#Turquía|Erdogan, contra la comunidad gay

La alcaldía de Ankara ha prohibido hasta nuevo aviso cualquier acto público de la comunidad LGBTI, una iniciativa que forma parte de la política del presidente turco contra la homosexualidad

El presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, los describió antes de acabar el año como contrarios a los valores tradicionales de Turquía. Desde hace dos años, no pueden manifestarse en Estambul sin ser dispersados con cañones de agua por la policía. Suponen, según  el Gobierno, un peligro para la salud pública y, ahora, en consecuencia, no podrán realizar ninguna actividad pública en la capital turca, Ankara. Ser homosexual, bisexual, transexual -o cualquier otra cosa-, en Turquía, no es tarea fácil.

El acoso y derribo empezó a mediados de noviembre, cuando el Ayuntamiento de Ankara anunció que cancelaba un festival de cine alemán LGBTI alegando problemas de seguridad: el consistorio aseguró que el evento podría provocar reacciones violentas de varios segmentos de la sociedad turca. Y, por lo tanto, decidió prohibirlo.

Pero, unos días más tarde, el consistorio fue más allá: prohibió todos los actos públicos de esta comunidad. «Para garantizar la paz, la seguridad, la salud pública y la moral, el gobernador ha prohibido, por la Ley de Emergencia, todos los encuentros y manifestaciones, proyecciones de cine y teatro, entrevistas, muestras, exhibiciones, etc. de la comunidad LGBTI», anunció Ayuntamiento de Ankara, con un etcétera de esos que se antojan kilométricos y en los que cabe absolutamente todo.

No solo en Ankara: en Estambul también se prohibió recientemente una muestra de cortometrajes con temática LGBTI.

Estrechar el círculo

«El círculo contra nosotros es cada vez más y más estrecho. La verdad es que ninguno esperábamos nada como esto. Paneles, discusiones, películas… Todo prohibido. Que se pueda hablar de este tema tendría que ser algo normal en una democracia. Parece que en Turquía no lo es», dice Zeynep Serinkaya, socióloga y activista en favor de los derechos de esta comunidad.

Serinkaya explica que tras el intento fallido de golpe de Estado de julio del año 2016 el Gobierno de Erdogan ha apretado el acelerador contra toda la oposición, y los LGBTI no se salvan. «Antes ya intentaban ir en contra nuestra, pero ahora, con la Ley de Emergencia, pueden hacer lo que les de la gana sin pasar por las instituciones. Aunque no es sólo en contra nuestra. La represión de la sociedad civil es parte de la estrategia del Gobierno», considera.

Anterior a Turquía

La homosexualidad, según Erdogan, va en contra de los valores de Turquía, pero lo cierto es que esta práctica es, en el país, más antigua que el presidente. Es, de hecho, anterior al propio país: cuando Turquía fue fundada, en 1923, la homosexualidad llevaba siendo legal 70 años. Fue legalizada a mediados del siglo XIX durante el Imperio Otomano, en un momento en el que, en muchos países de Europa, aún faltaba un siglo para que fuese despenalizada.

Ahora, en cambio, el Gobierno conservador del Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP) de Erdogan lucha con todas sus fuerzas para combatirla. «Ser gay en público es muy difícil en Turquía. El Estado ha establecido una suerte de impunidad en los ataques que recibe no sólo gente de la comunidad, sino también las mujeres», dice Serinkaya.

La policía, explica la socióloga, no investiga las agresiones a homosexuales, transexuales y a muchas mujeres; y deja que los agresores salgan indemnes. «Pero no podrán con nosotros. La comunidad LGTBI en Turquía es uno de los grupos opositores a Erdogan más fuerte y mejor organizado. Los ataques y la prohibición de realizar actos no nos parará», dice Serinkaya, que considera que el veto en la capital del país es completamente ilegal.

