#Mundo|Por qué la lectura queer de ‘Luca’ es válida, y no tiene nada que ver con el sexo

Ya antes de que se estrenara ‘Luca‘, muchos estaban dispuestos a acogerla como la ‘Frozen‘ de los hombres gais. De lo nuevo de Pixar se esperaba que fuera un relato supuestamente cargado de subtexto dirigido al público LGTBQ+, lo suficientemente velado para no levantar demasiadas “escamas” pero inevitablemente evidente para quien quisiera verlo. Lo que ha resultado ser este título disponible en Disney+ es un obvio relato sobre ser diferente: cualquiera que haya sido señalado como “lo otro” y haya sido marginado y oprimido por ello puede sentirse representado.

Así lo ha dicho el propio director Enrico Casarosa en un tuit recienteEscribiendo la película pensábamos que «ser un monstruo marino» podía representar todas las formas en las que cada uno de nosotros puede sentirse diferente… estaba diseñado de una forma abierta para el espectador. [Para resonar con] cualquier forma en la que uno puede sentirse «inferior». Si alguna vez te has sentido un «outsider» y ‘Luca’ te ha tocado una fibra sensible, ¡tu lectura es válida! ¡La apoyo!”.

Tanto Casarosa como los dos guionistas, Jesse Andrews y Mike Jones, parecen ser hombres cisheterosexuales según la poca información personal que hay de ellos en Internet (hablan de sus esposas e hijos en las redes sociales, no mencionan sus orientaciones sexuales en entrevistas sobre la película). Andrews ya había firmado una novela y su posterior adaptación cinematográfica, ‘Yo, él y Raquel‘, protagonizadas por adolescentes inadaptados. No podemos suponer una intención claramente LGTBQ+ en la obra, que se puede leer como el relato de cualquier persona diferente y oprimida por la sociedad: Luca podría ser homosexual, pero también podría ser un inmigrante, o una persona pobre. Qué demonios, podría ser las tres cosas a la vez, que no es precisamente excluyente.

Y sin embargo, las redes sociales se han llenado de personas del colectivo LGTBQ+ hablando de cuánto les ha emocionado ‘Luca’ y cómo han conectado con el relato de este monstruo marino que se fuga al mundo de los humanos y tiene que esconder su naturaleza para ser aceptado y sobrevivir. Ante esta lectura han surgido varias críticas. Una de ellas desde dentro del colectivo: si aceptamos ‘Luca’ como un caso de representación y visibilización a pesar de su ambigüedad y su ambivalencia, estaremos conformándonos con migajas. Aún no existe la película familiar de Disney, hecha para el gran público, que se haya atrevido a dar visibilidad explícita y de peso a personajes LGTBQ+. ‘Luca’, desde luego, no lo es.

Otras dos críticas, a cada cual más delirante, se lanzan contra los que señalan el subtexto de la película y aplican una lectura gay. Unos se echan las manos a la cabeza porque el espectador está supuestamente “sexualizando a dos niños”, los protagonistas de la película, y viendo una relación romántica que no existe. Los otros invalidan cualquier lectura LGTBQ+ con el argumento de que ‘Luca’ habla simplemente del hecho de ser diferente, en general y en abstracto. Es difícil entender la fuerza con la que se lanzan estos últimos a negar a los demás su propia experiencia, olvidando que las lecturas personales de las obras de arte son eso, personales, y, como una tarjeta de crédito, intransferibles.

Lo cierto es que, a pesar de la ambigüedad, y aunque no podemos suponer una intencionalidad en los autores que ellos mismos han negado, ‘Luca’ retrata a la perfección, y de una forma muy concreta y detallada, la experiencia queer. Su subtexto se ajusta más a esta experiencia que a la de un inmigrante o una persona de clase baja por un elemento concreto: Luca y Alberto pueden esconder su esencia, su naturaleza, y deben hacerlo para sobrevivir. Como la pluma, o la identidad trans cuando una persona no ha transicionado, o tantas otras características que se aplican a personas no conformes con su género. Un inmigrante, sobre todo uno de etnia no caucásica, difícilmente puede esconder que lo es. Y aun así, jamás le diré a nadie que no puede sentir ‘Luca’, o cualquier otra película, como un reflejo de su experiencia. Citando a Raphael: “qué sabe nadie”.

Un breve apunte sobre qué entiendo como “lo queer”. Por una parte, en los últimos años el término se usa cada vez más para describir todo el espectro de las políticas e identidades de género y sexuales que se quedan fuera de lo normativo. Personalmente, y a pesar de lo que el mal llamado feminismo radical transexcluyente ha defendido durante los últimos años, veo el movimiento queer como un fenómeno inclusivo que pretende abrazar y acoger a todo aquel que no se sienta cómodo en lo establecido, y eso también puede incluir a personas cis heterosexuales que se han visto excluidos o maltratados por ser leídos como diferentes. He conocido a mujeres y hombres cis heterosexuales que se entienden a la perfección con el colectivo LGTBQ+, a veces sintiéndose más cómodos en su compañía que con sus semejantes.

