#Paraguay| Jóvenes no binaries en Paraguay resisten desde el arte a un país conservador

En la últimas semanas del 2020, el diario HOY publicó un artículo sobre Giovana Soria, cuyo video se había vuelto viral días atrás. En él, la reconocida tik toker salía del clóset no binarie con su familia y amigues. “¿Cómo es que algo que no lastima a nadie hace sentir tan mal?”, se preguntaba, “Me afecta demasiado cuando alguien me ofende y no entiende que ya pasé por esto en otros espacios. No da que le estén preguntando si quiero o no ser trans, hombre o mujer. Tengo que lidiar con la sociedad y además tengo que lidiar con ustedes”.  

Pero horas después, el portal -que forma parte de uno de los multimedios más grandes del país, propiedad del ex presidente y antiderechos Horacio Cartes- bajó la nota del periodista premiado Aizar Arar, y Paraguay se quedó sin la posibilidad de conocer la historia de Gio. 

Paraguay 2020: LGBT resistieron con autogestión la violencia estatal y discriminación

El año de la pandemia se caracterizó por una profundización en las crisis sociales y económicas que ya existían en la población LGBT.

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Para algunes hay violencias físicas, para otres, un borramiento de su existencia. Ambas aparecen en el cotidiano de las personas no binarias, que fueron suprimidas de los libros, la historia y el lenguaje. Hay un ejercicio consciente por parte de los dispositivos de disciplinamiento social.

Lo opuesto a la naturaleza no es la cultura, lo opuesto a lo individual no es lo colectivo, lo opuesto al hombre no es la mujer. Así lo expresó Chancleta Tatá que es artista visual paraguaye no-binarie y está radicade en Buenos Aires.

“El pensamiento binario nos lleva a estancar espacios de construcción colectiva, nos boicotea constantemente el encontrar intereses comunes que nos unan, que faciliten la coordinación de acciones. Ser no binarie para mí también tiene que ver con ser un puente entre las cosas, necesitamos unirnos. También tiene que ver con un posicionamiento político de no querer contribuir más con el régimen hetero cis patriarcal especista, de renunciar a privilegios que tuve como chica cis, porque pienso que se basan en la opresión de otros seres y me niego a seguir siendo parte de eso”, opina.

Primero el sonido, después el significado. 

En palabras de Élian, asumir su identidad fue “un parto largo”. Cuando tenía 20 años comenzó a interesarse en el debate del lenguaje inclusivo. Internet siempre fue un escape, así descubrió que existían otras personas que se nombraban distinto. Ella ya se sentía no binaria antes de saber que existía un término que lo definiera. “Uso cualquier pronombre. Aunque para otres entiendo que es una urgencia y un derecho usar el que le corresponde, para mí, todavía, es una suerte de juego”, reflexiona.

Después de una búsqueda de un año y medio, leyó experiencias de otras personas trans que buscaban un nombre y descubrió que es todo un ritual. Algunes se pasean entre las tumbas en los cementerios, otres buscan en el diccionario y eligen al azar. El primer nombre que eligió fue Orlando, por la obra de Virginia Woolf. Pero sentía que no encajaba. “Me empecé a desesperar, hasta que un día me topé con este y fue demasiado perfecto. Fue emocionante, sentí mucha euforia. Elegir tu nombre es como bautizarte”, dice.

“El nombre es para los otros”, escribió en su poemario Tajo/Refugio, de la editorial Aike Biene antes de nombrarse Élian. “Ese libro lo escribió alguien que está buscando su identidad. Habla mucho del tiempo. Es como que estuviera estancada en una conjugación permanente. Como si te hubieran escondido algo trascendental. El tajo es una herida que no cierra, una herida que tarda en anochecer. Una herida profunda como para acurrucarse, abrigarse en ella  como un refugio. Una herida que al cicatrizar es un hogar. Creo que hay una reconciliación con mi cuerpo y conmigo misma”, refiere. 

Ternura no-binarie 

James tiene 26 años y recuerda claramente cómo se sintió al ver un episodio de Sailor Moon en el que los personajes de Haruko y Michiru se miraban a los ojos sentades en la ventana. En la traducción de la serie ellas eran narradas como primas, pero en el transcurso del programa, actuaban los roles de una pareja. “Es evidente que, a través de la indumentaria, en mi cabeza se instaló que había diferentes clases de mujeres y que todes referían a Haruko como varón. Entonces, yo pensaba que podría parecerme más a las amigas de mi mamá que tenían el cabello corto y que eran más masculinas”. 

Desde noviembre viene trabajando en su proyecto Ternura no binarie, un foto-diario en la que plantea un espacio identitario propio. “La no-binariedad es un término paraguas. Yo siento que estoy oscilando hacia lo genderqueer, algo que quiere ser agénero. Pero plantear eso en una sociedad binaria es imposible. Intento hacer pedagogía en mis micro-ecosistemas sociales con las personas con las que me interesa tener un vínculo”, expresa. 

