#Mundo| Quiénes son las Terf y por qué las queremos lejos del feminismo

En los últimos días, la transfobia mediática – y por suerte su condena- volvieron a ser trendic topic en las redes sociales. ¿El motivo? Un nuevo capítulo del desprecio de la autora de de Harry Potter, J. K. Rowling, a la comunidad trans.

Después de haber publicado un tuit burlándose de la expresión “personas que menstrúan”, donde retomaba su defensa del biologicismo, la semana pasada nos enteramos de que su última novela, firmada con seudónimo, se trata de un asesino en serie que se viste de mujer para aprovecharse de sus víctimas. La novela, aún no publicada en castellano, se titula “Troubled Blood” (sangre perturbada) y puede interpretarse como una campaña literaria contra la identidad trans. Estos últimos actos han revivido los aplausos y ánimos de las feministas TERF, quienes ven en Rowling una vocera de las autodenominadas “nacidas mujeres”.https://platform.twitter.com/embed/Tweet.html?creatorScreenName=PresentesLGBT&dnt=true&embedId=twitter-widget-0&frame=false&hideCard=false&hideThread=false&id=1269382518362509313&lang=es&origin=https%3A%2F%2Fagenciapresentes.org%2F2020%2F09%2F21%2Fquienes-son-las-terf-y-por-que-las-queremos-lejos-del-feminismo%2F&theme=light&widgetsVersion=889aa01%3A1612811843556&width=550pxLa autora retuiteó un artículo de opinión que se refería a “personas que menstrúan” e ironizó: “Personas que menstrúan. Estoy segura de que antes existía una palabra para nombrar a esas personas. Ayúndeme: ¿mujemms? ¿mujarrs?”

TERF forma una palabra que une las iniciales del inglés Trans Excluyent Radical Feminist (feminista radical trans excluyente). Son un grupo de feministas cuya base teórica genera la exclusión de las mujeres y hombres trans y con exclusión me refiero a vulneración, estigmatización, criminalización, patologización y negación de nuestras identidades e historias de vida.

Pero ¿de dónde vienen las TERF?

El feminismo radical nace en Estados Unidos a finales de  los años ’60. Es un movimiento que buscaba la raíz de la dominación y la opresión que sufrían únicamente las mujeres cis (es decir que responden la asignación del sistema medico-jurídico: pene/varón y vulva/mujer).

Uno de los fundamentos se basa en la relación de producción-reproducción y las desigualdades que de dicho par binómico se desprenden: mundo público y privado, amos y esclavas, dominadores y dominadas.

De qué hablamos cuando hablamos de “cis”

El neologismo y tecnicismo ´cisgénero` fue introducido en el año 1991 por el psiquiatra y sexólogo alemán Volkmar Sigusch. Ya que existían las identidades `trans´, también debía existir un modo para nombrar a las personas que se identifican con la asignación sexo-genérica al momento de nacer. El prefijo `cis´ (que proviene del latín) significa “del lado de acá” o “de este lado”.

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Dentro de este pensamiento occidental, binario y dicotómico, los feminismos radicales continuaron con los modelos heterosexuales de producción y reproducción. Esto da como resultado que el ingreso a los feminismos de muchas compañeras fuera desde la asunción de las opresiones y violencias sufridas por los varones cis.

En esta relación binaria, artificial y biologicista en la cual si naciste con determinada genitalidad y órganos estás obligada o obligado a ser de tal o cual forma, es que las feministas radicales no advierten la artificialidad de su propio género. Al mismo tiempo no registran las violencias que reproducen y ejercen como par sistémico hegemónico con la comunidad trans.

Frente a debates en torno a la productividad y la reproductividad del cuerpo, como pueden ser los debates por el derecho al aborto, es que resurgen discursos biologicistas que encuentran sus bases a la vez que reproducen la diferencia anatómica de dicho par sistémico como único modo de interpelar, incomodar, reclamar derechos y hacer política.

