#Argentina| Claudia Rodríguez: “Las travestis tenemos que defender también otras luchas sociales”

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Referente trans chilena, ícono de la lucha travesti en América Latina, poeta y trabajadora social, Claudia Rodríguez tiene una trayectoria activista que empezó en los ’90. El periodista Franco Torchia la entrevistó para su programa radial No se puede vivir del amor, de la Radio Pública de la Ciudad de Buenos Aires.

Por Franco Torchia

FTVoy a permitirme compartir con Claudia este recuerdo. Porque hace minutos, mientras venía hacia la radio pensaba en ella, repasaba datos sobre ella, me recordé a mí mismo en una conversación de hace 15 años atrás con una travesti -porque así se autopercibía ella- en una estación de servicio. Su habla, lo que compartía conmigo y con otras personas que estaban allí a la madrugada, mientras desayunábamos o tomábamos algo, fue un habla que a mí me impactó sobremanera. No porque nunca antes hubiese estado en contacto con el modo de hablar o con cierta coloquialidad propia de mujeres trans y de travestis, sino porque tenía una manera muy risueña. Y yo me recuerdo a mí mismo diciendo: Esto debería ser una especie de lengua poética propia. Lógico nunca jamás pude desplegarla yo, que soy un varón cis homosexual, pero me quedó la idea. 

Cuando pude conocer finalmente a quien está ahora en comunicación telefónica con este programa, conocer su obra, leerla como leí al comienzo del programa uno de sus poemas, escucharla, leerla en entrevistas, me di cuenta que había llegado a esta parte del mundo, a esta región, alguien que estaba haciendo teoría lingüística y también teoría literaria sobre eso que yo percibí hace tantos años. 

Quiero darle la bienvenida a No se puede vivir del amor a Claudia Rodríguez. ¿Cómo andás Claudia?

CR: Hola, bien, ¿y tú? Muchas gracias.

FTNo, por favor, muchísimas gracias a vos. A propósito de todo aquello que siento que construís, hay un concepto sobre el que muy a menudo volvés y me interesa sobremanera que es el concepto del higienismo o de lo higienizado que suele estar eso que en el mundo entendemos como diversidad sexual, o eso que el mundo decide llamar disidencias sexo-genéricas. ¿Las sentís todavía hoy así de higienizadas o empieza a haber cierto cambio por lo menos en América Latina a tu criterio?

CR: Yo creo que todavía no. Por eso insisto en volver a escribir sobre eso. Creo que estamos siendo todavía colonizadas, estamos siendo neoliberalizadas las travestis. No hacemos reflexión respecto de cómo, por ejemplo, nos paramos frente al mundo, nos instalamos con nuestra lucha, con nuestro derecho a salud por ejemplo. Me parece que siempre el norte o donde debemos ir es lo blanco, es lo académico, es el neoliberalismo. Yo siento que los discursos muchas veces son para ser buenas consumidoras finalmente. 

FTSí, y para consumir por ende también las propias identidades. Y hacer de esas identidades u orientaciones un producto. 

CR: Sí, como si esa fuera la conquista. Y en realidad yo creo que no. El neoliberalismo tiene esa dificultad que nos atraviesa todo el tiempo. A mí me pasa que aquí en Chile yo siempre quedo haciéndome la pregunta últimamente de qué tenemos que hablar las travestis. Yo llevo mucho tiempo en el activismo, y ya cuando algunas compañeras sientan que necesitamos transformar nuestro cuerpo para encontrarnos con el cuerpo deseado, obviamos, por ejemplo, que hay una lucha mucho más inmediata siento yo en Chile, que tiene que ver con cómo nos instalamos en las luchas sociales, cómo nos instalamos en esta cosa de que hay un pueblo originario que en Chile está siendo abatido, criminalizado, le están quitando sus tierras, y el neoliberalismo lo que quiere de esas tierras es todo el mineral, todas las aguas, todo el mar. Y eso también es preocupante. Entonces la respuesta que voy encontrando es por qué no hacemos parte las activistas travestis también de esas luchas que tienen que ver con defender el mundo. Escucha la entrevista completa de Franco Torchia a Claudia Rodríguez en el programa No se puede vivir del amor

Una filosofía travesti

FT: En ese orden, Claudia, lo que ocurrió en Chile en 2019, ¿qué armó y qué desarmó a tu criterio? ¿En qué sentido tendríamos que poder leer aquellos episodios hoy, considerando este cuadro de situación que estás trazando?

