THE L WORD GENERATION Q Y SU VISIÓN DE LA MATERNIDAD LÉSBICA

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Siempre me llamó la atención cómo la serie The L Word (la que se estrenó hace 16 años) trataba el tema de la maternidad lésbica.

En su primera temporada vimos como la pareja compuesta por Bette Porter y Tina Kennard (Jennifer Beals y Laurel Holloman) decidían dar un paso en su estable relación y tener un hijo.

Querían tener un donante conocido y afroamericano (como el padre de Bette) y que fuera Tina la que se embarazara. Hicieron hasta una fiesta con amigos para buscar un donante, y finalmente escogieron a Magnus, un artista, que solo donaría el semen, y no se implicaría de ninguna manera.

Gracias a una inseminación artificial nació Angie y después se desató todo una serie de lesbiandramas que las seguidoras de la serie ya conocemos. Infidelidades, celos, ruptura, volver a intentar, etcétera. Nada lésbico nos es tan ajeno.

En la primera entrega de la serie siempre me llamaba la atención que a pesar de tener una hija, esta nunca formara parte del desarrollo de la serie. ¿Dónde está Angie?

Todas las que somos madres sabemos que por más que muchas veces saquemos tiempo para nosotras, para ir al cine, ir a cenar, ir a tomar algo con las amigas, o incluso saquemos tiempo para la pareja, el cuidado de los niños nos ocupa gran parte del tiempo. Pero Angie brillaba por su ausencia, y daba la impresión de que a los guionistas se les olvidaba poner de vez en cuando a la niña en la glamurosa vida de sus madres.

Si ya cuando no tenía hijos esta visión de la maternidad me parecía irreal, no os imagináis cuanto ahora que soy madre.

Hace dos años se estrenó lo nuevo de The L Word, Generation Q. Ahora nos encontramos con una Angie adolescente que vive con una de sus madres, Bette, ya que están divorciadas.

Atención que vienen spoilers… Angie tiene ya su propia historia, le gustan las chicas y comienza una relación con una amiga de su clase. Pero todo se complica cuando comienza a sentir mucha curiosidad por el donante de esperma, y decide hacerse un test genético a pesar de que sus madres no apoyan la idea.

Por el test Angie encuentra a la hija de su donante, contacta con ella y se inicia una relación de amistad. A Bette y a Tina esto no les hace mucha gracia pero deciden apoyar este encuentro.

Angie se entera que su donante está enfermo y quiere donarle un riñón. Sus madres se niegan y entonces se desata la tormenta adolescente. Al final acceden a que ella conozca a Magnus pero Magnus no desea conocerla. Finalmente muere sin poder concretarse nunca este encuentro.

Quitando el drama del riñón y la muerte, The L Word Generation Q aborda un tema que por primera vez parece más ajustado a la realidad de la maternidad lésbica. Los test genéticos son ya una realidad y si actualmente funcionan bastante bien, imaginaros en 10 o 15 años más, cuando nuestros hijos, muchos de ellos pequeños a día de hoy, sean adolescentes y mayores de edad.

Todos aquellos que tengan curiosidad por la mitad de su ADN podrán acceder a un test y encontrar si no a sus donantes directamente, sí a muchos familiares de él.

Algunas madres solteras y parejas de madres lesbianas sienten verdadero pánico ante este escenario y desean evitarlo. Otras sentimos que al final se trata de la vida de nuestros hijos, de sus elecciones, sus deseos, y que no podemos hacer otra cosa más que apoyarlos y acompañarlos en estos procesos.

Me parece un acierto cómo la serie enfrenta este tema. Angie sabe que Magnus no es su padre y sabe que para Magus ella no es una hija. Pero tiene curiosidad sobre su historia, sobre cómo es la vida de la persona responsable de la mitad de su genética. Preguntas tan simples como: ¿Cuál fue tu mejor disfraz de Halloween?

La curiosidad por el donante la hemos visto también en la película Los chicos están bien (puedes verla aquí), donde Julianne Moore y Annette Benning eran una pareja de lesbianas casadas madres de dos adolescentes que comienzan a buscar a su donante de esperma.

La curiosidad es humana. Hablar con naturalidad del donante es positivo, responder las preguntas con claridad y adaptadas a la edad, también. Acompañar a nuestros hijos en el proceso y también si sucede como con Angie, que encuentra a un familiar biológico y lo quiere conocer.

Pero acompañar también en la desilusión. Angie sufre cuando el donante no quiere verla. Y ahí están Bette y Tina aguantando el chaparrón, siendo comprensivas y entregando amor.

Fuente: Madres Lesbianas, Diario El Diverso

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