Intento de criminalización

«No hay ninguna base legal para hacer lo que han hecho. Esta prohibición, lo que hace, es poner en riesgo la comunidad LGBTI en vez de ejercer su obligación de garantizar la seguridad pública. Lo que quieren es criminalizar nuestra existencia», aseguraron, en un comunicado, varias organizaciones de esta comunidad en Turquía. «En Turquía, donde la discriminación y el odio basados en la orientación  y la identidad sexual es rampante, es la obligación de las autoridades locales y nacionales combatir esta discriminación y odio, no fomentarlos», añadía el texto.

Por esto, estas organizaciones anunciaron que empezarán un procedimiento legal. Para combatir la prohibición. «Seguramente no servirá de nada, porque la justicia está controlada por el Gobierno”, dice Serinkaya, pero siempre está bien recordarles a los del AKP que en Turquía hay una ley y una Constitución, y que tienen que ser respetadas. Es una forma de que se acuerden y, de paso, de que lo sepa el mundo».

‘Shams Rad’, la primera radio gay del mundo árabe

Echa a andar una emisora LGTB a pesar de la prohibición de la homosexualidad en Túnez

Una vez más, Túnez se apunta el tanto de ser pionero árabe en cuestión de derechos y libertades. Desde el 11 de diciembre, el país magrebí cuenta con Shams Rad, la primera emisora dedicada a la comunidad LGBT (iniciales de lesbianas, gais, bisexuales y transexuales). Detrás del proyecto se halla Shams, la asociación del país más combativa en defensa de los derechos de las minorías sexuales, que en esta empresa se ha beneficiado de la financiación de la Embajada holandesa.

Ello no significa que la sociedad tunecina exhiba, en general, una actitud abierta hacia la homosexualidad, tipificada en el Código Penal como delito que se castiga con hasta tres años de cárcel. Como muestra de la hostilidad que aún suscita la defensa de los derechos de los gais, los promotores han recibido más de 4.000 amenazas y mensajes repletos de odio desde el reciente lanzamiento de Shams Rad.

La radio se define como generalista y tendrá programas dedicados a la cultura, la política y la economía, pero siempre desde un punto de vista cercano a la comunidad LGBT. “El objetivo es difundir un discurso de tolerancia y hacer comprender a todos los tunecinos que la homosexualidad no es una enfermedad, que los argumentos científicos existen y prueban que la homosexualidad no es una elección y que, por tanto, esta discriminación es ilegítima”, declaró el activista de Shams Mounir Baatour a la revista Jeune Afrique.

Para poder sortear el probable veto de la instancia pública que regula el panorama audiovisual en Túnez, Shams Rad emite solo a través de Internet. Según los datos de la propia Shams, 66 personas fueron arrestadas en el país magrebí el año pasado bajo la acusación de ser homosexuales y 196 se hallan actualmente entre rejas por este cargo. No obstante, en septiembre se produjo un pequeño avance: las autoridades se comprometieron a no aplicar los test anales, con los que pretenden averiguar si un hombre es homosexual a pesar de que la ciencia desmiente su validez y las organizaciones de derechos humanos lo consideran una tortura.

 

#India|Príncipe gay abre su palacio a personas LGBT vulnerables

Manvendra Singh Gohil, el príncipe gay de India, adaptará más de 60.000 metros cuadrados de terrenos de su palacio para convertirlo en un centro para la comunidad LGTB perseguida en su país.

Esta adaptación la realizará la Fundación Lakshya que él mismo creó cuando declaró públicamente su homosexualidad en 2006 e internacionalmente un año después en una entrevista con la presentadora Oprah Winfrey.

Con esta declaración, el príncipe fue desheredado y desde entonces es un activista incansable a favor de los derechos de la comunidad LGTBI, ya que desde 2013 la Corte Suprema reinstaló la condena a quienes practicaran sexo homosexual en su país.

El objetivo de este nuevo centro para la comunidad LGTB es poder otorgar a gays y lesbianas que son expulsados de sus familias y casas por su orientación social, recursos financieros para que puedan continuar con su vida y no convertirse en marginados sociales.