Pertenecer o sentirse cercano a la experiencia queer, cabe recordar, no está exclusivamente relacionado con las prácticas y preferencias sexuales. Por eso cada año hay que insistir en que el eslogan “Love is Love” es incompleto e inadecuado para hablar del Orgullo LGTBQ+. Y en ese sentido, defender que ‘Luca’ tiene una lectura queer válida y legítima no tiene nada que ver con una supuesta “sexualización” de la infancia. En todo caso, esa “sexualización” no está fuera de lo normal: los niños empiezan a desarrollar funciones y sentimientos emocionales y físicos hacia otras personas desde muy pequeños. No es raro que se les pregunte si tienen “novio” o “novia” incluso desde la guardería, y tradicionalmente se ha aceptado esto aunque sea como un juego de niños. El problema que tienen los que hablan de “sexualizar” a los niños, aunque no lo expresen abiertamente, es que estamos estableciendo la posibilidad de que los niños puedan ser homosexuales, en contraposición a lo que se ha establecido como la norma, la heterosexualidad. Es pura y simple homofobia, sin más.

Todos los detalles de ‘Luca’ que apoyan una lectura queer

Explicado todo esto, he aquí un repaso pormenorizado a muchos de los detalles de ‘Luca’ que una persona queer puede reconocer como propios de su infancia y adolescencia. Insisto: esta no es la única lectura válida y legítima de la película, y aceptarla como posible no invalida otras, ya sea la de una persona inmigrante, racializada o simplemente la de un hombre cisheterosexual con mucho mundo interior al que hicieron bullying en el instituto. Es simplemente que todos estos elementos de la historia resuenan en las mentes de la mayoría de las personas LGTBIQ+.

Para empezar, los padres de Luca son un matrimonio bienintencionado que solo pretende proteger a su hijo del mundo exterior. Ellos saben que Luca tiene el impulso de salir a la superficie y quieren reprimirlo por todos los medios, pero no porque no lo acepten tal y como es: le quieren por encima de todo, y precisamente por eso quieren evitarle todo dolor. Es el caso de muchos padres que tienen hijos LGTBIQ+, se hayan declarado como tales o no. A menudo los padres identifican en sus hijos que son diferentes y se vuelven sobreprotectores. En contraste, muchos abuelos y abuelas actúan como válvulas de escape y dejan a sus nietos desarrollarse libremente. Esto también ocurre con la abuela de Luca, que entiende que el pequeño está yendo donde se le ha prohibido y aun así le excusa y le guarda el secreto.

Cuando Luca empieza a salir a la superficie junto a Alberto, primero se siente culpable y arrepentido“¿Es tu primera vez?”, le pregunta el nuevo amigo. “Claro que sí. Soy un buen chico”, responde él. Hasta entonces había seguido las normas impuestas por sus padres, pero ahora empieza a engañarles y explorar terreno vedado. Por las noches tiene pesadillas con ser descubierto: en el sueño, cuando su madre se entera de que está saliendo del agua, Luca se da cuenta de que tiene un pie humano y grita horrorizado. Su subconsciente le está haciéndose sentir como un monstruo ante sus padres.

La relación entre Luca y Alberto, más que romántica, muestra las características de esa gran amistad que vive un niño que se siente diferente y encuentra a alguien semejante. Está llena de admiración, veneración y pretende ser simbiótica (el momento en el que Luca se peina momentáneamente como su amigo). Esta experiencia tampoco es exclusivamente queer, pero para muchas personas LGTBIQ+ tiene un componente más complejo: muchos recordamos a nuestros mejores amigos de la infancia como una especie de primeros amores. Es un idilio inocente y a menudo platónico, no necesariamente sexual.

Es exactamente lo que viven estos dos niños, y se ve en detalles como los celos que siente Alberto cuando Luca se acerca más a Giulia, la niña que conocen en el pueblo. O en esa escena en la que ambos se despiertan como monstruos marinos después de una noche lluviosa y tienen que esconderse para que no les descubran (¿Cuántos niños queer no se habrán sentido así después de pasar una noche inocente durmiendo en la cama con su mejor amigo?). También está presente en uno de los momentos más desgarradores de la cinta, cuando Alberto se muestra como monstruo marino ante la niña, y tanto ella como Luca responden horrorizados. La expresión de dolor de Alberto ante la traición de su amigo, que no es capaz de revelar su verdadera naturaleza, recordará a más de una persona LGTBIQ+ alguna experiencia dolorosa parecida vivida en la adolescencia.

