#Hondura| Ser LGBTI en el Triángulo Norte de América Central es vivir en peligro

Los gobiernos del llamado Triángulo Norte de Centroamérica no han hecho los esfuerzos suficientes para garantizar la integridad y seguridad de las personas LGBTI en sus países. Por eso,  muches se ven obligades a escapar principalmente a Estados Unidos donde rechazan su solicitud de asilo, señala un informe realizado por la organización Human Rights Watch (HRW).

El informe “Vivo cada día con miedo’: Violencia y discriminación contra las personas LGBT en El Salvador, Guatemala y Honduras y obstáculos al asilo en Estados Unidos” recoge los testimonios de 116 personas de los tres países.

El Estado y las pandillas: principales amenazas

Según el estudio de HRW, los principales actores que atentan contra la comunidad son los cuerpos de seguridad del Estado, como policías, soldados, las pandillas, el crimen organizado y sus propias familias, sin que los estados garanticen su protección.

“Los gobiernos del Triángulo Norte no brindan una protección adecuada a las personas LGBT contra la violencia y la discriminación, y que estas deben sortear graves obstáculos si intentan obtener asilo en Estados Unidos”, señaló Human Rights Watch en un comunicado.

Los gobiernos de los tres países son conservadores, como el del hondureño Juan Orlando Hernández y el guatemalteco Alejandro Giammattei, o el estilo totalitario del salvadoreño Nayib Bukele, quién suprimió la dirección de la diversidad sexual en 2019 y adoptó otras medidas que contravienen los derechos de la población como la anulación de la única línea telefónica para recibir denuncias de discriminación y ataques.

Huyó de Honduras por ser LGBT y lo pagó con un año de cárcel en EEUU: la historia de César Mejía

El activista César Ramón Mejía tuvo que huir de Honduras en 2018 debido a la violencia. En vez de empleo y libertad recibió un año de cárcel en EEUU y la prohibición de regresar.

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Huyendo de la pobreza y los altos niveles de violencia, miles de centroamericanos salen de sus países en busca de mejores oportunidades. Desde 2018, hondureños, salvadoreños y guatemaltecos, formaron caravanas de migrantes que intentaron cruzar a Estados Unidos, muchos perdieron la vida y fueron deportados hacia sus países.

Trump y el rechazo de Estados Unidos

El éxodo desató el enojo del presidente Donald Trump, quien reforzó las medidas de seguridad en las fronteras y coordinó estrategias de contención de los países de origen para frenar el flujo de personas.

El presidente estadounidense Donald Trump también anunció el 20 de abril, en el marco de la crisis por coronavirus, que su país estableció la suspensión temporal de peticiones de asilo humanitario, afectando a la población de la diversidad sexual.

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Para las organizaciones defensoras de los derechos LGBTI, esta política pone en riesgo de muerte a las personas migrantes que huyen de sus países de origen para salvar su vida.

“Para algunas personas LGBT de la región, pedir asilo en Estados Unidos es la única esperanza de seguridad. Pero el gobierno de Trump lo impide de todas las maneras posibles”, expresó Neela Goshal investigadora sénior sobre derechos de las personas LGBT de HRW.

Sin condena para los crímenes de odio

Human Rights Watch destaca que tanto Honduras como El Salvador han aprobado leyes sobre delitos de odio en los últimos 10 años, pero ninguno de estos países ha impuesto condenas por esos delitos.

En julio, en un fallo inédito, tres policías fueron condenados a 20 años de prisión, luego que un juez los encontrara culpables de asesinar con brutalidad a la mujer trans, Camila Díaz, sin embargo, el agravante de crimen de odio no fue incluido.

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Camila Díaz, que era perseguida por la pandilla Barrio 18, viajó a Estados Unidos y solicitó asilo, pero le fue denegado por las autoridades. 

Bianka Rodríguez, directora de Comunicando y Capacitando a Mujeres Trans (COMCAVIS TRANS), dijo a Presentes que en Centroamérica no existen las condiciones necesarias para que la población LGBTI pueda desarrollarse plenamente, debido a políticas de exclusión y discriminación, muchas veces impulsadas desde el Estado.

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“Vivimos en países cimentados por sistemas o patrones heteropatriarcales y a esto se le suma a la crisis económica, política y de poca transparencia, que también contribuyen a que no se obtengan esos medios necesarios para asegurar el sostenimiento de la vida de las personas LGBTI y de sus familias”, dijo a Rodríguez a Presentes.