CR: Qué dejó el 2019, para mí principalmente el 2020. Yo creo que dejó una gran lectura, una lectura donde nosotras seamos parte de todo lo social, no únicamente de la construcción de nuestros cuerpos, sino que de empezar un habla que nos reconozca en unión con todo, con la tierra, con el agua. Me pasa de que esta reflexión tiene para mí que ver con la distribución. Aquí en Chile hay una concentración de los frutos que dan los recursos naturales en diez familias. Y eso impacta en la generación del pueblo, en la multitud del pueblo, y sobre todo en la infancia. 

En Chile hay una infancia que está privada de toda la riqueza que se obtiene de la venta de los recursos naturales por diez familias. Y eso, por ejemplo, yo que soy una travesti de 52 años me doy cuenta del impacto que tiene la privación de los recursos. En donde, por ejemplo, yo me crié en campamentos, en tomas de terreno, donde no había distribución de los recursos para la infancia de este país. Yo me doy cuenta de que mi falta de lectura tenía que ver con que había una mala distribución de los recursos, de la vida. Eso, que sigue pasando en Chile, yo lo quiero decir, lo quiero hilar con mi reflexión que nace desde este deseo de ser todo lo amplio que yo hubiera podido ser. Yo hablo de una pobre poesía travesti, pudiendo haber hablado de una filosofía travesti, por ejemplo, si hubiera tenido los recursos a la mano, a disposición, para poder crecer como ser humano. 

FT: Me recuerda esto a algo que suele decir Marlene Wayar, a quien conocés muchísimo claro Claudia, y que tiene que ver con la posibilidad de instaurar ahora una epistemología travesti, algo anterior, en algún sentido, a lo que podría ser una filosofía. Es decir, casi como un conjunto de métodos, una especie de base esencial de mirada del mundo con o a partir de la travestitud. 

CR: Claro, en eso coincidimos, y hemos tenido conversaciones respecto de eso con Marlene, con Susy [Shock] y con Camila [Sosa Villada], y con todas las compañeras de la colectiva Lohana Berkins, donde hemos llegado a reflexionar respecto del derecho a la vida, del cariño, de la infancia, de los abrazos y de la no violencia. Esos elementos debieran estar siempre presentes en todas las infancias. Pero en todos los países que tuvimos dictadura eso fue una carencia, lo que nos marcó a nosotras como travestis adultas. https://www.youtube.com/embed/4SZxlVE7cvs?feature=oembedVideo realizado por Pili Cabrera en 2017

Sobre el lenguaje inclusivo

FT: Leyéndote, Claudia, y prestándote muchísima atención advierto también que tus postulados respecto de una lengua travesti, o de un habla poética travesti, de una escritura luego también, claro, están por encima de ciertas discusiones que suelen ser muy frecuentes hoy aquí en la Argentina sobre el denominado lenguaje inclusivo. Y se me ocurre imaginar que tu idea está muy por encima, aunque no se trate de establecer jerarquías, de un posible lenguaje inclusivo. Estás, en todo caso, proponiendo algo mucho más profundo. 

CR: Claro, me parece a mí que tiene que ver con la defensa de la vida. Y la defensa de la vida, dado que es desde la infancia, es sin los colores rosa o celeste. Desde mi perspectiva es una multitud de colores a lo que una se refiere cuando habla de la defensa de la multitud de la vida. No puede haber solamente un color rosa y un color celeste para definirnos. Yo llego a decir: La diversidad es tan monstruosa que llega a dar susto. Lo amplios que tendríamos que ser para asumir lo que somos. Somos una diversidad. No todas las travestis son iguales, no todas las mujeres son iguales, no todos los homosexuales son iguales. Un montón de veces lo dijo Lohana Berkins. Es la defensa por el derecho a existir. 

FTPero digo, respecto del discurso de la lengua poética, de estas reflexiones tuyas sobre la lengua de las trans, sobre la lengua travesti, anulan para mí una discusión que acá es muy frecuente que es la del lenguaje inclusivo. Esa diversidad, que es tan vasta y por ende tan monstruosa que asusta, puede asustar, en el mejor sentido, todavía más si cada uno de los conjuntos que componen esa diversidad habla su propia lengua. En eso pensaba. 

