#Argentina| Un hombre soltero gay adopta a una bebé que vivía sola en un hospital. Y esta es su maravillosa historia

Pablo Fracchia dedicó 20 años de su vida a intervenir en desastres y crisis humanitarias: desde inundaciones en Argentina hasta la crisis de refugiados sirios en el Líbano. Pero decidió dejar su mayor pasión para adoptar a una bebé que vivía sola en el hospital de La Plata, en Argentina.

La historia de Pablo, argentino, nos recuerda a la Luca, un hombre gay soltero italiano que adoptó a una bebé con síndrome de down rechazada por 20 familias heterosexuales.

Pablo tiene 37 años y es Licenciado en Trabajo Social y desde los 16 trabajaba en la Cruz Roja. Los desastres y las emergencias eran su día a día, pero hace seis meses que los cambió por el parque y los juegos con su pequeña hija, Mía.

“Yo empezaba a darme cuenta de que me pasaban cosas que, entre comillas, no estaban bien. Era el final de la década del 90 y ser gay era motivo de burla, de gracia, algo indigno”, cuenta. “La peor parte es que yo siempre había soñado con ser padre, cuando pensaba en el futuro me lo imaginaba jugando con hijos en un parque. Pero no era frecuente que los gays fueran padres y uno de los obstáculos para salir del closet era asumir que iba a tener que ceder ese sueño”.

Pero eso no era todo, trabajar para la Cruz Roja era entregar su vida personal para asistir a otros, situación que interfería con su deseo de formar una familia. No cualquiera se abandona la cena de fin de año con quienes eran sus suegros por una inundación.

Después de más inundaciones, su viaje al Líbano y varias catástrofes en Argentina, sumada a la separación de su pareja, decidió dar el paso y anotarse en el Juzgado de Familia.

“Fueron dos años de mucha ansiedad, de esperar algo que no sabes si va a llegar, cuándo va a llegar. Pero también dos años para entender que la decisión de adoptar implica romper con la idealización del ‘hijo perfecto’”.

Pero la espera llegó a su fin. En octubre del 2019 lo llamaron: había una niña de un año y 10 meses que hacía un año estaba en el hospital. Había sobrevivido a una perforación intestinal, tenía una colostomía, había pasado por una segunda cirugía y nadie en su familia biológica estaba en condiciones de hacerse cargo de ella. Esa era la posibilidad de Pablo para adoptar a una bebé.

En la lista había cuatro parejas heterosexuales y él: hombre soltero y gay. Sin embargo, luego de pasar por todo el proceso, sonó el teléfono y llegó la noticia más esperaba: lo habían elegido.

“Cuando la conocí no caminaba ni hablaba. Me enteré que casi se muere en una de las cirugías y que había atravesado todo el post operatorio sola. Ahí entendí lo que me dijo la jueza: ‘Te elegimos porque sentíamos que Mia necesitaba alguien que la abrazara durante un año entero’. Y eso es lo que hago desde ese día, abrazarla. Ahora camina, habla, baila, juega. Descubrió que puede descansar porque hay otro que la protege”, concluye Pablo, quien abandonó su mayor pasión para adoptar a una beba que vivía sola en un hospital.

Fuente: Oveja Rosa, Diario El Diverso

#Ecuador| Patricio Pareja Presidente de Asoc. Bares y Discotecas, la Reina de la Comunidad, y Zack Elías Mr. Trans, entregaron alimentos

Patricio Pareja de la Discoteca Bunkers gestionó junto al municipio de Guayaquil, Canastas de alimentos para los Lgbt. Esto sucedió la mañana del 02 de julio de 2020 en las inmediaciones de la fundación Fasinarm, ubicadas en la KENNEDY de la ciudad de Gusyaquil.

En la actividad, el propietario de la discoteca Bunkers y presidente de la Asoc. de los bares y discotecas de Guayaquil, fue acompañado por las dignidades de la Reina de la Comunidad LGBT 2020, la Srta. Compromiso social 2020, la Miss Guayaquil 2019, Mr. Gay Bunkers y Zack Elias Mr. Padrino Trans 2019-2020.

Este es el mensaje de la Reina de la Comunidad:

“Como lo dije desde el principio, ser reina para mi va mas allá de tener una
corona, sentirme útil y poder ayudar a quienes más lo necesitan siempre será mi
prioridad, demostrando al mundo QUE NO DISCRIMINAMOS A QUIENES NOS DISCRIMINAN.
Hoy junto a varias reinas y míster fui voluntaria en la entrega de Kits
alimenticios para cuyas familias de escasos recursos junto a Patricio Pareja, y
Fundación FUCES. Esta maravillosa labor la hace conjunto de la Muy Ilustre
Municipalidad de Guayaquil, y me siento orgullosa de haber podido aportar con
un granito de arena.

Como reina de la comunidad LGBTI del Ecuador trató de día a día mostrar al
mundo que somos personas maravillosas y que aportamos de manera positiva a la
sociedad.