Según COMCAVIS registra desde 2015 hasta la fecha, unas 450 personas de la población LGBTI han salido del país, en busca de protección internacional, mientras que de enero a junio de 2020, unas 110 personas se debieron desplazar, en el contexto de la pandemia, por razones de violencia, persecución y amenazas en El Salvador.

Fuente: Agencia Presentes, Diario El Diverso.

#Honduras| Huyó de Honduras por ser LGBT y lo pagó con un año de cárcel en EEUU: la historia de César Mejía

El activista César Ramón Mejía tuvo que huir de Hondura en 2018 debido a la violencia, el desempleo y la discriminación contra las personas LGBTI. Cuando llegó a la frontera con Estados Unidos, lo deportaron y lo condenaron a no regresar a tierra estadounidense en los próximos veinte años. Su delito fue salir forzosamente de su país debido a la violencia, el desempleo y la discriminación contra los grupos LGBTI a los que pertenece.

 “Ahora estoy en San Pedro Sula y posiblemente más tarde amanezca muerto. A muchos chicos y chicas los matan porque andan personas homofóbicas que dicen ‘un culero menos en la calle’”, dice César, de 26 años.

“Derrotado, sin dinero, sin haber logrado nada”. Así se siente César, luego de los dos intentos fallidos de migrar a Estados Unidos y en medio de la pandemia de coronavirus. Vive con la angustia de no saber de dónde le va a caer el siguiente plato de comida o la siguiente bala. Presentes conversó con él para contar su historia.

Del sueño americano a la cárcel   

A finales de 2018, César estaba en la frontera entre México y Estados Unidos cuando decidió entregarse a las autoridades para ver si conseguía asilo en EEUU. Había hecho el viaje de rigor de todo hondureño en busca del “sueño americano”, expresión que ha popularizado la prensa del país.

Se había unido meses antes a la primera caravana de migrantes que partió desde el norte de Honduras, atravesó Guatemala y llegó a México. La caravana estaba formada por un grupo variopinto de las clases sociales hondureñas menos favorecidas. Viajaban ancianos, niñes, mujeres y hombres cis, personas trans. Incluso niñes de pecho que sus madres llevaban cargados en sábanas amarradas a los hombros.

En México, César, apodado “El “auténtico”, se refugió junto con otros indocumentados de varias nacionalidades en una residencial del centro de la capital. Allí apareció en varios medios de comunicación, en defensa de los indocumentados. En YouTube puede verse al menos un corto documental en el que aparece en Ciudad de México, acompañado por un reportero del medio Vice.

Pedir asilo

El 23 de diciembre de 2018 decidió entregarse a las autoridades de Estados Unidos “porque pensaba que es un país de leyes y de cosas justas, no como el país de donde vengo”,  según contó a Presentes. Tenía esperanzas de conseguir asilo.

Los funcionarios estadounidenses comenzaron a interrogarlo ferozmente. Querían conocer su relación con los líderes de la caravana, aunque solo podían culparlo de haber apoyado a los demás migrantes ayudándoles a obtener alimentos y denunciando maltratos y discriminación.

Allí también lo culparon de trata de personas. “Yo no tenía nada que ver con los líderes de la caravana. Yo iba solo, pero en el camino uno toma como familia a la gente que va con uno. Los cipotes me miraban como alguien que ayudaba a resolver cosas. Nadie puede hablar mal de mí, a nadie prostituí ni mandé a prostituirse”, cuenta a Presentes.

Primer encierro

El 28 de diciembre de 2018, el Departamento de Migración le hizo una mala pasada y lo encerró en una cárcel de Arizona, en el suroeste de Estados Unidos. De ahí lo trasladó, el 15 de enero de 2019, a la correccional del condado de Tallahatchie, Mississippi, en el sur del país, donde pasó tras las rejas la mayor parte de ese año.

Enrejado en Tallahatchie, estuvo a punto de perder la razón por la angustia: “No sabía cuándo era de noche o de día. Perdí la noción del tiempo por el encierro”, relata.

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Recuerda el día en que le dieron un “alegrón de pobre”. “Me mandaron la confirmación del ‘parole’, de que podía llevar mi caso afuera. Sentí alegría, dije ‘aquí voy a empezar de cero’, a olvidar todo, a sacar adelante a mi mamá, a mi familia”.