CR: Entonces no son conjuntos, son unidades. No son conjuntos aún. Claro, el poder hablarnos y entender que es otro lenguaje el de la otra persona. Ahora, cuando yo comencé a escribir no estaba esta reflexión respecto de la x o la e en las palabras. Yo comencé a escribir hace más de 15 años. Esto es nuevo también para mí. Tenía mi reproche respecto de eso, porque para mí con la lectura que yo había tenido bastaba con enunciarme en femenino. 

Leí un texto bastante interesante de Monique Wittig donde ella dice que solamente el hombre es el centro del mundo, todo lo demás es otredad, es decir la mujer es otredad, pero también el gay es otredad, y las travestis somos otredad. Eso es lo que tenemos en similar con las mujeres. Para mí bastaba entonces enunciarme en femenino, para conciliarme con que todas somos otredad, porque no somos el centro del mundo, según lo que decía Monique Wittig. Me pareció interesante toda esa reflexión que hace de la otredad, y cómo me reconcilio yo también con la otredad. 

Por lo tanto, entonces, esta inclusión, que yo me imagino que te refieres a la x o la e en los discursos de la diversidad sexual, que quiere decir como más feminista, en la época en que yo hago esta lectura de la Monique Wittig no estaba presente. Por lo tanto, para mí fue novedoso. Y conflictivo. Yo decía: si con enunciarme femenina, no necesariamente mujer, basta con enunciarme femenina para estar en la misma lucha del feminismo.

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CRYo creo que a lo mejor lo más importante que podríamos haber esperado de una ley era la despenalización social de las personas trans, travestis, no binarias o de género fluido. Pero eso tampoco ocurrió. No tuvo una respuesta concreta con distribución de recursos para trabajar en ello y que llegue a toda la población del territorio nacional. Pero tampoco los medios de comunicación han despenalizado la situación de ser una persona trans, travesti o no binaria. Entonces el impacto no es real, no hay una práctica real de ese posible avance, solamente, desde mi perspectiva, fue una estrategia política de los partidos para dar la impresión de que están más cerca del pueblo. Pero ni siquiera a nivel social hay más aceptación, hay más trabajo, hay más oportunidades para que las personas estudien, se formen, salgan del trabajo sexual o la explotación sexual. Todo sigue igual, tenemos que seguir luchando. 

FT: Claudia mencionaste el papel de los medios tradicionales de comunicación. ¿Cuál es la función que cumplen en este sentido? ¿Continúan criminalizando fuertemente las identidades no binarias, trans, travestis?

CR: Claro. La banalizan. En los periódicos cuando ocurre un crimen siempre resaltan el nombre masculino de la persona que fue asesinada. No se encuentran a los criminales, hay dificultades para hacer investigación, se oculta. Se banaliza todo. Por lo tanto, no somos finalmente reconocidas como personas, como seres humanos en existencia en este territorio. 

FT: Hablaste y mucho del trabajo sexual. Eso es parte, también, de tu propia vida, formó parte de tu vida. Sabés, imagino, que esa es otra de las más intensas discusiones en la  Argentina desde hace mucho tiempo y en otros puntos de la región, ni hablar del mundo. ¿Tenés una posición al respecto, que no sea binaria quizás, que no termine respondiendo a ese esquema oposicional abolicionismo-regulacionismo?

CRLo que yo he llegado a reflexionar es que no hay infancia que haga trabajo sexual, eso es explotación sexual. No se puede decir que hay menores de edad que ejercen el trabajo sexual, porque el solo hecho de que sean menores de edad ya están siendo explotados. Ahora, si hay personas mayores de edad que hacen trabajo sexual y por ahí les va bien tienen todo el derecho de enunciarse como quieran y defender lo que quieran defender. Pero sí reconozco que hay falta de oportunidades y que muchas personas mayores de edad, adultas, porque tienen más de 20 años, no han podido optar, no necesariamente han tenido la posibilidad de reflexionar con todas las oportunidades respecto de su vida, y que también podrían estar siendo explotadas. Hay de todo. Y también he visto a las académicas hablando sobre el tema sin haber tenido ninguna práctica. Yo creo que la voz más importante para escuchar es a las mismas personas que han pasado por esa situación que hacen su reflexión respecto de la violencia que han vivido, la falta de oportunidades que han vivido, el riesgo de vida que han vivido, la exposición a las enfermedades que han vivido. Por ahí está mi oído siempre para escuchar sus reflexiones. 

