#EE.UU|”Tener sexo con amigos ha sido una forma de conocer a la otra persona”

Hablamos con Andrew Durbin sobre su libro ‘MacArthur Park’ (Alpha Decay), la obsesión por la masculinidad y el sexo inmediato que mueve la cultura gay.

“¿Qué pasa con los gais, que siempre están de fiesta?”. Es seguramente una de las preguntas más repetidas a la hora de intentar explicar la gran afluencia homo que cada fin de semana llena las discotecas de ambiente. Para algunos la cuestión es demasiado ingenua, para otros una generalización, pero lo cierto es que para muchos maricas los clubs son un parche social necesario —incluso cuando no somos conscientes de ello—.

Esta ambigüedad es la que explora Andrew Durbin en su primera novela, MacArthur Park, que Alpha Decay publica ahora en castellano. Este poeta de Carolina del Sur afincado en Nueva York, que ha conseguido que Frank Ocean se enamore de sus versos, sabe de lo que habla. A través de Nick, el protagonista de la novela, Durbin cruza el oscuro callejero de la ciudad que nunca duerme para salir al encuentro de la libertad, la euforia y la crudeza propias de los clubs.

Hemos hablado con este apasionado del arte contemporáneo —editor de la revista Frieze y cofundador de la galería Company Gallery— sobre cómo la cultura gay ha impactado en su yo personal y cómo consigue dejar al lector vulnerable, no solo cuando tiene que enfrentarse con todo lo que sucede bajo las cegadoras luces de los antros gais, sino con lo que llega a la mañana siguiente.

Pitchfork ha dicho de MacArthur Park que es el primer libro que captura la escena queer de Nueva York durante la década de 2010. Eso son palabras mayores. ¿Qué importancia tienen estas discotecas para el público LGTB+ y, en especial, para la comunidad homosexual?

Mi intención en la novela no era hablar tanto de la experiencia de la gente en los clubs nocturnos, sino de la experiencia de una persona que se parece mucho a la mía. Mientras la escribía, me preocupaba que los lectores pensasen que Nick fuera demasiado sensible, demasiado consciente de sí mismo y que hiciera una reverencia casi paródica a locales como The Spectrum, que en aquel momento estaba fuera del mapa. Me alegro de que finalmente no haya sido así. Estos lugares son importantes para mí porque han sido los espacios en los que he encontrado a mis amigos.

La novela es un retrato perfecto de la cultura gay actual donde reina la inmediatez sexual, una obsesión por el deseo y la desinhibición en las salas de baile. ¿Cómo te ha afectado a ti la llamada gay culture?

¡Me ha afectado lo suficiente como para escribir una novela sobre eso! Mi vida no encaja exactamente con la de Nick, pero he experimentado los mismos sentimientos que los personajes gais —Nick, Simon y Zachary— han tenido en sus noches por los clubs de Nueva York. Estos sitios están impregnados de una intensa energía creativa y sexual, aunque sea de modo temporal. Es como un Gesamtkunstwerk ad-hoc compuesto por personas que bailan, hablan, beben y flirtean las unas con las otras.

Entonces, por seguir con Richard Wagner, ¿todo lo que ocurre en una discoteca se podría considerar como una “obra de arte total”?

Me fascina la conversación, la teatralidad, la ropa, la buena música. Los clubs que dan prioridad a todo eso son mis favoritos y, por lo general, suelen ser poco profesionales. He conocido a gente en estos lugares que han sido extremadamente importantes para mí, pero a veces la amistad solo dura lo que dura la noche. Lo que sucede en un club es efímero y eso para mí es muy conmovedor. [Es la sensación de que] pones todo el esfuerzo en algo que sabes que tiene un final.

Nick pasa el tiempo entre aplicaciones de contactos gais y conoce a Simon, el chico que le gusta, y a Zachary, otro amigo, enrollándose con los dos al mismo tiempo. A cualquier lector homosexual esta imagen no le resultara nada extraña. ¿Cómo afecta a nuestras relaciones el hecho de que primero tengamos sexo con chicos y después intentemos conocerlos?

No tengo ningún conocimiento especial sobre sexo y amistad. Supongo que nos cambia de la misma forma en la que cambia esa intimidad. Desde mi experiencia, tener sexo con amigos —tocar un cuerpo, sentir placer consensual— ha sido una forma de conocer a la otra persona. Es exploratorio y sirve para clarificar el aire. La comodidad con el sexo y el cuerpo varía según la persona. Es solo una forma más y no siempre es la más importante. Sin embargo, hay una cierta necesidad de contacto que define mi vida y la vida de muchos hombres homosexuales y es una clave para conocer a otras personas.

“No soy muy masculino y tampoco tengo mucha paciencia para esa cultura”.

