#Mundo| Militar, rebelde y lesbiana, ¡conoce a la monja Alférez!

¿Te imaginas desafiar las normas del siglo XVII para ser una militar lesbiana y travesti? La monja Alférez lo logró. ¡Aquí te contamos su historia!

Catalina de Erauso, según su propia autobiografía publicada en 1629, nació en la villa de san Sebastián en 1585. Para sus padres, Catalina, futura monja Alférez, siempre representó una niña problema. Por esta razón decidieron enclaustrarla desde los cuatro años en el convento de san Sebastián el Antiguo. Debido a su mala conducta, Catalina fue trasladada al monasterio de san Bartolomé de San Sebastián. Ahí las reglas eran mucho más estrictas, por lo que la joven rebelde escapó cuando tenía tan solo 15 años.

Impulsividad y peligro: comienza la travesía

Para huir, se hizo ropa de hombre con la tela que tenía su alcance, también se cortó el cabello y dejó su hábito de monja de lado. La joven monja Alférez estuvo vagando por toda España. De Vitoria a Valladolid, en donde sirvió como paje del secretario del rey, don Juan de Idiáquez, bajo el nombre de Francisco de Loyola. En Valladolid fue cuando encontró nuevamente a su padre, buen amigo de Juan de Idiáquez. Y, aunque convivieron sin que su padre se diera cuenta de su identidad, la monja Alférez decidió huir nuevamente.

La monja Alférez / Foto: All That’s Interesting

Continuó su viaje hasta Bilbao, Estrella de Navarra, de regreso a San Sebastián y luego hasta Sevilla. La monja Alférez a lo largo de sus travesías se metía en diferentes peleas, gracias a las cuales muchas veces era arrestada. Sin embargo, Catalina de Erauso también lograba tener momentos de paz y abundancia, como cuando trabajó en Estrella de Navarra con Alonso Arellano, un importante señor en la localidad. Desafortunadamente, siempre abandonaba todos los lugares que visitaba debido tanto su miedo a ser descubierta como a su impulsividad.

Es necesario, hay que huir a América

Fue en 1603 cuando la monja Alférez sintió la necesidad de ir a descubrir nuevos horizontes, más específicamente: las Indias. En España había vivido disfrazada de hombre y utilizando nombres como Pedro de Orive, Francisco de Loyola, Antonio de Erauso, entre otros. Esta fue una estrategia que nunca iba a cambiar ya que, como explica el escritor Pedro del Valle, en 1626 Catalina de Erauso era:

«Alta y recia, de apariencia más bien masculina, no tiene más pecho que una niña […] De cara no es muy fea, pero bastante ajada por los años. Su aspecto es más bien el de un eunuco que el de una mujer».

En 1944, María Félix protagonizó la película sobre la Monja Alférez. Un retrato muy diferente a la realidad. / Foto: Diario de Cine

En América, la monja Alférez pasó por Panamá y hasta Trujillo, Perú. En este continente fue cuando la rebeldía de Catalina de Erauso se volvió imparable. Ya no sólo se metía en peleas de bares y de honor, ahora también se metía en líos amorosos con las mujeres de los poblados donde pasaba. Sin embargo, la monja Alférez siempre evitaba el matrimonio, para no ser descubierta. De hecho, tuvo que huir de Trujillo por dos razones: la primera fue para evitar casarse con doña Beatriz de Cárdenas, dama del amo que servía en ese momento. La segunda, porque había sido encarcelada por asesinar a un hombre en una de sus tantas peleas.

Su amo fue el que pagó la multa y la envió a Lima con una carta de recomendación. Ahí trabajó con Diego de Solarte, un mercader muy rico. No duró mucho en el trabajo ya que se le encontró «andándole las piernas» a la hermana de la mujer de su amo. Sin trabajo, sin hogar, la monja Alférez se enroló a una compañía de conquista de Chile y se lanzó nuevamente a la aventura.

Chile: donde todo se descontroló

Catalina de Erauso arrasó con los mapuches en la tierra chilena. Se caracterizaba por su habilidad en el combate y por su desenfrenada sed de sangre y odio hacia los indígenas. Consiguió el título de Alferéz en la batalla de Valdivia e incluso logró guiar a la victoria a su batallón cuando, en otra batalla, su general murió. Sin embargo, debido a las múltiples quejas por su crueldad contra los indios y sus compañeros, no se le dio el siguiente rango.

Las riñas de Catalina de Erauso se volvieron más frecuentes y violentas cuando llegó a América. / Foto: Diario de Cine

Sus peleas se volvieron más frecuentes, sus asesinatos y arrestos también. Sus amoríos con mujeres la llevaron a pelearse con su hermano, don Miguel de Erauso, quien era secretario del gobernador de Chile. Luego de su primera pelea, su hermano la desterró a Paicabi y luego fue encarcelada seis meses por matar a Miguel de Erauso en una segunda riña. La crueldad con la que trataba a los indígenas y a sus superiores la llevó a esconderse durante meses en iglesias de Chile y posteriormente a enfrentar la pena de muerte

Descubren a la monja Alférez

En 1623 detuvieron a Catalina en Huamanga, Perú a causa de otra disputa. Para evitar la pena de muerte, pidió clemencia al obispo Agustín de Carvajal, al que contó que era en realidad una mujer y que había estudiado en un convento. Fue sometida a un examen médico realizado por matronas. Ellas confirmaron que la monja Alférez era mujer y que además era virgen. Gracias a esto fue que el obispo la acogió y fue enviada de regreso a España.

Felipe IV, quien permitió a la monja Alférez continuar con una identidad masculina.
/ Foto: Nueva Tribuna

Fue el rey Felipe IV de España quien la recibió. Escuchó su historia y la monja Alférez logró conservar su grado militar, además de conseguir el apodo con el que hoy en día se le conoce. El rey le permitió emplear su nombre masculino, además de que le concedió una pensión por servicios a la Corona en Chile.

Su historia causó revuelo por toda Europa, hasta llegar a oídos del papa. El papa Urbano VIIIfue el que tuvo la oportunidad de conocer a la monja Alférez. Al igual que el mandatario español, el pontífice escuchó su historia y quedó sorprendido. El papa finalmente le autorizó seguir vistiendo de hombre. 

Urbano VIII, el papa que le concedió permiso a la monja Alférez para continuar viviendo una identidad masculina. / Foto: Cementerio

La monja Alférez regresó a América en 1630 y se instaló en la ciudad de Orizaba, Veracruz. Ahí estableció un negocio de arriería que enviaba sus productos de Orizaba a Ciudad de México. Las historias sobre su muerte son variadas, pero se estima que falleció en 1650. Además, casi todas las versiones concuerdan en que sucedió mientras realizaba alguno de sus trabajos o viajes de arriería. Un final tranquilo si se compara a la vida de aventuras y riñas que Catalina de Erauso llevó.

Esta fue la historia de Catalina de Erauso, mejor conocida como la monja Alférez, la primera, y quizá única, persona que logró que su identidad masculina fuera reconocida por el Estado y la Iglesia del siglo XVII.

¿Conoces a otra mujer que sea tan impulsiva, peleonera y rebelde como la monja Alférez? ¡Etiquétala en los comentarios!

Fuente: Soy Homosensual, El Diverso

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