El doble drama de la comunidad migrante y LGBT en Barranquilla

Me dio un empujón y me preguntó qué me creía yo, si niño o niña. Entonces mi respuesta fue: como usted me quiera ver. Fue ahí donde me agredió y me empujó”, cuenta Andy Martins, quien no llamó a las autoridades, porque justamente quien lo estaba agrediendo era un uniformado de la Policía Metropolitana de Barranquilla, según su narración.

Martins es un hombre trans y hace parte de los 230 casos que documentó la corporación Caribe Afirmativo en un informe, sobre las experiencias de venezolanos LGBT+ en situación de movilidad humana en Colombia.

El estudio se concentró en Barranquilla, Riohacha, el municipio de Maicao (La Guajira), Medellín, Norte de Santander y Nariño. Entre otros resultados, el informe arrojó que el 15 por ciento de los afectados manifestó que recibe maltrato por xenofobia y homofobia.

En ese porcentaje se tuvo en cuenta el caso de Martins, quien recuerda que el 23 de enero de 2018 debió dejar todo en su país, principalmente a su familia conformada por su pareja y su hija de 10 años.

“Decido dejar Venezuela, por la situación que ya está muy pesada. Ya no se me hacía posible ayudar a mi familia desde allá. Se me hacía difícil conseguir para el colegio, cena, desayuno, merienda, entonces decidí migrar, porque sentí que mi vida y la de mi familia corrían riesgo”, explica el venezolano, de 32 años, en EL TIEMPO.

Después de salir por una trocha, Martins emprendió un viaje que lo condujo hasta Santa Marta, donde permaneció dos semanas para luego coger rumbo a la capital del Atlántico, ciudad en la que se encuentra desde entonces.

“En Barranquilla encontré receptividad en las personas, pero no con la Policía, ya que nos perseguían mucho por trabajar en la calle. Lo que más me afectó fue el abuso policial”, asegura.

Andy Martins se gana la vida en ‘La Arenosa’ como vendedor informal. Con esta ocupación empezó hace más de tres años en el bulevar del Paseo Bolívar, Centro de la ciudad. Pero esto incomodó a los comerciantes del sector, que se quejaban ante las autoridades.

El miembro de la comunidad diversamente sexual asegura que ha hecho todo lo posible por tramitar documentos que lo legalicen en este país, incluyendo la documentación del RUT para convertirse en un trabajador formal.

“Son varias las dificultades. No he podido realizar la primera fase, porque necesito una asesoría legal para tramitar el documento como yo aparezco en la cédula, ya que tendría que tramitar otro documento con mi nombre identitario”, relata Martins.

En su cédula venezolana, aparece con el nombre de Angy Martins, de género femenino. De ahí se desprende lo que considera “abuso policial” del cual ha sido víctima en el Distrito en dos ocasiones, entre 2019 y 2020.

Sobre el último caso, indica que estaba visitando a una amiga que tiene un puesto en el Centro donde vende agua y gaseosa y de pronto llegó un policía requiriendo la documentación y una requisa.

“Le enseño mi cédula venezolana y me llevó para abajo a punta de agresiones y empujones. Fue una situación violenta. Me trasladaron al CAI hasta las 3:00 a. m. y luego me llevaron a la UCJ, donde me soltaron a las 7:00 a. m. De ahí caminé hasta el barrio San Roque, donde vivo”, expresa.

El hombre trans, de cabello corto, y que suele vestir con jean y camisa, aún se pregunta por qué lo agredieron si no opuso resistencia. Además, cuenta que le quitaron todo el producido del día, incluyendo un billete de un dólar que los uniformados consideraron que “no debía tener”.

“Muchos policías tienden a confundirse y no se dan cuenta hasta que uno les saca el documento de identidad. Cuando lo revisan, empiezan a decir que soy niño o niña, empiezan a hablarme muy feo, por ejemplo, ‘tú lo que necesitas es una mond* para que se te quite’ y cosas así”, detalla.

En otras ocasiones, añade, lo amenazan con darle “una muñequera (golpiza)” por ser hombre. Por ello, indica que los que hacen parte de esta institución necesitan mayor capacitación ante estas situaciones que los enfrenta con un miembro de la comunidad LGBT+.

“A la comunidad, que tengan fuerza, que pronto vamos a ser más visibles. Yo digo que a mí no me definen como me quieran ver, sino como yo soy. Yo me siento hombre y soy hombre. Y a las autoridades les pido que un poco más de respeto”, concluye Martins.

Fuente: El Tiempo, El Diverso

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