#Colombia| Día del Orgullo LGBT en Bogotá

El 28 de junio de 1969, tras una década turbulenta para la comunidad LGBT, en el bar Stonewall Inn, en Nueva York, se dio lugar a los disturbios de varios días entre la policía, con el beneplácito del gobierno, y diferentes miembros marginados: gente trans, gays afeminados, drag queens, prostitutos masculinos.

En aquella época, el cometer actos homosexuales, así fuesen en la privacidad de la casa, era razón para recibir una multa o pasar tiempo en la cárcel. Al año siguiente, se llevaron a cabo las primeras marchas del orgullo gay, conmemorando la lucha por los derechos equitativos.

Ahora, 49 años después, en Bogotá, capital de Colombia, se vuelve el epicentro de todo lo que exigen las personas que pertenecen a esta comunidad, a través de la marcha del orgullo LGBT, que tiene como fecha el primer domingo de julio de cada año, desde la Avenida Séptima en el Parque Nacional, hasta la Plaza de Bolívar.

Se puede decir que entre la comunidad existe una dualidad sobre el significado de la marcha del orgullo gay: por un lado están los que creen que es un evento con gran importancia por la necesidad de visibilizarnos, es cierto que se han logrado avances grandes, pero asimismo, la lucha no termina.

Salir a las calles los muestra ante las personas heterosexuales cisgénero, uniendo su realidad, enseñándoles que el gay no es solamente ese muchacho guapo, delgado, femenino y con mucho estilo, también es el oficinista, el carnicero, el que pela las naranjas para su jugo de la ciclovía, el político, el profesor, como dice uno de sus asistentes, Germán Díaz: “Cuando uno va a la marcha se da cuenta que la diversidad de la comunidad es grandes, que hay muchas formas de ser gay”, así como pasa con las lesbianas, los bisexuales o las personas trans.

Por otro lado también están los que piensan negativo de la genteLGBT. Hay algunos que dicen que de nada sirve un “montón de maricas” que salen borrachos a hacer bulla. Como dice Felipe Moreno, uno de esos homosexuales en contra de este tipo de marchas: “La misma comunidad discrimina, en el momento en que se marcha pareciéramos que todos convivimos entre sí, pero en realidad se juzga al que no cumple los parámetros de belleza o de éxito profesional. La comunidad exige respeto al resto de la sociedad, pero debemos ser consecuentes desde el interior”.

De todas maneras, en el momento en que se llega al Parque Nacional de Bogotá, sobre el medio día, el sentimiento es abrumador, se ve cómo las diferentes comitivas se reúnen. Las ONG como Colombia Diversa, o las organizaciones que representan grupos como los “osos” o los defensores del poliamor, dejan ver los grandes contrastes: cómo marchan los ateos seguidos de los cristianos, sin discutir, todos juntos con un objetivo en común.

 

A medida que avanza, se escuchan batucadas coreando las arengas típicas de la comunidad LGBT, por ejemplo: “¡Oiga mirón, únase al montón, su hija es lesbiana y su hijo es maricón!” o “¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué nos asesinan? Si somos los diversos de América Latina”, entre gritos y música estridente, avanzando hacia el punto final.

Como se mencionaba, este no es un asunto que se queda entre los gays, lesbianas, bisexuales, trans o intersexuales, el resto de la sociedad se acerca para ver la marcha del orgullo, con curiosidad o incluso como apoyo.

A medida en que se acerca a la Plaza de Bolívar, en una esquina estaba un señor de adelantada edad, de pie solemnemente con un cartel que decía: “Yo y millones de personas mayores más respetamos los derechos de la comunidad LGBTI”. ¿Cómo no conmoverse ante esto?

Al momento en que llegan las diferentes organizaciones y personas a la Plaza de Bolívar, todas las banderas y pancartas de mensajes inspiradores se alzan una vez más para ver cómo la comunidad se reúne celebrando otro año en el que se remarca la agenda de las personas LGBT, sobre todo contando con la actual coyuntura política que exige seguir luchando para incluir sus siglas y el enfoque de género en asuntos claves, como es la Jurisdicción Especial para la Paz.

Este evento no termina en el centro de Bogotá, muchos se preguntan, ¿dónde es la fiesta? Porque hay que seguir celebrando y con más intensidad. En esta fecha, 1 de julio de 2018, la ciudad recibió a dos grandes personajes de la cultura queer internacional. Absolut y Sauna, homo bar, organizaron la fiesta que puso a bailar, gritar, saltar y sudar a muchos, trayendo a dos drag queens del popular reality de televisión, Rupaul’s Drag Race: la bella puertorriqueña, April Carrión, y la ganadora de la décima temporada, Aquaria.

Podrán decir que estas dos chicas son de lo más fabuloso del drag en el mundo, pero en esta fiesta también se muestra lo mejor de la cultura drag bogotana, puesto que también se presentaron las chicas del colectivo Mis Amigas Drag, en medio de un jocoso y glamuroso performance, con canciones como El Profe de Miranda y Stars Are Blind de Paris Hilton, o Zoyla Artista, cantando en vivo The Show Must Go On de Queen.

Esta celebración fue una muestra de la gran diversidad, lesbianas, gays, trans, bailando al ritmo de canciones pop mientras las drags animan con shows, sin importar qué tan musculoso se es, qué tan femenina o qué tan delgado, Asbolut y Sauna reunieron lo más divertido del final del día del orgullo LGBT en Bogotá.
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