Elle cree que la gente está seteada para no sentir ternura. A James le gustaría que cuando alguien tuviera que nombrarle piense en momentos tiernos que tuvo en su vida. Muchas veces se pregunta: ¿será que puedo establecer eso en mi cotidiano o es carísimo? ¿cómo es la ternura en un momento en el que tocarnos no es una opción? “Las personas más dulces que conozco son no binares y trans, pasaron por lo más denso que te puedas imaginar. De todo eso podrido que existe en este plano real emergen estas identidades que están llenas de algo brillante y hermoso”, cuenta. 

Artistas y activistas cuentan cómo es ser no binarie en América Latina

Las personas no binarias existen. Son aquellas que no necesariamente se identifican con los géneros masculino o femenino. Pueden ser ambos, ninguno, destruir ese binario o construir algo nuevo.

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“La cultura hetero es vigilante y castigadora”

El peso de la discriminación social, laboral, sanitaria y legal a la que están expuestes les no-binaries recae sobre los dispositivos de disciplinamiento de las instituciones una y otra vez. Desde acoso callejero hasta la necesidad de encontrarse en un permanente ocultamiento de la identidad para acceder a un trabajo o para que les atienda un médique. 

“Para el sistema, directamente no existimos. O sos hombre o mujer o no te atienden, no te contratan. Y eso que sé que tengo ‘pasabilidad’, o sea, que entiendo que es un privilegio disfrazarme de mujer y que me crean. Sé que mi cuerpo es lo suficientemente hegemónico para jugar el juego, para generar deseo si necesito hacerlo. Porque gran parte de mi valor para la sociedad al ser mujer es cuánto deseo genero. Cuánto. Cuánto excito. Cuánto me quieren coger”, dice Chancleta.

Cuando busca trabajo, a menudo lee en los clasificados ofertas de trabajo de empresas privadas que buscan secretaria. Requisito: “sexo” femenino. Teñirse el pelo, cambiar la foto del currículum, escribir una F. Algo parecido le ocurre a Élian que siente que tiene que sobrevivir dentro del clóset para seguir trabajando.

La importancia del lenguaje inclusivo 

Geo S. piensa que siempre va a haber problemas con respecto a la percepción de les demás. Pero no por eso hay que desistir en los esfuerzos por corregir el discurso en la interacción. “Hay gente que parece que tiene vergüenza de usar el lenguaje inclusivo. Yo creo que esa gente no les pertenece esa disconformidad. Es un proceso constructivo, incluso con les amigues, que se hable de esto, que se interrumpa, que se corrija. Dejar de pasar de largo porque esto en el día a día es lo que nos imposibilita simplemente ser”.

La reconfiguración del lenguaje es un aspecto en el que todes están de acuerdo. James explica que no se trata de una mirada privilegiada, blanca y anglosajona. “Yo lo que propongo es coexistir con las personas cis que tienen consentimiento hacia la alienación. Yo no estoy acá para molestar a nadie pero si tengo que soportar el peso de la existencia que sea como quiero; por lo menos eso. En este 1,63 que soy tengo que mandar por lo menos ahí”, enfatiza. 

Fuente: Agencia Presentes, Diario El Diverso.

#Paraguay| Las familias diversas de Paraguay batallan su visibilidad y derechos

Ser madre o padre LGBT en Paraguay es navegar en soledad. Hay que acostumbrarse a figurar como madre o padre soltere en los documentos y ver cómo discriminan a sus hijes por venir de una familia homoparental. En el país no existe un reconocimiento legal de las familias LGBT. Para personas de la diversidad sexual y de género no hay políticas orientadas a la crianza de les hijes, ni leyes de matrimonio igualitario, ni derechos reproductivos, de adopción o responsabilidad parental. Paraguay es uno de los pocos países de Latinoamérica que todavía no cuenta con una ley contra toda forma de discriminación. 

La definición de familia que aprendemos en la escuela es la de papá y mamá cis-hetereosexuales, una descripción tradicional que no solo traza los límites de nuestra configuración social sino también de un conjunto de valores morales. Nos enseñaron que los divorcios rompen el hogar, que las adopciones traen problemas, que las infancias trans no existen y que las familias homoparentales son peligrosas para las crianzas. Pero ser familia no es sustantivo sino verbo, es una categoría laxa que está en constante transformación.

El Estado paraguayo tiene un modelo de familia nuclear único que reproduce roles tradicionales de género. Pero en nuestro país, las configuraciones familares son muy diversas y la complejidad de arreglos familiares cuestiona el modelo heterosexual. Históricamente, Paraguay cuenta con una larguísima generación de mujeres que migraron a España o Argentina para mantener a su familia, eso implica que cientxs de niñxs fueron (y todavía siguen siendo) criadxs por sus abuelxs. Así como mujeres bañadenses que trabajan fuera de sus barrios para cuidar a hijxs de otras familias. 

A nivel país, tres de cada diez mujeres es jefa de hogar y el 30% de los hogares, tanto en la zona rural como en la urbana, están compuestos por familias extendidas. Así lo indica la Dirección General de Estadísticas, Encuestas y Censos. Pero hasta las palabras que se usan para describir la composición de los hogares discrimina. Los hogares nucleares son “completos”, cuando están presentes ambxs xadres o “incompletos”, cuando solo unx de lxs xadres integra la familia.  

