#España| Manifestaciones en Chueca y Puerta del Sol por Rosmery, C. Gallardo

Homofobia, violencia y nacionalismo/ Un problema invisible y globalizado

Aunque la introducción del discurso de odio en España tuvo su apogeo en la Europa medieval, en los últimos años su uso y práctica integran problemáticas de más colectivos, se encuentran más presentes en la cotidianidad, pero son menos discutidos.

En la práctica, la idea del rechazo no se limita a la orientación sexual, sino que coloca a  los otros como vehículos responsables de todos los males sociales y económicos. Mujeres, migrantes, comunidad LGBTI, se turnan como sujetos de prueba para contrarrestar la insatisfacción social y económica, a través del uso de la palabra “minoría”, a través de la invisibilización de acciones violentas su queja es desestimada y archivada como caso aislado, aunque pocas veces lo es.

De acuerdo con los datos del Ministerio de Interior, en el primer semestre del 2021 la policía y Guardia Civil recibió 610 denuncias correspondientes a delitos de odio. Al mismo tiempo, el Observatorio de Femicidios de la Defensoría del Pueblo, en el primer semestre del mismo año obtuvo 137 casos de femicidios en el país, en el 56% el autor del crimen fue la pareja o la expareja de la víctima; en cuanto a inmigrantes la percepción no varía. Según la encuestadora International Social Survey Programme en 2018, el 50,3% de los españoles consideran que “los inmigrantes incrementan el índice de criminalidad”; incluso cuando españoles los superaron en delitos 303.000 frente a 25.000 de inmigrantes.

Al contrario del documento de identidad, las estrategias para minimizar contextos si son globalizadas, por lo que el caso español no es ajeno a la realidad italiana, norteamericana o latinoamericana, con la que además comparte historia y cultura. En cada contexto,  la idea del enemigo ajeno juega como explicación sencilla de problemas complejos. En cada caso, es alimentada por el sentimiento de pertenencia, a su vez, este sentido permite la exclusión social a partir de la idea de unidad como sinónimo de economía estable, vida mejor o un mejor pasado.

La eficacia de esta idea no solo es importante a la hora de negar un problema social, sino que es capaz de edificar o destruir poderes políticos y económicos.

Como se pudo evidenciar durante las manifestaciones de Chueca y Puerta del Sol, en la que jóvenes usaron mensajes como “un atentado contra la cultura e identidad de los pueblos de España” para llamar aliados. El nacionalismo opera por medio de mensajes o imágenes que apelan a la unidad y a la interpretación de un pasado idílico. En este contexto, las élites políticas, económicas y educativas son fundamentales a la hora de interpretar el pasado y enfrentar el presente.

Bajo consignas como: “fuera maricas de nuestros barrios” y “fuera sidosos de Madrid” cerca de 200 manifestantes se tomaron las calles de Chueca y Puerta del Sol.

En correspondencia, la respuesta de los grupos políticos conservadores de España fue que dicha manifestación no representa la opinión pública. Al catalogarla como un montaje orquestado por sus detractores discursivos, no implica un problema real.

De acuerdo con los datos de las Naciones Unidas y la CIA, el  49,5 %  de las personas, a nivel global, son mujeres. Cerca del 6% de la población europea pertenece al colectivo LGBTI y en España, el 12, 90% de personas son inmigrantes.

Ante la inacción de quienes ejercen el poder, las comunidades, independientemente de su nacionalidad, carecen de opciones para contrarrestar problemas colectivos que afectan directamente a su calidad de vida, y que no pueden resolverse desde la lucha individual, pues no hablamos de conflictos de un sector aislado.  Tal como en la Europa medieval, revolución industrial, o en el siglo de las guerras, entre otros pasajes de la historia, los problemas que no son resueltos por la estructura del poder a cargo, encuentran solución en elementos que ofrecen o simulan una alternativa que permita subsanar o dotar de esperanza a la sociedad. En algunas ocasiones, esta respuesta vino acompañada de posiciones extremistas que no contribuyeron al bienestar colectivo. En el afán de encontrar el camino hacia una mejor convivencia, es indispensable repensar las individualización de las luchas y el ejercicio del poder.

Escrito por Rosmery, C. GallardoComunicadora Social, periodista, escritora y Community Manager. #periodismo

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