El detonante para que Luca se escape de casa y se vaya definitivamente al pueblo en la superficie es que sus padres pretenden enviarlo a las profundidades con su tío. Este es otro tópico de las historias queer: ya sean supuestas terapias correctoras o aislamientos en pueblos lejanos con familiares autoritarios, muchos niños del colectivo LGTBIQ+ han sido alejados de aquellos ambientes y compañías que les estaban haciendo desarrollarse en libertad y comodidad. Es exactamente lo que los padres de Luca pretenden al enviarlo, literalmente, a la oscuridad. Él, sin embargo, se fuga a un mundo lleno de colores.

Pero este mundo no es un paraíso perdido. De hecho Alberto y Luca ponen en peligro sus vidas, como los padres de este temían: en el pueblo tienen que ocultar sus verdaderos yos, no solo convirtiéndose en humanos sino también moviéndose y hablando de determinadas formas. Ese recurrente “¿A ti qué te pasa, stupido?” que Alberto coge prestado de unos pescadores y ambos repiten como saludo sin entender su significado se parece mucho a los distintos mecanismos y conductas que todos los niños queer adoptan para emular el comportamiento normativo. Básicamente están ocultando sus plumas, o en este caso escamas.

La relación de Giulia con ambos también tiene mucho de la tradicional mujer cis heterosexual que tiende a juntarse con los descastados. Ella entiende lo que es ser diferente, y así se lo dice a los protagonistas: “Los bichos raros debemos apoyarnos. Niños diferentes, que visten raro o sudan más de lo normal”. Desde el primer momento acepta a Luca y Alberto como un ente conjunto y no se interpone entre ellos. Cuando pasen los años, puede que Giulia se convierta en lo que en los círculos gays se conoce como una “mariliendre”, como lo era el personaje de Lydia West en la serie reciente ‘It’s a Sin‘: una aliada y una hermana porque se reconoce a sí misma en ellos.

Otra clave es el villano de la cinta, Ercole Visconti. Desde que ve a Luca y Alberto los percibe como extraños, y al ver que se unen a Giulia los trata como inferiores y enemigos. “Mi misión será destruirte”, le dice a Luca cuando ve que pretende participar en la carrera anual. Va a por ellos cuando los ve en una barca en el mar. Tiene ojeriza con ellos, y lo demuestra de nuevo en una agresión que él y sus dos compinches perpetran una noche. “¡Nadie os quiere aquí, idioti! ¡Seguid corriendo!”, les grita cuando Luca y Alberto salen huyendo para no recibir una paliza.

Ercole no sabe exactamente por qué Luca y Alberto son diferentes, aún no ha descubierto que son monstruos marinos, pero eso no le para a la hora de acosarlos. Esto va intrínseco a la experiencia queer desde muy tempranas edades: ya sea por la falta de masculinidad, las preferencias a la hora de jugar en el patio o la ropa que uno lleva, un niño no tiene que decir que es queer, y ni siquiera tiene que saberlo él mismo aún, para convertirse en objeto de burlas y maltratos.

Hay muchos detalles más. Por ejemplo, la personificación de la masculinidad que es el padre de Giulia primero resulta una amenaza para los niños y al final sirve para que los pescadores desistan de perseguirles cuando se ha descubierto su secreto. O que el padre de Alberto le abandonara y este se sienta responsable e inmerecedor de amor. O la voz que Alberto ha aprendido a acallar con el ya icónico mantra “¡Silenzio, Bruno!”, que no es otra cosa que la ansiedad con la que lidia a diario gran parte del colectivo. O cuando Luca no sabe darle una patada al balón cuando se lo piden los niños de la plaza. O el abrazo por la cintura de Luca a Alberto cuando van en moto, para muchos niños queer la única expresión romántica que han podido permitirse, al menos en sus cabezas, durante años. O el simple hecho de que la palabra “fish” (“pescado”) en inglés es sinónimo de feminidad y homosexualidad.

Por no hablar de esa pareja de señoras mayores que, al descubrirse que Luca y Alberto son monstruos marinos y no son perseguidos, deciden desvelar que ellas también lo son. Ellas ya son un icono lésbico, diga lo que diga Disney.

“Habrá personas que nunca lo aceptarán. Pero otras sí. Y parece que sabe encontrar a las buenas”, dice la abuela cuando Luca decide quedarse en la superficie. Una de las frases más emocionantes de la película, así como los momentos finales en los que Alberto corre tras el tren en el que Luca se dirige hacia su nueva vida. En ese tren Luca acaba aceptándose a sí mismo y dejándose ver tal y como es cuando la lluvia revela su apariencia de monstruo marino.

‘Luca’ es una película que habla de aceptarse a uno mismo y aceptar la diferencia en los demás. Resulta alarmante, frustrante y descorazonador ver que hay gente que, después de verla, sienta la necesidad de desacreditar las lecturas ajenas. Quizá la abuela tenga razón: hay personas que nunca lo aceptarán.

Fuentes: MSN , Diario El Diverso.

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