Fuente: Pink News

#Ecuador|Diane y Fernando, la primera familia transexual donde el padre da a luz

Diane Rodríguez, la actual presidenta de la Federación Ecuatoriana de Organizaciones LGTBI, tiene 35 años es psicóloga de profesión y está empezando a incursionar en política. Fernando Machado tiene 23 años, inició estudios de psicología y, por ahora, se dedica al cuidado y educación del hijo de ambos. Son una familia como cualquier otra con la particularidad de que Diane nació siendo hombre, Fernando como mujer y fue, precisamente él, quien gestó al pequeño Sununú.

¿Cómo fue vuestro proceso de transición? ¿Tuvisteis apoyo familiar?

Diane Rodríguez: La verdad, yo nunca tuve apoyo de mis familiares. Lo poco que conocía sobre la transexualidad lo supe a través de amistades o por lo que indagué en internet. En un mundo limitado te toca ensayar, así que experimenté usando siliconas y arriesgando mi vida. La gente aún no entiende que en la adolescencia prima el reconocimiento y aceptación de los padres, a costa de todo. Solo en una familia donde gobierne el amor será imposible que un adolescente sea rechazado por sus padres y tome decisiones catastróficas para él o para quienes le rodean. En mi caso me faltó eso. Además, me suministré hormonas que me afectaron al hígado y al riñón. Hace más de 10 años no me hormono y rechazo el uso de siliconas y reasignaciones sexuales, son daño que nos hacemos solo por satisfacer el deseo de la sociedad depositado en nosotros, en donde un rostro femenino debe ir con una vagina y un rostro masculino con un pene. Si no se cumple esa norma entonces eres raro. A partir de este deseo inconsciente, que no es nuestro, que no nos pertenece a las personas trans, nos hacemos daño, nos maltratamos, perjudicamos nuestros cuerpos y nos mutilamos por darle gusto a una sociedad injusta.

Respecto a Fernando, su familia siempre lo aceptó, aunque viviese momentos complicados. A él no lo echaron de la casa por ser trans, ni tuvo que hacer trabajo sexual como yo para poder comer, ni vivir en la calle afrontando peligros. Tuvo la oportunidad que muchas personas trans femeninas no tenemos. Nosotras somos más discriminadas que los trans masculinos porque nos encontramos en un sistema patriarcal. Por eso los asesinatos, en su mayoría a nivel mundial, son de trans femeninas.

¿Cómo y cuándo os conocisteis? ¿Fue amor a primera vista?

D.R.: En efecto, podría decirse que fue chat a primera vista (risas). En la búsqueda de mi aceptación como persona, en que pude amar mi cuerpo y amar mi pene, era importante para mí encontrar a un chico trans que amase su cuerpo y su vagina, sin que esto me reste feminidad a mí ni le reste masculinidad a él. Es decir, necesitaba de un hombre trans que se sintiese seguro de su masculinidad como yo de mi feminidad. Bajo esta concepción, me dediqué a buscar un chico trans en otro país, porque en Ecuador, en ese momento, era imposible. Escribí a cerca de veinte perfiles. Entre ellos estaba el de Fernando, de Venezuela, que tenía muchas características que lo hicieron atractivo para mí como el gusto por la pintura, lectura, escritura y la música instrumental.  Le invité a venir a Ecuador y le pagué el pasaje. Mi fin era que si surgía algo sería perfecto, sino podría contribuir culturalmente a otros chicos trans y a partir de esto inculcar el amor por sí mismo a sus cuerpos. Pero lo primero fue lo que surgió, nos gustamos, nos enamoramos y al cabo de un mes de conocernos se encontraba embarazado de nuestro hijo.

¿Cuándo os planteasteis el hecho de tener un hijo? ¿Cómo vivisteis la experiencia?