Travesti como identidad no binaria

En contraposición a la figura de víctima de dichos feminismos, encontramos la de sobrevivente como enuncia la activista travesti Marlene Wayar. A diferencia de la víctima, la sobreviviente tiene potencia política ya que enunciarnos así, nos permite luchar para impedir que se sigan cometiendo las violencias. Y esto colectiviza e intersecciona aún más las luchas.

Además, Wayar  menciona que dichas etiquetas hegemónicas están colmadas de significados e intentar resignificarlas, definirlas o ampliarlas es una lucha que nos llevará años y a algunas, la vida. 

Por ello es importante compartir con nuestras hermanxs en otras latitudes, la potencia creadora de nuestras travas migrantes sudakas y originarias, de regalarles – por no decir tirarles por la cabeza- una etiqueta cargada de biologicismo,  desigualdad y límites,  para comenzar a nombrarnos Travestis. Ni hombres ni mujeres. Somos lxs travestis.

Tanto en Europa como en Estados Unidos, las personas trans resignifican las palabras y expresiones que se les han dado desde los poderes opresores: Tranny-Shemale (Trans- ella-macho) que proviene de la industria pornográfica). Pero también “transexual” o “mujer trans” que pueden generar una reacción por parte de las TERF. Así, lo travesti, se viene a correr de ese lugar.

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Los peligros de poner en escena “el travestismo”

El Documental Disclosure hace referencia a las representaciones a lo largo de la historia de las personas trans en el cine y muestra cómo la primera tecnología del género (la indumentaria) era utilizada por quienes “no le correspondía” para encarnar personajes asesinos, traicioneros, de nunca fiar (en particular para las cis mujeres). ¿Se habrá inspirado Rowling en esta historia de la transfobia?

Los términos “travesti” o “travestismo” fueron utilizados por primera vez en el teatro en Europa durante el siglo XVI ya que las mujeres no podían ser parte del mismo y los personajes de las mujeres lo interpretaban hombres. Luego esos papeles fueron representados por prostitutas de clase media-alta que eran travestis. Ellas dieron al mundo el primer discurso de lo que significa una travesti bajo la mirada cis: “personas que esporádicamente se visten y actúan con los “códigos” del sexo-genero opuesto, aunque en su vida social y cotidiana se “identifiquen” con el género que les fue atribuido al nacer”.

Tengamos en cuenta, como mencioné anteriormente, que la primera tecnología del género es la indumentaria. En ese entonces no existían las tecnologías de género que llegaron a partir del siglo XX como las cirugías, por lo que se ponía mucho énfasis en la indumentaria como instrumento esporádico (como si lo identitario se terminara cuando nos sacábamos la ropa). Esto otorgaba una suposición de artificio de la identidad que hasta el día de hoy se sostiene y no solo en las travestis, sino en todas las persona trans y es allí donde el discurso Terf también hace mella destacando las diferencias biológicas (que nadie las niega) para justificar la opresión (que tampoco se niegan) hacia las cis-mujeres, pero que nada tiene que ver con cuestiones “naturales”.

Cuando el límite del feminismo son las feminidades trans

¿Por qué dentro de algunos grupos feministas aun existe reticencia a integrar y visibilizar a las trans en sus luchas? La activista Violeta Alegre escribe sobre los peligros de caer en los biologicismos y la necesidad de un reconocimiento de las feminidades disidentes en las luchas contra el patriarcado.

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Las terf avanzan y ganan adeptas. Muchas de ellas jóvenes que registran las violencias patriarcales, pero no cuestionan los regímenes de opresión a los que están “afiliadas”. No suelen verbalizar “odiamos a las trans” y justifican con frases (como Rowling) del tipo: “yo tengo amigas Trans. ¿cómo pueden decir que las odio?”.

Así desvían el mensaje y pierden el registro de los mensajes simbólicos que envían a las sociedades. Ya no podemos decir que son pocas, ya no podemos minimizarlas. Ya no podemos permitir que otras feministas, supuestas trans-incluyentes” nos pidan que “no les demos importancia”.