Sobre la cobardía

FT: En tu obra poética, Claudia, hay algo que he detectado y creo que trabajás fuertemente. Y ya que nombraste a Camila quiero decir que yo supe hace unos años de tu trabajo a partir de Camila Sosa Villada que me habló de vos casi tanto como me habló Fernando Noy de Camila. De esto se trata también, de tender estas redes. Pero que es la cobardía. En el poema que leí en el comienzo de este programa leí la palabra cobardía varias veces. ¿Qué es ser una mujer trans o un monstruo en este sentido, o una travesti cobarde para vos? ¿Qué es esa cobardía?

CR: A veces es sobrevivir. A veces es teñirse de rubio, como la Marilyn Monroe, para poder sobrevivir. Yo soy cobarde. De repente es necesario mirar con ternura la palabra cobardía, porque si sigue sobreviviendo… pero también puede ser una estrategia de sobrevivencia la cobardía, pasar piola, querer invisibilizarse entre la multitud. Porque teóricamente nosotras nos asequimos heroínas, heroicas, hacer justicia, tener la mano de la justicia, la espada de la justicia. Se produce ahí un doble discurso. Yo quisiera ser heroica, heroína, y hacer justicia del cliente que no me paga. Pero finalmente termino siendo una cobarde, porque al no enfrentar al cliente o al policía sobrevivo hasta el próximo día. Son reflexiones de lo poético. Son reflexiones filosóficas también sobre qué tenemos que hablar las travestis. 

La dictadura sexual no terminó

FTClaudia, aquello de octubre de 2019 en Chile nos trajo, nos acercó, lo recuerdo, tratamos de acercarnos a sus responsables desde aquí desde Buenos Aires, un slogan -lo voy a llamar así a propósito- estoy hablando claro de una consigna, de una sentencia a la que he vuelto en todo este tiempo en este programa en alguna conversación, y me permito volver de vuelta ahora con vos. Volver de vuelta está mal dicho, y me encanta que esté mal dicho en este diálogo con Claudia Rodríguez. Y es: La dictadura sexual no terminó. Eso se leyó por las calles de Santiago por aquél entonces y quiero preguntarte para vos si en efecto la dictadura sexual no terminó.  

CR: Es que la dictadura sexual incluso contribuimos a mantenerla la diversidad sexual, las organizaciones de la diversidad sexual, los homosexuales que generaron las primeras organizaciones LGBTI en Chile. Las prácticas de la primera organización homosexual en Chile eran misóginas, eran lesbofóbicas, eran transfóbicas. Y había lesbianas transfóbicas, y hay personas trans que son misóginas y son lesbofóbicas. Por lo tanto entonces no es solamente una consigna en contra de la heterosexualidad, es en contra de nosotras mismas porque estamos atravesadas por el patriarcado, no podemos negarlo. 

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Yo no puedo negar que también soy misógina y que estoy trabajando la misoginia en mí, en mi corazón, porque tengo hermanas, porque tengo mamá. Y no solamente por eso. Yo he recibido y he crecido gracias a mujeres con las que me he relacionado y he hecho alianzas. Cómo no preguntarme lo misógina que soy. También en esta acusación sobre un feminismo terf, que odia a las trans. Cuánta misoginia, me pregunto yo, hay ahí. Cuánta falta de solidaridad con el feminismo y con las mujeres que históricamente han sido violadas, asesinadas, banalizadas, descuartizadas. 

Encuentro que las organizaciones LGBT que surgieron en Chile a partir de esta, entre comillas, “democracia”, no cumplieron totalmente su función y se adhirieron totalmente al neoliberalismo y defendieron el matrimonio y otras comodidades burguesas, y no trabajó necesariamente en el tema de la liberación sexual. Hoy siguen adquiriendo VIH jóvenes que lo único que entendieron o que entienden es que se es feliz únicamente en el momento de la penetración. Cuando el feminismo lo que hace es explicar o acercar a la comunidad a que todo el cuerpo es sexual y que no necesariamente el único contacto real es la penetración anal. Ese imaginario es peligroso porque no tuvo un impacto real en el uso del preservativo, y es la práctica que todavía las jóvenes defienden y proclaman. 

Fuente: Agencia Presentes, Diario El Diverso

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