Siempre suya.
Mía Dayanara”

#Ecuador| Desempleo es el desafío que enfrentan migrantes LGBTI

Venezolanos y colombianos que pertenecen al colectivo, al llegar a Ecuador se dedican a las ventas informales y hasta a ejercer trabajos sexuales para su sustento. Pocos abren negocios. Carlos Zambrano, de 27 años, nunca ocultó su homosexualidad, ni siquiera cuando ingresó a la Armada de Venezuela como marino. Allí se ganó el respeto de sus compañeros y sus superiores. Pero la situación que atravesaba su país lo obligó a emigrar. “Saber que juré defender a mi bandera y no poder hacer nada para librar a Venezuela de la dictadura que vive hasta hoy, me hizo abandonar”. En mayo de 2018 empacó sus maletas y migró a Ecuador en busca de nuevas oportunidades. “Sabía que en mi maleta no entrarían mis amigos, mi mamá, mi papá y mis arepas hecha en fogón”. Carlos guardó un avioncito azul, que le obsequió  en su infancia su padre. El juguete lo anima a seguir en su lucha. A su llegada enfrentó varias dificultades. El joven venezolano, nacido en Valencia, dormía en la terminal terrestre de Guayaquil y en las calles; cuando encontró trabajo en un negocio de comida, a su regreso a casa fue violado por un grupo de hombres. “Sentí que me habían arrebatado mi dignidad”. En la actualidad vende gafas en las calles. Las ganancias sirven para pagar el arriendo y la comida. Con la pandemia su situación económica se deterioró. “La Asociación Silueta X me ayudó con kits de alimentos”. Carlos anhela obtener un empleo formal y legalizar su situación en el país. Johana Villarreal, de 28 años, quien es transfemenina, en cambio, lleva nueve años como refugiada. Tiene una acreditación en derechos humanos y en octubre le otorgarán la nacionalidad ecuatoriana. Ella salió de Colombia por presiones y amenazas de muerte de grupos armados. Para sostenerse económicamente trabajó para un salón de belleza, vendía postres hasta que pudo abrir su propio gabinete, pero con la pandemia tuvo que cerrar y hoy está sin empleo. “En Ecuador pude lograr lo que tanto quería, que me trataran como una mujer y vivir con tranquilidad, pero ahora es muy duro”. Recientemente, el Consulado de Colombia le otorgó un bono de comida y la Misión Jesuita le donó alimentos. Para ambos volver a sus países no es una opción por el momento; más bien confían en que pronto lleguen mejores tiempos.  Ayudas humanitarias El desempleo ha agravado la situación de este grupo humano, sobre todo en los últimos tres meses a raíz de la pandemia del covid-19, aunque organizaciones de LGBTI del país procuran mitigar el problema con ayudas. No existe un registro sobre el número de migrantes LGBTI en Ecuador, lo cual hace más difícil visibilizar los casos de desamparo y, por consiguiente, el acceso a las ayudas se complica. Pese a ello, las iniciativas  se han reflejado con entrega de kits de alimentos, productos de higiene y en ciertos casos, con servicio de albergues temporales para quienes han sido desalojados de viviendas y cuartos de hoteles que previamente arrendaban.

Sobre esta realidad coincide Diane Rodríguez, de la Asociación Silueta X. “Conocemos que la mayoría vive en una situación precaria; es necesario que organismos como la ACNUR intervengan con un programa estructurado para ellos”.

De su parte, Geovanny Jaramillo, de la Asociación Ecuatoriana Bolivarianos Diversos, el deterioro de la calidad de vida es evidente. En Quito decenas se congregan en los alrededores del parque El Ejido, para ejercer el trabajo sexual como forma de subsistencia. Pese a ello, destaca la tarea de organizaciones y colectivos que en algo tratan de aliviar la situación y que se convierten en nexos con organismos internacionales y fundaciones. Una herramienta para informar de las actividades y canalizar las ayudas son las redes sociales. (I) La homofobia y transfobia están latentes La pandemia ha incidido en los derechos de la población LGBTI refugiada y migrante. Según Diego Nardi, Oficial de Protección Comunitaria de la ACNUR, capítulo Ecuador, este grupo poblacional llega al país sin redes de apoyo sólidas. Enfrentan retos para acceder al mercado formal y la mayoría depende de la economía informal y se ve obligada a realizar actividades de riesgo como el trabajo en las calles y, lamentablemente, el trabajo sexual. “Por la pandemia esta población está más aislada, sin posibilidades de satisfacer sus necesidades básicas. A esto se suma un problema estructural como es la discriminación y la violencia, más aún si son extranjeros”, dice. Uno de los temas más complejos durante la emergencia, a su criterio, han sido los desalojos y el poco acceso a la vivienda. Existe homofobia y transfobia de arrendatarios que no alquilan  inmuebles a estas personas. La ACNUR trabaja con organizaciones de base que a su vez lo hacen con personas LGBTI en Ecuador, para identificar a refugiados y migrantes para que puedan fortalecerse. Es decir, garantizar a una persona su documentación; y si enfrenta violencia de género, que acceda a mecanismos de protección; si tienen VIH, tengan conocimientos sobre dónde y cómo acceder al tratamiento antirretroviral. Se destaca por parte de la ACNUR la apertura en Quito de un albergue para personas LGBTI en movilidad humana. Esto se realizó  hace un año junto con la Fundación Ecuatoriana Equidad.

Fuente: El Telégrafo, Diario El Diverso