#Argentina| La historia de Mía Fedra, la primera tenista trans

Antes de hacer el cambio de género trabajaba como modelo y viajaba mucho. Cuando tenía que hacer el check-in me daba vergüenza que miren mi DNI y me vieran vestida de chica. La ley me vino como anillo al dedo y me hizo volver al tenis”, cuenta a LA NACION Mía Fedra, la primera tenista trans profesional de la Argentina.

A diferencia de otros deportes, como el hockey o el básquet, donde hubo mujeres trans que no pudieron jugar profesionalmente, la Asociación Argentina de Tenis (AAT) y la Federación Internacional de Tenis (ITF) le dieron la posibilidad de competir por los puntos y le revalidaron el título de profesor que tenía desde 2009.

Mía dejó de trabajar como drag queen en los boliches porteños y volvió a ponerse las zapatillas para enfocarse en su carrera profesional. El año pasado terminó en el cuarto puesto del ranking nacional en la categoría Seniors y sumó sus primeros puntos en el circuito internacional.

Mía Fedra es la primera tenista trans argentina profesional

– ¿Cuándo empezaste a jugar al tenis?

– Empecé a los ocho en el Club Village, en Adrogué. Había probado con atletismo, taekwondo y el fútbol, pero era malo. En el tenis no tenía talento ni facilidad para jugar, pero tenía efectividad. Hacia caso, aprendía rápido. Siempre laburé el tenis, no fue un talento innato. Tengo muchos problemas de coordinación, pero fui trabajando mucho en la cancha y a los 14 era 26 del ranking nacional de varones. Terminé categoría menores, jugué juveniles y lo dejé.

– ¿Qué te llevó a tomar esa decisión?

– Sentí que mi tenis tenía un techo. No tenía otras opciones, yo era chiquito y los pibes me superaban en potencia. A los 16 jugaba andrógino, no era masculina. Tenía el pelo largo y me ponía una vinchita y ropa neutra, vestida de negro. Terminé el colegio, dejé el tenis y me anoté en el CBC para Diseño de indumentaria, ya como mujer.

– ¿Viviste tu adolescencia como mujer? ¿Cómo fue esa etapa?

– A los 17 me dediqué a ser mujer. Ya iba a la facultad de chica. Me empecé a juntar con gente más parecida a mí y a buscar un entorno que me facilite las cosas, más copado, sin discriminaciones.

– ¿Cómo fue la reacción de tus padres? ¿Te acompañaron?

– La decisión de hacerme trans les impactó, les hizo mucho ruido. Se pusieron mal, pero su principal preocupación era de qué iba a trabajar. Se preocuparon más que molestarse, pero me lo hicieron sobrellevar bien. En otros casos se lavan las manos y las echan de la casa. Si sos gay, no se te nota, pero siendo trans se ve.

Mía Fedra es la primera tenista trans argentina profesional

Un año de Diseño de Indumentaria y otro de Comunicación audiovisual fueron suficientes para darse cuenta de que lo suyo no era el estudio. Entonces comenzó a trabajar como modelo, anfitriona en fiestas y drag queen en boliches porteños. Fuera del tenis, Mía buscó en la noche el trabajo que necesitaba para vivir feliz, dejando de lado los prejuicios y las recomendaciones de sus padres, que le insinuaban que sea maquilladora o peluquera.

– Trabajaste como drag queen y sos modelo. ¿Ayudó a tu transición?

– Empecé a trabajar haciendo desfiles de moda y haciendo personajes en fiestas. Ahí conocí a unos fotógrafos que me llevaron a trabajar a discotecas en Río de Janeiro y acá también, como drag en discotecas. Viajé a Punta del Este, Las Leñas y Río a trabajar como modelo. Ahora trabajo como anfitriona en fiestas electrónicas.

Me ayudó en la transición ser modelo y trabajar con chicas. Hago talleres y me topo con seis o siete fotógrafos que me llaman para trabajar. Estoy haciendo fotos para una campaña de botas en la Bond Street, pero mi trabajo de modelo se corta en un par de años.

– ¿Cómo fue volver al tenis? ¿Cómo te recibieron?

– Mi primer torneo fue raro. Fui a jugar a Hurlingham, re top y muy elitista. Me acompañó mi viejo, que fue tranquilo con el mate bajo el brazo. Se topó con algo mediobritish, le dijeron que no podía tomar mate cerca del golf y le ofrecieron tomar té en elclub house. Entré a la cancha cruzada y perdí re fácil.

En cuanto a mi relación con ellas, no tuve ningún problema, porque son grandes, son re copadas. En la cancha son las peores, pero afuera bien. Las más chicas sí son más serias y son más bravas, pero nunca tuve miedo.

– ¿Qué diferencias sentiste al jugar contra otra mujer?

– Ellas meten todo, pasan la pelota mil veces. En la escuela de tenis, a las nenas les enseñan a pasar todo. Te desesperás y las querés matar. Yo hacía eso y perdía. Después empecé yo a usar mis mañas de años de tenis. A usar mas slice, y a moverlas un montón para encontrar el hueco. Así mejoré.

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