Nuestra historia de amor y la pérdida que nos separó.

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Soy una gran lectora de vuestros artículos y de las bonitas historias de amor que publicáis. Pero hoy me gustaría poder visibilizar, porque esto va de visibilizar, las pérdidas que sufrimos algunas mujeres lesbianas y heterosexuales, algo de no suele hablarse y que no tiene nombre, y eso es perder un hijo.

Antes de nuestra pérdida, la historia de amor de mi ex esposa y mía era digna de publicarse aquí.

Tati y yo nos conocimos en nuestras prácticas universitarias. Las dos somos enfermeras. Nos unió nuestro amor a la medicina, al teatro, a disfrutar la vida. Hasta ese momento ella y yo habíamos tenido varias relaciones con mujeres inestables, yo había vivido infidelidades de parte de parejas y estaba muy desencantada.

Pero con Tati todo fue perfecto, como si estuviéramos predestinadas. Nadie exigía, nadie pedía, todo fluía con tanta normalidad y nos tratábamos con tanto amor y respeto.

Nuestras familias y amigos se conocieron y todo se daba fácil. No creo que vuelva a tener una relación tan perfecta.

Nos casamos y seis años después decidimos buscar un hijo. Me tenía que embarazar yo porque para Tati era inviable por causas médicas. Tan perfecta fue nuestra relación como el embarazo. Al primer intento me quedé. Y lo supe incluso antes de hacerme la prueba. Simplemente lo sabía.

Ferrán. Así se llamaba nuestro niño. 

Creció en mi barriga sin complicaciones. Fuerte y profundamente amado por sus mamás y por sus abuelos y tíos. Todos lo esperábamos con ilusión. Tati, que siempre ha sido una artista, se encargó de preparar el cuarto de Ferrán. El cuarto más precioso para niños que he visto jamás. Todo lleno de detalles acogedores y coloridos.

En la semana 37 el corazón de Ferrán se detuvo sin explicación. Y el mío también, sin que dejara de latir. 

Tener que parir a mi hijo muerto y abrazar su cuerpo sin vida es lo más horrible y hermoso que he hecho. Es como tocar el cielo y el infierno a la vez. Contemplar su cara tan bella y saber que nunca más podría verlo es lo más desgarrador. 

¿Por qué? ¿Por qué nos pasó esto? Aún me lo pregunto y no lo entiendo. La semana pasada Ferrán hubiera cumplido dos años. Yo aún no lo puedo superar y dudo de que alguna vez pueda. 

Desde que murió mi bebé me sumí en una tristeza tan honda. Para mi ver a un niño, un niño de la edad que tendría mi hijo en cada momento, es como recibir un puñetazo. Me cuesta recobrarme.

No se habla de la pérdida de los niños en el útero materno y creo que es importante poder hacerlo, porque somos muchas las mujeres que sufrimos este duelo en silencio, como si tuviera menos valor que si nuestro hijo hubiera muerto después de nacer. 

La relación con Tati se deterioró rápidamente. Yo no soportaba ni que me hablaran ni me tocaran, todo me sentaba mal. Su presencia me recordaba más la ausencia de mi hijo, nuestro piso, esa habitación de bebé que nunca sería disfrutada.

Aún escribo esto y lloro. ¿Por qué no intento tener más hijos? De momento no me siento capaz. Tengo mucho miedo a la pérdida y aún a Ferrán muy presente.

Mi historia de amor tan hermosa se fue con nuestro hijo. Para Tati también fue muy doloroso. Actualmente no tenemos contacto pero seguramente el tiempo irá sanando las heridas.

A todas las madres de hijos fallecidos, mi abrazo solidario.

Fuente: Madres Lesbianas, Diario El Diverso.

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