Por el biologicismo médico nos mutilan y nos matan. No estamos encerradas en cuerpos equivocados, no hay un cuerpo correcto. Han sido muchos años de estigmas, segregación y muerte por este tipo de este discurso. Nos ofende que vengan desde el “feminismo”. No lo vamos a permitir y a las TERF las queremos bien lejos.

Fuente: Agencia Presentes, Diario El Diverso

#Mexico| Diez años de lucha hasta lograr el matrimonio igualitario en Puebla

El pasado 3 de noviembre el Congreso de Puebla aprobó, con 31 votos a favor, reformas al Código Civil que garantizan el matrimonio igualitario. Puebla, un estado conservador del centro de México, se convirtió en el estado 20 en reconocer este derecho.https://twitter.com/PresentesLGBT/status/1323763208184889346

La reforma sustancial se dio en el artículo 294. Anteriormente decía: “El matrimonio es un contrato civil, por el cual un sólo hombre y una sola mujer”. Tras la aprobación se entiende por matrimonio a “la unión entre dos personas”. 

El derecho al matrimonio igualitario en Puebla se logró tras diez años de lucha. Desde entonces, activistas y organizaciones civiles que defienden los derechos humanos de la población LGBT en Puebla trabajaron acciones comunitarias y políticas para que este derecho se garantizara.

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Durante esta batalla llegamos a escuchar decir a políticos que si muchas ganas teníamos de casarnos que nos fuéramos a la Ciudad de México. Y eso da coraje. Por qué tenemos que irnos a otro lugar, por qué tenemos que desplazarnos si aquí crecimos, hemos hecho nuestra vida, aquí vivimos. Por qué debemos ir a otro lugar a que nos reconozcan nuestros derechos”, comentó para Presentes, Gabriela Cortés, teatrera, defensora de los derechos humanos y coordinadora de El Taller, asociación poblana dedicada al trabajo comunitario y artístico con enfoque lesbofeminista.

Una lucha de diez años

El 17 de mayo de 2010 el Comité Orgullo Puebla organizó un encuentro para efectuar uniones simbólicas entre parejas del mismo sexo. Ese día alrededor de 23 parejas participaron en el evento. “Fue tan poderoso que hubo parejas que realmente entregaban un anillo de a de veras y fue tan bonito. Pero al otro día nos topamos con la serie de discriminación, de odio que nos enfrentamos en el día a día en un estado con tanta mochés (conservadurismo) y carga religiosa como lo es Puebla”, así recuerda Gabriela Cortés el año en que comenzó la lucha por el derecho al matrimonio igualitario en Puebla.

Esa experiencia impulsó a activistas y organizaciones a generar acciones por la visibilidad de la diversidad sexual y a defender sus derechos en un estado que negó, al menos en tres ocasiones, las uniones entre personas del mismo sexo. 

Desde 2014 el Observatorio Ciudadano de Derechos Sexuales y Reproductivos y El Taller ya había ingresado un amparo colectivo para que 30 personas, lesbianas y gays pudieran unirse con sus parejas.

En 2015 la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) publicó la jurisprudencia 43/2015 que señala como inconstitucional las normas civiles de los estados del país que definen el matrimonio como la unión entre “un hombre y una mujer”. 

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Para 2017, luego de una recomendación de la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH), la SCJN resolvió como inconstitucional y violatorio de derechos humanos los artículos 294 y 297 del Código Civil de Puebla en donde se declara inválida la figura de la unión civil entre “un solo hombre y una sola mujer”. Gracias a esa resolución parejas del mismo sexo pudieron unirse bajo amparos. 

“Mi pareja y yo logramos interponer uno de esos amparos sin pagarlo y lo aprobaron. Pero nos incomodó ¿sabes?. Por qué solo unas parejas tenemos ese derecho ¿no?. Fuimos afortunadas pero igual sentimos que los amparos nunca van a ser el camino porque dejan fuera a muchas más parejas y no se vale (no es justo)”, señaló Gabriela.

Fundamentalismo y gobernantes homofóbicos

En diciembre de 2019 el gobernador actual de Puebla, Miguel Barbosa, presentó una iniciativa de reforma al Código Civil que mantuvo el matrimonio como la unión “entre un hombre y una mujer” y quitó la disposición de que el matrimonio tiene como fin “perpetuar la especie”. 