Muchas personas LGBT en el país recuerdan su infancia con una mezcla de sentimientos confusos: ser acosadxs desde temprano, discriminadxs ​​por sus orientaciones sexuales o identidades de género, echadxs de sus casas u obligadxs a salir del clóset más de una vez. Pero también aparece la importancia de figuras de les xadres en la ayuda o empeoramiento de sus vidas.

“Ser lesbiana es tener a la sociedad en tu contra”

Malena se convirtió en mamá cuando tenía 19. Su familia la presionó para casarse con su entonces novio. Después de cuatro años juntxs y un segundo hijo decidió independizarse porque no se sentía a gusto siendo ama de casa. “Mi familia es muy conservadora y cree que las mujeres tienen que ser madres y nada más. Cuando me separé del papá de mis hijos les expliqué que no es la vida que yo quería. Me rechazaron. Me trataron como si yo no tuviera voz sobre cómo educar a mi hijo porque soy lesbiana. No querían que tuviera contacto con ellos”, relata Malena.

Como en ese entonces no trabajaba un día accedió a que el papá de sus hijos los inscribiera a un colegio que quedaba cerca de su casa. Pero nunca más volvieron. Malena tenía que suplicarle para que le permitiera verlos  o para que él acceda a que pasen el fin de semana con ella. Por mucho tiempo, tuvo que ir hasta la casa de sus  padres y quedarse a dormir ahí. A veces los veía 3 horas, otras veces no los llevaban. Estuvo así por un año y medio. 

Su papá no le habla desde que se separó. Su mamá estuvo mucho tiempo disgustada, y aunque mejoró mucho su trato con ella, sigue sin aceptar que es lesbiana. Hubo un tiempo en el que se comenzó a asustar porque hacía dos meses no le dejaban ver a sus hijos y el papá no le respondía. Fue a ver a un abogado del estado para pedir la tramitación del divorcio y le dio un turno para dentro de un mes. Eso quedó en la nada. No se anima a avanzar con el divorcio porque tiene miedo de que le saquen los chicos para siempre.

“Cuando vienen a visitarme les muestro la forma en las que yo veo la vida pero ellos se van con su papá y reciben una educación machista. Yo no soy partícipe de su crianza. Es un complot entre todos, mi familia y él. Ahora ya no me hacen tanto quilombo pero influyen en su educación. Con la cuarentena es mucho peor porque yo estuve sin verles desde que empezó hasta más o menos dos meses después. Vinieron 3 o 4 veces nomás y ya son como seis meses de cuarentena”, comenta Male. 

Para ella, tener hijos en esta sociedad es el error del mundo, y ser lesbiana es tener a la sociedad en contra tuya. “Sos una persona sola sin Estado, sin familia, sin nadie que te apoye más que un sector de amigos con los que tenés que luchar. Entre todas esas personas marginales estoy yo”, sostiene y confiesa que su miedo más grande es que sus hijos crezcan en el cuerpo de un macho que no respete a la diversidad. 

“Tener un hijo es como que te pasaste”

Gabriel se mudó a Paraguay en 1995. Venía del seno de una familia muy religiosa en Buenos Aires. Viajaba seguido a Villarrica (a 161 kilómetros de Asunción) para dar clases de Psicología en una de las más grandes universidades de Medicina. La mayoría de los estudiantes eran extranjeros y se vivía un clima de libertad en la ciudad. Uno de los alumnos era Jorge, la actual pareja de Gabriel. 

“Nosotros nos reuníamos a la noche en la casa de este amigo que era de Villarrica. Íbamos en silencio, ingresábamos con clave, era muy compleja la visibilidad. Teníamos miedo al escrache. Había gente que estaba muy catalogada de ser homosexual y para la dinámica de la gente de Villarrica se les perdonaba por la idiosincrasia pero yo era de Asunción y no quería pasar por eso. A los homosexuales se les decía ‘putos 108’”, recuerda Jorge. 

Entre los viajes de Gabriel a Villarrica, Jorge se animó a invitarlo a salir y comenzaron a verse. Al cabo de un tiempo se mudaron a Asunción juntos y pasaron siete años hasta que se comenzaron a plantear la paternidad. “Sabíamos que iba a ser una cuestión muy difícil en Paraguay. Es algo que se nombra, pero de ahí a tener un hijo para muchos es como que te pasaste. Yo tenía mucho miedo en el sentido de ¿estamos haciendo bien?”, se preguntaba Jorge. 

Gabriel trabajaba como educador en Fortaleza, un centro de atención de niñxs en situación de pobreza. Allí conoció a Tamara, una joven de 15 años que estaba embarazada de Rubén. Una vez que tuvo a su bebé, Tamara fue a vivir a una ONG que acompaña a trabajadoras sexuales adultas y a niñas y adolescentes víctimas de Explotación Sexual de Niños, Niñas y Adolescentes (ESNNA). Allí estuvo por dos años hasta que lxs echaron a ella y a su hijo. Gabriel le perdió el rastro pero supo que Tamara se había embarazado de nuevo, esta vez de Alegría. 