Pero tres días después volvieron a engañarlo, según el relato de César. Su peregrinaje de cárcel en cárcel continuó cuando, veinte días después, de la correccional de Tallahatchie lo mandaron para Louisiana. “Aquí vas a ver un juez que va a decidir si te vas para tu país o te quedas aquí”, le dio la bienvenida un oficial estadounidense.

Tratos políticos y viajes de locos

 “El juez estadounidense le decía a todo hondureño que llegaba a la corte: ‘Tu país es seguro. Tenemos un convenio con él. Le dimos millones de dólares para que haya más desarrollo y puedas estar bien allá, así que te vas de vuelta’”, cuenta César. El juez ni volteó a ver su expediente.

Eso pasó en agosto de 2019. Lo que no sabía César es que le faltaban al menos cuatro meses de cárcel antes de que lo deportaran en noviembre de ese año. “En la cárcel tuve que pelear por la comida, aguantando que me preguntaran si no había una cárcel para maricas. Me sentí peor que nunca”.

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La depresión lo destrozó. Además de medicinas contra la taquicardia, tomó antidepresivos. “Varias veces me tocó ir a celda de castigo por defenderme”.

Después de meses, sus abogadas le dijeron que por un error técnico de la justicia podían lograr una apelación. Parecía una buena noticia. El problema era que tenía que quedarse en prisión otros seis meses.

“Al menos voy a ver de vuelta a mi mamá”

César firmó su autodeportación. “Mejor que me maten en Honduras, pero por lo menos voy a ver de vuelta a mi mamá”. Pero no solo lo deportaron.  También lo convirtieron en un paria. Le prohibieron acercarse a Estados Unidos durante los próximos veinte años. Las autoridades hondureñas lo ficharon como a un delincuente peligroso a quien le sale mil veces mejor quedarse calladito. Cualquier “brinco” contra las instituciones hondureñas puede traerle graves problemas. “¿Cómo mata el gobierno de Honduras”, se pregunta César. Y se contesta a sí mismo: “Institucionalmente”.

El 19 de noviembre de 2019, Migración puso en un avión a César y lo envió de vuelta a Honduras. Al menos esa fue la intención. Pero el vuelo iba a Jamaica.

En el avión que aterrizó en el aeropuerto de Kingston, capital jamaiquina, llevaban a César “encadenado de manos, cintura y pies, como si fuera el Chapo”, cuenta, refiriéndose al famoso narco mexicano Joaquín Guzmán. “Pueden dejarme acá. Por mí no hay problema”, les pidió a los oficiales de Migración cuando descubrieron el error que habían cometido.

Segundo intento en medio del coronavirus

Le dieron el trato de un diplomático de altura. Estados Unidos mandó a Kingston un avión cargado de hondureños para traer a César ese mismo día a San Pedro Sula. Fue el único que abordó el avión. Al menos se dio el lujo de pasar cuatro horas en Jamaica.

Sin trabajo, sin casa, sin un centavo en la bolsa, César llegó a su ciudad natal solo con la ropa que traía puesta. “Un montón de deportados se quedaron durmiendo en la terminal” sampedrana, esperando el amanecer para subirse a un bus con un boleto que les regalaron, relata César. De pura casualidad se topó en el centro de la ciudad con una amiga que le dio cien lempiras. “‘Tené para que vayas a ver a tu mamá’, me dijo. Entonces me fui adonde mi mami. Le caí de sorpresa”.

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Al cabo le dieron igual los veinte años de prohibición. Dos meses después de haber regresado, desesperado por la falta de trabajo, César se unió a una pequeña caravana que partió de San Pedro Sula en enero de 2020. Un mes antes, las noticias habían empezado a hablar de un nuevo virus aparecido en Wuhan, China.

La segunda aventura de César terminó en Tabasco, México, cuando la pandemia de coronavirus iba cerrándolo todo. Allá, César dio vuelta en redondo y regresó a Honduras.

“Quiero irme de aquí, pero Estados Unidos ya no es una opción. Si regreso, ya no son ocho meses o un año de cárcel. No sé qué hice mal. No tengo antecedentes penales. Solo me han quedado estos papeles para leerlos”, dice con la voz quebrada, señalando el hatajo de documentos que carga en su mochila y que respaldan su historia de encierro en la tierra del “sueño americano”.

Fuente: Agencia Presentes, Diario El Diverso.

