#Cultura y Salud| Estefanía Cámera Da Boa Morte, activista no binarie y afroindígena: “Nuestros orígenes son todo”

Además del año de la pandemia, 2020 ha sido también el año de las nuevas manifestaciones antirracistas. La violencia racista tomó la primera plana, saltó a los debates mediáticos y al interior de los movimientos de derechos humanos y feministas. En Estados Unidos con las manifestaciones de Black Lives Matter (las vidas negras importan) y en América Latina a partir de las denuncias de violencia institucional y discriminaciones a personas indígenas y racializadas. 

Estefanía Cámera Da Boa Morte es activista afroindígena, migrante, no binarie, torta y antiespecista que lleva una lucha de al menos veinte años en cada una de sus identidades. Nació en Uruguay y vive en Argentina hace 29 años. La parte materna de su familia es afrodescendiente específicamente venida por la trata esclavista que llegó de Portugal a Brasil y de parte de la madre de su padre, es charrúa. Actualmente ocupa el cargo de vocal en la Asociación Cultural Argentina Brasilera A Turma Da Bahiana y activa en varias organizaciones como la Campaña Nacional por el Aborto Legal, Seguro y Gratuito y la columna Negras, Indígenas, Racializadas, Lesbianas, Bisexuales, Trans, Travestis, No binaries y Gordes, entre otras. En este contexto conversó con Presentes sobre el activismo, el racismo dentro de los movimientos progresistas y por qué la lucha debe ser interseccional.

– ¿Por qué es importante el reconocimiento de las distintas identidades?

– La identidad es todo. Nuestros orígenes es todo. Si une no sabe sus orígenes y si no puede identificarse con le otre no es un ser, es un frasco vacío. Es muy importante porque fue históricamente lo que nos quitaron y de ahí en más nos obligaron a ser sumises. Fue lo primero que hicieron: darnos un nombre que no nos representaba, sacarnos nuestros derechos y quitarnos nuestra identidad. Una vez que une sabe de dónde viene es un peso que te sacás de encima y te sentís y reconocés en le otre. Esa otredad empieza a ser parte de une, entonces no la percibís como tal o aprendés a entenderla desde otro punto. 

Todavía no se entendió que el racismo es un flagelo que nos atraviesa y que no podemos salir solxs: la sociedad en su conjunto tiene que entenderlo.

– En tu caso, hace muchos años que sos activista.

– Llegué a serlo por una necesidad de reconocerme porque no me veía, a pesar de siempre haber estado en círculos activos. De alguna forma también el racismo que sufrí -incluso dejé el secundario por esto- hizo que quisiera dejar de ser afro y renunciar a mi color de piel cuando era mucho más chica. Pero por suerte acercarme al activismo me hizo deconstruir por completo mi gusto, mi placer. En él encontré hermanas, hermanes, seguridad, aceptación, mucho amor. También discordia y orgullo, empoderamiento. Pude mirar a los ojos de le otre, ver que la mirada me devolvía lo que atravesó esa persona y darme cuenta de que no sos le únique al que le pasan estas cosas.

La crisis humanitaria y económica provocada por la pandemia Covid-19 ha profundizado las desigualdades sociales en Brasil

– También luchás por todas tus identidades.

– La interseccionalidad es totalmente necesaria y obligatoria: es ver cuántas opresiones nos atraviesan. ¿Cómo une puede ser tan hipócrita de decir que lucha por los derechos y no entender las necesidades que hay dentro de la comunidad afro o de le colective LGBTQNB? Une no puede pensar que porque está dentro del colectivo LGBT+ no es racista, no es gordofóbique o no tiene empatía con la pobreza. Si no se ve la interseccionalidad no se está entendiendo la lucha en sí misma. 

– ¿Cómo ves al activismo LGBT+ y al feminista con respecto a la lucha antirracista?

– En el activismo LGBT+ me ha pasado de situaciones racistas en las cuales no se me reconoce. Es más, me han querido desvincular de alguna manera de la Comisión Organizadora de la Marcha del Orgullo. El feminismo también es muy careta en el sentido de que sí, representa a las feminidades y las empodera pero de las mujeres negras no se habla y las sigue dejando en el límite de la pobreza. Hay una apertura y al mismo tiempo una obstaculización constante con las comunidades afro e indígenas muy fuerte en lo que son por ejemplo las asambleas del 8M, las asambleas en contra de las violencias, los Encuentros Plurinacionales. El feminismo como idea no está mal, está buenísimo -soy una persona afrofeminista- pero hay mucha hipocresía y doble discurso.

– ¿Cómo puede ser parte de la lucha antirracista alguien que no es racializade?

 Considero que primero tiene que aprender a escuchar de forma activa y consciente. Después de hacer esto, de saber cuáles son sus privilegios y de desvincularse de ellos cediendo espacios y voz a quienes no los tienen, ahí sí va a poder involucrarse y ser une activista y no une apropiadore de voces y de culturas. Hay que hacer una verdadera deconstrucción: empezar a problematizar las prácticas racistas, homofóbicas o las que se tenga y resolverlas a través del conocimiento adquirido y si no se adquirió, está la obligación de buscar esa información. La reparación histórica no debe ser sólo por parte del Estado sino de todes. Cada persona tiene la capacidad de aprender la historia, de visibilizarla y reivindicarla. No es una obligación solamente de las personas racializadas: nosotres no vinimos a educar, vinimos a luchar por nuestros derechos.

Fuente: Agencia presentes, Diario El Diverso.

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