D.R.: Los dos deseábamos tener hijos. Cuando recibí la noticia por parte de Fernando de que íbamos a ser padres, fue algo maravilloso, mágico, celestial, inverosímil, entre otros calificativos que pudiera darle. Incluso, me atrevo a decir que el ejercicio de una familia LGTBI, las que menos posibilidades tenemos de sentir eso somos las trans femeninas ya que las mujeres lesbianas y los chicos trans la pueden encontrar de forma sencilla y los hombres gais pueden adoptar o recurrir a la gestación subrogada. Por eso para mí fue fantástico poder tener mi propio hijo, representó un nuevo inicio de mi vida.

Latinoamérica es un país donde aún existe mucha transfobia ¿Os ha afectado de alguna manera particular?

D.R.: En efecto, la transfobia no solo viene de las personas heterosexuales y cis sino también de los propios LGTBI. Recibimos muchos ataques, tuvimos que pedir apoyo a la policía porque fuimos amenazados. Incluso instalé cámaras en casa. La gente es mala, cuando se encuentra ante algo nuevo o diferente, y nuestra relación era eso. Hay mucha gente que odia y desadaptados que no entendían que, más allá de lo que tengamos en medio de nuestras piernas, lo que nos dio el fruto de nuestro hijo, fue el amor. Pero también están los que nos quieren, aprecian y felicitan por nuestro valor que, por cierto, son muchísimos más y nos ha dado fuerzas.

¿Cómo llegaste al activismo? ¿Lo compaginas bien con la vida familiar?

D.R.: Creo que nos hacemos activistas a partir de nuestras crisis particulares. Tienes que sufrir, levantarte de ese sufrimiento y después buscas que otros no sufran lo que tú. Yo sufrí mucho, en el colegio, la universidad y en mis espacios laborales. Llegó un momento de mi vida en que estallé, y me dije: es la última vez que me discriminan, a partir de hoy me voy a defender. Ese día me despidieron de un hotel, era la quinta empresa que me expulsaba por ser un chico afeminado. Ahí empezó mi vida activista. Los demandé, no gané, pero aprendí a defenderme y empecé a defender a los demás, a mis iguales.

Compaginar mi activismo con mi nuevo núcleo familiar ha sido sencillo. Vimos la oportunidad de enviar un mensaje al mundo sobre las familias diversas y lo hemos hecho, el mensaje ha llegado y ha tocado corazones. A nivel interno familiar ha sido más complicado ya que uno de los dos debe dedicarse al cuidado de nuestro hijo y otro a proveer el hogar. Como yo ya trabajaba no fue una decisión difícil. Lo difícil fue el conflicto de género y sexo que eso supuso, que al momento hemos superado medianamente y ha hecho interesante nuestra relación.

Os habéis convertido en una pareja muy mediática ¿Ha cambiado eso vuestras vidas? ¿Ha servido para dar mayor visibilidad al colectivo?

D.R.: Pues sí, lo mediático es porque lo hemos permitido. Vimos la oportunidad, recalco, en que la gente conozca otro modelo de familia. Esto tiene sus riesgos, amenazas, odios, etc. Pero nuestro fin común es que otros no sufran lo que nosotros, nuestra exposición la vemos como un sacrificio, para que la gente se habitúe y cuando esté delante de otra familia diversa lo asimile de mejor forma. Y, por supuesto, ha servido para dar mayor visibilidad al colectivo e incluso diría que reducir la violencia y discriminación, hablo por Ecuador.

Proyectos de futuro ¿Habéis pensado en el matrimonio? ¿Queréis tener más hijos?

Pues sí, hemos pensado en matrimonio. Para él es esencial el tema del matrimonio, para mí, un evento más con cierta carga emocional. En el año 2015 lo intentamos en Venezuela, pero fuimos objeto de discriminación en la Alcaldía de Naguanagua y se frustró nuestro matrimonio, donde gastamos los pocos recursos que teníamos. Cuando nos recuperemos económicamente nos casaremos para que Fernando esté más tranquilo con nuestra relación. Y sí, estamos deseando darle una hermana a nuestro hijo Sununú, pero debemos esperar.

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