#Honduras| A Grey, trans hondureña, la atacaron con un machete: su foto da la vuelta al mundo

Grey Anahí Ríos, una mujer trans de 34 años, estaba en un bar de su pueblo en San José de Comayagua, zona central de Honduras, cuando la atacaron a machetazos, el 6 de septiembre. La foto de Grey ensangrentada, sentada en una banca de madera tras el ataque de Jesús Tábora Muñoz, se viralizó en las redes sociales cuando el influencer hondureño Óscar Ramírez la compartió en Twitter, Facebook e Instagram con el mensaje “¡Los derechos trans también son derechos humanos!”. También lamentaba que las autoridades no auxiliaran a Grey después del ataque. 

Grey, quien se dedica a hacer trabajos domésticos en Comayagua, le contó a Presentes que ese día acababa de salir de una de las casas en las que labora y sintió sed. “Fui a buscar un refresco en un local donde también venden bebidas alcohólicas”, relató Grey. En el lugar, dijo, estaba Jesús Tábora Muñoz, hijo de la propietaria del bar. 

Según el relato de Grey, al verla dentro del negocio, Tábora le dijo: “Te voy a matar”. Grey no salió del bar, por lo cual el agresor procedió a cumplir su amenaza tomando un machete, –instrumento de labranza usado por los campesinos hondureños–, se acercó a Grey y le dio un machetazo en la muñeca izquierda, causándole una profunda herida que requirió la aplicación de diez puntos de sutura. 

“Salí sin decir nada para ver si alguien me ayudaba”, contó Grey en entrevista para Presentes. “Fui a sentarme en una banca de un punto de buses. La gente que estaba ahí me ayudó”.

Una de las personas que estaban en la estación de autobuses tomó la foto que se ha vuelto viral en las redes sociales. En la imagen se ve a Grey sentada mientras se aprieta la muñeca izquierda con la otra mano en un intento de detener el chorro de sangre que le cubre la ropa y las piernas y que ha manchado el suelo. “Unas mujeres me apretaron el brazo para parar la sangre”, relató Grey. Luego la llevaron a un centro médico cercano para atenderla.

Una vida de discriminación

El odio y la discriminación hacia Gray no terminaron con el ataque. Siguieron cuando radicó la denuncia en el juzgado de paz de San José de Comayagua, donde dice nadie le hizo caso. “Me sentí discriminada porque muchos de los que tomaron la denuncia no me tomaron en cuenta. Sentí que yo no era una persona, que no había derechos humanos para mí”, se lamenta. 

El 16 de septiembre, Grey y su abogada llegaron a los juzgados comayagüenses para tener una audiencia con el agresor Jesús Tábora. Ambas exigen una orden de alejamiento contra al atacante, así como el pago de los costos médicos derivados de la herida. “También pedimos que no siga el hostigamiento físico y psicológico que él ha tenido contra mí”, dijo Grey.

Además de la angustia y el dolor físico, Grey tiene que enfrentarse al desempleo, ya que la convalecencia por la herida le impide trabajar. “Tengo derecho a un empleo y no sé si después de esto estaré incapacitada durante varios meses”, dijo Grey. 

No es la primera vez que sufre el desprecio de la pequeña comunidad rural en la que vive. Inició su transición a los 11 años y casi toda su vida, dice, ha sufrido humillaciones y abusos. “Pero soy lo que soy y me siento orgullosa de ser quien soy”, agrega. 

El ataque contra Grey es uno entre muchos en Honduras. En 2020, el Observatorio de Muertes Violentas de LGTBI de Cattrachas, registra 16 muertes violentas de personas de la diversidad sexual. Siete de estas han sido transexuales. 

Las redes con Grey 

Desde que la foto de Grey desangrándose se hizo viral en redes sociales, muchas personas comenzaron a hacer una campaña de GoFundMe para ayudarla. Su historia se hizo viral en Escándala de México y Estados Unidos. La modelo mexicana Victoria Volkova se manifestó sobre el caso de Grey luego de que el ilustrador y activista LGBTI Óscar Ramírez, conmovido por la fotografía, hiciera un dibujo en el que aparece Grey herida. También se le unió otra artista visual, Karla Funes. 

Ilustración: @Kart.hn (Karla Funes)

“Me tomé esto muy personal y quise darle más visibilidad porque realmente es triste mirar estas situaciones”, dijo Ramírez para Presentes. “Escribí en español y en inglés porque muchas veces no nos escuchan los medios y periodistas locales”. 

