#Mundo|CANSADAS DE SER LA «MADRE FEMENINA Y LA MADRE MASCULINA»

Señores del mundo, tal como dijo la gran Ellen DeGeneres cansada de que le preguntaran quién era el hombre en una relación de lesbianas: «Eso es tan ridículo como preguntar quién es el tenedor a dos palillos chinos».

Mi esposa es una mujer muy masculina. Desde que nació, prácticamente. Siempre le gustaron las cosas que se consideran «de chicos». No le ponían un vestido ni pagándole unas pesetas. Tampoco quería dejarse el pelo crecer. Desde los 6 años que lo llevaba muy corto.

Yo soy el otro extremo. De muñecas y unicornios desde la infancia, de vestidos lo más rosas y pomposos posibles, todo rollo princesa.

Mi esposa y yo somos mamás, tenemos un chico y una chica, a los que criamos sin roles de género. Ambos juegan con lo que les apetece, bebés, pelotas, muñecas, pinturas, pelotas, etcétera. Jamás han escuchado en nuestras casas algo como: «esto es de chicas o es de chicos».

Lo que no pensábamos que nos pasaría es que a día de hoy, en nuestra vida adulta, siendo dos mujeres casadas y teniendo dos hijos, seguiríamos siendo esclavas de lo roles de género.

Por una amiga del cole supe que algunos padres del curso de mi niña se referían a nosotras como la madre madre y la madre masculina, refiriéndose a mi esposa.

Todos dan por hecho que yo me he embarazado de nuestros dos hijos y nada más lejos de la realidad. Es justamente ella la que se ha embarazado. Pero no sabéis la cantidad de veces que he tenido que escuchar «¿Pero tú eres la mamá-mamá?» Como si parir hiciera a una de las dos mujeres más madre que la otra. Cuando contesto que ha sido mi esposa he recibido miradas de sorpresa, como si por ser masculina no tuvieras útero.

Al ser mi mujer más masculina, algunas personas han asumido que soy yo la persona que hace las labores de casa y ella el «padre» que se escaquea más y que pone disciplina en casa. ¡Qué absurdo!

En nuestra pareja, y en la mayoría de parejas de mujeres que conozco, las labores de la casa están muy bien repartidas. Lo mismo la crianza. No hay una madre buena y la otra mala, no hay una que esté más involucrada en la crianza. No hay roles, hay dos madres. Aunque mi mujer lleve el pelo corto y yo largo. Eso no la hace el hombre ni a mi la mujer.

La sociedad necesita educación en diversidad de manera urgente, pero incluso nosotras mismas como colectivo lésbico. Una vez escuché de una mujer lesbiana, ex amiga mía, cuando empecé la relación con la que es mi esposa. «Pero estar con una chica así es como estar con un hombre, ¿no?».

Fuentes: Revista Oveja Rosa , Diario El Diverso.

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