Nick se pone celoso cuando ve a Simon besar a otro hombre en un club y coqueteando con una pareja. ¿Tenemos los hombres gais un problema con el compromiso y con la pulsión por tener sexo con todos los hombres que podamos?

Los celos son algo natural que cualquiera, gay o hetero, siente. No creo que los hombres homosexuales tengan una dificultad única para comprometerse. Conozco a muchas personas heterosexuales que luchan con los mismos deseos que cualquiera de los personajes de mi libro. Venimos de ocho años de Sexo en Nueva York. Mis personajes están cachondos y frustrados como esas mujeres.

La cultura ‘masc x masc’ ha invadido el mundo gay. ¿Qué opinas de esta hipermasculinidad?

No soy muy masculino y tampoco tengo mucha paciencia para esa cultura. Me encanta la pluma. Me gustan los hombres y las mujeres, cisgénero o trans, que se cuestionan el género y sus imperativos. La masculinidad –especialmente la masculinidad incestuosa, la masculinidad que implora más masculinidad– ha sido una fuerza destructiva. Creo que todos los hombres tienen una responsabilidad de cuestionarse y frenarse a sí mismos.

David Bowie es uno de tus artistas preferido y supongo que MacArthur Park ha sonado más de una vez en tu casa. El arte siempre ha tenido un gran impacto en la cultura gay. ¿Cuáles han sido tus guías?

Muchos de mis iconos, los que de verdad aprecio, no son los más famosos dentro de la comunidad gay. Recientemente, he estado pensando en la novelista lesbiana Djuna Barnes y su preciosa y alucinante novela Nightwood. Estoy trabajando ahora en una novela basada en mi amistad con la cineasta lesbiana Barbara Hammer, cuyo trabajo me encanta. El fotógrafo y novelista francés Hervé Guibert también ha pasado por mi mente, sobre todo sus diarios y los de Susan Sontag [escritora y ensayista estadounidense].

También ha tenido un gran impacto en ti el fotógrafo Wolfgang Tillmans, cuya obra es la portada del libro.

Me gustan muchos fotógrafos como Tillmans, y también Collier Schorr. Juliana Huxtable, Jacolby Satterwhite y Stewart Uoo son iconos a los que me siento muy afortunado de poder llamar amigos. Los artistas Richard Hawkins y Thomas Eggerer; los escritores John Keene, Wayne Koestenbaum, Bruce Hainley, Dodie Bellamy, Robert Gluck y Kevin Killian, todos son iconos contemporáneos para mí.

“La gente de clase alta me aburre. No es ninguna sorpresa que sus fiestas sean también un aburrimiento”.

Parte del ocio gay actual consiste en acudir a lujosas fiestas, ir de cruceros y gastarse el dinero en la barra de un VIP. Sin embargo, tu foco en MacArthur Parkrecae sobre un ambiente underground, menos glamuroso y menos privilegiado. ¿Las fiestas de clase alta te aburren?

La gente de clase alta me aburre, así que no es ninguna sorpresa que sus fiestas sean un aburrimiento.

Volviendo a la obra, Nick pertenece a la clase media y le molesta que Simon, por el hecho de tener dinero, tenga una actitud condescendiente hacia él. ¿Qué querías explorar con este choque de clases?

La principal distinción operativa para Nick, y esto está ligado a la clase, es geográfica: viene del sur de los EE.UU. que históricamente ha sido visto como una zona atrasada, racista y pobre. Es escritor y eso lo lleva a atravesar las costas de Europa y Estados Unidos pero nunca se detiene a pensar en las diferencias económicas que conforman los lugres que visita.

De hecho, admite que no sabe cómo analizar un lugar como California, donde la brecha económica es muy evidente. MacArthur Park —el lugar, no la canción— es un vecindario latinoamericano en su mayoría de clase más baja que solo consigue entender a través de la música pop más antigua. Creo que esta es una parte del fracaso de Nick para poder entender Los Ángeles y es un fracaso que nace de un cierto tipo de privilegio.

¿Tener más recursos económicos nos ciega a la hora de ver la gravedad de muchos problemas? Eso es algo común en Simon y Helen, otro de los personajes.

Totalmente. No creo que Helen sea rica, per se. Ella tiene dinero, lo invierte en su comunidad y allí empiezan los problemas. A pesar de su enfoque colectivo sobre política y ecología, no se plantea la responsabilidad que debemos tener los unos con los otros cuando vivimos juntos. El problema de Helen y también de Nick es tener una comprensión peligrosamente pobre sobre cuáles son sus límites en la comunidad.

En MacArthur Park te sumerges en discotecas, pero al mismo tiempo también exploras el cambio climático. ¿Estamos tan preocupados en satisfacer nuestro hedonismo que nos olvidamos del elefante que hay en medio de la habitación?

Fuente: Play Ground, Diario El Diverso

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