio

Mara empezó a jugar a los 15 años cuando la invitó su vecina, Adriana, a jugar en las canchitas que había frente a su casa, donde se disputaba el torneo barrial. Para Mara, que sufría tanta discriminación que pensaba en matarse, ese gesto pequeño fue inmenso. “A mí el fútbol me salvó la vida”, contó Mara. “La pasaba mal por la discriminación que vivía día a día. Terminó siendo una terapia para mí, una contención psicológica”. Sin embargo, también sufrió discriminaciones en la cancha, principalmente porque los equipos rivales la consideraban una desventaja. Pero ella, en sus propias palabras, “jugaba mal. Hay que cambiar las perspectivas que tiene la gente sobre otrxs solo porque son trans”.

A pesar de ser la cancha un espacio de felicidad para Mara, la burocracia detrás de escena no fue fácil. Hasta cumplir los 18 años y, amparada por la Ley de Identidad de Género, hacer el cambio de género en el documento, no solo no pudo empezar el camino hacia jugar profesionalmente, sino que algunos equipos la excluían y la discriminaban por ser trans. Una vez respaldada por la ley, Mara pasó por varios equipos y ligas hasta que, luego de ser bicampeona con el club Las Malvinas en la Liga Amateur Platense, se unió a Villa San Carlos en primera.

Además de hacerse los estudios médicos de rutina que le corresponden a cualquier jugadora, Mara tuvo que dar cuenta de su nivel de testosterona el cual, según el COI, debe ser inferior a 10 nanogramos por mililitro en sangre para todos los deportes de alto rendimiento. Mara contó a Presentes que “con la AFA, tuvimos el mejor trato, cosa que no esperábamos. Tiene que ver con que hay una Ley de Identidad de Género que me avala y me protege, me ampara a nivel Estado. Gracias a esa ley, hoy puedo estar en la máxima categoría”, agregó.

Por su parte, Lorena Berdula, representante no hegemónica de Mara, señaló que deberá hacerse el test de testosterona en sangre cada vez que comience el campeonato. “Si bien es una mirada biologicista y una condición totalmente patriarcal, pensamos que de algún modo hay que comenzar a dialogar con estas instituciones que también son patriarcales”, explicó a Presentes. “La idea es que vayamos superando esto para dialogar con la Conmebol cuando le toque jugar y con la FIFA si es convocada para la selección, y así poder desbinarizar estos reglamentos no solamente deportivos sino institucionales”.

El camino hacia la igualdad

La inclusión de Mara en primera categoría se trata, sin dudas, de un momento bisagra en el deporte. A pesar de ser el fútbol el deporte más popular en la Argentina, su práctica profesional sigue siendo privilegio de los varones cisMientras que los jugadores de primera división en la categoría masculina ganan un sueldo promedio de $80.000, en la que algunos jugadores cobran más de $300.000, todas las jugadoras de fútbol profesionales en la Argentina tienen otros trabajos para mantenerse, ya que el sueldo promedio para ellas es de $20.250.

Así, mientras que los críticos de la inclusión de Mara al fútbol profesional femenino alegaban que su participación implicaría una desventaja injusta en la cancha por la fuerza asociada a la biología masculina, la lectura de Mara es diferente. “Yo estuve adentro de la cancha el otro día y nos ganaron igual”, dice. Continúa explicando que las normativas de aquellos torneos mixtos donde los hombres no pueden rematar al arco si hay una mujer atajando tienen que ver con que “el hombre estuvo más años jugando al fútbol. Es una forma de dar paridad”.

La inclusión en los deportes, por lo tanto, pareciera tener todo que ver con recursos invertidos y poco con hormonas. “Hay que desbinarizar los deportes para desbinarizar los diferentes ámbitos sociales”, dice Mara a Presentes. “Tenemos que romper con que los hombres tienen que jugar al fútbol, ellos pueden bailar ballet y las mujeres jugar al fútbol. El deporte no tiene ni género ni sexo. El deporte es un deporte. El fútbol es fútbol, y la gente que tiene pasión por eso tiene que tener el derecho de practicarlo libremente sin discriminación.”

Fuente: Agencia Presentes, Diario El Diverso.