#CostaRica Investigan el brutal crimen de una joven lesbiana

El miércoles 7 de noviembre un perro caminaba con un brazo humano en el hocico por una calle en la localidad rural de Bebedero de Escazú, ubicada a unos 15 kilómetros al oeste de San José. El dueño del animal alertó al 911. Cuando la policía revisó la zona encontró separados el torso, las dos piernas y la cabeza. El otro brazo aún no fue localizado. Era el cuerpo de Stephanie Paola Castro, una mujer lesbiana de 28 años. Hasta el momento no hay ningún detenido.

A Stephanie le decían Tete. Creció en la localidad de Las Vegas, en Puntarenas Sur. Era la mayor de tres hermanos, quienes juntos a su mamá la recuerdan como una persona alegre y sociable, según contaron a canales de televisión locales fuera de cámara.

“Era un chica muy humilde. Nunca le faltaba el respeto a nadie. Muy cariñosa y respetuosa”, contó una vecina que la conocía desde que era una niña.

El director del Organismo de Investigación Judicial (OIJ) de Costa Rica en declaraciones a los medios  dijo que a la joven la habían asesinado entre tres y cuatro días antes del hallar el cuerpo.

Por su parte, Marco Carrión, jefe de la Sección de Homicidios dijo que todo indica que el cuerpo desmembrado fue arrojado en ese lugar, por lo que allí no habrían matado a la mujer. El investigador contó en conferencia de prensa, que la pesquisa está encaminada para determinar dónde y el motivo por  el que la mataron. “Aún no tenemos claro un móvil”, dijo.  Negó, como trascendió en algunos medios, que los asesinos le hayan puesto o cambiado la ropa: “Nada nos hace creer que el homicidio se debió al estilo de vida que ella llevaba. Lo descartamos porque las pruebas no lo señalan así”.

El cuerpo aún está siendo analizado por patología forense. Hasta el momento no se determinó si presentaba otras heridas, que no sean producto del desmembramiento. Tampoco se sabe si la mató una o varias personas.

Piden que se incorpore al régimen penal el crimen de odio

En Costa Rica, el odio a la orientación sexual de las personas, la identidad de género y/o su expresión no configura un agravante de los homicidios. “Quienes somos activistas lo venimos reclamando desde hace varios años. Acá siempre se trató a estos crímenes como pasionales o simplemente se los nombra como asesinato simple. Se han perpetrado muchos crímenes de odio a nuestra comunidad, pero se los trata con otro nombre, se los invisibiliza y quedan impunes”, dijo a Presentes Natasha Jimenez Mata, activista trans intersex, integrante de Mulabi, espacio latinoamericano de sexualidades y derechos.

Los delitos de odio tienen lugar cuando una persona ataca a otra motivada exclusivamente por su pertenencia a un determinado grupo social, según su edad, sexo, género, religión, raza, etnia, nivel socio-económico, nacionalidad, ideología o afiliación partidaria, discapacidad u orientación sexual.

La activista contó que el temor es que haya una escalada de crímenes contra personas LGBT. “Durante las elecciones de febrero y marzo quienes somos activistas sufrimos violencias de todo tipo de parte de los seguidores del candidato conservador Fabricio Alvarado. Sentían que tenían permiso social para agredirnos. Pedimos que este crimen no quede impune y que dé pie para que la figura de crimen de odio quede instaurada”.

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