Un año después, una enfermera del hospital en el que trabajaba Jorge le comentó que en Fortaleza había una chica que estaba esperando un bebé y que no sabía qué hacer con lxs dos niñxs. Entonces, Jorge conoce a Tamara. Hizo todo el preparto con Jorge y con Gabriel, además de talleres de acompañamiento psicológico. Así comenzó su vínculo con Tamara. 

Tamara dejaba de lunes a sábado a lxs chicxs en Fortaleza, los sábados los retiraba, estaba en la calle con ellxs el sábado y domingo y el lunes los volvía a llevarlxs. “Y cuando ella lo dejaba en Fortaleza pasaba por mi oficina y hablábamos hasta que ella un día vino y nos dijo que no podía más con Rubén. Nos preguntó si podíamos quedarnos con él”, relata Gabriel. 

Así fue como Rubén llegó a la casa de Jorge y Gabriel. Era un jueves lluvioso y venía sin posesiones más que una remera grande y un calzoncillo. “Nosotros le pusimos condiciones a su mamá: le dijimos que todos los sábados por la mañana ella debía ir a buscar a Alegría a Fortaleza y traerla a casa para que Rubén jugara con su hermanita porque nos parecía bueno que mantuviera contacto con ella”, cuenta Gabriel. 

Hasta que un día Tamara les dijo que había conseguido un trabajo en Brasil y que se iría por un mes y que iba a dejar a Alegría en Fortaleza. Pero desapareció. “A nosotros se nos puso difícil con Rubén porque él se puso muy ansioso porque no venía, entonces empezó a hacer terapia, lo llevamos a que vea a su hermanita un día a Fortaleza  y ahí nos dicen que Alegría no estaba más, que se la llevó una extraña”, expresa Jorge. 

Tras varias averiguaciones la encontraron descalza en cateura (el vertedero de Asunción) con su abuela paterna. Lograron que su papá biológico firme un documento en el que no quería tener nada que ver con lxs hijxs. Tamara regresó luego de unos meses y gestionó la partida de nacimiento de Alegría. Con eso sacó la cédula sin padre. 

“No hubo mucho tiempo para pensar, ella agarró sus cosas y se fue y nos quedamos con una bebé que tenía miles de problemas de salud. A los tres días la tuvimos que internar a Alegría con antibiótico, porque estaba enfermita. Nadie nos preguntaba nada, solo quién era el padre. Ahí comenzamos a incorporarla a nuestra vida. Con Tamara logramos que empezara a venir una vez al año para Navidad. Venía todos los años una vez, siempre estuvo muy presente”, comenta Jorge. 

Figurar como madre soltera

Romina y Marisol se conocieron en un movimiento religioso, de mejores amigas pasaron a ser compañeras de vida y hoy están hace 14 años juntas. En el 2015 decidieron ser madres. Ese año surgió un espacio llamado Familianas a partir de la visita a Paraguay de la jueza y abogada chilena Karen Atala, que demandó al Estado chileno ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos por discriminación luego que la Corte Suprema chilena le negara la custodia de sus hijas por ser lesbiana y vivir con su pareja. 

El activismo en Familianas por la inclusión de familias diversas era apoyado por Aireana y consistió en una serie de conversatorios, campamentos, espacios donde lxs hijxs pudieran conocerse y compartir. “La idea era tener un espacio de contención para madres lesbianas. Miles de inquietudes había, y entras esas historias estaba la nuestra que queríamos ser madres”, rememora Romina. 

Un día, aprovecharon que Marisol tenía un congreso en Corrientes y averiguaron sobre la reproducción asistida. Romina escribió a las integrantes de Les Madres Argentina para que les hagan el nexo con algún médico e hicieron una cita. A partir de ese momento comenzaron a ahorrar. En diciembre de ese año Marisol quedó embarazada y su hija nació en agosto de 2016. 

“Desde ese momento me pareció importante que mi familia entera supiera de nuestra relación. Mi mamá guardó el secreto por mucho tiempo porque yo no quería desestabilizar la familia en el pasado pero me pareció importante que ella creciera en una familia real. Y si me iban a rechazar lo mejor era saberlo lo antes posible”, narra Romina.  

A la incertidumbre de cómo reaccionaría la familia de Romina se sumaba que ellas habían pagado un año antes un seguro médico que cubría todo lo relacionado al embarazo. Pero un día la ginecóloga, sin querer, aclaró en una orden de ecografía: “paciente con inseminación artificial”, y cuando fueron a hacérsela el seguro les rechazó porque les dijeron que no cubrían ningún parto que tuviera que ver con la inseminación artificial. 

“En ese momento, perdimos el seguro. Entonces, decidimos retirarnos: ya no nos iban a cubrir más ni la ecografía ni nada. O sea, todo ese año que pagamos quedó en la nada. Pero si la doctora no hubiese puesto esa observación no se hubieran enterado nunca. Logramos hacer una consulta con otro médico y, finalmente, Clarita nació en un hospital público donde yo no pude participar como me hubiera gustado”, se acuerda Romi.