Esa acción dejó con una suerte de candado la sentencia de inconstitucionalidad de la SCJN que benefició, al menos durante tres años, a que parejas del mismo sexo se unieran mediante amparos.

La resistencia que opuso el propio gobernador del estado provocó que la CNDH presentara nuevamente que la reforma que define al matrimonio como la unión entre un hombre y una mujer es inconstitucional y violatoria de los derechos humanos. 

Durante la sesión del Congreso que garantizó el derecho al matrimonio igualitario, el diputado sin partido, Héctor Alonso Granados exigió “háganles una ley especial como hay en otros estados, pero no vengan a destruir el código de familia (…) que nos ha llevado siglos construir (…) Yo por eso razono mi voto en contra. Somos más los heterosexuales que los homosexuales, por lo tanto no podemos ser rehenes de las minorías y no me importa lo que digan. No soy misógino ni homofóbico, se los garantizo”.

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Este tipo de resistencias no son únicas de parte de la clase política. En Puebla la iglesia católica ha fungido un papel importante para que los derechos de las poblaciones LGBT+ y de las mujeres no se garanticen y se nieguen en repetidas ocasiones.

“La iglesia católica tiene mucho peso, y aunque la ley dice que es un estado laico, la realidad es otra. Reconocemos que hay grupos muy conservadores en Puebla y el Arzobispo tiene mucho peso sobre los feligreses y los gobernantes y lo que dice es casi que un mandato. Es muy duro, da miedo y es paralizante escuchar cuando dicen que las lesbianas y gays terminarán con la familia”, señaló Gabriela Cortés.

“Y sí hay muchas lesbianas y muchos gays y muchas personas trans que queremos terminar con esa familia tradicional, esa familia que rige de una manera, que odia a lo que es diferente. Sí queremos terminar con esa familia que no reconoce a las otras familias, a la diversidad de familias que existen”, agregó. 

“La ley en el papel es una cosa y la realidad otra”

Gabriela asegura que la aprobación de la ley de matrimonio igualitario no garantiza un cambio real en la discriminación y violencias que viven las personas LGBT+ de Puebla. 

“Cuando se aprobó la ley sentí de todo. Entre querer llorar de emoción pero también de miedo, de pinche coraje…o sea, por qué apenas, ¿no?. Pero es importante para que a la sociedad en general se le vaya metiendo (la idea) que esto es normal. Pero también lo cierto es que pese a que está en un papel, esta ley no es para todas, para todes, porque sigue habiendo discriminación, siguen habiendo feminicidios, violencia, simplemente no puedes gritarlo a todos los vientos “me voy a casar”. Da miedo”, sostiene Gabriela. 

Sin cifras de violencias

En México no hay hay cifras oficiales que ayuden a dimensionar las violencias y la discriminación contra las personas LGBT. Y aunque en Puebla está tipificado el homicidio con la agravante de odio por “preferencia sexual”, las fiscalías no cuentan con un protocolo especializado que garantice el acceso a la justicia.

De 1996 a 2019, 65 personas LGBT+ de Puebla fueron asesinadas, de acuerdo a un recuento hemerográfico realizado por la organización No Dejarse es Incluise AC Vida Plena.

Frente a “una realidad que cuesta cambiar” Gabriela apuesta, junto a sus compañeras de El Taller, por incidir con teatro, batucada y trabajo comunitario con perspectiva lesbofeminista “para luchar en la eliminación de la competencia que ciertos grupos quieren imponer entre mujeres y mujeres trans; la misoginia; los crímenes de odio; los feminicidios; las violencias machistas; las violaciones correctivas, los transfeminicidios”.

“De repente hay diputadas, diputados que se dicen ser sensibles. Pero al final todo es por la lucha de las organizaciones que no hemos dejado de picar piedra, de exigir, señalar y de decir: aquí estamos, les estamos vigilando”, señaló Gabriela Cortés.

Fuente: Agencia Presentes, Diario El Diverso