Ilustración: Oscar Ramírez

Erick Montalván, activista y artista de Safe Space y uno de los promotores para la recaudación de fondos, expresó que es muy complicado lo que les pasa a las personas LGBTI en el interior de Honduras, “para mí, este caso es muy fuerte, su imagen me conmovió y decidimos unirnos varias organizaciones como Honduras Diversa, Iguales, The Color Project y AFET para ofrecerle ayuda a Grey”. Dicen que no de los próximos pasos que darán es ofrecerle ayuda económica inmediata para que su vida no vuelva a correr peligro. 

Fuente: Agencia Presentes, Diario El Diverso.

#Honduras| El documental que cuenta cómo es ser una persona LGBTI+ en Honduras

El tímido rostro de Sasha Rodríguez emerge en la pantalla para contar que todos los días agradece amanecer con vida en la costeña ciudad de La Ceiba, unos 394 kilómetros al noreste de la capital de Honduras, uno de los países con los índices de violencia más altos en el mundo. Su testimonio forma parte “Qué es ser LGBTI en Honduras”, documental de la periodista y cineasta Dunia Orellana, presentado recientemente por la organización no gubernamental Medicusmundi Bizkaia del País Vasco. El trabajo que puede verse online documenta algunas de las agresiones, ataques y otras violencias que sufre la población LGBTI en la nación centroamericana. 

“No tengo miedo, yo creo que todas esas cosas me han hecho fuerte. Cuando alguien te quiere hacer algo, va y te lo hace. Te mandan a decir cosas con notas falsas, pero hemos aprendido en este país que cuando te quieren matar, van y te matan”, dice Sasha ante la cámara. En el audiovisual, los testimonios de Carlos Cálix, Gaspar Sánchez y Ángeles Maradiaga -integrantes de colectivos gays, transexuales y lésbicos en La Esperanza, La Ceiba, San Pedro Sula, Choloma y Tegucigalpa- cuentan vivencias de la discriminación y las violencias en el área laboral, social, educativa y de salud. “Es un país donde los derechos humanos de las personas en general, y en especial los de la diversidad sexual, son prácticamente nulos. Hay una fuerte mayoría de la población que prefiere mejor ignorarlo y callarlo”, dijo a Presentes Dunia Orellana, directora del documental. 

Gaspar Sánchez

El documental se grabó en 2019, en un trabajo de tres meses, con filmaciones en la costa norte y el centro de Honduras, con la participación de expertos en salud, justicia y derechos humanos. Sus testimonios dan cuenta de la “desigualdad, la pobreza y discriminación de las que son víctimas los grupos de la diversidad sexual en Honduras”, expresó Medicusmundi Bizkaia en un comunicado.

La lucha por la ley de identidad de género

Una de las historias que aborda el documental es la de Carlos Cálix, activista y varón trans. Carlos vive con su familia, integrada por su pareja y su bebé, en la ciudad industrial de San Pedro Sula. “Ahora mi lucha no es solamente por la comunidad trans o comunidad lésbico-gay. Ahora tengo que empezar un trabajo por las familias diversas que es un tema que ya entra en mí y luchar por la ley de identidad de género, porque yo no puedo darle mi apellido a la bebé”, dice Carlos mientras muestra un vestido color rosa de su hija.

Carlos Cálix

Honduras no cuenta con una ley de identidad de género que permita el cambio registral en los documentos oficiales, ni con mecanismos que brinden seguridad social y jurídica a las personas trans. 

“Quiero que cambie la vida de las personas, en especial de las y los protagonistas. Fueron muy valientes al contar su vida y exponerla públicamente, porque muchos de ellos nunca habían salido frente a una cámara”- dijo la directora-. “La población LGBTI es una las tantas poblaciones de este país a la que siguen violándose sus derechos humanos”. 

Honduras, Guatemala y El Salvador conforman la región conocida como el Triángulo Norte de Centroamérica. En estos tres países asesinaron al menos a 67 personas LGBTI+ en 2019. De estos crímenes, 34 fueron cometidos en Honduras.

De acuerdo al Observatorio de Muertes Violentas de la Comunidad LGBTI en Honduras, de la Red Lésbica Cattrachas, en los últimos diez años se cometieron 317 crímenes por odio en Honduras. De todos ellos, el 92 por ciento quedaron en la impunidad: 100 de las víctimas eran personas trans, 180 hombres gay y 37 lesbianas que no obtuvieron justicia.

Fuente: Presentes, Diario El Diverso.

#Honduras| Preocupa la situación de personas LGBT+

Lo que viven las personas LGBT+ en Honduras se ha vuelto cada vez más alarmante, y la ola de violencia no ha parado de crecer.