El día del nacimiento de Clarita, a Marisol le obligaron a usar sus dos apellidos, y no le permitieron a Romi incluir ninguno suyo. Ellas lo recuerdan con mucha tristeza porque conocen las implicancias legales de no anotar a Clarita como hija de ambas. 

“¿Y si a mi pareja le pasa algo y yo no pueda legalmente quedarme con mi hija? ¿y si nos separamos? ¿cómo vamos a luchar por la tenencia?”, expresa. Pero recuerda con ternura la decisión de ejercer la comaternidad con su compañera que le da fuerzas para ir enfrentando, de a uno, todos los desafíos que aparezcan.  

Fuente: Agencia Presentes, Diario El Diverso.

#Paraguay| 17 Marcha TLGBI en Paraguay: la más grande de la historia del país

La covid-19 no evitó que ayer la 17 marcha TLGBI de Paraguay tomara las calles del microcentro de Asunción en homenaje a los 61 años de la carta de un amoral. Este año,  se convirtió en una caravana de autos, colectivos, motos y bicicletas decorados con globos, banderas y serpentinas de colores. Los cuarenta grados bajo el sol y el humo volvían a los cuerpos pegajosos. Ojos con glitter asomaban sonrientes debajo de los barbijos. 


La Coalición TLGBI+, organizadora de las marchas desde hace 11 años, desplegó una serie de actividades culturales, académicas y de entretenimiento en formato virtual durante el mes de las 108 memorias, que cerraron con la caravana el miércoles 30 de septiembre. Arrancó a las 17:30 en el Cementerio de la Recoleta y terminó en la plaza de la Democracia. No faltaron las intervenciones artísticas en puntos emblemáticos del trayecto, como la cárcel de mujeres el “Buen Pastor”, La Escalinata Antequera y la Plaza Uruguaya.

Soy trans. Soy bisexual. Soy trabajadora sexual. Soy marica. Soy lesbiana. Soy 108. Soy revolución. Sucia por siempre. Soy pansexual. Soy torta. Soy puto. Soy otras cosas. Soy puta. Soy loca. Soy no binarie. Las consignas se proyectaban ayer sobre el edificio del Banco Nacional de Fomento. Hubo una mención especial a Sucia-Inmunda-de-la-basura, una artista trans muy querida por la colectividad que fue hallada muerta el 29 en Campo Grande, Brasil.

Desde la coalición TLGBI+, expresaron que a la marcha asistieron cerca de 1.500 personas. Algunas fueron con vehículo, otras en bicicleta. Las trans se convocaron en la escalinata y muches estuvieron siguiendo la transmisión en vivo. Según la organización, fue también la caravana más grande y calurosa que se realizó en la historia del país

La ley antidiscriminatoria sigue siendo una gran ausente en un año en que el encierro recrudeció la violencia intrafamiliar contra las personas LGBTmarinos en Alto Paraná torturaron a 35 personas –entre ellas a 3 mujeres trans– y hubo reiterados intentos de transfemicidio. Las personas de la diversidad sexual y de género no tienen reconocimiento legal de sus identidades en Paraguay. Tampoco garantías ni leyes que las amparen.

Sol Gómez es música y bisexual. “Hoy marcho porque quiero estar tranquila en la calle. Hace 15 años probablemente no hubiera habido esta cantidad de gente. Si hoy estoy acá es porque otras personas lo hicieron antes que yo”, dijo a Presentes. Para ella, es muy importante el legado histórico para quienes construyen memoria LGBT. 

Carta a un amoral

El 30 de septiembre se cumplieron 61 años de la “carta a un amoral” publicada en el diario paraguayo, El País, afín a la dictadura. Fue una respuesta a una edición anterior del mismo diario que tituló “108 Personas de Dudosa Conducta Moral Están Siendo Interrogadas. Intensa Acción Policial. Esperan Resultados”. 

Fue la primera vez que apareció el número 108 asociado a la homosexualidad, según demuestran los archivos, recortes de periódico y documentos que componen la investigación realizada por el abogado Erwing Augsten. La carta de un amoral fue un manifiesto político que abrió la discusión y lucha pública por la diversidad sexual. 

“Nosotros seguimos una vocación que es tan antigua como la propia humanidad, y en este siglo de consagración de todos los derechos humanos nadie puede negarnos el derecho de hacer de nosotros mismos, de nuestro continente físico, lo que queremos, sin incomodar a los otros que no quieran hacer lo mismo”, dice la carta que fue publicada de forma anónima.

Fuente: Agencia Presentes, Diario El Diverso.

#Paraguay| Transformando: la primera escuela para personas LGBT en Paraguay

Al asumir sus identidades, todas dejaron de ir a la escuela. Algunas nunca llegaron a ir. Del seno de Casa Diversa, el albergue para personas LGBTI+ víctimas de violencia, y por iniciativa de las residentes nace la Escuela Transformando, un espacio donde se estudia Matemática, Ciencia y Comunicación, pero también Derechos Humanos y Educación Sexual Integral para personas trans. 

