Les dijeron que iban a transformarlas en mujeres, y luego las violaron»: el angustioso relato de migrantes que escapan hacia Estados Unidos debido a su orientación sexual.

A pesar de que la Ley de Migración y Nacionalidad de Estados Unidos permite la posibilidad de otorgar estatus de refugiado o asilo a quienes han sido víctimas de persecución, tortura o temen ser perseguidos por motivos de raza, religión, nacionalidad, grupo social específico u opinión política, los migrantes LGBTQ+ encuentran crecientes obstáculos para obtener esa protección.
Migrar no es sencillo para nadie. Algunos escapan de la violencia, buscan mejores oportunidades económicas o desean reunirse con sus familias. Para muchos miembros de la comunidad LGBTQ+, migrar también significa la posibilidad de vivir abiertamente su identidad de género u orientación sexual, o escapar del peligro asociado con pertenecer a este grupo.

Este fue el caso de Juan, un hombre transgénero que dejó Honduras después de recibir amenazas de muerte debido a su identidad de género y su activismo en una organización que defiende los derechos de las personas LGBTQ+.
En 2021, dos hombres violaron a Juan y a su novia después de preguntarles quién asumía el rol tradicionalmente masculino y quién el femenino en su relación. Además, les dijeron que su identidad como persona transgénero y lesbiana era simplemente porque nunca habían tenido relaciones sexuales con hombres. Juan compartió con Human Rights Watch (HRW) en 2022 que los agresores les dijeron: «Vamos a hacerlas mujeres».

Juan llevó su caso a las autoridades migratorias de Estados Unidos buscando asilo, expresando repetidamente su temor por su vida. A pesar de esto, fue devuelto a México.
El fenómeno conocido como «sexilio», definido por el sociólogo puertorriqueño Manolo Guzmán como el exilio de personas que deben abandonar su país debido a su orientación sexual, sigue siendo una realidad vigente a pesar de haber sido conceptualizado en 1997. En pleno siglo XXI, las personas lesbianas, gais, bisexuales y transgénero continúan enfrentando persecución en sus países de origen, enfrentando condiciones abusivas y peligrosas.

Muchos de estos individuos ven en el asilo en Estados Unidos una posible solución, amparados por la Ley de Migración y Nacionalidad de EEUU que contempla la concesión de estatus de refugiados o asilo a quienes han sufrido persecución, tortura o temen ser perseguidos por motivos de raza, religión, nacionalidad, o pertenecer a un grupo social específico u opinión política. Sin embargo, la realidad es que los requisitos y procedimientos cada vez más complejos dificultan que los migrantes LGBTQ+ obtengan esta protección tan necesaria.
Tras la pandemia de coronavirus, el gobierno de Estados Unidos fortaleció sus políticas migratorias y, bajo el Título 42, concedió a los agentes migratorios la autoridad para decidir discrecionalmente quién merecía recibir asilo.

Aunque el Título 42 fue levantado en mayo de este año, la comunidad LGBTQ+ sigue enfrentando discriminación y falta de preparación por parte de los agentes migratorios para manejar adecuadamente la gravedad de sus casos, a pesar de estar protegidos debido a su condición de vulnerabilidad.

Las personas LGBTQ+ ahora deben convencer a los agentes migratorios de la realidad de su temor a regresar a sus países y enfrentar persecución por su orientación sexual. Sin embargo, según Ari Sawyer de Human Rights Watch (HRW), «el ser LGBTQ+ no les garantiza protección contra el bloqueo del asilo», y a menudo son devueltos a México o a sus países de origen donde pueden enfrentar persecución y tortura.

Según USCIS, los criterios legales para evaluar la elegibilidad de un solicitante LGBTQ+ para el asilo o el estatuto de refugiado son los mismos que para cualquier otra forma de protección, lo que dificulta aún más su obtención.

En resumen, a pesar de estar amparados por la ley, los migrantes LGBTQ+ enfrentan enormes obstáculos para asegurar su protección y seguridad en Estados Unidos.
Además de los desafíos mencionados anteriormente, los migrantes LGBTQ+ enfrentan otras carencias significativas durante su proceso migratorio, según explicó Sawyer a Univision.

Una de las principales carencias es la falta de acceso a servicios básicos, como atención médica, lo cual es particularmente peligroso para aquellos que viven con VIH. Sawyer también señaló que muchos migrantes LGBTQ+ no son bienvenidos en los refugios, la mayoría de los cuales tienen afiliaciones religiosas.

Además, enfrentan dificultades adicionales para realizar citas en el sistema CBP One, ya que los pocos lugares con acceso gratuito a internet a menudo son operados por organizaciones religiosas o iglesias que pueden no aceptarlos.
Rocío, ahora viviendo en Florida, puede ser abiertamente lesbiana con sus amigos y compañeros de trabajo, aunque aún siente temor por la reacción de sus padres.

Criada en un entorno católico y educada en escuelas religiosas hasta el bachillerato, Rocío aprendió que la homosexualidad era considerada una enfermedad de desviación sexual. Su primer contacto con la comunidad LGBTQ+ fue a través de foros en internet, donde encontró su primer amor, manteniendo una doble vida entre su realidad offline y su vida en línea.

A los 25 años, Rocío migró por primera vez, llegando a México, donde pudo liberarse del peso de ocultar su verdadera identidad y vivir abiertamente su orientación sexual en una relación formal. A pesar de enfrentar altos niveles de discriminación y homofobia en México, prefirió esa libertad a permanecer en Venezuela.

Ella describe la migración como una oportunidad para empezar a vivir verdaderamente y encontrar su camino hacia la felicidad, lejos de la influencia restrictiva de su familia y de las normas sociales en su país de origen. Aunque extraña a Venezuela y ama profundamente su país, Rocío ha decidido no regresar debido a las limitaciones que enfrentaría para ser ella misma.

En Estados Unidos, Rocío experimenta una nueva forma de liberación de sus preferencias sexuales. Aunque aún está adaptándose al choque cultural entre latinos y estadounidenses dentro de la comunidad LGBTQ+, se siente reconfortada por las leyes que protegen y respetan sus derechos y preferencias sexuales, lo cual le proporciona una sensación de paz y seguridad.

Deja un comentario