Desde 2009 hasta este año, se ha reportado que al menos 325 personas LGBT+ han sido asesinadas en Honduras. Pero aunque incluso ya la Oficina del Alto Comisionado para los Derechos Humanos de las Naciones Unidas en Honduras (OACNUDH) ha condenado la violencia hacia personas LGBT+, los crímenes de odio siguen en aumento.

Además de la OACNUDH, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) manifestó su preocupación al respecto. Lsugirió lo siguiente al respecto:

«Urge a las autoridades investigar, juzgar y sancionar a los responsables de estos actos de violencia. y tomar en cuenta la posibilidad de que hayan sido motivados por prejuicios basados en la orientación sexual, expresión/identidad de género o características sexuales».

En 2018, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) también expresó su preocupación sobre la situación de las personas LGBT+ en Honduras y todo el Triángulo del Norte de Centroamérica. Se le conoce así a la región integrada por El Salvador, Honduras y Guatemala. Los tres países son considerados de alto riesgo para las personas LGBT+.

Crímenes de odio en 2019

En lo que va del año, se han reportado por lo menos 21 asesinatos de personas LGBT+ en Honduras. La mayoría de estos crímenes son realizados en las calles, pero otros lo han sido en la vivienda de las víctimas e incluso en los lugares de trabajo. Las muestras de violencia características de estos crímenes son estrangulamiento, encostalamiento, degollamiento, apuñalamiento y hasta calcinación.

Los tipos de violencia más frecuentes en Honduras

Pero los asesinatos no son el único ejemplo de violencia que vive la comunidad LGBT+ en Honduras. Entre las violaciones más frecuentes a los derechos humanos, el Comisionado Nacional de los Derechos Humanos en Honduras (CONADEH) reporta:

  • violación del derecho a la vida.
  • discriminación en el seno familiar, el campo laboral, el sector salud, la educación, los servicios públicos, la política, la educación y otras esferas sociales
  • violaciones sexuales
  • detenciones ilegales
  • hostigamiento
  • robo
  • amenazas de muerte.

Ante esta situación, el sistema de las Naciones Unidas ha externado su apoyo a Honduras para crear medidas de protección a la comunidad LGBT+. Sin embargo, la postura de dicho gobierno sigue siendo violenta y represora con esta población. Prueba de ello es que el matrimonio igualitario ha estado prohibido en el país desde 2005.

Esperamos que pronto la administración en Honduras haga caso a las sugerencias de todos los organismos internacionales y garanticen los derechos humanos.

¿Tú qué opinas al respecto?

Fuente: Soy Homosensual, Diario El Diverso

#Honduras| Arrebatan vida a joven LGBT de 21 años a pedradas

El fin de semana arrebataron la vida a un joven a pedradas en su propia comunidad. Un hecho de odio más que se registra en el Mes del Orgullo LGBT+.

La violencia contra miembros de la comunidad LGBT+ sigue imparable. El pasado sábado 8 de junio, Jhony Alexander Gutiérrez Sabillón, de 21 años, salió de su casa (ubicada en Choloma, Honduras) con algunos amigos, sin mencionar el lugar a donde se dirigían. Sin embargo, no regresó a su hogar, por lo que sus familiares empezaron a buscarlo.

Desafortunadamente, vecinos notificaron a la familia que habían encontrado el cuerpo de Jhony en una zanja. Aparentemente, sujetos habrían apedreado al joven gay, pues presentaba heridas en el cuerpo. Autoridades policiales llegaron al lugar de los hechos y cercaron la zona. Medicina Forense de Honduras llegó para hacer el levantamiento del cuerpo y trasladarlo al servicio forense.

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Según las primeras investigaciones, luego de de que arrebataron la vida al joven, los sujetos arrastraron el cuerpo aproximadamente diez metros y lo arrojaron a una cuneta (zanja localizada a los costados de la carretera), y finalmente huyeron. De acuerdo con los familiares, Jhony pertenecía a la banda de guerra de su escuela y era abiertamente gay. Por lo que todo podría apuntar a un crimen de odio.

Se cree que el asesinato pudo ser por homofobia. / Foto: La Prensa

El hecho se suma a una larga lista de agresiones que se han registrado en los primeros once días de junio, el Mes del Orgullo LGBT+. Estas van desde agresiones físicas, secuestros hasta vidas terminadas.

Fuente: Soy Homosensual, Diario El Diverso