En la Escuela Transformando les profesores son voluntaries. No hay uniformes, maestros homofóbicos, ni baños con género. Las materias se eligen en función a los gustos y la disponibilidad horaria de cada alumne. Aunque la propuesta inicial consiste en que les alumnes se incorporen, eventualmente, al sistema educativo formal, la escuela LGBTI+ funcionará como un lugar de preparación y empoderamiento para encarar las barreras de la educación tradicional. 

“Venimos insistiendo en la dirección de educación permanente para adultos mayores porque queríamos tener un espacio educativo, pensando en chicas como Araceli o Moria que no leen ni escriben. No queremos que las adolescentes lleguen a la adultez sin antes alfabetizarse. El año pasado tuvimos una profesora que se llama Wilfrida, que empezó a darle clases a algunas chicas. Ahí dijimos ‘bueno, ya que no existe una educación ni un lugar seguro para nosotras, vamos a educarnos antes’”, expresa Yren  Rotela, activista de Panambi por los derechos trans. 

El año pasado, las residentes de Casa Diversa, ubicada en San Lorenzo, una ciudad a 13 kilómetros de Asunción, recibieron talleres de artes plásticas, teatro, maquillaje y peluquería. Conversando, se dieron cuenta de que todas querían aprender algo más y se les ocurrió abrir una escuela que les permita recuperar la fe en la educación. Entonces, empezaron una campaña por redes sociales para recibir libros, cuadernos y útiles escolares.

La organización Mil Solidarios del Bañado Sur, encabezada por el pa’i Oliva (padre, en guaraní) donó pupitres, un pizarrón y un escritorio para la Escuela Transformando. “Él es un gran aliado y compañero. Fue la única persona que nunca me rechazó. Me habló con cariño y me apoyó desde que lo conocí”, contó Yren. 

Transformando es una iniciativa autogestionada y busca desestigmatizar a las materias que culturalmente son adjudicadas a las chicas trans. Por eso, lxs alumnxs tienen la posibilidad de asistir a clases de fotografía, cocina, oratoria, escritura y ortografía, entre otras. De momento, la escuela tiene una capacidad de 30 personas y son, en su mayoría, personas trans que parten de contextos diferentes. Cuatro de ellas tienen que terminar el bachillerato y, el resto, debe empezar la primaria. Las que viven en Casa Diversa tendrán la facilidad de acceder a las clases en su casa.

Un sistema que no está preparado

Yren explica que el bullying es un factor determinante para la deserción escolar y la fobia a la educación. “Sabemos que hoy la violencia hacia nosotras es altísima en este sistema y si no estás empoderada no vas a resistir. Por algo digo que hasta hoy sigo teniendo errores ortográficos. A veces me olvido de poner una S, una coma, un punto. Hay cosas que no aprendí por culpa del modelo educativo que no respeta las identidades y los gustos de las personas”, sostiene.

Y es que el sistema educativo paraguayo no ofrece a las personas trans las condiciones de inclusión que están consagradas en la constitución nacional. La ley de Educación Inclusiva tiene por objeto remover las barreras que limitan el aprendizaje y la participación. Así como garantizar la accesibilidad de los alumnos con necesidades específicas de apoyo educativo por medio de recursos humanos calificados, tecnologías adaptativas y un diseño universal. 

El año pasado, Casa Diversa se reunió con representantes del Ministerio de Educación y Cultura pero les ofrecieron espacios que no están preparados para las personas LGBT. “Queremos estar incluidas en el sistema educativo pero ellos no tienen respeto hacia nuestra identidad. ¿A qué le llaman educación inclusiva? ¿Hay protocolos de cuidado? ¿Qué garantías de seguridad nos ofrecen? A veces son los profesores, a veces la estructura y a veces el alumnado. ¿Cómo hacemos para aguantar todo eso? Es muy molesto ir a resistir ahí adentro en lugar de ir a aprender”, cuestiona la defensora de derechos humanos. 

Dueñas de su futuro

El trabajo sexual es la principal actividad económica de las personas trans en Paraguay. Según explica Rotela, el 99% de elles se dedica a la prostitución. La espiral de la violencia comienza en las familias, cuando son expulsadxs del interior de sus hogares en edad escolar. Desde ese momento, la identidad de género comienza a ser motivo de expulsión de todo los demás ámbitos de sus vidas, incluyendo el mercado laboral. Y en la calle reciben todo tipo de abusos. 

“A mí lo que me preocupa mucho es el tema de la calle. No estoy en contra del trabajo sexual pero sí en contra de la manera en la que lo ejercemos nosotras en esta inseguridad. La policía viene, te fastidia, te coimea, te violenta. También está la gente que nos grita, nos insulta, nos tira botellas. El porcentaje más alto de asesinatos de personas trans fue en calle. Y es difícil sacarles a las personas ya mayores pero me preocupa la adolescencia, que vuelva a tener esa única alternativa”, manifiesta Yren.

Moria es de Villa Hayes, tiene 32 años y nunca fue a la escuela. Su mamá tuvo muchos hijos y no tuvo los medios para enviarlos al colegio. “A mis 12 ya se dieron cuenta que era diferente a los muchachos, por mis gestos, cómo me comportaba. Me echaron de mi casa y empecé a trabajar como jardinera en la casa de una señora que se llamaba Isabel. Ella me enseñó todo lo que sé: a hablar, normas de comportamiento, cómo sentarme en la mesa, cómo tratar a la gente, todo. Se llamaba Isabel”, narra Moria. 

Deberíamos unificar las luchas. Así como desde varios espacios feministas gritamos “niñas, no madres”, deberíamos gritar “niñas trans travestis no prostituidas”, porque son simplemente niñas.

Isabel quiso enviarla a la escuela nocturna, pero terminaba tarde y le daba miedo que fuera sola. Cuando Moria cumplió los 15, su cuidadora falleció y tuvo que comenzar a “hacer calle”, como le dice ella. Hace cuatro meses se incorporó a Casa Diversa y desde entonces tiene nuevas amigas, se comunica más con otrxs, participa de charlas y, sobre todo, dice, se siente mejor. Le encanta todo lo que tenga que ver con la costura porque la tranquiliza, pero también quiere aprender a leer para no tener que volver a ejercer la prostitución. 

Isabel Moreno tiene 39, es presidenta de la Asociación Escalando y socia fundadora de Panambi. Cuando tenía 15 comenzó a transicionar, y como su papá no la aceptaba, decidió dejar su casa y los estudios. “Al irme de mi barrio tuve que empezar a hacer calle. Para mí es importante terminar el colegio porque quiero seguir una carrera y abandonar el trabajo sexual. Hay muchas chicas que se destruyen en la calle, pasamos por mucha violencia”, relata.

Hoy, después de años de activismo, pudo volver a vivir con su padre, con el que mantienen buenas relaciones. “Yo, la verdad, quiero superarme en la vida. Me siento segura cursando acá, siento que voy a estar en mi espacio, a gusto, me voy a sentir cómoda”, expone Isa. 

El Tribunal de Sentencia de la ciudad de Luque (a 10 km de Asunción) declaró culpable a Blas Enrique Amarilla del asesinato de Romina Vargas, y le aplicó la sanción máxima de 25 años de cárcel.

Además de Panambi, Escalando se suma como organización de apoyo a la escuela. Luego de instalar su oficina comenzarán a enseñar a les alumnes la técnica del sublimado con unas máquinas, para hacer tazas, pines, calcomanías, remeras, banderas y bolsos y, así, arrancar microemprendimientos. Estas iniciativas aportan otras perspectivas a la realidad a la que son habitualmente arrojadas. 

“Fuimos descubriendo que, además de todo esto y del cuidado de la salud mental de las chicas, un abrazo puede calmar mucho. A veces nosotras no queremos que nos abrace la gente o que nos besen en la mejilla porque nosotras nunca tuvimos ese afecto. Trato de cuidar todos los detalles en la escuela para que se quieran quedar. Que se enamoren y que busquen lo que les guste y decidan seguir hasta el final”, aseguró Yren. 

Clases a distancia y biblioteca popular

El inicio de la cuarentena obligatoria obligó a la Escuela Transformando a posponer varias de sus clases presenciales. La semana pasada se reanudó el plan de alfabetización de las personas trans que viven en Casa Diversa, con las medidas sanitarias correspondientes. Les alumnes de fotografia cursan los miércoles a distancia, de 15 a 17 horas; Teatroterapia con el profesional del teatro paraguayo, Omar Mareco los lunes y jueves, de 17 a 19 y se sumaron algunas materias urgentes como primeros auxilios.

Entre las iniciativas que nacieron en el encierro, también surgió la biblioteca popular de Casa Diversa. A partir de una serie de donaciones de útiles y libros escolares, les residentes del refugio LGBT levantaron de cero una biblioteca para que la comunidad se acerque, lea e intercambie libros. Las cajas de madera se convirtieron en estantes de colores llenos de libros y macetas con plantas. 

Según cuentan las organizadoras, el fin es incentivar a las personas de la diversidad sexual y de género a la lectura y, cuando la pandemia lo permita, tener un café literario. Con el apoyo de amigxs, aliadxs y colaboradorxs, la Escuela Transformando va camino a cambiar la historia de las personas LGBTI+ en Paraguay. 

Fuente: Agencia Presentes, Diario El Diverso.

#Paraguay|Protestan a los besos frente a un boliche lesbofóbico de Asunción

Más de cien personas de la diversidad sexual en el centro de Asunción participaron de una besatón contra la discriminación por orientación sexual y de género el sábado delante del boliche Toc, Toc (Avda. Colón 320 casi Palma). La concentración se realizó en el centro cultural La Chispa a las 20 para montar carteles con consignas que decían: “Besar es mi derecho”, “Querenos libres”, “Toc, tóxico” y “Derecho de admisión es discriminación”. 

La actividad fue convocada en las redes por cinco chicas a las que echaron del club por besarse una semana atrás. “Estamos acá para amarnos y exigir que nos dejen expresar nuestro cariño en público”, expuso Cecilia Zaldívar, una de las mujeres que fueron expulsadas del boliche. Cerca de las 22, partieron hacia el club nocturno con música, banderas coloridas y cánticos.

Lesbianas, homosexuales, no binaries y personas trans se besaron frente al bar por cinco minutos de corrido, invocando al mismo acto que generó la expulsión de las chicas en un primer lugar. David Amado fue con su novio a la besatón porque considera que lo que sucedió fue una respuesta fascista a la expresión de dos personas adultas que deciden hacer con sus vidas lo que desean. Cree que el derecho de admisión es una excusa para seguir permitiendo conductas violentas hacia lo que escape de la heteronorma. 

El activista bisexual Miliki Chaves dijo a Presentes que los bares deberían cuestionar su derecho de admisión porque habilita un montón de violencia no solo a las personas TLGBI sino hacia las personas campesinas e indígenas. “Tenemos que dejar de normalizar la violencia hacia las personas LGBT que expresan sus deseos y afectos de maneras diferentes. Es inadmisible que guardias de seguridad falten al respeto y agredan físicamente. Me parece que hay que comenzar a aplicar protocolos de prevención de este tipo de discriminación”, expresó.  

Una señora que se negó a ser identificada apareció frente al bar y comenzó a gritar que se dispersaran y que la homosexualidad es una inmoralidad. Niqo Martínez llevaba la vocería de la movilización y exclamó: “No importa cuánto nos agredan, vamos a estar presentes siempre”. La señora le comenzó a estirar del pelo y le rompió la camisa. Estuvo desde el principio del escrache pero, ante el repudio de la gente, acabó yéndose. 

“Dos personas del mismo sexo no se pueden besar”

El sábado 15 de febrero, un grupo de cinco amigas fueron a bailar al club Toc Toc. En un momento, Deb Axé besó a una de ellas y, tres guardias de seguridad se acercaron, la levantaron entre dos y empujaron a todas por un pasillo que daba a la salida de emergencia hasta el exterior del local. 

“Fue todo muy rápido. Mientras les preguntábamos qué pasaba y tratábamos de que suelten a Debby, abrieron una puerta de emergencia que estaba casi al lado nuestro y nos metieron en ese pasillito. Yo no sé cómo reaccioné y comencé a filmar. Nos empujaron y Sigrid se cayó al piso. Ahí nos asustamos más y yo empecé a gritar que no me toquen”, narró Cecilia. 

“Me acuerdo que me puse en el medio del guardia y de una de las chicas y, en ese forcejeo, me lastimaron todo el brazo. Me agarraron fuerte y me empujaron contra la pared”, contó Carolina Rodríguez. Una vez afuera, el gerente les dijo que ese era un lugar privado y que dos personas del mismo sexo no se pueden besar. 

Luego de exigir que les devuelvan las entradas, llamaron a la policía pero cuando llegaron, les dijeron que no podían ingresar a un espacio privado. “No es la primera vez que soy víctima de discriminación en Paraguay. Al menos, me hubiera gustado que se acerquen a decirme que no aceptan a gente LGBT en su local pero la manera que nos sacaron me parece indignante y devastador”, siguió Deb. 

Al día siguiente, Caro y Sigrid fueron a hacer el parte médico al hospital de Barrio Obrero para que queden pruebas de la agresión física que recibieron. Se asesoraron con abogadas del grupo por los derechos de las lesbianas, Aireana, e iniciaron la convocatoria de la besatón en redes sociales. Según contaron, recibieron mensajes de muchas personas denunciando casos similares en otros locales del país: Shamrock, el Bolsi, Britania, shoppings, bares, restaurantes. Los nombres se repiten cíclicamente.

Exigen una ley contra toda forma de discriminación

Aunque en Paraguay, aún no existe una ley contra forma de discriminación, hay elementos legales que protegen los derechos de todas las personas. El artículo 46 de la Constitución Nacional estipula que todos los habitantes de la República son iguales en dignidad y derechos. “No se admiten discriminaciones. El Estado removerá los obstáculos e impedirá los factores que las mantengan o las propicien”. Así como el artículo 25 que refiere: “Toda persona tiene el derecho a la libre expresión de su personalidad, a la creatividad y a la formación de su propia identidad”.   

Sobre la ausencia de una ley antidiscriminatoria, Carol sostuvo: “Se supone que la ley es la voz del Estado. Si ni siquiera hay una voz a la que podamos apelar es como que no existimos ni importamos y, al final, les otorga derechos a personas como ese gerente de discriminar a quien quiera”. Sigrid considera que es fundamental demostrar cariño y amor hacia las amigas o los vínculos sexoafectivos en cualquier lugar. 

“El modelo político capitalista y heteronormado, a través de distintos estamentos o instituciones como la iglesia, castiga o estigmatiza a las personas con identidades de género y orientaciones sexuales disidentes. Siempre se atacan a las manifestaciones de afecto, por eso es tan importante simbólicamente que el beso se posicione como gesto político ante tanta violencia. El beso es un manifiesto político en sí mismo”, consigno Miliki. 

El besatón delante del boliche se convirtió en un perreo diverso y reivindicativo. “Soy pecadora y yo lo confieso, vamos a comernos despacito a besos”, corearon les manifestantes al ritmo de Ms. Nina, de regreso a La Chispa, donde el beso es libre y sin restricciones. 

Fuente: Agencia Presente, Diario El Diverso